El renovado Museo Egipcio de Turín
Por Susana Alegre García
21 marzo, 2016
Vista de las sala dedicada al predinástico. Museo Egipcio de Turín. Foto Susana Alegre
Modificación: 18 febrero, 2021
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El 1 de abril 2015 se inauguraba la remodelación total del Museo Egipcio de Turín. El considerado como el mayor museo de antigüedades egipcias tras el Museo de El Cairo, ha recobrado un magnífico y nuevo esplendor, presentándose con una museografía actualizada y atractiva, con guías audiovisuales, nuevos laboratorios, nuevos espacios… etc. A lo largo de los últimos 8 años, los visitantes han sorteado salas temporalmente cerradas, obras en los patios, ruidos, iluminaciones inadecuadas, salas de exposición eventual… Pero ya habíamos podido tantear lo que se avecinaba al disfrutar desde 2008 de las reinventada Galería de los Reyes, donde se acoge, entre otras antigüedades, una sensacional colección de esculturas que plasman a faraones tan célebres como Ramsés II o Tumosis III. Este magnífico ámbito, en manos del escenógrafo hollywoodiense Dante Ferretti, había cobrado una magia especial, que resultó un tanto chocante en un principio debido a su modernidad y presentación insólita en el marco de los museos egiptológicos: espejos, iluminación muy efectista, juego de luz y sombras…. Era evidente que el Museo Egipcio de Turín estaba entrando, y a pasos de gigante, en una nueva etapa en su prolongada existencia.

Galería de los Reyes. Foto: Susana Alegre 

Aunque desde la fachada exterior del Palazzo dell’Accademia delle Scienze diseñado por Guarino Gurini que en 1678 los cambios parecen inexistentes, todo cambia nada más adentrarse en el edificio. Al museo se accede ahora justo bajo el patio interior, lugar en el que se sitúa un gran vestíbulo en el que se localizan las nuevas taquillas, guardarropa y otros servicios. Y es desde aquí por donde se llega a las primeras salas expositivas, creadas para permitir un interesante recorrido por la historia del propio museo, remontándose a sus orígenes para extenderse hasta las fechas más actuales. Esta salas son un verdadero homenaje al devenir de la propia entidad nacida en el siglo XVIII, y, a la vez, constituyen todo un reconocimiento al ingente trabajo de la egiptología italiana.

Galeria dedicada a ajuar funerario de Kha. Foto: Susana Alegre 

Desde aquí una escalera mecánica conduce hasta el piso superior, desde el cual se inicia ya el viaje por la historia del antiguo Egipto. Efectivamente, el recorrido se organiza de modo esencialmente cronológico, iniciándose en las etapas más remotas para ir avanzando hacia el Imperio Antiguo, Primer Período Intermedio e Imperio Medio; siguiendo ya en el piso inferior hacia el Imperio Nuevo, con especiales paréntesis dedicados a Deir el-Medina y el ajuar funerario descubierto en la tumba de Kha y Merit. La visita también se adentra en los hallazgo en la tumba de Nefertari (que sigue siendo un tanto decepcionante en cuanto a su presentación) y el Valle de las Reinas, resultando muy impactante la colección de sarcófagos descubiertos en la tumba del príncipe Jaemuaset (QV44). Más allá se avanza hacia las salas dedicadas a la Baja Época, para culminar en el mundo grecorromano y copto.

En el nuevo criterio expositivo del museo se priorizan vitrinas de grandes dimensiones, completamente de cristal, habiéndose eliminado el antiguo mobiliario casi por completo. Estas grandes vitrinas permiten una sensación diáfana y de proximidad, ya que eliminan la percepción de barrera entre el visitante y lo expuesto. Esa sensación se intensifica aún más al integrar, de modo estratégico, antigüedades que carecen de vitrina, lo que es posible, obviamente, únicamente en aquellas antigüedades cuya integridad no queda comprometida.

En la exposición se eluden los pedestales grandilocuentes y distorsionadores. La rotulación es escueta, pero perfectamente complementada con los contenidos de las elaboradas guías audiovisuales que permiten una extensa ampliación de las explicaciones. Unas explicaciones que en ocasiones van de la mano del propio director del museo o de reconocidos especialistas, y, en muchos casos, con vídeos que el visitante puede disfrutar mientras transita.

Las amplias vitrinas permiten exponer grandes conjuntos de objetos, generando agrupaciones ya sea por su naturaleza o cronología, o bien por ser, efectivamente, un conjunto originario de un mismo contexto arqueológico. Es lo que sucede, por ejemplo, con la exposición del ajuar localizado en la tumba de Ini en Gebelein, que se expone todo junto en una misma vitrina, intentando mantener los objetos en la misma posición en la que originariamente fueron localizados. De ahí, por ejemplo, el reposacabezas colocado sobre la tapa del sarcófago.

Estas grandes vitrinas, sin embargo, a lo que se suma los efectos de la iluminación, pueden resultar conflictivas en el intento visualizar ciertas piezas y generan dificultades a la hora hacer fotografías (permitidas siempre que sea sin el uso de flash), ya que tienen a generar muchos reflejos. También en ocasiones la iluminación resulta un tanto escasa y la suciedad acumulada en los cristales, por quienes ponen su mano sobre ellos, puede resultar desagradable.

La remodelación del museo también ha implicado conseguir más espacio expositivo. Esta disponibilidad permite al visitante observar antigüedades hasta ahora no expuestas y apreciar mejor la belleza de otras que anteriormente quedaban como sumergidas en la amalgama. Y tener más espacio también ha permitido presentar de un modo coherente los fragmentos murales de la tumba de Iti y Neferu, disponiéndolos en una reconstrucción que los sitúa del mismo modo en que estaban emplazados originariamente.

Aunque la estética del nuevo museo es sobria y sencilla, también se han respetando algunos rasgos de su viejo carácter, manteniendo algunas de las viejas vitrinas de madera en algunos ámbitos, no ocultando las escaleras regias y los techos abovedados del palacio renacentista y hasta han sido recuperadas pinturas al fresco que, aunque parciales, han aparecido en las remodelación. Un museo que mira al futuro, pero que lo hace respetando su pasado… No podría ser de otro modo en un museo de carácter arqueológico.

Mobiliario descubierto en la tumba de Kha. Foto: Susana Alegre García

El Museo Egipcio de Turín ofrece un viaje intenso en el que se jalonan una tras otra algunas de las más célebres antigüedades legadas por el Egipto antiguo, obras de arte sin parangón y documentos magníficos que nos hablan de la cotidianidad en tiempos faraónicos, de sus cosméticos, de su música, de su moda, de su poesía, de sus creencias funerarias, de su culto a los dioses… Vidas remotas que el Museo Egipcio de Turín permite percibir desde sus vitrinas, como si pudiéramos retrotraernos en el tiempo ante la cuchilla de afeitar de Kha, o ante el trazo hábil dejado por un artesano en un boceto, o ante la solemne expresión esculpida de un dignatario o faraón. Y así, con sus renovadas instalaciones, con sus incomparables fondos y su prolongada historia, el Museo Egipcio de Turín, ahora más que nunca, se ha convertido en lugar de peregrinación ineludible para los apasionados por el antiguo Egipto y la egiptología.

 

Artículo publicado en BIAE 79, Ajet (Noviembre, 2015), páginas de 21 a la 23. Descarga el BIAE 79 aquí:
https://egiptologia.com/wp-content/uploads/2015/12/BIAE79.pdf

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Museo Egipcio de Turín en el Altas de Museos y colecciones de Amigos de la Egiptología

 

 

Artículo Susana Alegre García 

 

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