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Historia de una Historia
Por Martina Morell
Creación: 2 diciembre, 2004
Modificación: 12 febrero, 2017
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EGIPTO ES UN DON DEL NILO.
HERÓDOTO

La sala de la prestigiosa y exclusiva agencia de Londres que patrocinaba la subasta estaba llena hasta los bordes de gente VIP. Toda la buena sociedad de las Islas se había reunido allí para el evento, no porque les interesase en absoluto el arte Egipcio, ni porque pudieran entender ni una sola de las palabras del subastador, sino simplemente porque recibir una tarjeta de invitación de la agencia era la mejor garantía del poder adquisitivo y del saber estar y nadie quería que se pudiese pensar que los objetos subastados no estuviesen al alcance de su cultura ni de su bolsillo. Los potenciales compradores; las excéntricas fortunas del mundo de las finanzas o del espectáculo, se hacían representar por corredores profesionales para poder permanecer en el más “chic” de los anonimatos. Solo los delegados de los grandes museos, exhibían el afán febril de los coleccionistas que va más allá del conocimiento histórico.

El subastador, un lord de nuevo cuño especialmente contratado para la ocasión por los avispados chicos del departamento de marketing de la casa,- por un precio que se comentaba de boca en boca, aumentando un cero entre canapé y canapé-, conocía bien su oficio, no en vano era actor. Con su sonrisa, con su silencio calculado, aumentaba la expectación de los presentes. Fueron expuestas primero las piezas de menor interés; algunas joyas de oro y lapislázuli, los cuatro vasos canopes conteniendo las vísceras ya cenicientas de algún personajillo del Imperio Medio, la momia de un gato de época romana y algunos bajorrelieves sin datar. Se iba acercando el momento culminante de la velada, la presentación en sociedad del misterioso “Papiro Isis”, un documento original del Antiguo Egipto, que había suscitado grandes controversias entre los expertos y amplia difusión en los medios informativos. Incluso algunas voces se habían alzado para asegurar, a quien quisiera escucharles, que el documento era falso, una invención de algún desaprensivo amante de lo esotérico o directamente una estafa. La Casa, se había apresurado a negarlo interponiendo varias demandas de difamación, y solicitando el peritaje de renombrados expertos, pero todo el prestigio de la firma no bastaba para acallar las críticas, pues no sería este el primer caso de falsificaciones expuesto en los museos nacionales como auténticas. Sea como fuere, el papiro se había hecho enormemente popular, gracias a los informativos, y había sido debatido en varios programas de entretenimiento y fue motivo de que la BBC relanzara con éxito una serie documental sobre el Antiguo Egipto. Parte del éxito se debía, indudablemente, al hecho de que hasta el momento no se conocía el contenido exacto del mismo, debido a algunas dificultades en su lectura, pero sobre todo por mantener la intriga. Tanto éxito tuvo la estratagema que habían surgido varios clubes en Internet dedicados íntegramente a especular sobre el contenido. Este era el motivo por el cual la subasta levantaba tanta expectación, que era emitida en directo por las cadenas nacionales de varios países, pues esta iba a ser la primera vez que se leyese la traducción (aproximada y problemática) del “Papiro Isis”.

Dos señoronas con sombrero cuchicheaban mirando de reojo a los grises académicos:

– Ay, lady Sneering, cuanto ha decaído esta sala, ya dejan entrar a cualquiera. En mis tiempos esto no habría pasado, porque en la puerta los mayordomos anunciaban los títulos antes de entrar. No pasaba nadie que fuese menos que Sir, y desde luego, jamás sin chistera.

– Diga usted que sí lady Nosey, – en un rápido vistazo recorrió la sala y su vista dio a fijarse en el vestido estampado de su interlocutora, y luego añadió – pero ¡qué bonito estampado!, ¡qué contraste de color tan hermoso entre los rojos de las rosas y el marrón de la mancha de café!.

El comentario provocó la estampida de lady Sneering al servicio, no sin antes dedicarle a su amiga una mirada asesina. No muy lejos de allí, en el rincón contrario, los académicos discutían temas elevados, pero no por ello dejaban de observar a su alrededor discretamente.
– ¿Se ha percatado usted sir Greatbore cuanta y cuán elevada ignorancia nos envuelve? Es de notar la decadencia de nuestros anfitriones que admiten a cualquiera con tal de obtener preponderancia en los medios mediáticos.

– Indudablemente debo estar de acuerdo con usted, mi distinguido colega – y como reflexionando para sus adentros, después de una pausa añadió, – Sir Nuisance, ¿ me permite que tome un momento de sus manos el libro que está leyendo?, me parece muy apropiado que ilustre usted “La Decadencia del Imperio Romano en Tiempos del Emperador Maximiliano”, con el último número de Playboy.

El soniquete le valió a sir Nuisance perder su posición estratégica frente a los canapés, ya que cambió de grupo y de conversación tras lanzarle a su compañero una mirada furibunda.

Las luces se apagaron y un cañón de luz iluminó al Actor, que se relamió de gusto, dejó que los murmullos se apagaran y con la entonación apropiada, comenzó el discurso:

– Señoras y señores, saludemos a todos nuestros telespectadores que nos están viendo en directo y que todos aquellos que nos atenderán en diferido –comenzó en tono de fiesta y con una gran sonrisa. – Como todos ustedes saben, ha recaído sobre mi el gran honor de dar a conocer el contenido exacto del popularmente denominado “Papiro Isis”, cuyas palabras, de ser tomadas al pié de la letra –pausa melodramática- podrían cambiar la historia de la Arqueología tal y como la conocemos. Sin embargo, haciendo gala de la seriedad y profesionalidad que caracteriza la Casa que hoy tengo el gusto de representar, debo advertirles que es frecuente en todas las literaturas orientales que realidad y ficción se mezclen sin distinciones, pues aunque la biografía fuese un género ampliamente cultivado en Egipto, la magia era para este pueblo algo presente y real en todos los ámbitos de la vida.- El actor era consciente que sus palabras podían servir de acicate de la curiosidad de los expertos, pero perdería a su público si le aburría con detalles técnicos, sin embargo este prólogo era una exigencia de los vendedores, un poco alarmados por las habladurías sin fundamento que se estaban expandiendo como un reguero de pólvora.

Continuó con la descripción y características del mismo, intentando ser lo más breve posible. – La pieza que hoy ponemos ante sus ojos se trata de un papiro escrito en hierático, la escritura usada por los escribas para la vida cotidiana, que contiene la biografía de la bibliotecaria de un pequeño templo, dedicado a Isis que no ha llegado hasta nuestros días, fechado alrededor del 1250 a.c., durante el reinado de Ramsés II, que como todos ustedes saben, es uno de los monarcas más poderosos de la historia del Antiguo Egipto, en pleno apogeo del Imperio Nuevo. La finalidad del mismo parece ser que pudo ser funeraria, para servir como alegato ante el juicio de Osiris, rey del inframundo, como otros tantos documentos de la misma época, encontrados dentro del sarcófago, junto al Libro de los Muertos, (que recordaremos a todos ustedes se trata de un libro lleno de conjuros y fórmulas para pasar al Más Allá) – el Actor suspiró para sí mismo, se encontraba ante la necesidad de justificar y explicar ante un público lego, lo que para los expertos era obvio sin ofender a ninguno de los dos grupos- pero las palabras que contiene se salen de las fórmulas tradicionales, y extraña su sencillez y brevedad, por lo que el relato parece ser, al menos en parte, auténtico.

-El soporte físico, el papiro, ha llegado hasta hoy en condiciones de conservación óptimas para su lectura, si bien la misma ha sido dificultosa debido a las peculiaridades poco ortodoxas de la persona que lo escribió. – El Actor hizo una pausa, antes de continuar, claramente aliviado de haber pasado ya la parte más árida de su papel.

– El discurso continuó con una relación sucinta sobre las circunstancias, igualmente misteriosas, que rodeaban el documento – No se conocen los orígenes del papiro, dónde fue hallado, ni cómo llegó a las manos de su primera propietaria, Lady Chattering, esposa de un próspero comerciante británico que 1820 organizó un viaje de placer por tierras egipcias movido por la fiebre egiptizante que arrasó Europa tras las campañas Napoleónicas. –El orador sacó del atril un papel – Nuestra dama asegura a una de sus amigas en el continente, en su correspondencia privada, – y cito textualmente- “haber comprado en un el zoco unos papeles exóticos de extraña caligrafía qué según me aseguró el judío que me lo vendió habían sido parte de no sé qué biblioteca, pero me temo, que me hayan estafado con el precio, porque no contienen bonitos dibujos de colores como otros que he visto por ahí”. – El orador cerró el papel, como si el resto de su discurso fuese improvisado.

Es poco probable,- siguió explicando- aunque no podemos descartar ninguna hipótesis, que el texto fuera un resto de la Gran Biblioteca de Alejandría, resulta mucho más plausible creer que su origen se encuentre en expolio de alguna tumba, aún por identificar, -como ha sido y es frecuente que ocurra-, y vendido como un souvenir cualquiera sin tener constancia alguna de su valor.

A su vuelta a Inglaterra, lady Chattering se lo ofreció como regalo a su anciana tía la condesa de Wrinkles-Gallore. Así permaneció olvidado entre la colección privada de la familia de los condes de Wrinkles-Gallore hasta la actualidad, cuando el infortunio del padre del actual conde – murmullos en la sala, todos saben que el orador se está refiriendo con delicadeza a las deudas de juego. El orador no hace caso y continúa – ha llevado a la dispersión de las exclusivas antigüedades de la familia. El joven conde, nuestro anfitrión aquí presente, – saluda hacia un lateral de la sala con un movimiento de cabeza, las cámaras enfocan el rostro sonriente de joven conde- quiso tasar los objetos que aún restaban en su poder – más murmullos y algunas risas, la prensa del corazón ya dejó en claro que las aficiones del hijo coinciden con las de su padre- y así quedó constancia de la gran importancia de los mismos.

El señor conde ha tenido la amabilidad de solicitar la mediación de la casa que represento para encargarse de la pública subasta que hoy celebramos con motivo de la cual han sido ustedes invitados, no sin antes permitir generosamente su estudio detallado a los egiptólogos más famosos del mundo, por el bien de la ciencia. – El Actor tiembla de emoción, por fin se acaba el tedioso prólogo y comienza su verdadera labor, donde debe dar lo mejor de sí mismo en lo que puede ser su más aclamada actuación. – Hemos querido obviar las posibles interpretaciones del texto, que son muchas, y las alusiones a acontecimientos históricos, para que ustedes puedan formarse una opinión por sí mismos, de modo que ahora, señoras y señores, sin más dilación damos paso a la lectura de la trascripción completa del documento, firmada por el Doctor Fixall, conservador del patrimonio egipcio del British Museum para garantizar su autenticidad. – Con cierta solemnidad procedió a abrir, con movimientos pausados, un sobre cerrado ante los ojos expectantes de todos los presentes en la sala, y con la entonación adecuada, profunda y conmovida, comenzó a leer.

Yo; por todos llamada en mi vejez “Amada de Seshat”, diosa de los libros, en el ocaso de mi vida ante los ojos atentos de Anubis, termino este documento para ser depositado en mi tumba en el día tres del segundo mes de Peret, del vigésimo tercer año de reinado de nuestro señor Ramose . A ti Maat, la verdad, la justicia; te lo encomiendo, para dejar testimonio de que yo no fui injusta con los débiles, no cometí robo alguno ni crímenes contra mis hermanos, no di nunca falso testimonio, no traicioné la confianza que en mí depositaron y jamás falté a mi deber. Corazón mío no me delates, ni digas palabras impuras en el juicio de los dioses”.

“Majestuosamente avanza Hapi hacia las orillas de la Tierra Negra donde se sitúa el más importante de los templos de Hathor, el ojo de Re y esposa bienamada de Horus, el Halcón. Allí habito hace muchas crecidas, soy ya vieja y he visto muchas cosas, grandes y pequeñas. He visto a los hombres luchar hermano contra hermano y el padre contra su hijo por ideas absurdas y esperanzas inútiles. He visto los cocodrilos sagrados darse un festín con la carne de los avariciosos y he llorado por ellos. Para mí el juicio de Osiris está ya cerca y no quiero que mi corazón pese en su balanza más que la pluma de la verdad a causa del peso de los secretos que alberga, y por ello me he decidido a contarlos a la luz de esta sala luminosa donde los papiros que atesoro como guardiana de la biblioteca se acumulan sin ser leídos y así poder leer el Libro de los Muertos sin que mi voz tiemble”.

“Hubo un tiempo en que yo también era joven y hermosa. Algunos se compadecen de la que años atrás fuese la primera bailarina del templo de Hathor, su servidora más fiel, la más deseada, por quien los miembros de la corte recorrían el Río en sus barcazas para abrazar a la misma diosa-gato reencarnada y por la cual donaban tierras y hermosas joyas que enriquecían la reputación del templo entre los campesinos de las orillas, y que hoy se ve reducida a la condición de escriba segundón y sin ambiciones ni riquezas que adornen mis vestidos de basta tela y no de lino real como antaño. Para estos siempre guardo una sonrisa de misericordia pues no conocen el alto privilegio de la sabiduría, y aunque algunas veces sueño y añoro aquella vida, pues es ley de vida que los mortales invoquen la juventud, hoy me considero infinitamente más afortunada, pues soy dueña de mi condición y del poder callado que me otorga el conocimiento”.

“Yo nací con la crecida del río, a la estrella de la mañana, tercera hija de campesinos a jornal. Para mis padres fue un honor y un alivio cuando el encargado de la intendencia del templo examinó mis huesos de vidrio y mi piel de alabastro, pálida a pesar del sol, y aceptó quedarse conmigo a la edad de siete años, para ser educada como bailarina sagrada de Hathor”.

“El entrenamiento era duro, inflexible, exigía paciencia dedicación e inteligencia, pues incluía todas las disciplinas del cuerpo y del espíritu, la música, el movimiento, la escritura, la conversación y los versos de amor. Aquellas que no soportaban su crudeza, las que se herían, las que se revelaban ineptas, eran devueltas a sus casas con alguna pequeña compensación. Al resto, nos esperaba la gloria de bailar en las fiestas sagradas en público y en las fiestas profanas en privado, aduladas y recompensadas en favor de la diosa, el amor y el placer como sagrada misión. Entre nosotras convivían niñas, y a veces niños, de toda clase y condición, desde los más pobres, cuyos padres esperaban de sus hijos que algún día pudieran proporcionarles una tumba, aunque fuese la más simple, como aquellas otras de casas nobles y prolíficas que buscaban escapar al destino gris con un nombre diera lustre a su parentela. Solo el talento y la belleza eran importantes. Cuando el tiempo inexorable apagaba los cánticos y las risas, algunas habían hecho fortuna y fama, o conseguían matrimonios ventajosos, otras eran olvidadas en algún miserable rincón o se quedaban como amargadas y envidiosas maestras del templo. Yo fui más afortunada que ninguna, olvidé los pesares de la vida mundana y me refugié en mis libros, sin intentar vender ni alquilar palabras de conjuros para hacer fortuna, como otros muchos”.

“Las jóvenes bailábamos desnudas, con nuestros cintos de cascabeles en la cintura y los cuerpos brillantes untados de sebo y perfume. El pelo y los pezones teñidos de alheña, adornadas por las plumas de los pavos reales del Templo traídos desde el lejano país de Punt y de las joyas más relumbrantes, propiedad de la diosa, para animar a nuestros benefactores a ser generosos. Bailábamos al son de los instrumentos, que tañían nuestras compañeras adornadas de telas transparentes, del sistro y los crótalos, y del arpa tañida por las manos del anciano ciego, alabando a nuestra madre Hathor, que nos regaló la música. Éramos admiradas y envidiadas y nos consultaban problemas de enamorados. Hoy cuando miro a las jóvenes que quieren seguir mi camino, siento punzadas de nostalgia, pero no me olvido de prevenirles que la juventud pasa, como las horas del día, que no se envanezcan y sean prudentes, aunque sé que es inútil, pues la juventud se cree invencible, -siempre fue así y siempre será-. Ellas me miran, aparentando respeto y cuando me giro oigo sus risas frescas y burlonas y en mi interior me aflijo y les deseo suerte”.

“Transcurrían los alegres días de la fiesta anual de “La Buena Reunión”, Hathor, la divina consorte del señor del cielo, el sol en su cenit, Horus, hijo de Osiris, sale de su morada en Dendera, y transportada por los altos sacerdotes en la barca sagrada, recorre el Nilo y va a reunirse con su esposo en Edfú, que la espera en su barca sagrada. Comienzan entonces cinco días de regocijo, en los que la pareja divina peregrina hacia la morada de los demás dioses. Es gran motivo de alegría y regocijo para el pueblo, que sigue el cortejo cantando y mezclando en sus cánticos alabanzas hacia la Dorada y poesías obscenas, embriagados por el vino y durmiendo a la sombra de los sicomoros, El mismo faraón y su esposa principal sale de Tebas para ser parte del cortejo divino, el faraón es aclamado por el pueblo con hojas de palma. Solo entonces es posible para los mortales ver la imagen de los dioses que permanecen ocultos de las miradas de todos los mortales, excepto del faraón y los sumos sacerdotes, en el sancta-sanctorun de los templos, en la oscuridad de la sala más profunda, donde moran. También nosotras, recibimos el privilegio, como sirvientas de Hathor, de atender, agasajar y entretener al faraón y a los nobles de la corte”.

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