Encuentro de los coordinadores de AE en Barcelona (enero-2024)
Por José Luis López Fernández
14 marzo, 2024
Encuentro de Amigos de la Egiptología en Barcelona, enero de 2024.
Modificación: 17 marzo, 2024
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Esta vez ha sido Barcelona la ciudad que ha tenido el honor y el privilegio de acoger el último encuentro AE. La iniciativa, justo es decirlo, partió de Marc quien, además, nos proporcionó un adminículo informático para votar las fechas que se propusieron, y el suplemento imprescindible de explicaciones de uso para torpes como yo. Si organizar la agenda propia puede presentar dificultades ajustar la de un grupo es un verdadero quebradero de cabeza, por lo que asumimos que fuera la fecha que fuera la que nos acabara reuniendo no sería la que nos congregaría a todos. Si hubiera podido venir desde Bruselas nuestro querido amigo Artiom podríamos haber añadido al evento lo de internacional; si hubiese podido venir nuestra queridísima Joanna (saludos de todos Joanna) desde allende el Atlántico podríamos haber sido más expansivos todavía y calificar el evento de global, pero al no haber sido así nos conformaremos con intranacional, que tampoco es poca cosa. En los tiempos que corren si no exageras no eres nadie.

De los madriles, a modo de avanzadilla, vino Ramiro el viernes por la tarde. Su presencia además de alegría, también nos trajo lluvia, asunto sobre el cual nos confesó que algo tenía que ver.  No es que no se lo agradezcamos, que agua del cielo buena falta nos hace por estos lares, pero podría haber usado su arte propiciatorio en modo diferido y posponer sus efectos para pongamos que mediados de la semana siguiente. Más que nada porque el frio y la lluvia acompañando a la luz anaranjada del alumbrado público parecía reproducir una estampa más bien parisina que la de una ciudad mediterránea con personalidad como es Barcelona. No importó demasiado, Barcelona sabe cómo mostrar sus encantos.

Ramiro y Susana en la calle Egipcíaques 

Nada más poner los pies en suelo catalán la primera acción absolutamente premeditada que perpetró Ramiro fue homenajearse con un ágape de altura. Mientras tanto, sobre la misma hora, Susana y yo comíamos en casa como pavos para reunirnos con él lo antes posible. Tras cruzarnos varias comunicaciones por WhatsApp mientras íbamos en el metro concretamos el punto de encuentro: una de las terrazas que hay frente a la catedral. Tuvimos tan buen tino que la encontramos a la primera. En realidad, no fue un gran mérito: sólo había dos terrazas. Y allí estaba, sentado con su café y su agua mineral, contemplando la fachada de la catedral, vapeando con la parsimonia de quien se sabe dueño de su tiempo, diríase que dando vida a un personaje que ha quedado con Pepe Carvalho. Nos abrazamos, nos besamos (claro que sí) y nos dijimos cosas bonitas. Superado el primer impacto de nuestras presencias nos encaminamos hacia la catedral. Descubrimos que los empadronados en la ciudad no pagábamos nada y Ramiro, en virtud de no sé qué chanchullo suyo, tampoco. Ya dentro, admiramos la belleza de lo que estábamos contemplando; Ramiro con los ojos de quien lo ve por primera vez (creo) y Susana y yo mezclando lo que veíamos con nuestros recuerdos. A cambio de prometer ser modositos y no hacer ruido, nos permitieron situarnos frente al Cristo de Lepanto que bien podríamos considerar, en cuanto a devoción y predicamento se refiere, el análogo del madrileño de Medinaceli, sin que sus cabelleras admitan comparación alguna ni tampoco sus ropajes: el de Barcelona se cubre tan solo con un faldellín. Para más información Wikipedia.

Vista de la Catedral de Barcelona desde la cripta

Nos hicimos algunas fotos y, por un momento, creímos que Susana había capturado en el interior del templo una presencia ectoplasmática en plena formación, sin embargo, tan solo se trataba de la típica foto movida, nada sobrenatural, nada que aportar a Cuarto Milenio. Atrajeron nuestra atención el diseño tan moderno y funcional de los confesionarios, así como no menos sorprendente nos pareció el uso de las nuevas tecnologías al servicio de la recolección del óbolo: Bizum, al parecer, se usa tanto como se dice Amén. Admiramos la sillería del coro y bajamos a la cripta hasta donde permite la reja.

Máquina expendedora de velas, ¡hasta se pueden pagar con Bizum!

De salida visitamos el claustro de la catedral donde tienen su residencia trece ocas ¿Por qué ocas? ¿Por qué trece? Hay varias leyendas sobre el asunto, pero la más popular tiene que ver con la vida y la muerte de Santa Eulalia (la copatrona de la ciudad junto con la Mercè, la de las copas del Barça. En esto de ofrendar títulos el futbolerío madrileño es indudablemente pagano para disgusto de San Isidro). Santa Eulalia pastoreaba ocas en Sarrià (por aquel entonces un pueblo, hoy un barrio más de la ciudad desde los años 20 del siglo pasado) y cuenta la leyenda que con la edad de 13 años fue condenada a 13 martirios (uno por año) por negarse a renunciar a la fe cristiana en plena época romana. Las ocas y el número de ellas son el recordatorio de aquellos hechos. El número 13 solo hace que acumular mala fama y con razón. Por su parte, Ramiro, representando a la tradición romana, pretendía ejercer de arúspice con aquellos animalitos, y, para asombro nuestro, sacó del bolsillo un gorrito verde de quirófano. Afortunadamente la cosa no fue a más; una de las ocas se cuadró y le dijo cuatro cosas, por lo visto bien dichas y en un tono que nos pareció agrio, que solo él entendió, y fue suficiente para que desistiera. No solo la demanda de foie amenaza a esta especie.

Ya en el exterior empezamos a callejear. Por proximidad dirigimos nuestros pasos a la plaza de Sant Felip Neri. En ella nos encontramos con un triste recordatorio de lo que las guerras traen. A finales de enero de 1938 en un bombardeo aéreo una de las bombas cayó sobre la plaza. Destruyó edificios enteros y arrebató la vida de una cuarentena de personas, la mayoría de ellas niños, que intentaban refugiarse en el subterráneo de la iglesia. En las paredes de la iglesia se pueden observar todavía los efectos de la deflagración.

También es una de varias localizaciones de Barcelona que aparecen en la película El Perfume de Tom Tykwer basada en la novela homónima de Patrick Süskind, o también fue filmada para beneficio de otros largometrajes, como, por ejemplo, Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen.

Ramiro y José Luis, en la basílica de Santa María del Mar 

Seguidamente accedimos a complacer a Ramiro en mostrarle uno de los enclaves urbanos donde el poder en Catalunya tiene su máxima expresión: la plaza de Sant Jaume. Frente a frente se encuentran el Ayuntament y el Palau de la Generalitat. Edificios que se observan como dos púgiles de mirada retadora cuando son habitados por inquilinos de ideologías opuestas, o se miran con la complicidad de la amistad que permite compartir secretos y confidencias cuando es una sigla la que lo gobierna todo. A tan solo unos pasos ascendimos por una estrecha callejuela al monte Taber desde hace siglos urbanizado. Difícil imaginarlo como la colinilla campestre que fue hace 2.000 años desde donde mirar el mar en la que hoy no se atisba ni una brizna de hierba, salvo algún vegetal que prospere en alguna maceta de algún vecino. Fue en este montículo a 16 metros sobre el nivel del mar, donde hace 20 siglos se fundó una colonia romana con el permiso de Augusto: Barcino, dando origen a la ciudad que es hoy. Del templo a Augusto que erigieron hoy solo quedan en pie 3 columnas que sobreviven alejadas del mundanal ruido en el interior de un palacete del siglo XV, que también alberga al Centre Excursionista de Catalunya; una elevación, que a pesar de su exigua altura,  ha resultado inspiradora para una sede tan adecuada que alcanza incluso al nombre de la calle: Paradís (paraíso).

Se imponía un descanso y catar otra terraza. Encontramos una de nuestro gusto y tras usarla convenientemente, de tirón nos hicimos Santa María del Mar, El fosar de les Moreres, el Born y callejeamos por el barrio de la Rivera. La cena la tomamos en una de las terrazas (la tercera de la jornada) que flanquean el Mercat de la Boqueria. Ramiro cumplió su deseo de comer butifarra (no una sino dos) con su acompañamiento de mongetes (alubias blancas). Tuvimos que engullir los alimentos con cierto apremio puesto que se acercaba la hora de cierre. Había una cierta sincronía entre el ritmo al que las viandas desaparecían de nuestros platos y la velocidad empleada por los camareros en recoger las mesas y las sillas de nuestro entorno. Nos dijeron que de café nada, la terraza ya era un páramo de mobiliario y en la isla de nuestra mesa, puesto que las sillas nos fueron arrebatadas al vuelo nada más abandonarlas para ponernos los abrigos, ajustamos cuentas y nos fuimos. Casi me pongo a ayudarles a bajar la persiana. Tras desearnos mutuas buenas noches y volvernos a decir cosas agradables, en la rambla Ramiro cogió un taxi y nosotros el metro.

El sábado, el Gran Día, el Día AE, lo empezamos con sobresaltos. El primero de ellos nos lo proporcionó el retraso del tren de cercanías de Madrid, debido al mal tiempo, que debieron haber podido tomar Olga y Jorge pero que no fue así. El imprevisto fue resuelto con carreras y el coche particular. Hasta que no confirmaron que llegaron a Madrid a tiempo para coger el AVE nos tuvieron en vilo. Nos cruzábamos mensajes y utilizamos aliviados y con fruición el icono de aplauso cuando por fin “entren aron”. Hasta la hora fijada para la comida Ramiro, Susana y yo nos volvimos a encontrar para disfrutar de un desayuno en nuestras compañías. Visitamos el remodelado Mercat de Sant Antoni con tan buena fortuna que nuestro ilustre visitante pudo disfrutar de la cabalgata dels Tres Tombs, que se celebra en honor de Sant Antoni Abad, patrón de los animales. Se trata de dar tres vueltas (tres tombs) por un determinado itinerario con caballos, carretas y otros animales. Vimos pasar carruajes funerarios de época, de transporte de personas, de mercancías, de bomberos. Y entre carruaje y carruaje pudimos pasar y dirigirnos hacia donde queríamos ir: al barrio del Raval. Tras callejear, pasando por la calle Egipcíaques (irresistible posar bajo la placa con ese nombre para amantes del antiguo Egipto, en este caso solo amigos los de la foto) se hizo necesario refrescarnos el gaznate y lo hicimos en uno de los bares que se encuentran en las inmediaciones de la Boqueria, sí, otra vez el mercado. Allí hicimos tiempo hasta coger un taxi para hacer acto de presencia en el restaurante El Nilo y reunirnos con el resto de amigos.

La amenaza climática… No hay cámara que enfoque a 200 km/h

Olga y Jorge volvieron a sobresaltarnos con las imágenes que enviaron de la llanura maña cubierta de nieve que más parecía siberiana, informándonos de que el convoy llegaría con retraso y que ya veríamos si llegaban a tiempo a la comida: iconos de preocupación inundaron nuestros móviles. Susana y Ramiro nada más llegar al restaurante hicieron las ofrendas pertinentes a las estatuas que había en la puerta dando la bienvenida a los comensales. En la foto que inmortaliza el momento en que la hicieron a dúo aprecio una mezcla de movimiento de Twist con gestos propios de la aspectiva egipcia.

Jorge Onsulve fue el siguiente en aparecer. Una gran alegría volver a encontrarnos, ya que hacia algún tiempo que no nos veíamos, la última vez fue cuando visitamos juntos una de las exposiciones de La Caixa en Barcelona. Los siguientes en llegar fueron Marc, Mireia y sus infantes Pol y Nil. Avanzaban hacia nosotros por la acera con la alegría y el gozoso alboroto que envuelve a los niños. Pol fue el primero en repartir besos y abrazos y Nil, el mayor, también dio y recibió besos y sonrisas. No perdamos de vista a Nil, quizás un futuro egiptólogo, aunque puede ser cualquier cosa; Marc i Mireia no escatiman en estímulos. Marc, el autor intelectual y organizador del evento, y Mireia llegaron a las puertas del restaurante y nos fundimos en abrazos y besos y sonrisas y bromas.

Nil, Marc, Ramiro, Mireia, Pol y Jorge Onsulve (coordinador de Egipto en las ondas

Ya éramos un pequeño grupo lo suficientemente numeroso como para empezar a asumir nuestros roles de comensales, de manera que nos encaminamos hacia el interior del local. Marc, en un principio, había reservado una mesa, que es lo que se suele reservar en un restaurante además de una hora, sin embargo, al ver que la sala interior estaba desocupada negoció que nuestra reunión se pudiera celebrar en el reservado. La verdad es que la escenografía ganó enormemente. Nos acomodamos en los sofás que ocupaban la mitad del perímetro de local, con esos estampados tan típicos de rico colorido. Tuvimos que acercar unas mesas bajas muy a juego con los sofás donde pusieron los alimentos que comeríamos, y utilizar como asientos auxiliares unos pufs de cuero. Parecía una experiencia inmersiva, pero no exageraremos ni diremos que era mismamente como estar en el Fishawi del El Cairo.

Las manos de Susana (la jefa), Marc (sección de Planos de Monumentos), Mireia, Jorge Onsulve (sección Egipto en las ondas), Núria Castro (sección de Medicina y vida cotidiana y sociedad), Pol y Nil (sección de promesas de la egiptología o de lo que más les guste), Jorge, Olga Navarro (sección de Historia de la Egiptología) y Ramiro (sección de Historia de Egipto)

Susana (coordinadora general, sección de Arte y Egiptomanía),  Marc (sección de Planos de Monumentos), Mireia, Jorge Onsulve (sección Egipto en las ondas), Núria Castro (sección de Medicina y vida cotidiana y sociedad), Pol y Nil (sección de promesas de la egiptología o de lo que más les guste), Jorge, Olga Navarro (sección de Historia de la Egiptología) y Ramiro (sección de Historia de Egipto)

Pasamos por el ineludible momento de averiguar qué lugar ocuparíamos entorno a la mesa y decidir dónde dejábamos los abrigos. Una mezcla de intencionalidad y azar, como siempre sucede en estos eventos, asignó donde sentarnos y la distancia al resto de los amigos y amigas. Esto empezaba a animarse. Una primera ronda de bebidas y las conversaciones empezaron a ser más fluidas. Hablamos de todo y de nada, de egiptología y de otros temas menos trascendentes y, por supuesto, de egiptólogos y egiptólogas nacionales e internaciones cada uno según su gusto y conocimiento. Los acompañantes de egiptólogos, egiptólogas y autodidactas enamorados y entendidos en eso que llaman el Egipto faraónico, escuchábamos con atención las rápidas trayectorias de sus conversaciones, y poniendo mucho cuidado, hablo por mí, Mireia no tiene este problema, en no confundir Luxor con Karnak, el Fayum con el Delta, Sakkara con la pirámide romboidal o Schiaparelli con Belzoni o Tarantino, mientras atendíamos nuestro sustento. Son tantos nombres…

La cobra, nuestra mascota… ¡Ah! Y Marc, nuestro coordinador de la sección de planos que está ya… ya… 

Nuria hizo acto de presencia (seguro que su ingenio afilado y excelente humor tiene replica para esta frase) y de nuevo se nos desataron los besos y las palabras amables teñidas de alegría. Olga y Jorge confirmaron que habían llegado a la ciudad, ¡Aleluya¡, o como se diga jeroglífico, y pedían información sobre cómo llegar a El Nilo. Marc diligentemente les envió la información oportuna y un rato después ¡Eureka¡, o como se diga en jeroglífico, aparecieron en el salón. Con ellos hubo un extra de todo: de palabras, de besos y de alegría por todo lo que habían pasado. Y ya estábamos todos los íbamos a estar en esta comida.

Ahora sí que solicitamos la carta y pedimos un poco de todo: kofta, hummus, pollo sistawoc, koshari, baba ganoush, ful, falafel y para postres baklava. Entre bocado y bocado con sorbos intercalados, Jorge Onsulve nos relató sus enriquecedoras experiencias en su visita a la misión en Deir el-Bahari, bajo la dirección de José Ramón Peréz-Accino. Parafraseando a Howard Carter, nos explicó “cosas maravillosas” de su estancia en la última campaña. Olga por su parte, nos hizo participes de su satisfacción por la buena acogida que había tenido el curso de jeroglíficos que había impartido en la Universidad de Navarra. No faltaron reflexiones sobre cómo puede acabar afectando a la conservación del patrimonio arqueológico las visitas masivas de turistas, enlazadas con otras reflexiones sobre los avatares por los que debe estar pasando la población egipcia de a pie. Ineludiblemente se vertieron opiniones sobre la situación de Gaza. Y así íbamos hablando, engullendo y bebiendo hasta que nos dieron las cinco pasadas.

Delicias del Nilo… ¡Ah! Y Ramiro y José Luis

La cosa se pone seria y dejamos de hablar ¡¡Delicias del Nilo!! 

Para bajar lo comido nada mejor que la posición vertical que, además, permite caminar. Caminando nos acercamos a los exteriores de la Sagrada Familia, esa fantasía onírica tan asombrosa del modernismo catalán, rodeada de un gentío tan pasmado como nosotros; aunque ya la hayas visto, una construcción así siempre pasma. La contemplación de monumento tan extraordinario y el ruido ambiental, probablemente fueron las causas del mal entendido que se produjo sobre lo que cada uno creímos haber oído como propuesta para seguir la fiesta. Unos entendimos que el siguiente destino era al mar, y otros un bar, ambas propuestas perfectamente razonables. El escaso tiempo para debatir sobre ambas propuestas lo impuso el bus que desde la lontananza bajaba con rueda firme hacia la parada. Deprisa y corriendo Olga y Jorge optaron finalmente por ir a descansar al hotel, que después de todo lo pasado se lo tenían bien merecido. Jorge Onsulve, por su parte, también optó por la retirada, en su caso forzado por los horarios de Renfe. Nos despedimos apresuradamente, algunos con el pie ya en el escalón y otros haciendo gestos desde el interior del bus. Y llegamos a la playa del Somorrostro casi anochecido. Ramiro cumplió su segundo propósito: ver el mar.

Nosotros y el marMireia, Ramiro, Marc, Pol, Nuria y José Luis 

Al día siguiente, visita obligada al Museu Egipci de Barcelona y nuevo encuentro para comer. Una vez más, Marc fue el encargado de reservar establecimiento. Y todo quedó rematado con un café en el mítico café Zurich de la plaza Cataluña. Ramiro, con un voluntarioso y más que aceptable catalán, pidió su café a una camarera sudamericana que le respondió en la misma lengua con una dicción casi perfecta. Sé que era casi perfecta porque la mía solo es aceptable y reconozco inmediatamente las que son mejores.

Figurilla en bronce de la diosa Neit en el Museu Egipci de Barcelona 

Pieza en el Museo Egipcio de Barcelona que demuestra que los egipcios tenían enchufes a la inglesa :-)

Fue ver cacharros y darnos ganas otra vez de comeeer….

Esperemos tener por delante muchas más oportunidades de reunirnos y compartir más momentos de esta alegría tan pura y sin intermediarios, y que tantos amigos y amigas que no pudieron estar en esta puedan estar en las próximas.

Arreglando el mundo Ramiro  (coordinador de la Sección de Historia) y José Luis (coordinador de la sección de noticias y uno de los responsables del Atlas de Museos y Colecciones)

Ramiro, Susana y Pol, Nil, Marc y Mireia en las Ramblas de Barcelona

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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