Relaciones entre Egipto e Israel durante el Tercer Período Intermedio (Parte I)
Por Prof. Sergio Fuster
21 enero, 2004
Modificación: 6 noviembre, 2016
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Agradecimientos: Quisiera agradecer a mi amigo y colega el Prof. Jorge Roberto Ogdon por haber leído el texto y por sus útiles observaciones sobre el original. También debo aclarar que los toponomias que menciono han sido seleccionadas de acuerdo a los diccionarios bíblicos en español y las posibles diferencias cronológicas se deben a que los datos aportados por la arqueología no siempre coinciden con las fechas internas del texto bíblico.

S. F. 2004

Al tratar de armonizar los sucesos bíblicos con la cronología Egipcia, parece menos problemático partir del primer milenio antes de Cristo en adelante. Con el advenimiento de la monarquía, la historia de Israel abandona el ámbito del mito y la leyenda etiológica para integrarse de manera natural en el escenario mundial del Cercano Oriente.

Esto ha permitido, en parte, trazar a grandes rasgos una correspondencia entre el texto bíblico como fuente histórica y los registros de Egipto, Siria y Mesopotamia.
Las referencias a Egipto, que figuran en las Sagradas Escrituras hebreas durante el segundo milenio, si bien son más abundantes, como las visitas patriarcales al país, la esclavitud y el Éxodo – como tratamos en una nota anterior -, no dejan de crear lagunas casi insalvables. La naturaleza de las fuentes, presenta blancos que hasta ahora la historia y la arqueología no han podido resolver de manera definitiva.
Las razones de dicha dificultad son evidentes: en ninguna parte del Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia)se da el nombrede los monarcas egipcios. Esto nos hubiera permitido trazar una concordancia temporalentre la historia de Egipto yla de Israel. Sin embargo, no sucede así durante la época monárquica israelita en la primera mitad del primer milenio (Hierro Ib; IIa), cuando el registro bíblico rompe el silencio.
En el bloque deuteronomista (nombre técnico con el que se conoce a los libros bíblicos, desde Josué hasta Reyes), se mencionan varios gobernantes, entre ellos, algunos reyes egipcios, a partir del Tercer Período Intermedio en adelante. En esta primera parte, abarcaremos desde el comienzo de la Dinastía XXII hasta la invasión asiria a Palestina.
Por ello, en el presente artículo, se estudiará a dos monarcas egipcios: a Sisaq y a So. En su continuación, trataremos al resto de los faraones que se mencionan en La Biblia y que datan del Período Tardío.

La deseable posición estratégica de Israel

La situación geopolítica de Palestina fue la raíz de su turbulenta historia y la razón principal que convirtió a Israel en objeto de hostilidad por parte de sus vecinos.Por sus tierras cruzaban las principales rutas comerciales. De hecho, era el único acceso terrestre desde Mesopotamia hacia el norte de Africa y el Golfo de Aqaba, principal puerta al Mar de Juncos (Mar Rojo) y, desde allí, al lejano Oriente.
Egipto, desde tiempos tempranos, consideró al Levante como “una tierra de cereales, agua, vino y miel”, como lo dejan ver los textos de Sinuhe. Durante la época del Imperio, la tierra de Canaán o Retenu (como figura en las inscripciones más antiguas), estuvieron bajo el control de los faraones, como se evidencia en los textos de Execración o la correspondencia de Amarna.
Aquí se nos muestra que muchos beduinos sirvieron de mercenarios a Egipto, ya que este tenía varias factorías administrativas en Gaza, Sumur y Kumidi, además de tropas apostadas en Bet-Sean, enclave que protegía la ruta de acceso principal.
Durante el bronce tardío era vital dominar las rutas caravaneras de Retenu, pues significaba ganar ventajas sobre el antagónico reino hitita; aparte de asegurar la buena comunicación con Mitanni y la dinastía casita. Los faraones de la Dinastía XVIII así lo pensaban. En parte, a ello se debieron las muchas campañas de los Tutmosis en Palestina.
Sin embargo, cuando posteriormente la liga tribal israelita se unificó bajo el liderazgo de David y, después,de Salomón, Egipto entró en complicadas crisis internas conocidas como Tercer Período Intermedio como para prestar la misma atención anterior a las rutas del Levante. No obstante, hubo intentos de invasión.

La situación egipcio-israelí durante los siglos X y IX a.C.

En los escritos testamentarios (Libros de Samuel, Reyes y Crónicas), se nos habla de varios intentos fallidos por parte de Egipto al tratar de recuperar el control sobre el Levante durante la primera mitad del primer milenio. Algunos pueden ser corroborados por las fuentes extrabíblicas procedentes del país del Nilo.

Retrotrayéndonos en la historia, la Estela de Merneptah ( Dinastía XIX) es la primera mención a Israel en una fuente egipcia. Esto es el fruto de una campaña de este faraón al territorio en cuestión.
Para ese entonces, Israel no estaba constituido como nación; el jeroglífico para “Israel” que aparece en la inscripción, [es precedido por el signo de un cayado, símbolo tribal]. Este hecho, silenciado en los textos bíblicos, debe haber ocurrido en la época en que los israelitas estaban en la etapa de la ocupación y conquista de la tierra de Canaán.
Durante el período de Saúl y David, la única mención a Egipto se encuentra en II Samuel 23: 21, en donde se nos habla de un guerrero egipcio de “extraordinario tamaño”.
En este momento del Período del Hierro, los primeros monarcas hebreos dieron exclusiva atención a la amenaza filistea, lo que nos hace pensar que Egipto no tuvo mayor relevancia en sus vidas; aunque sí es posible que el país de los faraones mantuviera algunas tropas que, por falta de atención, se vendieran como mercenarios a los hombres de David.
Ya para el reinado de Salomón, se esboza un intento desde el país del Nilo por ejercer el control nuevamente sobre la región (I Reyes 3: 1; 9: 16). Es posible que este faraón, cuyo nombre no sabemos (¿Siamón ?), haya desencadenado una campaña contra la pentápolis filistea, destruyendo al mismo tiempo a Asdod y Bet-Semes, para lo cual debió imponer el control sobre la colina que dominaba las dos rutas principales del Guezer (Tell Jezer), también en manos filisteas, tal como lo había hecho su antecesor Tutmosis III.
La debilidad de Egipto se hizo evidente al no tener más remedio que hacer una alianza ante la supremacía del floreciente reino de Salomón. El registro citado arriba, nos relata que el faraón dió su hija a Salomón como esposa y a la ciudad de Guezer como su regalo de bodas. Es notable que ni siquiera en tiempos del Imperio, los faraones dieran a sus hijas como consortes a otros reyes, ni siquiera a los de reinos imponentes como Mitanni o Babilonia.
El texto bíblico (9: 16) también dice que la ciudad de Guezer fue incendiada por el faraón. Ahora bien, si el matrimonio real ocurrió inmediatamente después de la toma del emplazamiento, es evidente que la cuidad sólo fue quemada parcialmente. De lo contrario, tendría que haber pasado un tiempo prudencial para que el sitio haya podido ser reconstruido.
Hasta donde sabemos, Salomón mantuvo pacíficas relaciones con sus vecinos, lo que le permitió dedicarse al comercio marítimo por el Mar Rojo y servir de puente entre el tráfico de caballos de Cilicia y de carros de guerra egipcios. Sin embargo, para Israel, los días de gloria estaban contados.

Cisma en Israel

A diferencia del esplendor del Imperio, la edad de oro de Israel terminó rápidamente. Las tribus, desde la época de la conquista, estaban divididas y sólo el genio de un estratega como David – y de una prosperidad económica como la que ofreció su hijo Salomón – pudieron mantener la unidad del reino.

Planta del Templo de Salomón (Grabado del libro Introducción a la Sagrada Escritura de Bernardo Lamy Edición 1846)

Planta del Templo de Salomón (Grabado del libro Introducción a la Sagrada Escritura de Bernardo Lamy Edición 1846)

Al morir Salomón, la sucesión del trono cayó sobre uno de sus hijos: Rehoboám. Éste, para asegurar su legitimidad viajó a Siquem y se negó a bajar los elevados impuestos, razón por la cual diez de las doce tribus eligió su propio rey: Jeroboán. Aquí se produce el cisma; una situación crítica de la que Israel nunca se recuperará.
La influencia de la religión de los cananeos – devota de los Ba’al y las Asera (Atiratú) – y la inestabilidad política, debilitaron a todo el pueblo hebreo. Los reinos fronterizos intentaron aprovecharse de la situación, pero en esta pretensión de ocupación habría algo más que rutas comerciales a dominar; ahora aguardaban un gran botín: las cuantiosas riquezas del Templo de Yahvé en Jerusalén.
Egipto, evocando su pasado de gloria, se convirtió nuevamente en una amenaza para la región, pero estaba muy debilitado para dar un golpe certero y permanente. En el ámbito mundial, una nueva sombra se elevaba: los asirios que, como sabemos al leer la historia posterior, fueron los que, junto con los babilonios, se aprovecharon de las circunstancias no sólo de Israel sino también de Egipto.
Durante las luchas intestinas entre el Reino del Sur (Judá, con Jerusalén como capital) y del Norte (Israel, con Samaria como capital), Egipto favoreció al reino norteño al servir de refugio para algunos desterrados políticos, lo que evidenciaba su postura en contra de Jerusalén (I Reyes 11: 14-22, 40).

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