Las ocas de Meidum
Por Susana Alegre García
1 noviembre, 2007
Ocas de Meidum. Museo de El Cairo. Foto Susana Alegre
Modificación: 9 diciembre, 2016
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Época: Dinastía IV (2613-2498 a. C.)
Dimensiones: Largo: 172 cm. Alt0: 27 cm.
Materiales: Estuco pintado
Lugar de conservación: Museo de El Cairo (JE 34571, GG 1742).
Lugar de localización: Mastaba de Nefermaat y Atet (nº16) en Meidum.

Fig. 1.- Ocas de Meidum (detalle parte izquierda de la representación). Foto: Lorena Torres

Fig. 1.- Ocas de Meidum (detalle parte izquierda de la representación). Foto: Lorena Torres.

La enorme mastaba de Nefermaat y de su esposa Atet fue localizada en la zona arqueológica de Meidum por A. Mariette en 1871, siendo posteriormente estudiada con mayor profundidad por el arqueólogo W. F. Petrie[1]. Con el tiempo los elementos iconográficos que quedaban in situ fueron arrancados y trasladados al Museo Egipcio de El Cairo y a otros museos del mundo[2]. Uno de esos fragmentos murales, extraído del muro norte del corredor de la capilla de Atet, corresponde a la representación de las célebres Ocas de Meidum (Fig. 1, 2).

Fig. 2.- Ocas de Meidum (detalle parte derecha de la representación). Foto: Lorena Torres

Fig. 2.- Ocas de Meidum (detalle parte derecha de la representación). Foto: Lorena Torres.

Como hijo del faraón Esnofru, visir y persona de grandes recursos, Nefermaat debió tener a su disposición los artistas más destacados de la época. Se trataba, además, de unos artistas que no dudaron en recurrir a lo experimental y más novedoso para ornamentar la tumba del príncipe. Así, es característica de la mastaba de Nefermaat en Meidum una técnica que no gozó de continuidad en la ornamentación parietal y que consiste en rellenar con masas de pigmento el interior del soporte pétreo trabajado a modo de celdilla (Figs. 5, 6). Por su parte, la esposa de Nefermaat también disfrutó del trabajo de creadores de una gran maestría y capaces de desplegar una notable creatividad. Pinturas como las Ocas de Meidum lo corroboran con creces.

Las ocas de la capilla de Atet fueron realizadas siguiendo la técnica pictórica egipcia más convencional[3]. El fondo tiene un tono azulado y la disposición de la aves se despliega entre líneas oscuras que delimitan los registros. En este espacio los grandes protagonistas son seis ocas, organizadas en dos grupos y en una disposición de carácter simétrico.

Las aves de los extremos dirigen el cuello hacia el suelo y con el pico ligeramente abierto parecen buscar algo que picar. Las otras aves se muestran perfectamente erguidas, mirando en direcciones opuestas y en idéntica actitud. Llama la atención el cuidado con el que han sido representadas, lo que permite la identificación concreta de su especie[4] y, a la vez, otorga una gran belleza plástica. Especialmente remarcable es el plumaje, que ha sido tratado con todo lujo de detalles. La forma y texturas de las plumas, más o menos alargadas, algo más irregulares en algunos puntos o bien plasmadas casi a modo de escamas, se realizaron fundamentalmente utilizado pincelas formando tramas, que permiten contrastar distintos tonos de un mismo color o gama.

Fig. 3.- Vista completa del fragmento pictórico de las Ocas de Meidum y de sus condiciones de exposición en el Museo de El Cairo. Foto: Susana Alegre García

Fig. 3.- Vista completa del fragmento pictórico de las Ocas de Meidum y de sus condiciones de exposición en el Museo de El Cairo. Foto: Susana Alegre García.

La figura de las aves se alterna con la presencia de diversas plantitas, de formas distintas, realizadas con pinceladas libres (de gran similitud con los trazos que dieron fama a los artistas del Impresionismo, aunque sorprendan sus 4600 años de antigüedad). Algunas de estas pequeñas matas se muestran delicadamente floridas, efecto subrayado con la técnica de aplicar un delicado punteado rojizo. Hay que tener en cuenta la disposición no completamente simétrica de las plantas y que la primera que aparece a la derecha (Fig. 2), en una colocación incoherente en relación con la disposición de las ocas, debe su posición al hecho de formar parte de una imagen situada más a la derecha, en la se representó la iconografía de una red para atrapar aves (ver en la reconstrucción de la Fig. 4). De los personajes que tiran de la cuerda de la red y de los situados en el registro que quedaba por debajo, quedan leves indicios en el fragmentos pictórico que integra a las Ocas de Meidum, siendo visible en el límite superior diversos fragmentos de representaciones de unos pies (por encima de la línea oscura del registro), y en la parte de baja del fragmento puede observarse la imagen parcial al menos de una mano (por debajo de la línea de registro).

La estructura prácticamente simétrica de la escena, únicamente queda rota por el cromatismo, disposición y tipología de algunos elementos. Estas variaciones ofrecen una interesante riqueza óptica, consiguiendo contrastes que llenan de ritmo y viveza a la representación. Por ejemplo, las ocas erguidas orientadas a la izquierda (Fig. 1), aunque corresponden a la misma especie, no son completamente iguales en algunos de sus detalles. Las diferencias todavía resultan más notables en las aves de la derecha que, aunque también corresponden ambas a la misma especie (Fig. 2), no son iguales en muchos de los rasgos: una luce el buche a topos, mientras que la otra muestra un tramado; una luce tres líneas blancas en el plumaje de las alas, mientras que la otra tiene líneas blancas en la zona de la pechuga, etc. Es como si el artista quisiera integrar en cada ave un rasgo distintivo, que las diferenciara e identificara de forma concreta.

En el grupo de aves erguidas de la derecha también puede observarse que la que se encuentra en primer plano tiene una importante superposición sobre el ave en segundo plano, lo que hace que las patas azulonas de ambas reposen muy juntas en el suelo (Fig. 2). Por el contrario, las aves del grupo de la izquierda quedan menos superpuestas la una sobre la otra, lo que permite que el espacio inferior resulte más holgado y ayude a la colocación más armónica de una plantita entre las rojizas patas de los animales (Fig. 1).

Fig. 4.- Reconstrucción de la pared norte del corredor de la Capilla de Atet. Foto en Catálogo de la exposición L'art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 171, Fig. 126

Fig. 4.- Reconstrucción de la pared norte del corredor de la Capilla de Atet. Foto en Catálogo de la exposición L’art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 171, Fig. 126.

Las compensaciones cromáticas, las reiteraciones y las rupturas de lo reiterado, la incorporación de tímidas fracturas de lo simétrico… son recursos ópticos sencillos pero de gran efectividad, que generan un atractivo ritmo visual y parecen a la vez captar con mayor naturalismo e inmediatez un instante en la existencia de estas aves.

Pero a pesar de la sofisticación en la realización de las Ocas de Meidum, el fragmento mural tiene una limitada capacidad narrativa. Ciertamente se trata de unas ánades en un espacio lleno de pequeñas plantitas donde parecen buscar alimento; a priori, la escena parece que no puedan tener mayores implicaciones. No obstante, hay que tener en cuenta que durante milenios las ánades fueron representadas en el arte egipcio, siendo unos animales habituales en el medio natural nilótico, tanto en estado salvaje como doméstico. Estas aves eran una importante fuente de proteínas y un majar muy preciado, pero también tuvieron relevancia en el ámbito simbólico y ritual. Debido a sus costumbres migratorias y a su cíclico retorno, las ánades se vincularon con ideas como la regeneración, la vida renovada y la eternidad. A la vez, tuvieron relevantes implicaciones en ámbitos cosmogónicos y en mitologías sobre el nacimiento del poder solar y su capacidad para elevarse sobre las aguas. Las ánades, además, se integraron en la iconografía de diversas deidades, se relacionaron con la feminidad y el erotismo, y fueron una ofrenda relevante en el contexto funerario[5].

No es de extrañar que la representación de ocas bien alimentadas y hasta con el buche bien repleto, se mostrara frecuentemente en las capillas funerarias con el objetivo de propiciárselas a los difuntos mediante el poder mágico del arte. En la misma línea se encuentran las escenas que narran la caza de estos animales, constituyendo una metáfora alusiva a la abundancia alimenticia y a la capacidad de imposición sobre las fuerzas de la naturaleza y su dominio, plasmando asimismo una actividad que sin duda debía ser muy frecuente en las orillas del Nilo.

Fig. 5.- Fragmento mural de la mastaba de Nefermaat cuyo registro central muestra dos ánades picoteando el suelo entre diversas plantitas y una e la caza de aves con red. En el registro inferior se conserva una representación de carácter agrícola. Foto en Tesoros Egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo, Barcelona, 2000, p. 60

Fig. 5.- Fragmento mural de la mastaba de Nefermaat cuyo registro central muestra dos ánades picoteando el suelo entre diversas plantitas y una e la caza de aves con red. En el registro inferior se conserva una representación de carácter agrícola. Foto en Tesoros Egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo, Barcelona, 2000, p. 60.

La dimensión narrativa de la escena de las Ocas de Médium, como fragmento de una imagen mucho mayor, debe buscarse en el contexto y ámbito temático en el que se integraba. Afortunadamente, dicho marco ha podido ser bastante reconstruido (Fig. 4).

Las Ocas de Meidum se situaron encima de un registro que alude a la abundancia alimenticia y agrícola; y, a la vez, las ocas delimitan una escena en la que se plasma la captura de aves[6]. Dicha captura, conseguida mediante una red de aspecto hexagonal[7], es una temática que se repite en otros fragmentos conocidos de la mastaba de Nefermaat (Fig. 5[8], 6), por lo que quizá pudo estar relacionada con alguna predilección personal de los propietarios de la mastaba. En cualquier caso, la caza (y también la pesca), están muy presentes en la imaginería egipcia de todos los tiempos, posiblemente por sus ricas implicaciones metafóricas.

La pintura de las Ocas de Meidum parecen captar un momento de tranquilidad campestre vivido por unas aves bien alimentadas y con el buche lleno, antes de ser capturadas por la red. Se las muestra despreocupadas y ajenas a lo que se les avecina, sin ni tan siquiera aletear. Lejos de ser seres mostrados como el salvaje caos, o como una bandada ruidosa, o como un desordenado grupo de animales espantados; a las ocas se las representa sosegadas, casi en formación y como con cierta parsimonia (como efectivamente se mueven a menudo estas aves cuando caminan por el suelo). No se trata de aves que vuelen o reaccionen a la amenaza de la red, sencillamente están ahí y luego son cazadas. La iconografía, por tanto, parece recrear una situación ideal de caza rápida y fácil[9].

Fig. 6.- Fragmento mural de la capilla de Atet conservado en la gliptoteca Ny Carlsberg (Copenhague), en la que aparece una escena de caza de aves con red y otro registro que muestra un par de monos, uno de ellos atrapando la cola de una barza, y un niño entre los animales. Foto en Catálogo de la exposición L'art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 169

Fig. 6.- Fragmento mural de la capilla de Atet conservado en la gliptoteca Ny Carlsberg (Copenhague), en la que aparece una escena de caza de aves con red y otro registro que muestra un par de monos, uno de ellos atrapando la cola de una barza, y un niño entre los animales. Foto en Catálogo de la exposición L’art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 169.

Las Ocas de Meidum son una de las creaciones artísticas más conocidas entre las múltiples obras conservadas en el Museo Egipcio de El Cairo. Más allá de su integración en un contexto temático más amplio, lo cierto es que esta imagen constituye una de las más elevadas y sofisticadas creaciones pictóricas realizadas por los artistas del antiguo Egipto. Las sutilezas en su composición, la calidad de sus detalles, el equilibrio de su policromía y la verosimilitud, son aspectos que las transforman en algo que no tendrá parangón en la pintura que conocemos del Imperio Antiguo y que parece poner las bases de lo vendrá después. Aunque se trata de una obra generada en el remoto marco cronológico de principios de la Dinastía IV, los recursos utilizados en las Ocas de Meidum no nos hablan sin embargo de tanteo o de experimentación, sino que parece tratarse de una creación precisa y madura, perfectamente formulada y genialmente elaborada.


Notas:
[1] W. M. F. Petrie, Meidum, Londres, 1892.
[2] Sobre la dispersión de los fragmentos murales, su localización en distintos museos y otros aspectos relativos a la mastaba de Nefermaat y al área de Medidum ver Y. HARPUR, The Tombs of Nefermaat and Rahotep at Maidum. Discovery, Destruction and Reconstruction, Oxford, 2001.
[3] Nada tiene que ver el proceso de realización de las Ocas de Meidum con la técnica de grandes masas de pigmento incrustado que fue utilizada en otras iconografías localizadas en las capillas de la mastaba.
[4] Las orientadas a la derecha corresponden a las aves Branta Ruficollis. Las que miran hacia la izquierda son Ansers Albifrons. Las que curvan el cuello para picar el suelo son Anser Fubalis. Ver en P.H. HOULIHAN, The Birds of Ancient Egypt, El Cairo, 1992,. pp. 57 y 60-62.
[5] Las ánades aparecen muy frecuentemente en el contexto de las ofrendas a los difuntos, abarcando distintas iconografías como su disposición sobre mesas ricamente dispuestas o siento portadas por distintos personajes que agarran las aves por las alas. Incluso se realizaron representaciones de estas aves en materiales pétreos para garantizar la perduración de este alimento entre los manjares del Más Allá.
[6] De hecho, la presencia de animales salvajes y exóticos en la tumba de Nefermaat es recurrente, habiendo sido localizadas imágenes de grandes felinos, monos, garzas, zorrillos….
[7] Sobre las escenas de caza, así como sobre las distintas tipologías de redes utilizadas y plasmadas por los artistas egipcios ver por ejemplo J. VANDIER, Manuel d’Archéologie Égyptienne. Bas-reliefs et peintures. Scènes de la vie quotidienne, Tome V, París, 1969, pp. 307-398.
[8] La representación de la caza de las aves de este fragmento es singularmente similar al que se plasmaba en la pared en la que se integraban las Ocas de Meidum. También aquí hay aves atrapadas en una red y, también aquí, hay unas ánades que tranquilamente picotean el suelo, incluso se muestran una plantitas muy similares a las mostradas en el fragmento de las Ocas de Meidum. También se conserva en el fragmento una escena que narra el arado del campo en la que aparecen bóvidos, temática que parece ser también era la situada en el registro por debajo de las Ocas de Meidum (ver reconstrucción en Fig. 4).
[9] En la escena de la Fig. 5, el tiempo anterior al de la cacería y el de la captura no habría sido diferenciado con un registro. Contemporizar dos tiempos en una misma representación, el antes y el después, es un recurso bastante frecuente en el arte egipcio.

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