Cartas de Amarna y la diplomacia 
Por Mª José Montero Fernández
29 junio, 2023
Misiva de Biriyash de Babilonia al rey de Egipto, una las Cartas de Amarna conservada en el Bristish Museum, Londres.
Modificación: 29 junio, 2023
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Las Cartas de Amarna se denominan así debido a Tell el-Amarna (Amarna), la ciudad real de Akenatón de la Dinastía XVIII (Stevens, 2016, p.1). Fue la capital del antiguo Egipto durante los años de reinado de Aketatón entre el 1350 y 1334 a.C. (Cohen, 1996, p.248). Se encuentra próxima al río Nilo, a unos 300 km al sur de El Cairo, casi exactamente a mitad de camino entre las antiguas ciudades de Menfis y Tebas, dentro de lo que fue el 15o nomo del Alto Egipto. Fue fundada por el rey Akenatón en el año 5 del reinado de Akenatón, como se registra en las Estelas de los Límites, también denominadas estelas fronterizas. La ciudad representa la ruptura final del rey con la tradición tebana (Stevens, 2016, p.6). En el año 5, el día 13 del cuarto mes de Peret, el rey anunció su intención de trasladar la corte a la ciudad que llamó «Aketatón» o «El horizonte de Atón». Dieciséis estelas registraron la fundación del sitio y los planos de construcción de Akenatón. Mayormente conocido como rey reformador religioso, a menudo llamado el hereje y el primer monoteísta que instauró el culto al sol Atón (Moran, 1992, p.XIII). Según Akenatón, el propio Atón dictó este movimiento porque quería que su culto se trasladara a territorio virgen. Situada en una llanura desértica en un área semicircular definida por el río y rodeada de montañas. Las tumbas de la élite se colocaron en las montañas del norte y en las colinas del desierto del sur. Akenatón situó la necrópolis real en un valle natural, similar al Valle de los Reyes en Tebas (Williamson, 2015, p.6). La ciudad albergaba la corte real y una población de entre 20.000 y 50.000 personas, construida en un terreno que no había sido ocupado por un asentamiento importante, ni dedicado a otro dios antes (Stevens, 2016, p.1).

Vista de las ruinas de Tell el-Amarna. Zona del llamado Pequeño Templo de Atón

Las cartas de Amarna fueron descubiertas por campesinos egipcios de la zona a fines del siglo XIX durante excavaciones clandestinas realizadas en la ciudad en ruinas. Posteriormente, muchas fueron vendidas en los mercados de antigüedades. Esto ha ocasionado la pérdida de algunas de ellas (Moran 1992, p XIII). En Amarna, extendiéndose más allá de la Casa del Rey hacia el este, había una serie de edificios administrativos, aproximadamente dispuestos en un bloque, entre ellos la «Oficina de Correspondencia del rey», donde probablemente se encontraron la mayoría de las Cartas de Amarna, y la Casa de la Vida (Stevens, 2016, p.16). La mayoría de las cartas actualmente se conservan en museos: el Museo Vorderasiatisches de Berlín, el Museo de El Cairo, el Museo Británico, el Louvre, etc. En 1896, en su primera edición completa, todas las cartas conocidas fueron transliteradas y traducidas por Hugo Winckler. Petrie descubrió 22 fragmentos en 1891-92. En 1903, M. Chassinat, director del Instituto Francés de Arqueología Oriental del Cairo, descubría dos tablillas más. En 1907, 358 tablas fueron conocidas, y en ese año el noruego Asiriólogo A. Knudtzon publicaba el primer volumen de su magistral Die El-Amarna- Tafeln. (Moran, 1992, p.XIV).

Carta Real de Ashur-uballit, rey de Asiria, al rey de Egipto. En Metropolitan Museum of Art, Nueva York (inv. 24.2.11)

Las Cartas de Amarna están escritas en escritura cuneiforme sobre una tablilla de arcilla, usando para ello un punzón de caña. El idioma es un dialecto asirio del acadio (The Collection-Egyptian Art, 2000-2023). El acadio, antigua lengua semítica de Mesopotamia, se empleó como lengua franca diplomática entre las principales potencias de la Edad del Bronce. Acadio de Egipto define el idioma de los textos acadios que se originaron en Egipto. Estos probablemente fueron escritos por escribas egipcios. En varios niveles lingüísticos que van desde la fonología hasta la morfosintaxis, el acadio de Egipto difiere de las variedades contemporáneas de acadio. Más que como un dialecto acadio, el acadio de Egipto puede caracterizarse como una interlengua, es decir, como un intento de los hablantes no nativos de comunicarse en un idioma extranjero que han aprendido con más o menos éxito (Müller, 2015, p.1). A diferencia de los jefes de estado modernos, los reyes del mundo antiguo rara vez se encontraban cara a cara. Al forjar lazos a través de objetos de viaje y mensajeros, los reyes del antiguo Cercano Oriente y el Mediterráneo oriental podían comenzar a imaginarse a sí mismos como parte de una familia, una «hermandad» de gobernantes (Knott, 2016).
Una sociedad internacional surge cuando “un grupo de los estados, conscientes de ciertos intereses y valores comunes, forman una sociedad en el sentido de que se conciben a sí mismos como sujetos a un conjunto común de reglas en sus relaciones entre sí, y participan en el funcionamiento de instituciones comunes (Cohen y Westbrook, 2000, p.43). Se considera que la Sociedad Internacional de Amarna fue una sociedad internacional en formación, la primera de su tipo y era estructuralmente diferente de otras sociedades internacionales (Cohen y Westbrook, 2000, p.45).

Carta del gobernante Shipti-Ba’al de Lachish al faraón egipcio Amenhotep III o Amenhotep IV (Akhenaton). En British Museum, Londres (E29848)

La diplomacia en el siglo XIV a.C.
Las civilizaciones antiguas no estaban aisladas. Reinos e imperios del pasado interactuaron entre sí, con diferentes niveles de comunicación. Estas redes de contacto en el mundo antiguo también podrían verse como una forma de influencia, ya sea directa o indirecta. Las Cartas de Amarna son una gran fuente que nos ayudan entender los modos de comunicación del pasado que configuraron un sistema diplomático funcional (Scoville, 2018, p.6). La diplomacia, por lo tanto, ayudaría a los reinos involucrados a tener un fuerte poder militar y conquistar e influir en los reinos menores (Scoville, 2018, p.67). No puede haber mejor prueba de la existencia de una sociedad de estados que la aguda conciencia de sus miembros de una opinión comunitaria más amplia. En la sociedad de Amarna la diplomacia se representa en un escenario público. Los enviados y sus regalos son recibidos ante la corte y los invitados extranjeros. (Cohen, 1996, p.254). La identidad diplomática generalmente tiene como objetivo la persuasión; es decir, la comunicación está diseñada para influir en los demás mediante la modificación de su comportamiento o creencias y actitudes”. Los intentos de persuasión mutua son esenciales. En otras palabras, los procesos de regateo y negociación están en el corazón de la diplomacia. En efecto, la diplomacia puede definirse como «la conducción de las relaciones internacionales mediante la negociación en lugar de la fuerza, la propaganda o el recurso a la ley, y mediante otros medios pacíficos». medios que están directa o indirectamente diseñados para promover la negociación (Cohen y Westbrook, 2000, p.191).

La comunicación es la esencia de la diplomacia. El sistema diplomático contemporáneo puede describirse como una red de comunicaciones universal en la que el intercambio de señales es una preocupación profesional (Cohen & Westbrook, 2000, p.191). El sistema de Amarna no marca el comienzo absoluto de las relaciones internacionales en la historia. Los primeros registros escritos descifrables son de principios del tercer milenio y ya revelan un mundo compuesto por entidades políticas organizadas en forma de ciudades-estado, que intercambiaron enviados, regalos, negocios, etc.; formación y quiebra de alianzas (Cohen y Westbrook, 2000, p.10). El sistema de Amarna no fue, por lo tanto, el comienzo de las relaciones internacionales, ni un callejón sin salida, sino que, fue el fin del comienzo. No fue hasta la Era de Amarna, que la maquinaria del arte de gobernar pudo alcanzar todo su potencial, atravesando inmensas barreras de distancia, idioma, cultura y tradición política. (Cohen y Westbrook, 2000, pp.11-12). Para el soberano, era importante mantener un dominio sobre sus vasallos, quienes a su vez tenían interés en enfatizar el intercambio de dependencia por protección (Cohen y Westbrook, 2000, p.47). La aceptación de la hermandad contradecía la ideología hegemónica de Egipto, con su organización concomitante del espacio en el centro y la periferia- El sulmanu (relacionado con la palabra sultnu, bienestar pacífico), fue un elemento simbólico crucial en la apertura de relaciones políticas y comerciales pacíficas. (Cohen, 1996, p.253).

Cartas de Abi-milku, gobernante de Tiro, al rey de Egipto. Bristish Museum, Londres (E29813)

El mensajero es clave para comprender el comercio y la diplomacia del período de Amarna, porque era él quien controlaba las relaciones diplomáticas y económicas entre las potencias importantes de la época. El mensajero sirvió no solo como portador, lector, intérprete y defensor del mensaje de su maestro, sino también como diplomático y, sobre todo, como comerciante. Debido a sus numerosas funciones, el mensajero de Amarna solía ser una persona de importancia (Holmes, 1975, p.376). La formación intelectual, la alta posición social y la experiencia en asuntos internacionales les otorgaban unas aptitudes idóneas para llevar a buen puerto estas misiones (Moran, 1992, p.38) Cuando un mensajero entraba en un país extranjero quedaba bajo la responsabilidad de su monarca, el cual debe hacerse cargo de las compensaciones a pagar en caso de robo o asesinato del mensajero. (Álvarez, 2017, pp.11-12). El enviado de un estado amigo se consideraba invitado del monarca anfitrión, quien era responsable de su vivienda y mantenimiento. La duración de la estadía quedaba enteramente a discreción del anfitrión, cuyo permiso era necesario antes de que el enviado pudiera partir. La retención excesiva de un enviado daría lugar a protestas (Cohen, 2000, p.33).
A través de la colección de cartas de Amarna, podemos ser testigos de cómo cambiaron las relaciones entre las grandes potencias en el Cercano Oriente. (Aissaoui, 2018, p.20). Las cartas enfatizan la posición especial que disfrutaba Egipto como el poder central entre las grandes potencias: los otros grandes estados buscaban constantemente su aprobación. Sin embargo, es posible que los motivos de Egipto puedan explicarse en parte por una voluntad genuina de apaciguar al poder emergente de Asiria o de ver al poder emergente como un aliado útil contra los hititas. Sea como fuere, desde el punto de vista del poder equilibrar, el factor crucial aquí es la interdependencia, es decir, una relación similar a la acción-reacción que equiparamos como una característica central moderna de las relaciones interestatales (Aissaoui, 2018, P. 22).

Conclusiones
Las cartas de Amarna son archivos de correspondencia que, desde un punto de vista histórico y cronológico, arrojan luz sobre las relaciones de Egipto y el resto de países hermanados. La gran importancia que se puede desprender de las cartas de Amarna estriba en la diplomacia de la época entre los países más poderosos, siendo Egipto el líder de todos ellos e identificando alianzas que los beneficiarían. La diplomacia, por lo tanto, ayudaría a los reinos involucrados a tener un fuerte poder e influir en los reinos menores. Para ser aspirante a miembro de la Sociedad Internacional era importante observar cómo era el rey de ese país y la realidad de su poder. Identificamos la figura del mensajero como de un personaje preparado para la diplomacia de la época, que actúa como transmisor y persona para llevar a buen término las intenciones posteriores, por lo que era un personaje preparado y de alta estima.

Egipto, como líder de la zona, lo identificamos como la gran potencia que canaliza la alianza entre los pueblos fuertes de esa época, muy relacionada con su riqueza, administración y estabilidad; aunque sabemos que con Amarna cambian las cosas, debido a que es una sociedad algo diferente por sus características y puede ser que estas alianzas le interesen mucho más que a otros reyes egipcios con mayor experiencia en la administración. LasCartas de Amarna son documentos importantes y decisivos para conocer los intercambios que había entre Egipto y el resto de los países fuertes de la época y su gran relevancia como gran líder de la Sociedad Internacional.

Bibliografía
– Aissaoui, A. (2018). The Amarna Diplomacy in IR Perspective – A System of States in the Making. Estudos internacionais: revista de relações internacionais da PUC Minas. 6, 9-29.
– Alvarez, J. (2017). Mensajeros y embajadores: la comunicación oral y escrita en la documentación diplomática próximo-oriental entre los grandes imperios (ca. 1600-1200 a.C.). Antesteria 6, 5-23.
– Cohen, R. (1996). On diplomacy in the ancient near east: The Amarna letters, Diplomacy &Statecraft, 7:2, 245-270.
– Cohen and Westbrook (2000). The Beginnings of International Relations. Edited by Raymond Cohen and Raymond Westbrook. The John Hopkins Press, Baltimore and London.
– Collins, P. (2008). From Egypt to Babylon: The International Age 1550-500 BC.» Cambridge, Mass. Harvard University Press.
– Holmes, L. (1975). The Messengers of the Amarna Letters. Journal of the American Oriental Society, 95(3), 376–381.
– Knott, E. (2016). Curatorial interpretation: Amarna letter: Royal Letter from Ashur-uballit, the king of Assyria, to the king of Egypt. The Metropolitan Museum of Art, New York. Recuperado de Amarna letter: Royal Letter from Ashur-uballit, the king of Assyria, to the king of Egypt.
– Moran, W. (1992). The Amarna letters. Baltimore: John Hopkins University Press.
– Müller, M. (2015). Akkadian from Egypt. In Julie Stauder-Porchet, Andréas Stauder and Willeke- Wendrich (eds.), UCLA Encyclopedia of Egyptology, Los Angeles.
– Scoville, P. (2018). The ancient Near East in contact: an introduction to the Egypt-Mitanni affairs in the Amarna Letters. Estudos internacionais: revista de relações internacionais da PUC Minas. 6. 65-78.
-Stevens, A. (2016). Tell el-Amarna. In Willeke Wendrich (ed.), UCLA Encyclopedia of Egyptology, Los Angeles.
– The Collection- Egyptian Art (2000-2023). Amarna letter: Royal Letter from Ashur-uballit, the king of Assyria, to the king of Egypt. The Metropolitan Museum of Art, New York. Recuperado
de Amarna letter: Royal Letter from Ashur-uballit, the king of Assyria, to the king of Egypt.
– Williamson, J. (2015). Amarna Period. In Wolfram Grajetzki and Willeke Wendrich (eds.), UCLA Encyclopedia of Egyptology, Los Angeles.

 

por Mª José Montero Fernández 

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