Los Mitos Cosmogónicos egipcios
Por Rosa Mª Bustos Ramos
22 junio, 1998
Modificación: 16 mayo, 2020
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El Niño sobre el Loto

Otro mito hermopolitano da una explicación muy diferente de la creación del mundo. De las aguas del abismo líquido (el Nun) había surgido una isla en el lugar en que, más tarde, se hallaría la ciudad de Hermópolis. Su nombre era la Isla del Incendio o del Arrebol, por que la causa de este incendio era el apuntar del sol que se anunciaba con los inflamados colores del alba. El la isla había un estanque cenagoso lleno de las aguas del Caos, y en la superficie flotaba un loto divino. El estanque era la morada de los ocho miembros de la Ogdóada, las cuatro ranas macho y las cuatro serpientes hembra. Los machos eyacularon sobre la flor divina y la fecundaron. El loto, como muchas otras flores, cierra sus pétalos durante la noche para protegerse del frío, y los despliega al amanecer. Cuando el loto abrió sus pétalos azules, un niño resplandeciente se alzó, iluminando el mundo y creando todas las cosas y todos los seres.

La antigüedad de esta cosmogonía se ignora aunque parezca alcanzar tiempos muy remotos. Si se tienen en cuenta solo los documentos conocidos, el niño demiurgo es mencionado por primera vez en las inscripciones de las paredes del templo ptolemaico de Edfú (237-57 a.C), y más tarde en las inscripciones de época romana del templo de Dendera. Sin embargo, el tema mitológico de un niño envuelto en los pétalos de un loto aparece mucho antes, como uno de los innumerables elementos integrados en el omnipresente sistema solar heliopolitano. Se ha creído descubrir las primeras menciones del mito en los Textos de los Sarcófagos y, posteriormente en el capítulo 81 del Libro de los Muertos.

Incluso en el siglo IV a.C. poco antes de la conquista de Egipto por Alejandro Magno, cuando un texto mágico se remite a aquel que ha salido de loto en la alta colina, aquel que ilumina el Doble País con sus ojos, todo parece aún indicar que este conjuro intenta obtener la ayuda de Re, el demiurgo solar heliopolitano. También existe un texto demótico del siglo I a.C. que contiene una alusión mucho más precisa al mito y a su carácter hermopolitano, presentándolo sin embargo en un contexto religioso predominantemente menfita, cuyo protagonista es Ptah. En este documento Hermópolis es la mansión de Nefertun, el hijo de Ptah, y los ocho miembros de la Ogdóada no son ranas y serpientes, sino cuatro toros y cuatro vacas, una característica del mito debida quizás a la reputación procreadora del Apis menfita. Los machos se convirtieron en un toro negro y las hembras en una vaca negra llamados Amón y Amaunet. El toro se avalanzó sobre la vaca tan efusivamente que su simiente se derramó en el agua, en el gran estanque de Hermópolis, en el cual flotaba un flor de loto, y de ella salió un niño.

La forma definitiva del mito se conoce gracias a un texto ritual reproducido más de treinta veces en las paredes de los templos ptolemaicos de Edfú y de Dendera. Este texto sirve de comentario a una ceremonia que se celebraba, teóricamente, cada día en los santuarios; el faraón reinante presentaba la ofrenda del gran loto de oro, el hermoso loto de oro fino adornado de pedrería. En la práctica, un sacerdote del templo sustituía al rey y elevaba, en su nombre, hacia la divinidad un loto artificial, una joya de oro y de lapislázuli.

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