Monasterios de San Antonio y San Pablo del Mar Rojo en el desierto oriental de Egipto
Por Bartomeu Egea Resino
11 agosto, 2023
Vista del Monasterio de San Antonio
Modificación: 27 agosto, 2023
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Durante siglos el desierto oriental fue refugio de anacoretas y monjes en busca de la plegaria, contemplación y meditación. Allí podemos encontrar actualmente los monasterios más antiguos de la cristiandad, en la ruta entre El Cairo y Hurgada, en una de las zonas mas poco visitadas de todo Egipto.

Monasterio de San Antonio

La moderna autopista hace más soportable las tres horas y media de ruta por estos páramos hasta llegar a los monasterios, que se hallan a unos treinta kilómetros de la carretera que une Hurgada con Suez, camino que tomamos al regresar. A los pies del imponente Gebel Galala y sus 1350 metros de altitud, en realidad te encuentras ante una fortaleza de gran extensión rodeada de tres muros que protegían antaño al colectivo copto de las tribus de beduinos. Fue una construcción de los discípulos de San Antonio, ermitaños de vida asceta, a la muerte a los 105 años de su maestro, cerca del siglo IV.

El horario de visita es entre la 10,30 y las 5 de la tarde, no hay un precio establecido para la entrada; simplemente se trata de dar un donativo anónimo.

La visita es comentada en su conjunto por un monje copto que muestra las diferencias dependencias: molino para el trigo y otros granos, refectorio, iglesia dedicada a San Antonio cuyo acceso se hacia antaño por una pasarela levadiza a una torre central, fuente de agua que manaba a 45 metros de altitud a 30 kilómetros del mar, etc. En tono pausado y voz serena invita a pan como ofrenda al viajero y con eterna paciencia se somete a las preguntas de los visitantes, mientras se toma carcadé caliente y súper dulce.  Todo termina con un donativo para el monasterio y la despedida, viendo al padre Marc sonreír por única vez. Te marchas de allíf con la sensación de haber estado en un lugar que quizás no volveremos a pisar nunca más, una sensación extraña; sin duda al visitante no se le borrará esta excursión a este rincón del mundo cristiano aislado de todo y de todos. La cueva donde vivió el santo se encuentra a 1.500 peldaños de altura, todo un reto.

Común a las edificaciones aisladas en el desierto era el puente levadizo, única manera de poder entrar a la iglesia de San Antonio, se quitaba cuando las tribus de beduinos atacaban el monasterio, aislando el edificio central del resto de las edificaciones. Afuera quedaban el molino, el agua y el huerto, durante siglos los monjes fueron masacrados y las edificaciones destruidas, pese a todo siguen allí.

Monasterio de San Pablo (Bolos, en árabe)

El monasterio se encuentra a unos 20 kilómetros al sur de la población de Zafarana, en la costa del Mar Rojo. Fundado en el siglo V, es más pequeño que el de San Antonio. En él está la cueva donde vivió el santo durante su vida, dispone a su vez de varias iglesias en su interior, siendo la más grande la dedicada a San Miguel y a la Virgen María.

El monasterio se abastece de un manantial llamado de San Pablo, que brota de una grieta en la roca. Visitar sus jardines / huerto con olivares y hortalizas y demás dependencias es un placer. Sorprenden los frescos de las paredes y en especial una imagen de San Jorge y otra de San Mena.

Poder ser agasajados por el padre Ignacio, el cual te ofrece agua de la mina como ofrenda de bienvenida y que te explique la historia de estos lugares, es inolvidable, destacando la siguiente parte que narra el encuentro místico entre los santos titulares de estos monasterios:

<<Cuentan…que san Pablo, escapando de la persecución del emperador Decio, vivió 80 años en una cueva por encima de lo que hoy es el Monasterio que lleva su nombre, vistiendo el espádice de las palmeras, un tipo de esparto muy basto, y como única alimentación: medio pan que le traía diariamente un cuervo. Acercándose el momento de su muerte, se encontró con San Antonio que le trajo unas ropas mas dignas como mortaja, fue en ese momento que el cuervo vino como cada día pero traía un pan entero en su pico, pues eran dos los santos>>.

Es así como siguiendo la tradición en San Antonio te regalan pan como ofrenda de bienvenida y agua en el de San pablo. Otra anécdota que sorprende es encontrarnos con una barca apoyada en la pared del molino, preguntando por ella el padre Ignacio cuenta que dos veces al año se lleva hasta el Mar Rojo a casi treinta kilómetros, se pesca con ella y se cena con los pescados obtenidos por la noche de esos días, como recuerdo del santo.

Camino de regreso a El Cairo, viendo la costa que comprende la parte norte del Mar Rojo, hasta Suez, viendo las lujosas urbanizaciones que se han construido para la clase alta egipcia, el viajero reflexiona y siente que es el único que parece mantener la memoria, que ni siquiera los libros de historia en sus estanterías y sus bibliotecas pueden competir con nuestras experiencias, que hemos de seguir para ser testigos de lo que fue y de lo que es.

 

Por Bartomeu Egea Resino 

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