El perro en el Antiguo Egipto
Por Andy García
28 noviembre, 2020
Figurilla de madera que representa a Anubis. Foto: Susana Alegre
Modificación: 13 febrero, 2021
Visitas: 49.843

Una de las civilizaciones que más ha respetado en general y en demasía la fauna animal, ha sido sin lugar a dudas, el Antiguo Egipto. No en vano, la mayoría de sus deidades eran representadas como animales. Entre los animales más comunes como mascotas, los antiguos egipcios se decantaban por los perros, gatos y monos.

Heródoto en su Libro II “Euterpe” capítulo LXVI dice: <<Grande es la abundancia de animales domésticos que allí se crían>>

Más adelante continúa: <<Cuando fallece algún gato de muerte natural, la gente de la casa se rapa las cejas a navaja; pero al morir un perro, se rapan la cabeza entera, y además lo restante del cuerpo>>

De estas opiniones, podemos deducir que el perro y el gato en el Antiguo Egipto poseían una status privilegiado, aunque el perro según las palabras de Heródoto estaba mejor visto como mascota.

Desde el predinástico se hallan representaciones de perros, como es el caso de la “Paleta de los perros” expuesta en el Museo del Louvre, perteneciente al período Nagada III. Estas paletas en un principio tenían como finalidad servir como mezclador de ingredientes cosméticos, y más tarde pasaron a ser objetos conmemorativos y ceremoniales. La pieza, pertenece al periodo del Predinástico Tardío (Hacia el 2950 A.C.), caracterizado por el nacimiento de la escritura jeroglífica y el inicio de la técnica del bajorrelieve, especialmente en los mangos de las armas y en paletas de tocador como la referida. La escena nos muestra en su anverso y en la parte superior un ave, que parece ser un ibis, debajo de éste se halla un león, que representa al faraón, sigue un hueco circular que se utilizaba para mezclar los cosméticos (justo en el centro de la paleta) debajo aparece una especie de monstruo mitológico, un serpopardo (cabeza de serpiente y cuerpo de leopardo)  más parecido a los representados en la cultura mesopotámica que en la egipcia.

Paleta predinástica de los perros conservada en el Museo del Louvre. Foto: Susana Alegre 

El conjunto lo cierran cuatro perros situados en cada una de las esquinas de la paleta. En el reverso, se encuentra una palmera y a cada lado una jirafa, estas están protegidas por cuatro cánidos situados igualmente en cada esquina de la paleta. Es sabido que algunas razas fueron domesticadas ya en el Reino Antiguo, y vivían en los hogares, también fue utilizado el perro para la caza, creando un fuerte vínculo por ello con sus propietarios.

Escena de caza en la tumba de Mereruka. Saqqara. Dinastía VI . Foto: Susana Alegre 

En muchas representaciones aparecen junto a los faraones en escenas de caza. Muchos nobles se representaban en sus tumbas acompañados de sus perros, ello implica conociendo el pensamiento egipcio, que estas escenas recobrarían vida en el más allá, gozando de nuevo, de sus mascotas en la otra vida, un ejemplo de ello es la tumba de Mereruka en Saqqara, visir del faraón Teti de la VI Dinastía o en la de Jnumhotep II en Beni Hassan.

Escena de caza en la tumba de Jnumhotep II en Beni Hassan. Dinastía XII. Foto:Andy García Perro representado en la tumba de Jnumhotep II en Beni Hassan. Dinastía XII. Foto:Andy GarcíaPerro representado en la tumba de Jnumhotep II en Beni Hassan. Dinastía XII. Foto:Andy García

Existía un juego de mesa en el Antiguo Egipto muy común, se llamaba “Perros y chacales” lo jugaban dos jugadores con cinco “fichas” cada uno, cada cual escogía o perros o chacales, y consistía en una especie de tablero con perforaciones a modo de camino, donde los jugadores tenían que ir insertando una serie de bastoncillos alargados que terminaban con forma de cabeza de perros y de chacales. El juego consistía en sacar todas tus fichas del tablero antes que el contrincante. Uno de los más famosos es el juego de “Perros y Chacales” de  Reny-Seneb de la XII Dinastía. El tablero está elaborado en ébano y marfil, tiene forma de mueble con patas de animal, lleva sobre el tablero un dibujo de una palmera y 58 agujeros que marcan el camino a seguir.

Juego «Perros y Chacales». Museo del Louvre. Foto: Andy García

Era tal la importancia que le daban al perro, que la estrella Sirio deificada por ellos con Sopdet  y llamada  Sothis  por los griegos, era la que anunciaba el período tan vital de las inundaciones, y la simbolizaban como un can, de ahí el posterior nombre dado a la constelación a la que pertenece Can Mayor. También la asociaron al dios Osiris como símbolo de la resurrección y la fertilidad, haciendo alusión asimismo a la crecida del Nilo.

Una de las primeras noticias del nombre de un perro domesticado en el Antiguo Egipto se halló en Guiza, en una lápida de una tumba al oeste de la Gran Pirámide. Su nombre Abuwtiyuw. Al parecer, fue un perro guardián que vivió durante la VI Dinastía, y tuvo un entierro digno de un noble, con todos los honores, por orden del faraón, cuya identidad se desconoce, el can pertenecía a un sirviente del faraón, pero velaba por la seguridad del rey, alertándole cuando alguien pretendía acercarse a él. Fue descubierta por George Andrew Reisner, arqueólogo y egiptólogo estadounidense, en octubre de 1935. Parece ser, que la lápida pertenecía a otra tumba más antigua a donde se halló, la perteneciente al dueño del can. La lápida de piedra caliza blanca mide 54.2×28.2×23.2 cm.

La inscripción se compone de diez filas verticales de jeroglíficos. El texto de la inscripción traducido por Reisner describe las ofrendas del faraón a modo de homenaje en el funeral de Abuwtiyuw:

“El perro que era el guardia de Su Majestad, Abuwtiyuw es su nombre. Su Majestad ordenó que fuera enterrado [ceremonialmente], que se le diera un ataúd del tesoro real, lino fino en gran cantidad, [y] incienso. Su Majestad [también] dio ungüento perfumado, y [ordenó] que una tumba sea construida para él por las cuadrillas de albañiles. Su Majestad hizo esto por él para que él [el perro] pueda ser honrado [ante el gran dios, Anubis”

En la tumba de Intef II, faraón de la XI Dinastía, situada en El- Tarif, orilla occidental de Luxor, se halló una estela en la que aparecía el rey junto a sus perros, y es de gran importancia, ya que en ella aparecen los nombres de sus perros y sus traducciones en egipcio; estos son Behekay «gacela», Abaqer «galgo» y Pehetes «negro» En la actualidad, se halla en el Museo de El Cairo.

El egiptólogo Edward Ayrton descubrió en 1906 la tumba KW50 en la que halló momias de animales, en vez, de personas, una de ellas pertenecía a un perro, al que junto a su cadáver se habían depositado un ajuar funerario con joyas incluidas. En la actualidad se la conoce como la “Tumba de Animales” asociada a la KW51 Y KW52. Se ha llegado a pensar que este conjunto de tumbas podían ser el cementerio de animales del faraón Amenofis II, por la proximidad de su tumba a éstas, pero ello sólo son suposiciones.

El perro para el pensamiento de un antiguo egipcio era un animal sagrado, una conexión entre este mundo y la Duat. Anubis, el dios de la momificación y guardián de la necrópolis era uno de los dioses más importantes para los antiguos egipcios. Es representado bien como un cánido recostado, o como una criatura con cuerpo de hombre y cabeza de cánido.

Anubis representado en la tumba de la reina Nefertari. Foto: Andy García 

Y digo cánido porque no se sabe a ciencia cierta a que perro representa, la egiptología duda si se trata de un chacal u otro cánido, algunos egiptólogos se inclinan por el chacal porque éste merodeaba las necrópolis para desenterrar los cadáveres y alimentarse de ellos.

Su color negro puede ser simbólico, ya que para los antiguos egipcios representaba la muerte y la resurrección al mismo tiempo, pues lo asimilaban con el fértil limo del Nilo. Anubis guiaba al difunto ante Osiris, y era uno de los dioses encargados de llevar a cabo el pesaje de su corazón en el Juicio de Osiris.

Como guardián de la necrópolis y los difuntos, podemos ver en la fotografía que tomó Harry Burton en 1923 el sello intacto de la necrópolis tebana que cerraba la capilla de Tutankamón, en él aparece Anubis recostado y debajo los 9 enemigos de Egipto, así como el cartucho del rey con su nombre de trono Nebjeperura.

La egiptóloga Salima Ikram y el egiptólogo Paul T. Nicholson llevaron a cabo en 2015 un proyecto en el que descubrieron cerca de ocho millones de momias de animales en las cercanías de la Pirámide Escalonada en Saqqara, la mayoría pertenecían a momias de perros domésticos, datadas en la Baja Época (750 al 30 a.C.)

Estos perros habían sido sacrificados en un ritual y momificados con todo respeto como ofrendas votivas, con el propósito de que intercedieran ante Anubis, y así, el dios cánido procurase favores a sus propietarios en el más allá, o bien, a sus parientes difuntos. Esto nos hace presumir la importancia que para los antiguos egipcios tenía el perro, tanto como exvoto a los dioses, animal de caza, de guarda y como mascota.

Aunque la frase “El perro es el mejor amigo del hombre” se atribuye al abogado estadounidense George Graham Vest, no es de extrañar que los antiguos egipcios ya pensaran lo mismo en los albores de su civilización.

Para terminar, quiero añadir una de mis frases dedicadas a los “amigos peludos”

“Una persona te puede traicionar, un perro jamás lo hace”

Escultura de perro. Posiblemente Período Ptolemaico. Foto: Susana Alegre 

 

 

Bibliografía

-Salima Ikram, Paul T. Ncholson y Steve Mills – Project: The Catacombs of Anubis at North Saqqara (Egypt)

– Reisner, 1938. King Gives Dog a Royal Burial

– Youatt, William. The Dog, 1845

– Jaume Camps, Los Podencos y las razas de perros “tipo primitivos”

 

 

Autor Andy García

No te pierdas la última novela de Andy García Maldición de El Cairo 

Whatsapp
Telegram