Los niños en el arte egipcio
Por Cristina Pino
1 mayo, 2008
Modificación: 23 abril, 2020
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A lo largo de la historia del arte egipcio, desde el Reino Antiguo y hasta la Baja Época, encontramos una gran cantidad de monumentos privados que representan grupos familiares. Esto viene a demostrar que en el Antiguo Egipto un importante grado de organización social se establecía a través de la familia y que esta se centraba en torno a un hombre, una mujer y sus hijos.

Fundar y continuar una línea familiar era uno de los objetivos más importantes en la vida de un egipcio[1]. Gracias a la riqueza de la tierra y a la relativa facilidad para obtener alimentos suficientes, los egipcios criaban a todos sus hijos sin distinción de sexo. Como contraste, en la Grecia Clásica el hombre podía decidir no criarlos, es decir, abandonarlos, exponerlos en la vía pública a los pocos días de su nacimiento, práctica seguida con frecuencia, sobre todo con respecto a las niñas.

Aunque preferían a los varones, los egipcios también deseaban hijas, ya que la familia era el centro de producción de comida y vestido para todos sus miembros y ello requería mucha mano de obra. Pero también confiaban en ellas para sostenerlos en la vejez y para asegurarles el entierro[2].

La representación canónica de los niños. Los grupos familiares del Reino Antiguo

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Fig. 1. Niño de la VI Dinastía, Museo del Louvre

La pequeña figura de marfil de un niño de la VI Dinastía que se está en el Museo del Louvre (fig. 1), es una excelente muestra de la representación convencional de un niño en el arte egipcio: pequeño, desnudo, con el dedo en la boca y la cabeza rapada con coleta lateral. Así se describe también a los niños en la escritura:jero-niño  (Gardiner A17). En definitiva, los jeroglíficos no dejan de ser representaciones que se someten al canon del arte figurativo.

En el Reino Antiguo, época en la que en Egipto se creó una cultura aristocrática, los altos dignatarios acostumbraron a representarse acompañados de su familia. Entre estos grupos, el formado por Seneb, su esposa y sus dos hijos que se conserva en el Museo de El Cairo[3], tiene una especial relevancia (fig. 2). En primer lugar hay que destacar la acondroplasia del padre, un hombre al que su deformidad no le impidió alcanzar una alta posición, pues eraEncargado de los guardarropas reales y ejerció funciones de sacerdote en el culto funerario de Keops y Djedefre durante la IV Dinastía. En segundo lugar, esta es, seguramente, la primera representación en el Antiguo Egipto de un grupo familiar y una de las pocas estatuas privadas de calidad de la IV Dinastía, época en la que los mejores artesanos trabajaban para el rey.

La estructura cúbica y la visión frontal de la obra son propias de la estatuaria egipcia de todos los períodos. Seneb está sentado en la postura de un escriba, con las piernas cruzadas sobre el banco, lo que permite disimular su cortedad. El espacio que deberían ocupar los miembros inferiores sirve para situar las figuras de sus hijos, logrando así conservar la unidad del conjunto, y, de paso, dotar a los niños de un significativo protagonismo que no existe en otros grupos.

Los hijos de Seneb son un niño y una niña, representados como tipo, es decir, desnudos, con el dedo en la boca y coleta lateral. En ellos se repite la convención tradicional que distingue el color entre el cuerpo femenino pintado de amarillo y el masculino de rojo.

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Fig. 3 Grupo familiar de Nikara, Museo de Brookly

Los grupos familiares son numerosos en las Dinastías V y VI. Valgan como ejemplo los de Nikara del Brooklyn Museum (fig. 3) de la Dinastía V que se caracteriza por el anormal tamaño del niño, a la misma altura que la esposa, o Ityef (fig. 4) en el Kunsthistorisches Museum de Viena de la Dinastía VI. Se colocaban en las tumbas y su objetivo era asegurar la supervivencia conjunta eterna. Como se puede apreciar en los grupos mencionados, la disposición de los personajes varía, pero todos coinciden en la representación de los niños que siempre aparecen desnudos. Aunque en determinadas épocas del año seguramente no usaban ropas, la desnudez es un símbolo de la infancia más que una realidad.

Los niños de las clases altas en los Reinos Medio y Nuevo

Durante el Reino Medio se popularizan los grupos familiares que no sólo se colocan en las tumbas, sino también en los templos. Un modelo es el formado por figuras situadas contra una losa dorsal en forma de estela. En el de Ukhotep (fig. 5), del Museo de El Cairo un nomarca de Meir de la Dinastía XII, aparece con sus dos esposas y su hija, todos en actitud pasiva y rígida. La niña, como el resto del grupo, muestra un aspecto un tanto sombrío y melancólico. Lleva un largo ropaje que tapa el cuerpo, frente a la desnudez del Reino Antiguo. El peinado parece una variedad infantil de las pelucas femeninas llamadas de Hathor, que llevan las dos mujeres y que tenían tres grandes mechones, uno caía en la espalda y dos sobre los hombros terminando en un rizo. En la niña son dos largas coletas onduladas que sobresalen de su cabeza rapada. La desmesura de las orejas es influencia de las efigies reales contemporáneos.

En cualquier caso, la representación de niños desnudos se sigue usando durante el Reino Medio, como puede apreciarse en la Estela de Heni (fig. 6), en la Gliptoteca Ny Carlsberg de Copenhague, donde el hijo, llamado Rehu, sostiene el bastón de su padre.

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Fig. 7. Tumba de Nebamun, Museo Británico

Esta desnudez se mantiene en el Reino Nuevo. De la Dinastía XVIII son las pinturas de la tumba de Nebamun, Escriba del Ganado bajo Amenhotep III, que se encuentran en el Museo Británico. En la escena de caza en el pantano, el dueño de la tumba está acompañado por su familia (fig. 7). La hija pequeña aparece arrodillada a los pies del padre. Desnuda y con coleta lateral, va ricamente enjoyada, como corresponde a la familia de un alto dignatario de mediados de la Dinastía XVIII.

Roma era Guardián de la Puerta y dedicó una insólita estela a la diosa Astarté que se encuentra en la Gliptoteca Ny Carlsberg (fig. 8), insólita por aparecer en ella con una deformidad provocada por la poliomielitis u otra enfermedad del mismo tipo. Le acompañan su esposa y su hijo que, a pesar de estar en la Dinastía XVIII, sigue el modelo del Reino Antiguo, desnudo y con lateral.

En la tumba de Senedjem (TT 1), un artesano de Deir el-Medina durante los reinados de Sethy I y Ramsés II, el difunto aparece acompañado de la esposa y dos hijos, un niño y una niña. Ambos llevan una larga coleta lateral, pero el muchacho está desnudo y la joven lleva una larga túnica plisada (fig. 9). Si se compara esta niña con la hija de Nebamun, se encuentran profundas diferencias de época y de clase. La de Senedjem es hija de un artesano de Deir el-Medina por lo que no lleva joyas, pero, sobre todo, vive a principios de la Dinastía XIX, una época de moral muy circunspecta tras la crisis de Amarna, lo que explicaría la amplia vestidura característica de las mujeres adultas de la Dinastía XIX.

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Fig. 14. Ostracon, Museo Británico

Es, sin embargo, en la tumba de Inherkau (TT 359) en la que se encuentra una de las escenas familiares más entrañables, donde el dueño de la tumba y su esposa se encuentran rodeados por sus cuatro hijos, de distintas edades, mientras una comitiva les presenta ofrendas (fig. 10). Los niños están desnudos y llevan un elaborado peinado que debe derivar de la tradicional coleta lateral, pero que aquí se ha convertido en varios mechones que caen sobre la frente y la espalda.

Los grupos familiares, aunque con menor frecuencia que en el Reino Antiguo, se siguen dando en el Nuevo. El Museo del Louvre tiene dos bellos ejemplos, el de Kamimen (fig. 11) y el de Neferhebef (fig. 12), ambos de la Dinastía XVIII y formados por la pareja y un hijo. En los dos casos el niño se viste con una falda, pero el peinado es difícil de precisar por estar la cabeza muy deteriorada, pero sí parece que están rapados. En Kamimen, el hijo se acomoda y viste de forma idéntica al padre, mientras que el de Neferhebef, cuya falda se ata con lazada, adopta una postura más natural en un niño asiendo la pierna del progenitor.

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Fig. 17. Estatuilla Predinástica, Museo Egipcio Berlín

Los chicos de clases altas protagonizan algunas escenas anecdóticas, como una muy curiosa de la tumba de Neferhotep (TT 50), del reinado de Ay (fig. 13). El “costumbrismo”de la época Amárnica aún permanece durante el reinado del sucesor de Tutanjamon, y así se entiende una escena en que la reina hace entrega de un regalo a la esposa de un dignatario mientras un niño y una niña que porta un ramo, son regañados por un portero, al mismo tiempo que la mujer que los cuida bebe de una jarra y lleva un sistro.

La infancia en el arte

El recién nacido

Al margen de las escasas representaciones de un parto y de los ostraca que describen la purificación al final del periodo de aislamiento tras el parto[4], ya desde época predinástica hay numerosas representaciones de mujeres acompañadas de un recién nacido. En algunos casos lo amamanta, en otros lo sostiene y en alguno simplemente yace a su lado. En lo que se refiere al primer tema, el amamantamiento, podemos encontrar algunos ejemplos muy interesantes. Los ostraca del Museo Británico (fig. 14) y del Louvre, ambos procedentes de Deir el-Medina, representan, además de la purificación de la madre, la nutrición del niño. Así también puede interpretarse un curioso grupo de la Dinastía XII del Metropolitan Museum (fig. 15) procedente de Lisht, constituido por dos mujeres, una de ellas peinando a la otra que amamanta a un recién nacido[5]. En el mismo Museo se encuentra otra figura de la V Dinastía seguramente procedente de Giza, en la que también se está amamantando a una criatura (fig. 16). Una de las estatuillas conservadas en Berlín es del Predinástico ( fig. 17) y representa a una mujer de formas rotundas sosteniendo a un recién nacido mientras lo alimenta. En la tumba en Saqqara de Nianjnum y Jnumhotep se encuentra la imagen de una madre amamantando a un niño (fig. 18).

Durante el Reino Nuevo aparecen las llamadas concubinas, mujeres desnudas acostadas a veces con un niño en una cama (fig. 19). Todas estas representaciones tienen una evidente función mágica relacionada con la fertilidad, pero también debían ser amuletos para la protección del parto y del recién nacido. En ningún caso se representa a los niños en la forma canónica, sino de manera realista aunque de gran tamaño con relación a la figura femenina.

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Fig. 20. Recipiente, Museo del Louvre

Los juegos

La infancia de los egipcios era una etapa breve pero alegre a tenor de las representaciones de las tumbas. Los juegos de adolescentes son un tema muy usado en la decoración de las mastabas del Reino Antiguo.

En la de Ptahotep en Saqqara (fig. 23), entre las escenas más interesantes están aquellas en las que aparecen muchachos jugando, solo muchachos, pues no juegan juntos niños y niñas. Parecen juegos acrobáticos y atléticos, pero no son únicamente eso, también son actividades conectadas con la religión y el Más Allá, o bien tienen contenidos didácticos para entrar en la vida adulta. Un juego que hoy todavía se practica en Egipto y en el Próximo Oriente consiste en tocarse las puntas de los pies con las manos.

En la mastaba de Mereruka los grupos de niñas juegan haciendo el molinillo, esparcimiento que aparece en otras muchas tumbas. Llevan largas trenzas con peso en la punta para hacerlas girar en sus juegos y bailes (fig. 24).

El artista egipcio se siente muy libre al realizar estas figuras secundarias. La gran cantidad de actitudes y su falta de importancia frente a la figura principal permite representar algunos de los aspectos del cuerpo humano en movimiento y reposo. Este grupo en particular que juega al molinillo, responde a la tendencia típicamente egipcia a realizar composiciones simétricas.

En un fragmento de la decoración de una mastaba desconocida, quizás de Giza, que se encuentra en el Museo Británico (fig. 25), se representa a un grupo de chicos presuntamente en un juego de guerra en el que llevan un prisionero que se encuentra en el suelo. Más que una diversión, parece ser un juego con danza representado con motivo de un festival religioso, especialmente por la máscara de león de la figura que dirige. Esta misma escena se encuentra en otras tumbas y en algunas parece tener carácter funerario[9].

La única representación tridimensional que se conserva sobre un juego infantil, puede ser el que nosotros llamamos pídola, es una pequeña figura que se encontró en la tumba de Nykauinpu en Giza (fig. 26), de finales de la V o principios de la VI Dinastía. También es único el hecho de que juegan juntos los dos sexos, pues la vestida de abajo parece una niña y el desnudo de encima es un niño. Artísticamente es interesante, por inusual, el hecho de que la cabeza de ella esté girada y mirando hacia la espalda del muchacho[10].

Los niños egipcios tenían juguetes: muñecas, figuras de animales articulados, pelotas hechas de cuero o papiro rellenas de paja o crin. En el Museo de El Cairo se encuentra un artilugio con unos pigmeos bailando. Se encontró en Lisht, bajo un muro de ladrillo que cerraba la cámara funeraria de una niña llamada Hapi que vivió durante la Dinastía XII. Es, seguramente, un juguete.

La transición hacia la madurez

La circuncisión marcaba para los muchachos el tránsito a la vida adulta. En la mastaba de Anjmahor (fig. 27) así como en el recinto de Mut en Karnak, se encuentran sendas representaciones de la operación. Como se puede apreciar, no se realizaba tras el nacimiento pues los que están siendo circuncidados no tienen coleta lateral, parecen muchachos de unos 14 ó 15 años de lo que se deduce que la circuncisión se practicaba cuando llegaban a la pubertad. Se trataba de un rito de iniciación, tal y como hoy se sigue haciendo en muchos pueblos africanos. De estas representaciones también se colige que se circuncidaba a grupos de muchachos al mismo tiempo.

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Fig. 27. Mastaba de Anjmahor en Saqqara

Esta práctica no se menciona en los papiros médicos al tratarse de un rito religioso que realizaban los sacerdotes, no los médicos. El instrumento que usaban era un cuchillo curvo de sílex, el mismo que se utilizaba para sacar las vísceras de las momias[11].

La educación y el trabajo

La educación de la elite fue evolucionando a lo largo de la historia de Egipto, de acuerdo con las necesidades de la época. En el Reino Antiguo el escriba enseñaba a su sucesor, pero ya en el Primer Periodo Intermedio parece que había clases para aprendices. Hay constancia de que en el Reino Nuevo existían escuelas de escribas que contaban con libros de instrucción de los que se conservan 7 completos y 5 parciales.

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Fig. 29. Tumba de Menna (TT 69)

No hay representaciones directas de la educación, pero sí una referencia a los discípulos en la tumba de Djeserkaraseneb (TT 38) en la que un aprendiz sigue al escriba que mide los campos. (fig. 28).

La educación básica se recibía en la familia que transmitía la actitud moral, las normas de convivencia, las creencias y los ritos. Parecen haberlo hecho con éxito pues Heródoto se asombraba de las buenas maneras de los niños egipcios:

“Los jóvenes, al encontrarse con los ancianos, se apartan del camino cediéndoles el paso, y se ponen en pie al entrar en la pieza los de mayor edad, ofreciéndoles luego el asiento”[12].

Poca o ninguna era la instrucción que recibían los campesinos, pescadores o artesanos que aprendían sus oficios ayudando a los padres desde pequeños.

El trabajo infantil del que tenemos más constancia gráfica es, lógicamente, la agricultura, el principal recurso del país. La tumba de Menna (TT 69), del reinado de Thutmose IV, tiene una escena de cosecha en la que se pueden apreciar diversas facetas de las tareas de los niños en el campo (fig. 29). En el registro superior, dos niños ayudan en la medición de los campos, mientras otro en el inferior arroja semillas. Parece que los chicos en el Reino Nuevo no usaban ropa en el trabajo agrícola, pero sí debían cubrirse la cabeza pues llevan una especie de casquete amarillo, al igual que muchos adultos dedicados a tareas agrícolas. En ese mismo registro se encuentran dos muchachas. Según esto, también las niñas trabajaban en la agricultura, aunque estas parecen tomarse un descanso: están enzarzadas en una pelea en la que se tiran de los pelos, pero ellas van vestidas con un traje largo ajustado como el de las criadas de las escenas de banquete. Bajo esta escena, en el registro inferior otras dos chicas vestidas de igual forma se ayudan quitándose algo del pie.

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Fig. 31. Tumba Tebana desconocida, Museo Egipcio de Turín

De estas representaciones parece deducirse que en el campo los chicos trabajaban desnudos o semidesnudos, mientras las niñas se vestían con trajes que las cubrían completa o parcialmente. Sin embargo, de nuevo en la tumba de Djeserkaraseneb (TT 38) (fig. 30) vemos como las muchachas sólo se cubren con una falda mientras ellos también van desnudos. En cualquier caso y, de acuerdo con estos testimonios, el trabajo de los más jóvenes en los campos debía limitarse a la siembra.

En un pequeño fragmento perteneciente a una tumba desconocida que está en el Museo de Turín (fig. 31), se aprecia como los niños también participaban en el reparto de los productos agrícolas. Aquí un chico, de nuevo desnudo y con el casquete amarillo, recoge un recipiente mientras un hombre llena los cestos con grano tras la recolección. En el centro, una muchacha lleva en sus brazos una criatura envuelta. Se adorna con un curioso peinado: cabeza medio rapada, flequillo y coleta rizada. Veremos esta forma de arreglo del pelo más adelante. Ninguno de los niños que trabajan en las diferentes representaciones lleva coleta lateral, pues este debía ser propio de las clases elevadas.

No es fácil encontrar representaciones de niños trabajando en oficios, pero hay ejemplos de escenas de algunas labores en las que, al menos, aparecen niños. De nuevo en la mastaba de Ptahotep, donde se describe la fabricación de cuerdas y la construcción de canoas de papiro (fig. 32), se encuentra un muchacho con la coleta lateral, aunque no está realmente trabajando sino que parece dar una orden pues dice: Protege esa cuerda.

El proceso de fabricación de textiles incluía el teñido. Esta labor se representa en otro pequeño fragmento de una tumba tebana conservada en el Museo de Turín (fig. 33). En él hay un niño trabajando que también se cubre la cabeza, como los que estaban en las escenas de cosecha, pero no está desnudo

En el templo de Sahura en Abusir, de la V Dinastía, había unos 10.000 metros cuadrados de relieves de altísima calidad, de los que sólo se conservan unos 150. Entre las escenas se encuentran unas de barcos para la navegación marítima. En un fragmento de uno de esos relieves de barcos que se encuentra en el Museo de Hildesheim, se aprecia como entre los sirios hay un niño sentado en un banco que parece ser egipcio (fig. 34). Sin embargo, aunque de las representaciones no podemos deducir que tipo de trabajo debían desempeñar, lo que es evidente es que empleaban niños en los barcos.

En la tumba de Horemheb en Saqqara se representan las actividades en un campamento militar. Se encuentran in situ y también en los museos de Berlín y Bolonia. En ellas aparecen muchachos. En la de Berlín (fig. 35), un chico con coleta lleva una bandeja con alimentos y en la de Saqqara (fig. 36) otro muchacho con elaborado peinado sostiene en el cuello un balancín a cuyos extremos transporta unos sacos. Estas representaciones indican que los chicos formaban parte de los servidores de los campamentos militares del Reino Nuevo.

El panel reconstruido en el Museo de Luxor del templo de Amenhotep IV- Ajenaton en Karnak representa una escena principal en la que el rey hace una ofrenda a Atón, rodeada de otras en las que se describe la actividad cotidiana en los talleres y almacenes del templo. En una de ellas aparecen niños trabajando (fig. 37) en estas dependencias, así debía suceder al menos en la época de Amarna.

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Fig. 39. Tumba de Ramose (TT 55)

Las niñas se empleaban como bailarinas en los grupos que amenizaban los banquetes en la Dinastía XVIII. En una escena de la tumba de Djeserkaraseneb (TT 39), del reinado de Thutmose IV, aparecen varias mujeres tocando dos tipos de arpa y una niña bailarina desnuda (fig. 38). Las mujeres de este grupo, sumamente estilizadas, se sitúan en fila mirando todas al mismo lado. Las dos de los extremos permanecen rectas, mientras que las tres centrales doblan las rodillas, como iniciando un baile. La niña lleva el mismo peinado que la muchacha en la escena de cosecha de la tumba de Turín, con parte del cráneo rapado, y flequillo y coletas rizados.

En muchas representaciones de tumbas del Reino Nuevo las plañideras se acompañan de niñas, como sucede en la ya mencionada tumba de Jaemhat (TT 57) (fig. 22) y en la de Ramose (TT 55) (fig. 39). Aquí la niña es un recurso técnico que sirve para romper la fila de faldas azules y blancas, aunque también responde a la realidad. De nuevo aparece el pelo rapado en parte, con flequillo rizado y trenza.

Una pequeña estatua de madera de finales de la Dinastía XVIII en el Museo de Turín, representa a una muchacha igual a las que aparecen en el baile de la TT 39 o en las plañideras de Ramose, está desnuda y lleva el mismo pelo rapado con flequillo y tirabuzones. Otra figura muy parecida se encuentra en el Louvre (fig. 40). De todo ello podríamos deducir que el desnudo y el peinado debían ser característicos de niñas al servicio de las clases altas, que actuaban en ritos fúnebres, bien como bailarinas en los banquetes funerarios, bien como plañideras.

Los extranjeros 

En la tumba de Jnumhotep en Beni Hassan, hay una representación única en su época de un grupo de asiáticos visitando al nomarca (fig. 41). Son ocho hombres, cuatro mujeres y tres niños, todos con trajes de lana. Se destaca en ellos lo mismo que en sus mayores: su exotismo. El artista de Jnumhotep resalta todos los detalles que hacen diferentes a los Aamu, asiáticos: el pelo, el colorista traje de las mujeres y la faldita infantil o el calzado.

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Fig. 42. Tumba de Sobekhotep (TT 63), Museo Británico

A lo largo después de todo el Reino Nuevo, esta escena de delegaciones extranjeras con niños que presentan tributos, se da con bastante frecuencia.

Un bello ejemplo de este tipo de escenas es el de la tumba de Sobekhotep (TT 63), del reinado de Thutmose IV y que está en el Museo Británico (fig. 42). En el registro superior, entre los dos sirios arrodillados y los dos que están de pie, hay una niña desnuda, muy estilizada, que vuelve el rostro hacia el personaje que la coge de la mano. Al final de este mismo registro queda la pierna de un niño cuyo color de piel es más oscuro. También aquí el pintor ha sido muy cuidadoso con los detalles étnicos: trajes, cabello y, sobre todo, la barba, así como el peinado de la niña, dos largas y finas coletas que salen de la parte alta de su cabeza afeitada. Al igual que los niños egipcios, está desnuda. Las mismas características tienen las escenas de las tumbas de Amenemhab (TT 85) (fig. 43) o Menjeperaseneb (TT 86) (fig. 44), ambas del reinado de Thutmose III[13].

Los niños nubios[14] son también frecuentes en las tumbas tebanas. En la de Ineni (TT 81) el dueño de la tumba aparece de gran tamaño y junto a él los nubios, muy pequeños, empujados por un egipcio que lleva un hacha y un bastón (fig. 45). No son tributarios sino prisioneros, así lo indican el texto y la actitud del personaje que los conduce. Las mujeres nubias llevan a sus niños cargados en cestos a la espalda, al igual que los transportan las representadas en la TT 40, la tumba del Virrey de Kush con Tutanjamón Amenhotep Huy (fig. 46).

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Fig. 46. Tumba Amenhotep Huy (TT 40)

Mención aparte merecen los niños reales cuyas numerosas representaciones serían objeto de otro trabajo.

Conclusión

Como sucede con los adultos, sólo los hijos de los altos dignatarios fueron representados de forma individualizada aunque siempre integrados en un grupo familiar o en escenas de las tumbas de sus padres. Con todo, también de los menos favorecidos tenemos referencias y gracias al mundo idealizado que aparece en templos y tumbas, podemos indagar algunos aspectos de la vida de los egipcios durante la infancia.

En toda narración egipcia, literaria o gráfica, las referencias a las facetas negativas de la existencia no existen. Debemos suponer que la mortalidad era muy alta durante los primeros días de vida. Se han hallado enterramientos de neonatos en cajas o cestos bajo los suelos de las habitaciones del poblado de Kahun y también en el de Deir el-Medina. Los resultados de un estudio que realizó un equipo checo en un cementerio ptolemaico que está en la mastaba de Ptashepses, demuestran que morían más frecuentemente los niños entre 3 y 4 años que los más pequeños que aún lactaban. El cambio a alimentos sólidos conllevaba un aumento de infecciones intestinales y, por tanto, más mortandad[15].

Los piojos, la malaria, el tracoma o la esquistomiasis que amenazaban a todos, incidían especialmente en los niños. Los problemas con la dentición y las malformaciones congénitas o adquiridas debían ser bastante corrientes. Las epidemias y las hambrunas, de las que no nos han dejado referencia salvo algunas representaciones de gente hambrienta, diezmaban la población. Pero todo esto era el mundo hasta hace relativamente muy poco tiempo.

Los egipcios, frente a otros pueblos de la antigüedad, tuvieron especial preocupación por sus niños y el arte es una prueba de ello. En ninguna otra civilización contemporánea encontramos las referencias a la infancia que la estatuaria, la pintura o el relieve del Antiguo Egipto nos han dejado.


Notas:

[1] Stead, M. Egyptian life. Londres, 1994, p. 18.
[2] Strouhal, E. La vida en el Antiguo Egipto. Barcelona, 1994, p. 64.
[3] Cherpion, N. «De quand date la tombe du nain Seneb?,» BIFAO. 84, 1984, pp. 35–54.
[4] Pino, C. “La representación de las mujeres en las Tumbas Tebanas del Reino Nuevo” Boletín de la Asociación Española de Orientalistas. Año XXXIV, 1998. https://www.egiptologia.com/content/view/361/42/.
[5] Hayes, W.C. The scepter of Egypt. Vol. I. Cambridge, 1990, p 222.
[6] Jansen, R. Y J. Growing up in Ancient Egypt, Londres, 1996, p. 19.
[7] Para la representación de la infancia en las tumbas privadas de Tebas ver: Seco, M. El niño en las pinturas de las tumbas tebanas de la XVIII dinastía. Sevilla 1997
[8] Seco, M. Representaciones de niñas acompañando a las plañideras en las tumbas privadas de Tebas de la XVIII Dinastía. En Aegyptiaca Complutensia III, Alcalá de Henares, 1997.
[9] Stead. M. (1994), p. 58.
[10] Jansen, R. y J. (1996), pp. 58-59.
[11] Strouhal, E. (1994), p.28.
[12] Heródoto de Halicarnaso. Los Nueve Libros de la Historia. Tomo 2, LXXX. Ediciones Elaleph.Com. p. 78.
[13] Seco, M. “Representación de niños en las tumbas tebanas de Egipto. El niño como acompañante de las procesiones de extranjeros”. Revista de Arqueología . Año XVI. Nº 176. Diciembre 1995.
[14] Sobre los nubios en las tumbas privadas de Tebas existe una referencia obligada: Isabel Olbés Ruiz de Alda «Iconografía de nubios en la Necrópolis de Tebas: dominio, aculturación e integración en el marco de la XVIII Dinastía», tesina leída en la Universidad Autónoma de Madrid en junio de 2000. Incomprensiblemente, este importante trabajo no ha sido publicado, aunque he tenido la oportunidad de leerlo por deferencia de la autora. Espero que pronto se subsane este error y se pueda consultar.
[15] Strouhal (1994), p. 23.

Autora Cristina Pino

Artículo del Mes publicado en BIAE 58, mayo 2008, pp. 3 a 10. Y apéndice de imágenes.

BIAE Número 58 – Mayo 2008

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