El Valle de los Reyes: las tumbas ausentes. Una aproximación
Por Ramiro J. Mesa Fernández
9 julio, 2022
Vista del Valle de los Reyes, acceso a la tumba de Tutmosis III
Modificación: 9 julio, 2022
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El Valle de los Reyes es, desde el punto de vista arqueológico y también historiográfico, la necrópolis más importante de la Tebaida, en la orilla occidental del Nilo a su paso por la ciudad actual de Luxor. Allí dispusieron su enterramiento los faraones y faraonas de las dinastías XVIII, XIX y XX (c. 1550-1069 a.n.e., aunque la cronología del Reino Nuevo parece estar en una interminable revisión) durante más de cuatrocientos cincuenta años.

Algunos monarcas de la dinastía XVIII, sin embargo, oponen una titánica resistencia a la hora de ser relacionados con este yacimiento. Sus tumbas nunca han sido descubiertas, o lo han sido pero los excavadores no han logrado relacionar de forma categórica el sepulcro con el propietario. También es posible, incluso probable, que estos reyes “rebeldes” nunca se hubieran enterrado en el Valle. Dejaremos fuera de este texto el paréntesis que supuso el drama de Amarna (una excepción en tantos aspectos…), porque sabemos que el rey Akhenaton se hizo sepultar en TA26, tumba ubicada en el Valle Real de Amarna, en la montaña oriental de su capital, Akhetaton, con independencia de lo que luego ocurriese o no con sus restos. Tampoco trataremos sobre los sucesores, o sucesoras, del Hijo del Atón, pues las montañas de humo que se han escrito y vendido sobre el tema no dejan de postrarnos en una cierta melancolía. Así las cosas, centraremos el contenido en los primeros faraones de la dinastía XVIII.

El cuerpo de Nebpehtyra AHMOSE (c. 1550-1525 a.n.e.), fundador según Manetón de la dinastía, fue uno de los descubiertos en la famosa cachette real de Deir el-Bahari, la tumba clasificada como DB320. Su lugar original de enterramiento, en cambio, no se ha determinado hasta ahora. Se han propuesto para su tumba localizaciones tan dispares como Bab Ibn Sulimán o Wadi en-Nisr. También el Valle de los Reyes, en concreto la tumba KV32, si bien la misión MISR de la Universidad de Basilea ha logrado asociar este enterramiento con la Dama Tiaa, esposa secundaria de Amenhetep II y madre de Tutmosis IV. Pero la opinión más extendida, y razonable a mi humilde entender, es que el rey Ahmose habría sido enterrado en la necrópolis de Dra Abu el-Naga. Se han propuesto incluso localizaciones concretas, como la llamada tumba B de Dra Abu el-Naga (AN-B) o la K93.11 (también clasificada como TT293), pero sin argumentos convincentes.

Pero la tumba de Ahmose, descubierta o no, debería estar efectivamente en Dra Abu el-Naga por dos poderosas razones. Primero, porque aquí reposaron los restos de sus más directos antepasados, los reyes tebanos de la dinastía XVII que iniciaron el proceso militar de liberación y reunificación de Egipto que el propio Ahmose culminó. Más allá del significado manetoniano del término “dinastía”, él debió verse como el legítimo heredero, el continuador o epígono de la saga familiar que expulsó a los hicsos del país para devolverlo a la Maat y recuperar la tradición egipcia. Y segundo, aunque no menos relevante, porque en esta necrópolis fueron también inhumados muchos de los más importantes personajes de la Corte en tiempos de Ahmose: Baki, inspector del ganado (TT18); Hery, inspector de los graneros de la esposa y madre real Ahhotep (TT12); Tetiky, hijo real y alcalde (TT15); Panakht, inspector del ganado de Amón (TT A20)…

Vista la zona de la necrópolis tebana denominada Dra Abu el-Naga

Djeserkara AMENHETEP I (c. 1525-1504 a.n.e.), hijo y sucesor de Ahmose en el trono de las Dos Tierras, tampoco nos allana el camino para ubicar el lugar de su sepultura. En su caso disponemos de mayor información, pero incompleta y velada, lo que constituye el terreno perfecto para la proliferación de hipótesis, conjeturas y pálpitos de todos los pelajes. Dicha información procede del Papiro Abbott, un texto escrito durante el reinado de Rameses IX (c. 1126-1108 a.n.e.) que informa  – lo resumo a lo esencial – sobre una investigación realizada por los funcionarios de esa época acerca del estado de las antiguas tumbas reales a raíz de una oleada de saqueos. Sobre la tumba de Amenhetep I el texto dice que está situada a 120 codos de distancia de su ahoy, al norte del templo de Amenhetep del jardín. Parece que tenemos un detallado “mapa del tesoro”, pero nada más lejos de la realidad: no se ha logrado traducir la palabra ahoy, y tampoco se tiene localizado el templo citado en el papiro porque son varios los templos consagrados a Amenhetep que se conocen, sin que haya sido posible relacionar uno de ellos con “el templo del jardín”.

Papiro Abbott. Reinado de Ramsés IX. Conservado en el British Museum, Londres.

El arqueólogo polaco Andrej Niwinski ha liderado varias misiones en Deir el-Bahari trabajando en el Djeser-Djeseru y su entorno, y propone este paraje como posible lugar de enterramiento de Amenhetep I. Interpreta que el templo citado en el Papiro Abbott se correspondería con los restos de un templo dedicado efectivamente al rey Djeserkara que fue desmantelado en tiempos de Hatshepsut. Esta propuesta se enfrenta, por desgracia, a un obstáculo considerable porque, si este es en efecto el lugar citado en el papiro, ¿cómo pudieron los funcionarios de Rameses IX ver y tomar como referencia un templo que se echó abajo más de trescientos años atrás?

Volvemos ahora a Dra Abu el-Naga, pues dos de los emplazamientos que ya hemos visto propuestos para la tumba de Ahmose se consideran ahora para la de Amenhetep I. Howard Carter pensó que la tumba del monarca sería AN-B, siendo la referencia del Papiro Abbott el Templo de Heniset, en efecto asociado a Amenhetep I y a su madre, Ahmes-Nefertari. AN-B está situada al final del Wadi Khawi el-Alamaat, y su entrada es un pozo que da acceso a una cámara sepulcral ampliada después de la construcción original, lo que permite pensar en los entierros sucesivos de ambos personajes. En el análisis del material hallado en la tumba, además, Carter encontró tres menciones a Ahmose, ocho a Ahmes-Nefertari y nueve a Amenhetep I. Sin salir de esta necrópolis, la propuesta del egiptólogo alemán Daniel Polz es K93.11 (TT293), tumba que tiene como gemela a K93.12. Originalmente fueron tumbas monumentales que, al estar situadas en la parte superior de las colinas de Dra Abu el-Naga, eran perfectamente visibles desde cualquier posición de la zona. Polz elige esta opción porque el Papiro Abbott dice que la tumba de Djeserkara está intacta, requisito que K93.11 habría cumplido tantos años (y tantos saqueos) después, además de que el tratarse de tumbas gemelas invita a pensar en un doble enterramiento que podría corresponder a las parejas Ahmose/Amenhetep I o bien Amenhetep I/Ahmes-Nefertari.

En cuanto al Valle de los Reyes, únicamente Weigall en 1908 optó por KV39, una tumba peculiar por su ubicación y estructura descubierta por Andraos y Macarios en 1.900. Es indudablemente una obra de principios de la dinastía XVIII, excavada en el lecho de un wadi muy al sur del Valle, casi al este de El-Qurn, a bastante distancia de la zona principal de las tumbas reales. Se dice que Weigall sugirió este lugar por la semejanza que presentaba con la descripción de la tumba del rey que pudo leer en papiros antiguos, aunque es más razonable pensar que este excavador interpretó el misterioso ahoy mencionado en el Papiro Abbott como una referencia al Poblado Alto de los trabajadores que, al parecer, estaría a esos 120 codos de K39.

Ataúd de Amenhetep I descubierto en la cachette de Deir el-Bahari 

 Es muy probable que Aakheperkara TUTMOSIS I (c. 1504-1492 a.n.e.) fuese el primer rey de la dinastía XVIII que decidiera enterrarse en el Valle de las Reyes. Con independencia de su genealogía (y hay opiniones para todos los públicos) no era hijo de Amenhetep I, lo que pudo motivar su decisión de inaugurar un nuevo cementerio real para sí mismo y para sus sucesores. Son célebres las palabras de Ineni, su arquitecto, encargado de encontrar una ubicación discreta para su tumba: “He inspeccionado la excavación de la tumba de Su Majestad, estando sin nadie, sin que nadie me viera, nadie me oyera…”. Por otra parte, las casas más antiguas del poblado de los trabajadores en Deir el-Medina están datadas en tiempos de Tutmosis I. Se podría plantear por ello un problema: si los primeros artesanos que trabajaron en el Valle de los Reyes fueron establecidos en Deir el-Medina por Tutmosis I, ¿por qué tenían como patronos de su cofradía y adoraban como divinidades a Amenhetep I y a Ahmes-Nefertari? La respuesta puede ser tan sencilla (si se me permite la opinión de un profano) como que el mismo equipo de trabajadores sirviera a la Casa Real con anterioridad a la coronación de Tutmosis I.

Vista de Deir el-Medina, poblado de los trabajadores del Valle de los Reyes

La discusión sobre el lugar original de enterramiento elegido por Tutmosis I lleva décadas viva entre los especialistas. Muchos de ellos se decantan por KV38, una tumba de modestas dimensiones típica de los inicios de esta dinastía que fue descubierta en 1.899 por Loret. Años más tarde, en 1919, Carter encontró los depósitos de fundación, desgraciadamente sin inscripciones que pudieran asociar la tumba a un propietario.

KV38 Imagen: Theban Mapping Project

Los autores que se oponen a esta hipótesis argumentan que la cámara sepulcral con forma de cartucho real que presenta KV38 es sospechosamente similar a las que pueden verse en KV42 y, sobre todo, KV34 (la tumba de Tutmosis III), por lo que deducen que las tres tumbas se excavaron durante el reinado de este último monarca, y proponen KV20 como alternativa para Tutmosis I.

KV20 Imagen: Theban Mapping Project

 KV20 se excavó en el acantilado más oriental del Valle de los Reyes, tras el cual se sitúa Deir el-Bahari. Muy cerca se encuentran KV19 (sepulcro del príncipe Mentuherkhepeshef, hijo de Rameses IX), KV60 (Sitra, nodriza de Hatshepsut; aquí fue localizada después la momia de la propia faraona) y KV34 (Tutmosis III). La tumba está diseñada como un semicírculo de pasillos, escaleras y corredores en permanente descenso, siempre girando a la derecha, hasta alcanzar una longitud total de 210 metros y un enorme desnivel de casi 100 metros desde la entrada hasta el final de la construcción. Lo interesante es que KV20 contiene dos cámaras funerarias. La primera de ellas, bastante amplia, es atribuida por dichos autores a Tutmosis I, mientras que la siguiente sería la preparada por Hatshepsut, de modo que padre e hija habrían compartido la misma tumba. Esta tesis sostiene que tras el fallecimiento de la gran reina, Tutmosis III (reinando ya en solitario) ordenó la excavación de KV38 y dispuso que los restos de su glorioso abuelo reposaran en este nuevo emplazamiento. Hay alguna laguna en esta teoría que no logro entender. La muerte de Tutmosis I debió ocurrir hacia el 1.492, y Hatshepsut se coronó en torno al 1.477 (aunque oficialmente la fecha se cambió al 1.479 para hacerla coincidir con la subida al trono de Tutmosis III), y no iniciaría la excavación de su tumba real antes de esa fecha. Pues bien, ¿dónde estuvo el cuerpo de Tutmosis I entre ambas fechas?

Vista del Valle de los Reyes y de la montaña de El-Qurn, que se impone en el paisaje

Aakheperenra TUTMOSIS II (c. 1492-1479 a.n.e. – aunque no comparto esta datación; el reinado de este monarca no debió superar los tres años), cuarto faraón de la dinastía, también nos ha legado un endiablado rompecabezas para determinar el lugar de su sepultura. A lo largo de los años se han sugerido hasta tres lugares distintos para el enterramiento de este rey.

WN A está ubicada en el Wadi el-Nisr, cerca y al N/NE de Deir el-Medina. Es una tumba de acantilado muy similar a otras de este tipo excavadas durante los inicios de la dinastía XVIII. Fue explorada por Robinchon para el Institut Français d’Archéologie Orientale en 1931-32, sin encontrar más que algunos vestigios de época greco-romana.

DB358 es un sepulcro muy interesante, descubierto por Winlock en 1929 mientras trabajaba para el Metropolitan Museum Of Art – New York en la zona de Deir el-Bahari. Tras el corredor inicial que llega desde la entrada se accede a una zona, una suerte de recibidor, donde fueron hallados varios féretros del Tercer Periodo Intermedio, y que fue excavada exactamente debajo de la columnata del Templo de Millones de Años de Maatkare Hatshepsut.  Este dato es determinante, puesto que señala con claridad que la construcción de DB358 es necesariamente anterior a la del Djeser-Djeseru. Más allá de esta zona se accede al cuerpo principal de la tumba, que presenta un pozo, una antecámara espaciosa y, por fin, la cripta original donde se encontró el enorme ataúd exterior (unos 4 m. de longitud) perteneciente a Ahmes-Meritamón, hermana mayor y Gran Esposa Real de Amenhetep I. Se supone que para quienes postulan este sepulcro como el original de Tutmosis II son dos los argumentos de peso: que la tumba es anterior a la hermosa construcción de Hatshepsut, y que contiene un pozo, ciertamente un atributo propio de las tumbas reales. Pero para redondear la hipótesis habría que responder a un par de preguntas. Si el Valle de los Reyes ya estaba operativo como necrópolis para la realeza desde el reinado de Tutmosis I, ¿por qué su hijo y sucesor eligió un paraje distinto para su enterramiento? ¿Y qué hacía allí un féretro datado con seguridad dos generaciones antes de Tutmosis II?

Detalle del ataúd de Ahmes-Meritamón, hermana mayor y Gran Esposa Real de Amenhetep I. Museo de El Cairo.

KV42, ya en el Valle de los Reyes, está excavada a los pies del acantilado que da cobijo a KV34 (Tutmosis III), aproximadamente situada entre las ya citadas KV38 (¿Tutmosis I?) y KV20 (Hatshepsut). Fue investigada por Howard Carter en 1.900, hallándose en su interior un sarcófago de cuarcita amarilla desgraciadamente anepígrafo. Pocos años después, ya en 1.921, Carter descubrió en el exterior de la tumba los depósitos de fundación, y entre ellos varias piezas referidas a Hatsepsut-Meritra, Gran Esposa Real de Tutmosis III y madre de su hijo y sucesor Amenhetep II. Por algún motivo la tumba nunca fue terminada, lo que hace pensar que esta dama terminó siendo enterrada en KV35 (Amenhetep II). El sepulcro fue aprovechado para el sepelio de Sennefer, alcalde de Tebas durante el reinado del último monarca citado. Tenemos, por tanto, una tumba situada en el Valle de los Reyes, con esa cámara funeraria en forma de cartucho real tan característica en las construcciones de Tutmosis III, y con evidencias arqueológicas que apuntan con claridad hacia Hatshepsut-Meritra, hubiera sido enterrada o no en ese lugar. Se antoja complicado asociar este sepulcro con Tutmosis II, pero…

 KV42 Imagen: Theban Mapping Project

 

Aunque sin ninguna relación con la estirpe tutmósida, y cronológicamente muy alejado de ella, merece en estas líneas una mínima mención Usermaatra Akhenamun RAMESES VIII (c. 1129-1126 a. n. e.). No se sabe dónde fue enterrado este efímero rey de la dinastía XX porque, de hecho, la información sobre su reinado es mínima, por no decir inexistente. Aparece representado como uno de los hijos de Rameses III en Medinet Habu. Tal vez su tumba en el Valle de los Reyes, si es que inició su construcción, fuera completada y ocupada por algún ramésida posterior.

            El Valle de los Reyes, en fin, ha ido abriendo sus puertas para entregarnos sus tesoros, en algunas ocasiones muy poco a poco y en otras precipitadamente, casi con prisa, aunque siempre parece guardarse algún as en la manga. Durante el siglo XIX y principios del XX, personajes tan ligados al Antiguo Egipto como Giovanni Battista Belzoni, John Gardner Wilkinson o Theodore Davis declararon, sucesivamente, que el yacimiento estaba agotado. Pero en 1922, Howard Carter despejó tan lúgubres pronósticos con el descubrimiento de KV62 (Tutankhamon) casi intacta, con su propietario descansando en su interior junto a un espléndido ajuar funerario. Desde entonces el Valle ha estado perezoso, como adormecido. En 2005 el egiptólogo Nicholas Reeves descubrió KV63, aunque por motivos espurios fue apartado de la investigación. Fue Otto Schaden quien finalmente realizó la excavación bajo los auspicios del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio. En 2011 Susanne Bickel, al frente de una misión de la Universidad de Basilea, descubrió y excavó KV64…¿Tendremos futuras KVs, sean o no sepulcros reales?

Acceso a la tumba de Tutankhamón

 

Consideraciones finales.- Para poner fechas a los reinados he utilizado la cronología que propone para el Reino Nuevo la egiptóloga Betsy M. Bryan en la conocida obra OXFORD HISTORIA DEL ANTIGUO EGIPTO, edición de Ian Shaw (La Esfera de los Libros, segunda edición, 2.014). Mi elección viene motivada por la enorme difusión de este manual, bien conocido tanto por profesionales como por aficionados a la Egiptología. Esta cronología, sin embargo, debería revisarse con criterios más modernos porque, por ejemplo, otorga a Tutmosis II un reinado de trece años, cuando hoy en día se duda de que superase los tres. Lo mismo ocurre con Horemheb. Los manuales generalistas hablan de casi treinta años de gobierno, pero ningún vestigio hallado en su tumba, KV57, va más allá de su año catorce en el trono. Quiero aprovechar también estas últimas líneas para expresar mi agradecimiento y mi afecto al profesor José Lull García. Buena parte de lo que sé sobre el Valle de los Reyes (y de lo expuesto en este texto) viene de su excelente magisterio.

Bibliografía .- Las referencias bibliográficas y webgráficas sobre el Valle de los Reyes son interminables. Se ha escrito mucho sobre su historia, sobre sus tumbas y la iconografía que presentan, sobre los magníficos compendios funerarios representados en sus paredes (Letanía de Ra, Amduat, Libro de las Puertas, Libro de las Cavernas, Libro de la Vaca Celeste, etc.)…Voy a referirme, pues, a las publicaciones que entiendo de mayor interés:

  • TODO SOBRE EL VALLE DE LOS REYES – N. Reeves y R. Wilkinson. Ediciones Uno de los manuales más completos, con hermosas ilustraciones.
  • LOS ÚLTIMOS SECRETOS DEL VALLE DE LAS REYES – John Romer. Ed. Planeta. Una historia del Valle muy bien contada, con algunas anécdotas singulares. El libro es algo antiguo, pero su narración es muy amena.
  • EL VALLE DE LOS REYES Y LOS TEMPLOS Y NECRÓPOLIS DE TEBAS – Alberto Siliotti. Ed. Martínez Roca. Una obra menos conocida que la de Reeves y Wilkinson, aunque de contenido similar.
  • Y recomiendo encarecidamente visitar la web del THEBAN MAPPING PROJECT (Theban Mapping Project), un gran equipo puesto en marcha por Kent R. Weeks en 1978 que ha documentado con verdadero rigor el Valle y ha hecho mucho por su preservación.

 

 

Artículo de Ramiro J. Mesa Fernández 

Fotos archivo documental de Amigos de la Egiptología

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