El Serapeum de Saqqara
Por Nieves García Centeno
10 abril, 2019
Uno de los sarcófagos de toros Apis en el Serampeum de Saqqara. Foto: Nieves García Centeno
Modificación: 10 abril, 2019
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Saqqara es un lugar increíble que nos sumerge de lleno en el desierto y nos permite sentir como antaño el contraste entre la tierra fértil, con sus palmeras y los canales del Nilo, hoy en día aún presentes, y la arena blanca y rojiza de la zona desértica. Situada cerca de Menfis, la antigua capital egipcia, Saqqara fue la necrópolis preferida de los faraones, reinas y la élite gobernante. Allí se enterraron también miles de animales momificados que encarnaban a los dioses más queridos y respetados del Antiguo Egipto como fueron Bastet, Anubis o Apis.

toro-apisFigurilla en la que se muestra al dios Apis. Foto del Archivo documental AE. 

Por ello, uno de los sitios que no se puede dejar de visitar en Saqqara es el Serapeum. Situado al noroeste de la pirámide escalonada de Djoser, era el lugar donde se enterraron los toros sagrados de Apis. Cerrado en 2001 a causa de las filtraciones de agua y el movimiento de tierras que amenazaban con derrumbar el edificio, fue reabierto en septiembre de 2012 tras unos importantes trabajos de restauración que permiten en la actualidad recorrer los espaciosos corredores subterráneos.

El toro Apis (Hepu) se veneraba desde la primera dinastía. Era la encarnación del dios Ptah en la tierra, mientras que a su muerte se asimilaba a Osiris, el dios de la resurrección, convirtiéndose en Osiris-Apis, que más tarde sería el Serapis de los griegos y romanos.

Recinto del templo de Apis, en Menfis

Ruinas del recinto del templo de Apis en Menfis. 

En todo el reino de Egipto sólo había un toro sagrado y residía en Menfis, en un magnífico templo al lado del de Ptah y Hathor. En la actualidad sólo quedan ruinas de todos ellos, algunas piedras con inscripciones, hierbas y polvo, aunque se pueden admirar algunos de los elementos más importantes, como en el caso del de Apis, las mesas de sacrificios y momificación, realizadas en alabastro, y se adivinan las dimensiones del edificio. Es de agradecer que se hayan colocado varios carteles explicativos que resultan de gran ayuda durante el imaginativo recorrido.

Mesas de libaciones o sacrificioMesas de libaciones o sacrificios en el templo de Apis en Menfis.

Mesas de libaciones

Consejo divino

En las cuadras menfitas, los toros sagrados eran alimentados con el mejor grano y harina, y los sacerdotes los bañaban en agua templada y los perfumaban con los mejores óleos. También tenían las vacas más hermosas como compañía. Pero no era cualquier toro: Apis era de color negro, con grandes cuernos, y tenía un triángulo blanco en la frente. Se le ataba un nudo en forma de escarabajo bajo la lengua y se le trenzaba la cola con cabellos blancos y negros. Además, en un costado debía tener una marca blanca en forma de media luna y el pelo de su lomo se afeitaba con la forma de un águila. Solo un toro así podía ser llamado Apis, nacido de una vaca virgen, que también habría elegido Ptah, tras ser fecundada por un rayo de luz de luna.

estela-apisEstela de un sacerdote de Apis, realizando ofrendas a Apis. Foto: Archivo documental AE.  

Como Apis era la imagen viviente de Ptah y actuaba de intermediario entre él y la humanidad, la gente acudía a verle y pedirle consejo divino a través de la ventana de la aparición, como un oráculo: tan sencillo como colocar en dos cuencos su comida favorita y según en cuál comiera la respuesta sería sí o no. Los más atrevidos se atrevían a poner el grano en sus manos y si el bello toro se acercaba a comer podría ser motivo de buen o mal augurio. Además, el toro garantizaba la fertilidad, la fuerza y el poder del faraón, sobre todo con motivo del festival Sed o Jubileo real.

Al morir Apis se iniciaba un largo y complejo ritual que permitiría al toro renacer y reencarnarse en un ternero joven. El embalsamador y sus asistentes lo preparaban para el más allá y empezaban el proceso de momificación lavando su cuerpo con agua para purificarlo. Después sacaban sus órganos vitales y los colocaban en vasos canopos, y le rompían la nariz para extraerle el cerebro. Sólo se le dejaba el corazón, necesario para que resucitara en el otro mundo. Se conservaba su cuerpo con sal y natrón y se colocaba en una magnífica cama de alabastro; tras esto, se envolvía en lino, ya en otra cama más pequeña, y tras un período de luto de cuarenta días, el pueblo participaba en una procesión fúnebre que caminaba hasta Saqqara.

Paneles explicativos en el templo de Apis en Menfis

Paneles explicativos sobre la momifiación del toro sagrado en el templo de Apis en Menfis

Mesa de embalsamamientoMesa de embalsamamiento para toros Apis. 

Detalle de la mesa con la leonaDetalle de la ornamentación con forma de leona en mesa de embalsamamiento. 

En el Serapeum, estos bueyes sagrados, ya embalsamados y momificados, se depositaban en enormes sarcófagos de piedra que ocupaban las distintas capillas que fueron dando forma a la laberíntica necrópolis. Estelas funerarias con la edad del animal, su fecha de nacimiento y muerte, y referencias a sus reyes, han ofrecido mucha información, sobre todo de la Dinastía XXII en adelante. El nombre de la madre-vaca y el lugar de nacimiento se solían registrar también a menudo. Los sacerdotes buscarían después al nuevo toro reencarnado y, cuando se encontraba, se llevaba a Menfis y se celebraba una gran fiesta. La persona que encontrara al nuevo Apis sería recompensada con oro.

Descubrimiento del Serapeum

El Serapem (a 20 km de El Cairo) fue descubierto por Auguste Mariette en 1851. Había encontrado referencias de un templo a Serapis en la célebre Geografía de Estrabón y en sus paseos por El Cairo se percató de que algunos jardines de las casas estaban decorados con esfinges de piedra muy parecidas entre sí. Tras preguntar por su origen, todas las indagaciones apuntaron hacia Saqqara. Se decidió a ir y, caminando por el gran complejo de la pirámide escalonada de Djoser, encontró una esfinge de piedra con la cabeza y las patas emergiendo de la arena. Se lo comentó a varias personas que le respondieron que había decenas por la zona y que ocasionalmente los fuertes vientos las desenterraban.

Hacia el Serapeum

Lo que fue la calzada de esfinges

Lo que fue la avenida de esfinges

EntradaEntrada al Serapeum

CorredoresCorredor subterráneo del Serapeum

Porque el acceso al Serapeum era un pasillo flanqueado por decenas de esfinges frecuentemente ocultas por las dunas. Encontró más de un centenar, casi dos quilómetros, y, finalmente, el acceso a las catacumbas, excavadas en la roca viva, a unos 12 metros por debajo de la superficie. El hipogeo estaba formado por varias galerías que se cruzaban entre sí, con cámaras laterales a derecha e izquierda con unos enormes sarcófagos de granito y basalto y su correspondiente cubierta; encontró 23. Todos ellos habían sido profanados y, en algunos casos, los ladrones debieron utilizar palancas para desplazar unos centímetros la tapa y en otros realizaron un agujero para que un hombre pudiese pasar y robar el contenido. Las medidas de éstos son impresionantes: 3,80 metros de largo, 2,30 metros de ancho y 2,85 metros de altura, tapadera incluida. El grosor de las paredes interiores es de 45 centímetros. Su peso, dependiendo del material, ya que los hay de granito o basalto, ronda las 40 toneladas, a lo que hay que añadir otras 20 para la tapa.

Otros pasillos

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NichoSarcófago de toro Apis en una cámara con el techo que los restauradores han reforzado para impedir el hundimiento. 

Huecos de las estelas votivasUno de los gigantescos sarcófagos de toro y en las paredes los huecos donde se colocaban las estelas votivas.

Mariette se percató de que una roca en una de las paredes sellaba un pasadizo oculto; se voló con dinamita y se descubrió otro corredor que llevó a un nuevo nicho en el que había un sarcófago más pequeño, el 24. En su interior se encontró la momia del que se cree era el príncipe Jaemuaset, hijo de Ramses II, ya que llevaba joyas con sus inscripciones y una máscara de oro. Los restos del príncipe se han perdido, aunque la máscara y pequeño tesoro se conservan en el Museo del Louvre. También aparecieron más de un millar de estelas votivas a Apis, algunas de las cuales fueron arrancadas de la pared; en la actualidad ocupan las vitrinas de los museos o las colecciones egipcias dispersas por el mundo. Esos huecos vacíos dan ciertamente un aspecto desolador a las paredes de la entrada al recinto.

jaemuaset-mascara-tesoro-aeMáscara de oro y parte del tesoro de Jaemuaset, hijo de Ramsés II. Foto del Archivo documental AE. 

estelas-serapuem-louvreEstelas descubiertas en el Serapeum de Saqqara. Foto: Archivo documental AE. 

La creación del Serapeum se fecha en el reinado de Amenhotep III, de la dinastía XVIII (Imperio Nuevo). Desde la dinastía 19 a la 25 estuvo en funcionamiento, se amplió con Psamético I, de la dinastía 26, y se siguió usando hasta época ptolomeica y romana.

Para llegar en la actualidad al Serapeum se puede ir en autobús y caminar varios metros para llegar a la entrada. Antes se pasa por un monumento de época ptolomeica denominado “Hemiciclo de los filósofos y poetas griegos”; son once estatuas que fueron colocados al este de la entrada del Serapeum, donde termina la Avenida de las Esfinges. Fue descubierto un año después del Serapeum, también por Mariette. Además de Píndaro, están Platón, Protágoras, Aristóteles y Homero.

Texto y fotografías de Nieves García Centeno

(complementos fotográficos del Archivo documental AE)

 

 

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