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Miguel Jaramago Canora
Por Laura Di Nóbile Carlucci
1 abril, 2011
Modificación: 16 febrero, 2017
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Miguel Jaramago es conocido, entre nosotros, por su pasión por el templo de Debod. Forma parte, entre otras, de las Asociación Internacional de Egiptólogos y de la Asociación Española de Egiptología.
En la siguiente entrevista nos cuenta cómo comenzó ese interés y lo que vino después.

Miguel, ¿Cómo comenzó tu pasión por la Historia Antigua?
Este tipo de interés suele ser darse en fechas tempranas de nuestra vida en la mayoría de nosotros. En mi caso, vino vinculado al conocimiento de la Historia Antigua de Israel, en los años 70 del pasado siglo.

¿Y tu pasión por Egipto?
De forma similar. Egipto, en cualquier caso, presentaba una individualidad y un desarrollo (como civilización) especialmente interesantes para cualquier interesado en las ciencias sociales.

Miguel Jaramago Canora

¿Cómo empezó tu interés por el templo de Debod?
Apenas trasladado a España, todos aquellos que entonces estábamos interesados en la civilización egipcia sentimos una enorme atracción por el edificio, que se convertía en un reto: conocer su origen, su evolución histórica y arquitectónica, los porqués de su carácter inacabado, el significado de sus salas anepígrafas, los bloques desubicados del templo y la personalidad histórica de su constructor. Una tarea apasionante.

Yo me siento muy atraída por Nubia ¿porqué te interesaste tú por esa tierra y civilización?
Debod fue la causa, en mi caso. Debod hizo hasta que aprendiera el poco alemán que sé, para leer la obra de Roeder, que era (y probablemente sigue siendo) el trabajo fundamental sobre Debod.
Nubia era el marco histórico-geográfico para explicar las claves de Debod, así que Nubia se convirtió en prioridad uno en mis estudios.

Miguel Jaramago Canora

Una vez, en el Museo Arqueológico Nacional comentaste que la escritura meroítica se podía leer con cierta facilidad. Por más que miro las inscripciones, no veo esa “facilidad”, ¿me lo explicas?
Conocemos el valor fonético de cada uno de los signos meroíticos sin ninguna duda, por lo tanto es posible leer los textos; es más, los meroítas nos ayudan en dicha tarea, al añadir word dividers entre las palabras. Por consiguiente, sabemos cómo suena el meroítico, y podemos leerlo, lo que no se ha conseguido aún es traducirlo. Los recientísimos trabajos de Claude Rilly completan los comenzados por Inge Hofmann y la escuela africanística de Viena, y parece que van por muy buen camino, pero aún nos falta ese gran bilingüe, esa Rosetta que sirva de llave definitiva.

¿Qué estudiaste?
Soy alumno de la Universidad Autónoma de Madrid. Estudié Geografía e Historia (especialidad en Prehistoria y Arqueología) y, posteriormente, un interesante Máster en Historia Antigua y Ciencias de la Antigüedad. Para alguien acostumbrado a trabajar durante la licenciatura en temas del mundo mediterráneo preclásico y clásico, y de Egipto antiguo de manera específica, el Máster fue una sedimentación poderosa y actualizada de conocimientos nuevos; asomarse, por ejemplo, a la escritura sumeria fue un vértigo y una apertura de horizontes insospechada.

Miguel Jaramago Canora

Sé que has asistido a congresos y simposios, cuéntanos algo al respecto.
La asistencia a este tipo de eventos siempre es interesante; se conoce (y reconoce) lo que otros colegas están investigando, las líneas de trabajo en las excavaciones de los grandes yacimientos y en los museos, en los campos de la filología y de la civilización. Es un aluvión de datos actualizados lo que uno se lleva de los congresos. Y, lo que es más importante, la convivencia en este tipo de actos (donde estamos tantas horas juntos) suele ser muy fructífera, profesionalmente hablando.

¿Has colaborado con alguna entidad o museo egiptológico?
En numerosas ocasiones. De forma directa, ha sido el caso, por ejemplo, del Catálogo de la Colección Várez-Fisa, adquirida por el Museo Arqueológico Nacional, catálogo en el que presenté la estela del faraón Seankhiptah. También la Real Academia de Córdoba, que conserva una importante colección egipcia (el Legado Blanco Caro) se interesó en mi trabajo acerca de la no-falsedad de su etiqueta demótica (investigación que publicaron amablemente). Se me viene también ahora a la cabeza el Museo Lázaro-Galdiano, que nos permitió (a una colega y a mí) trabajar sobre un bronce de Amón tardío. El Museo Cerralbo recientemente, objeto de una comunicación conjunta en el Congreso de Lisboa de 2010 sobre su colección egipcia, el Museo de Pontevedra, que guarda una interesante colección egipcia (en este caso trabajé sobre un vaso de alabastro de Jerjes con inscripciones cuneiformes y jeroglífica egipcia), etc.
De forma indirecta han sido muchos los contactos con museos españoles (que albergan materiales egipcios) para colaborar. Contactos que, afortunadamente, siguen dándose en la actualidad.

Miguel Jaramago Canora

Tengo entendido que has vuelto a la Universidad, ¿qué estudias y con qué fin?
Intento llegar a doctorarme, pero tengo problemas con la dirección de mi (aún no inscrita) tesis. De todos modos, es un tema que no me corre ninguna prisa. Mi edad me ha hecho comprender que lo mejor que uno puede hacer es dedicarse con pasión al trabajo productivo (egiptológico, en nuestro caso), en el que las tesis doctorales pueden llegar a ser un pesado lastre si no se dispone de tanto tiempo como una tesis exige para dedicarle.

Recuerdo que, no hace mucho, me comentaste que te habías llevado a la playa una gramática de arameo y que había sido interesante consultarla. Sinceramente Miguel, me cuesta entender eso, una gramática de arameo… en la playa… cuéntame por qué.
No es tan raro. A veces, la egiptología nos hace trabajar sobre los temas que menos podríamos imaginar. El libro al que haces referencia es la obra de Muraoka y Porten A Grammar of Egyptian Aramaic. Es decir, trata del arameo que se hablaba en Egipto (en época persa). Como ves, la curiosidad era no tanto por el arameo en sí mismo, como por el arameo propio del Egipto antiguo. Yo estaba por entonces trabajando en la Estela de Asuán, traída por Toda a España, y que hoy se conserva en el Museo Arqueológico Nacional. Como sabes, defiendo la tesis de que los nombres propios recogidos en la cuarta línea de esa estela no son egipcios, sino extranjeros, del Próximo Oriente de época persa. Una colonia de mercenarios judíos había sido establecida en Asuán por los persas, colonia a la que pertenecen los famosos papiros arameos de Elefantina. Trataba, pues, de encontrar la conexión entre los nombres propios recogidos en la estela y la onomástica aramea de Egipto.

Miguel Jaramago Canora

Seguramente más de una persona que lea esta entrevista se preguntará sobre ¿qué tiene que estudiar una persona que quiera dedicarse a la Egiptología?
Mi “hoja de ruta” personal podría ser perfecta para alguien que quiera dedicarse a la Egiptología. En la Universidad Autónoma de Madrid un estudiante interesado en el Egipto antiguo tiene muchas herramientas a su alcance, desde una licenciatura general en Historia Antigua hasta clases específicas acerca del Egipto faraónico en el Departamento de Historia Antigua: clases de historia, civilización, escritura jeroglífica, másteres, etc.
Desde luego, no es la única opción. Barcelona o La Laguna ofrecen también buenas posibilidades en este sentido.
A un nivel menos académico, en Madrid los cursos de varias asociaciones siguen siendo paradigmáticos: cultura, civilización, escritura y, sobre todo, viajes y publicaciones periódicas.  Otras asociaciones similares, sitas en otras comunidades autónomas, cubren este campo.

Miguel, muchas gracias por esta charla y, sobre todo, por contestar amablemente a mis preguntas. Tenemos que volver un día de estos al Templo de Debod.


Entrevista publicada en la sección ‘Entrevistas egiptológicas’ en el Boletín Informativo de Amigos de la Egiptología, BIAE 73 (enero-marzo 2011): https://egiptologia.com/wp-content/uploads/2010/01/BIAE73.pdf

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