El primer mapa de España acaba en Turín
Por Juan Vicente Boo
Creación: 7 octubre, 2004
Modificación: 30 septiembre, 2017
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La joya primigenia de la cartografía occidental, que representa precisamente parte de la Hispania del siglo I antes de Cristo, fue entregada ayer al Museo Egipcio de Turín por el ministro de Cultura italiano y la Compañía de San Pablo, que superó a otros competidores interesados en esa pieza única, entre los que figuraba el Estado español. El descubrimiento del antiquísimo mapa en un papiro egipcio propiedad de un coleccionista privado fue primicia española en ABC en diciembre de 1999 y provocó inmediatamente el interés de los especialistas.

El «papiro de Artemidoro» es «importantísimo» y «un objeto de gran lujo», según Elvira Gangutia, destacada helenista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, quien sostiene que un documento de esa importancia podría haber sido creado tan solo para algún potentado de la etapa helenística o alguna reina. El extraordinario papiro de 250 centímetros de largo por 32 de altura necesitará todavía algunos meses más de restauración en la Universidad Estatal de Milán bajo el cuidado del profesor de papirología, Claudio Gallazzi, quien ha trabajado en su estudio durante más de cinco años, junto con el profesor Barbel Kramer de la Universidad de Treveris.

En el acto de entrega oficial al Museo Egipcio de Turín, el profesor Gallazzi anunció que «estamos terminando la restauración, lo cual permitirá realizar una copia digital que ponga a disposición de los especialistas esta riquísima fuente para estudio de todos sus particulares». El «papiro de Artemidoro» será expuesto al público en 2005, pero todavía no es posible fijar la fecha. El Museo Egipcio de Turín, el mas importante del mundo después del de El Cairo, conserva además el «papiro de las minas», del siglo XII antes de Cristo, y otro valioso ejemplar con los planos de la tumba de Ramsés IV en el Valle de los Reyes.

El «papiro de Artemidoro» es un manuscrito de lujo que incluye el comienzo del libro segundo de los 11 que componían el famoso «Periplo» del geógrafo griego Artemidoro de Éfeso, quien trabajó a caballo entre el siglo II y el siglo I antes de Cristo, y cuyas obras se conocían tan solo por las referencias de Estrabón y Plinio el Viejo.

El papiro, elaborado en el siglo I antes de Cristo probablemente en Alejandría, incorpora cuatro columnas del texto de Artemidoro («don de Artemisa»), viajero por todo el mundo grecorromano, desde la remota Hispania hasta el Mar Rojo. Por fortuna, su enciclopédica obra comienza por las columnas de Hércules (Gibraltar), y el texto del papiro descubierto hace más de una década en un basurero en Egipto se abre con una fascinante introducción a la península Ibérica.

Tras unas consideraciones filosófico-científicas sobre el trabajo del geógrafo, Artemidoro de Éfeso escribe que «El país que va desde los Pirineos hasta las cercanías de Gades (Cádiz) se llama tanto Iberia como Hispania. Los romanos lo han dividido en dos provincias. A la primera pertenece la región que se extiende desde las montañas de los Pirineos hasta Cartago Nova (Cartagena) y Castolo (una ciudad cercana a Linares) y las fuentes del Betis (Guadalquivir). A la segunda pertenece, en cambio, el resto del territorio hasta Gades y toda la región de la Lusitania». Se trata, evidentemente, de la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior, establecidas como provincias por Roma el año 197 a. de C.

El elemento más fascinante del papiro es el mapa de Iberia o Hispania en una franja de 94 centímetros de largo por 32 de alto. Con esas dimensiones, el único modo posible de representar la Península es una versión muy comprimida horizontalmente, que no respeta las distancias reales como en los mapas contemporáneos.

A pesar de que el papiro estaba roto y hubo que recomponerlo utilizando muchos fragmentos, el mapa más antiguo de Occidente muestra dos grandes ríos de la España central, junto con ciudades y estaciones de postas. Varios especialistas coinciden en que el río superior es el Duero, mientras que el inferior podría ser uno de sus afluentes o bien el Tajo.

Las ciudades incluidas en el papiro pueden ser Septimanca (Simancas), Oxama (Osma), Segontia (Sigüenza) y Segovia. El mapa cuenta con las principales calzadas romanas pero, al igual que los ríos y ciudades, sin la correspondiente toponimia. Es, a todas luces, un trabajo de gran calidad, que nunca llegó a terminarse.

Según Claudio Gallazzi, el papirólogo de la Universidad Estatal de Milán que más ha estudiado el documento, el «papiro de Artemidoro» tuvo una vida agitada, lo cual explica las ausencias y los añadidos posteriores.

Una vez copiado el texto del geógrafo con caligrafía cuidadísima, el papiro pasó a otro taller de alto nivel dedicado a la cartografía y a los mosaicos, actividades que solían ir juntas.

Es precisamente en el taller de cartografía donde, por algún motivo, la obra no llega a completarse, y el papiro terminó siendo utilizado por un artista que aprovechó el dorso para realizar dibujos de gran calidad: cabezas de Zeus, de Apolo y de Alejandro Magno, que sorprenden por su fuerza y recuerdan obras realizadas milenio y medio mas tarde por Miguel Ángel o Leonardo da Vinci.

El rostro de Zeus conserva, al cabo de 2.100 años toda la energía del dios del Olimpo a pesar de la precariedad del soporte: fibras entrecruzadas de papiro, una planta que crecía en las orillas del Nilo y resultaba barata, pero cuya solidez es muy inferior al de las pieles utilizadas posteriormente para los documentos de gran valor. Antes de terminar en el basurero, el papiro alejandrino conoció una tercera etapa en la que dos alumnos de una escuela de dibujo, indudablemente aventajados, aprovecharon los espacios libres en ambas caras para realizar estudios de rostros, manos y pies en diversas posiciones, demostrando un talento más que prometedor.

Con la entrega al Museo Egipcio de Turín, que no quiso revelar la cifra pagada por la Compañía de San Pablo para hacerles este regalo, el «papiro de Artemidoro» podrá ser estudiado por arqueólogos y helenistas españoles para arrancar al mapa más antiguo de Occidente los nombres que los cartógrafos nunca llegaron a escribir.

Fuente: ABC
http://www.abc.es/abc/pg041007/prensa/noticias/Cultura/Arte/
200410/07/NAC-CUL-098.asp

Reseña: Manuel Crenes

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