¿Cómo habría nacido el relato del Éxodo?
Por Ariel Álvarez Valdés
20 enero, 2022
¿Cómo habría nacido el relato del Éxodo? Artículo de Ariel Álvarez Valdés
Modificación: 20 enero, 2022
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La salida sin salida

La salida de los hebreos de Egipto después de 430 años de esclavitud es, sin duda, el acontecimiento más importante de la historia de Israel. Según la Biblia (Ex 14), aquel día las aguas del mar se abrieron en dos para dejarlos pasar y luego volvieron a cerrarse engullendo al ejército del faraón, en un milagro jamás olvidado por el pueblo judío. Este suceso constituye la mayor gesta de su historia, y el que marcó su nacimiento como pueblo de Dios y como “nación”. Sin embargo, cada vez más estudiosos sostienen que el éxodo nunca existió. Y las modernas investigaciones, realizadas en las diversas ramas de estudio, parecen darles la razón.

En efecto, el primer problema que encontramos sobre este tema, es que la Biblia lo sitúa en dos fechas distintas.

La primera, es en el siglo XV a.C.: “En el año 480 de la salida de los israelitas de Egipto, el 4º año del reinado de Salomón… este emprendió la construcción del Templo de Yahvé” (1 Re 6,1). Sabemos que Salomón comenzó a reinar hacia el año 971 a.C. Por lo tanto, su 4º año sería el 967 a.C. Y 480 años antes (480 + 967) situaría el éxodo en 1447 a.C., durante el reinado del faraón Tutmosis III (1457-1412 a.C.).

Pero resulta difícil aceptar esta cronología. Según la Biblia, los hebreos en Egipto fueron obligados a construir las ciudades de Pitom y Ramsés (Ex 1,11). Y estas no existían en el siglo XV a.C. Se edificaron mucho más tarde. Por eso, algunos estudiosos toman los 480 años como una cifra simbólica, que representa la duración de una generación (40 años) por cada una de las 12 tribus de Israel (40 x 12 = 480).

El hijo y las plagas

Esto nos lleva a la segunda fecha: el siglo XIII a.C. Porque según la Biblia, cuando los israelitas estuvieron esclavos construyeron las ciudades de Pitom y Ramsés (Ex 1,11). Por lo tanto, el éxodo habría tenido lugar en esta época, durante el reinado del faraón Ramsés II (1279-1213 a.C.).

Sin embargo, esta fecha es más problemática todavía. Primero, porque él no murió ahogado en el mar persiguiendo a los hebreos, como dice la Biblia (Sal 136,15), sino de muerte natural y con más de 90 años. Segundo, porque su hijo primogénito tampoco falleció por una plaga (Ex 12,29). Tercero, porque no consta que su ejército se haya hundido en el mar (Ex 15,4). Y cuarto, porque varios elementos de la narración bíblica resultan incompatibles con esta fecha. Veamos algunos de ellos.

Los viajeros fantasmas

1) Ninguna fuente egipcia, ya sea gráfica (papiros, pergaminos) o epigráfica (inscripciones en templos, tumbas, monumentos) menciona a un grupo de israelitas en Egipto durante 430 años como afirma la Biblia (Ex 12,40). Más aún: no tenemos ni una alusión al nombre de Israel, en Egipto, durante el tiempo del éxodo, a pesar de que era frecuente entre los egipcios mencionar a los pueblos que esclavizaban.

2) En tiempos de Ramsés II, Egipto había construido una serie de fortalezas militares a la salida del país, en sus carreteras y vías de comunicación. La vigilancia que estas realizaban era tan estricta, que se conserva un papiro (conocido como el papiro Anastasi V, del siglo XII a.C.) en el que los guardias de un puesto caminero piden información a otro puesto de control porque habían huido… ¡dos esclavos! Si se conserva la noticia de la preocupación provocada por la fuga de dos esclavos, ¿cómo pudieron haber salido dos millones de israelitas sin que las patrullas fronterizas dejaran constancia?

3) Los arqueólogos no han encontrado la más mínima evidencia del paso de los israelitas por el desierto durante el siglo XIII a.C. Teniendo en cuenta que se han detectado minúsculos campamentos de 4 o 5 personas que pasaron por allí siglos más tarde, ¿cómo es posible que dos millones de personas, con niños, provisiones y animales, durante cuarenta años, no dejaron la menor huella?

4) En el oasis de Cadesh Barnea, donde según la Biblia los israelitas estuvieron detenidos y asentados 38 años (Dt 2,14), los sondeos arqueológicos tampoco han podido encontrar evidencia alguna de ocupación.

5) Cuando los israelitas llegaron a la Tierra Prometida, dice la Biblia que debieron enfrentar al rey de Edom (Nm 20,14-21), al rey de los amorreos (Nm 21,21-25) y al de Moab (Nm 22). Sin embargo, en aquella época ninguno de estos tres reinos existía. Surgieron mucho después.

Una propuesta posible

Frente a estos obstáculos ineludibles, muchos estudiosos prefieren pensar que el Éxodo nunca existió como hecho histórico, y que se trata de un mito o leyenda creada por Israel en una época posterior, para mostrar cómo Dios protegió y cuidó a su pueblo desde sus comienzos.

Pero esta propuesta tampoco es tan sencilla. Porque sabemos que los autores sagrados no creaban de la nada los relatos de su historia. Se basaban en hechos realmente sucedidos, que luego ampliaban, retocaban o modificaban, pero que no los inventaban de cero. Por consiguiente, sería tan erróneo decir que los hebreos nunca estuvieron sometidos a Egipto, como decir que alguna vez lo estuvieron. ¿Cómo salir de la disyuntiva?

Hoy los biblistas han propuesto una tercera solución que podría resolver este dilema.

Las bellas muchachas del faraón

Sabemos que en el siglo XV a.C. el faraón Tutmosis III conquistó la región de Canaán (que más tarde se conocerá como la Tierra Prometida, o Palestina). A partir de entonces, Canaán se convirtió en una provincia egipcia y parte integrante de su territorio. Para administrarla mejor, Tutmosis estableció allí centros de gobierno egipcios, y colocó en ellos sus propias autoridades. Así, el territorio de Canaán quedó dividido en varias ciudades-estado, cada una de las cuales estaba dirigida por un funcionario egipcio responsable ante el faraón del área que controlaba.

Tanto Tutmosis III como los faraones posteriores, viendo el valor estratégico y económico de la nueva provincia, buscaron asegurar su control construyendo una red de fortalezas, almacenes y centros administrativos, a lo largo de toda la ruta que llevaba de Egipto a Canaán, y sometieron a la población local a fuertes cargas impositivas. Algunos registros de la época mencionan la enorme cantidad de granos y obsequios que esas ciudades-estado debían entregar al palacio del monarca.

Los gobernantes locales realizaban, además, frecuentes deportaciones de prisioneros, que eran luego utilizados como sirvientes en el palacio del faraón, o entregados en donación a los templos del país, o incluso cedidos a familias particulares. Existe una carta de esa época (carta El Amarna 288), en la que consta que el rey de Jerusalén había mandado al faraón 10 esclavos, 80 prisioneros y 21 muchachas jóvenes, todas “muy bonitas y que no tenían defecto alguno”.

En cierto momento del siglo XIII a.C., algunas tribus cananeas empezaron a organizarse a su manera, adquiriendo entidad propia, y tomaron el nombre de Israel. Como la región dependía de la autoridad central egipcia, estos “israelitas” se vieron sometidos al gobierno egipcio.

Ruinas de fortaleza faraónicas que se remontan al Imperio Nuevo descubiertas al este del Delta del Nilo Foto: Ministry of Tourism and Antiquities

Aparecidos del mar

La dura opresión que sufrían los habitantes de Canaán (entre ellos los israelitas) generaba periódicas revueltas, de manera que los faraones se veían obligados a organizar permanentes campañas para aplastarlas y afianzar sus dominios en la región. Así, en el año 1207 a.C. estalló una insurrección, y el faraón Merenptah (1213-1203 a.C.) debió emprender una cruzada en Canaán para pacificarla. A su regreso grabó en un bloque de piedra los detalles de su campaña con las poblaciones sometidas. Entre ellas menciona a “Israel”. Se trata de un detalle asombroso, porque es la primera vez que este nombre aparece en la historia, y es la más antigua mención que existe de él.

A lo largo de 350 años Egipto gobernó Canaán de manera ininterrumpida, e hizo sentir su poder con mano de hierro.

La llamada Estela de Israel conservada en el Museo de El Cairo. Estela de Israel. Reinado de Merenptah. Museo de El Cairo. Foto: Susana Alegre

Pero de pronto, hacia el año 1150 a.C. la situación cambió. Durante el gobierno del faraón Ramsés III, Egipto fue invadido por una serie de pueblos extranjeros llamados los “Pueblos del Mar”, que lo atacaron y debilitaron. El poder egipcio empezó a desmoronarse, y los faraones tuvieron que replegar sus fuerzas para concentrarlas en su propio país. Ya no pudieron seguir conservando el territorio extranjero que habían anexado, y debieron abandonar la provincia de Canaán. Su administración colapsó y sus centros de poder se derrumbaron en una debacle catastrófica.

Así, después de más de tres siglos de sometimiento, la tierra de Canaán se vio libre del yugo egipcio.

Ramsés III en su carro de guerra, tirado por caballos, lanza flechas contra los enemigos Ramsés III en batalla contra los Pueblos del Mar. Relieve en el templo de Medinet Habu. Foto: Susana Alegre García

En busca de un recuerdo

La abrupta retirada de Egipto trajo un gran alivio a los israelitas de Canaán, y significó el comienzo de una nueva era. Después de siglos de dominación, por fin experimentaban la libertad. No sabemos si se enteraron del motivo que llevó a los egipcios a retirarse del territorio cananeo. Lo cierto es que, para ellos, se trató de un milagro; su fe los llevó a atribuir semejante prodigio a la intervención de su Dios, Yahvé.

La amarga experiencia de sometimiento y explotación a manos de los egipcios jamás fue olvidada por las tribus de Israel. La figura del faraón se convirtió en prototipo del rey tirano, y Egipto en el símbolo de la “casa de servidumbre” (Dt 5,6). Tampoco olvidaron la “milagrosa” liberación; y comenzaron a decir que Dios los había “sacado” de la esclavitud, los había “liberado” del poder egipcio. Estas afirmaciones expresaban la idea de que Dios había rescatado a Israel de aquella tiranía, dándole el pleno control del país que habitaban. Pero en realidad no habían salido de Egipto, sino de la jurisdicción de Egipto. En otras palabras: Israel nunca estuvo en Egipto, sino que Egipto estuvo en Israel. Los israelitas no salieron, sino que Egipto fue el que salió. No hubo cambio de geografía, sino cambio de soberanía. A esta liberación se referían ellos cuando recordaban su “salida de Egipto”.

Aparece en los profetas

La memoria de aquella independencia se conservó de generación en generación en el pueblo de Israel, principalmente entre las tribus del norte, que formaban el pueblo de Israel, y que fueron las que más habían padecido la opresión. Pero con el paso de los siglos el contexto de aquella dependencia y de su posterior liberación se fue perdiendo, y las generaciones posteriores comenzaron a pensar que la esclavitud “de” Egipto había sido una esclavitud “en” Egipto. Así, el recuerdo de la retirada egipcia de Canaán se transformó en una retirada hebrea de Egipto.

¿A qué se debió este cambio? En el siglo IX a.C. apareció en Oriente una nueva potencia internacional: Asiria. Su fuerza militar, sus técnicas de guerra y la crueldad de sus campañas, nunca antes vistas en la región, la convirtieron en el terror de los pueblos vecinos. Una de esas prácticas consistía en la deportación en masa de poblaciones enteras y el traslado de naciones conquistadas de un lugar a otro. Se hizo frecuente, así, ver a pueblos y reinos salir de sus tierras y dirigirse a sitios distantes, donde eran sometidos al nuevo poder político.

La estrategia asiria de deportación a gran escala habría llevado a los israelitas a pensar que también su antigua opresión había sido un “traslado” de Canaán a Egipto, y que por lo tanto su liberación había consistido en un regreso a su patria. Se puede suponer que fue en esta época cuando nació la idea del éxodo “salida”, por el hecho de que la más antigua mención que existe del éxodo en la Biblia se encuentra en los profetas Amós (Am 2,10; 3,1; 9,7) y Oseas (Os 2,16-17; 9,10; 11,1-5; 12,10.14; 13,4-5), dos profetas del siglo VIII a.C., época de los asirios. Antes de esa fecha no existe ninguna alusión al éxodo.

La biografía calcada

Si el pueblo de Israel nunca estuvo esclavo en Egipto, ni hubo éxodo alguno, quedan dos enigmas por resolver.

Primero: ¿cómo es que hoy tenemos un itinerario tan detallado de su peregrinación por el desierto? En efecto, la Biblia menciona con tanta exactitud las etapas por las que los israelitas fueron pasando durante esos 40 años (Ex 13-19; Nm 20-25; 33), que es posible reconstruir su trayecto desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Si la marcha no existió, ¿de dónde salió ese itinerario?

Los arqueólogos responden que la mayoría de los sitios mencionados en ese itinerario pertenecen al siglo VIII a.C., no antes. Eran las etapas de las rutas caravaneras de comerciantes nómadas de aquel tiempo. Por lo tanto, el éxodo y la peregrinación por el desierto son dos tradiciones independientes, que se unieron siglos más tarde para formar la crónica del regreso de los israelitas a Canaán.

El segundo interrogante es: si el pueblo de Israel no salió de Egipto, ¿qué papel cumplió Moisés?

También aquí, los estudiosos responden que la figura de Moisés fue añadida posteriormente. Quizás fue un líder tribal, de cuya vida no sabemos nada, pero que luego fue convertido en guía y legislador del pueblo de Israel. La historia bíblica sobre su nacimiento, su milagrosa salvación en una cesta, y su educación en la corte egipcia (Ex 2) está copiada de la biografía del rey Sargón I de Acad. Esta fue escrita en tiempos de Sargón II (721-705); y sólo se conoció en Israel en el siglo VII a.C. Por lo tanto, habría sido en esta época (quinientos años después de la fecha del éxodo) cuando se compuso la historia de Moisés, y se añadió a la epopeya del éxodo, otorgándole un lugar central.

Las razones del relato

La historia bíblica del Éxodo puede entonces reconstruirse de la siguiente manera. En un primer momento (siglo XII a.C.) Egipto, que llevaba siglos oprimiendo a Canaán, se retiró de allí dejando a los israelitas libres de su dominio. En un segundo momento (siglo VIII a.C.) a esa liberación administrativa se la transformó en una liberación física, y se le añadió un itinerario con las etapas por el desierto. En un tercer momento (siglo VII a.C.) se gestó la figura de Moisés y se la agregó como el personaje central de aquella hazaña.

Faltaba la redacción final. Esta habría tenido lugar en tiempos del rey Josías de Jerusalén (640-609 a.C.), debido a razones políticas. En esa época habían vuelto a surgir las aspiraciones expansionistas de Egipto, esta vez debido al faraón Psamético I (664-610 a.C.), quien intentaba extender nuevamente sus fronteras sobre Canaán. Entonces Josías ordenó tomar las tradiciones del éxodo, con sus tres elementos, y ponerlas por escrito para mostrar que Dios, con su gran poder, ya había liberado una vez a Israel del país del Nilo. Por lo tanto, ahora no había que temer en caso de un futuro enfrentamiento entre el rey Josías y los egipcios. Yahvé siempre protegerá a su pueblo.

 

Autor Ariel Álvarez Valdés

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