Ahmés Nefertari, Gran Esposa Real
Por Naty Sánchez Ortega
8 julio, 2017
Ahmés Nefertari, artículo de Naty Sánchez en BIAE 82
Modificación: 20 julio, 2018
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La Gran Esposa Real Ahmés Nefertari forma parte de la galería de mujeres extraordinarias que protagonizaron la historia de la Dinastía XVIII: Hatshepsut, Meryra-Hatshepsut, Tiyi, Nefertiti… Al ser la predecesora de todas ellas, le adeudaron parte del protagonismo político que pudieron llegar a ostentar, pues tal vez éste no habría sido posible sin contar con su figura como precedente. Sin embargo, ninguna de estas grandes mujeres encontró el mismo eco en la devoción de los egipcios. Reyes, nobles y artesanos la honraron en estelas, tumbas y templos, a veces junto a su hijo Amenhotep I, a veces en solitario. Gracias a su longevidad y a que este culto perduró durante siglos y se reflejó en multitud de testimonios arqueológicos, los restos nos permiten acercarnos hasta ella desde numerosas perspectivas y hacernos una idea de lo que hizo en vida y de cómo fue recordada tras su muerte en la memoria colectiva de su gente. Alcanzó a ver cinco hombres distintos en el trono de Egipto: el que se supone fue su padre, Seqenenre Taa II; su tío (o hermano) Kamose; su esposo Ahmose; el hijo de ambos, Amenhotep I y, por último, Tutmosis I, cuyos vínculos de parentesco, si es que los hubo, no se han podido determinar.

Ahmés Nefertari asumió numerosos títulos y cargos a lo largo de su vida: Hija de Rey, Hermana de Rey, Gran Esposa Real, Madre de Rey, Segundo Profeta de Amón, Esposa del Dios Amón, Mano del Dios, Señora de las Dos Tierras, Grande en Gracia, Grande en favores, Dama del Oeste, Señora del Cielo.

 Hija de rey

El Reino Nuevo fue una extraordinaria etapa de esplendor. Su amanecer está vinculado al periodo anterior, marcado por la ocupación hicsa, una dinastía extranjera cuya capital se situaba en el delta oriental, en la ciudad de Avaris. Muy lejos de allí, los tebanos, manteniendo vivo el recuerdo de un Egipto gobernado por reyes autóctonos, iniciaron la reconquista y la reunificación del país en un largo proceso que duró varias generaciones. En el contexto de esta guerra debemos situar el nacimiento de Ahmés Nefertari, quien por su título de Hija de Rey y Hermana de Rey se considera nacida de Seqenenre Taa II y Ahotep. Sus abuelos fueron Seqenenre Taa I y la no menos célebre matriarca de esta familia, la dama Tetisheri.

La infancia de Ahmés Nefertari estuvo marcada por este conflicto. La muerte de su padre, según las violentas heridas que presenta su momia, debió ser un hecho impactante en el núcleo familiar, aunque ella sería apenas una niña. Kamose lideró la nueva etapa de la guerra, llevándola cada vez más hacia el norte, hasta que logró cercar a los hicsos. Tras su muerte durante el transcurso de la guerra, un jovencísimo príncipe Ahmose sube al trono bajo la tutela de la reina madre Ahotep.

Gran Esposa Real

Está comúnmente aceptado que Ahmose y Ahmés Nefertari se casaron a una temprana edad, cuando ninguno de los dos tenía fuerza aún para sostener las riendas del Estado. La presencia de Ahotep y de la abuela Tetisheri, todavía viva, debió significar una guía fundamental, como quedó reflejado en la estela de Karnak dedicada a la primera y la estela de Abidos dedicada a la segunda. Ambas figuras supusieron un modelo, un paradigma, para la joven Ahmés Nefertari, aunque su vida como reina adulta se desarrolló en circunstancias muy diferentes.

El reinado de Ahmose duró 25 años y cuatro meses. A él tocó concluir la guerra contra los hicsos y expulsarlos de modo definitivo del País de las Dos Tierras. A continuación, se dirigió hacia el sur y zanjó la cuestión en Nubia, que se había aliado con Apofis (el rey hicso). Todo este proceso tuvo que suceder desde que aún era un niño de unos diez años y su adolescencia, según la información de que disponemos; por lo tanto, Tetisheri y Ahotep demostraron tener el suficiente carisma como para marcar las pautas al ejército y demás hombres fuertes de la corte tebana. Ahmose y Ahmés Nefertari las honraron a ambas: en la estela conservada en el Museo Egipcio de El Cairo (CG34002) los dos se reúnen y el rey le explica a la reina que ha decidido alzar para la abuela Tetisheri una pirámide cerca de la suya en la tierra sagrada de Abidos (lugar donde se encontró dicha estela)1. Da la sensación de que la intención del texto es mostrar que fue una decisión consensuada, tomada por los dos. El texto también menciona que la abuela ya contaba por entonces con dos tumbas con sus respectivas capillas, una en Tebas2 y otra en Abidos, monumentos que el tiempo no ha conservado. La reina madre Ahotep, por su parte, fue enterrada en Dra Abu el Naga con un ajuar impresionante propio de un guerrero; su valor quedó definitivamente constatado al hallarse una estela en el octavo pilono del templo de Karnak (CG34001) donde Ahmose expone sus méritos al respecto.

Si Ahotep murió en el año 22 del reinado de Ahmose, y éste duró 25 años (ca. 1550-1525 a. C.), toda la etapa de Ahmés Nefertari como Gran Esposa Real estuvo significativamente vinculada a la figura de la reina madre, a la que debió considerar como maestra y paradigma. Los fuertes vínculos de estas mujeres entre sí y su protagonismo político dejaron una huella profunda en la mentalidad de la realeza femenina de la dinastía. Para Ahmés Nefertari todo este tiempo debió ser un periodo de aprendizaje y también de reflexión. La nueva situación de un Egipto reunificado apartó su mirada del ámbito bélico para centrarse en la reconstrucción del país: había que volver a vitalizar la institución de la realeza, los cultos religiosos, el gobierno de las ciudades, la construcción de monumentos, el culto a los antiguos monarcas, etc. El mérito de tan ingente tarea debe atribuirse a estas tres mujeres y al rey Ahmose y no a uno de ellos en concreto, aunque sin duda, al ser Ahmés Nefertari la que les sobrevivió a todos por mucho tiempo, su nombre quedó más intensamente grabado en la memoria colectiva. No obstante, hay que contrastar el aspecto militar en el que destacó su madre según evidencian las fuentes, con el ámbito religioso en el que suele situarse a Ahmés Nefertari. Esta sería la diferencia fundamental entre ambas figuras.

Son numerosas las canteras que la nueva pareja real volvió a abrir para reactivar la construcción de monumentos por todo el país, actividad que centra sus esfuerzos en la etapa final del reinado de Ahmose, antes de que le sobrevenga la muerte. Tales hechos oficiales nos señalan que a pesar del protagonismo de las mujeres mayores de la familia, Ahmés Nefertari se desenvolvía con naturalidad en el ejercicio de sus funciones como reina.

estela de la donación_ahmes_nefertariFoto. 2. Detalle de la llamada “Estela de Donación”.

Asimismo, van naciendo sus hijos e hijas, preparándose la siguiente generación de la realeza egipcia: Ahmose-Ankh, Amenhotep, Sitamón y Ahmés-Meritamón. Ahmose-Ankh aparece en la Estela de la Donación (Foto. 2), de la que hablaremos enseguida, y se supone que es el receptor del título de Segundo Profeta de Amón al que renuncia su madre. También lo encontramos con ella en una pequeña estela. Debió morir joven, antes que su padre. Amenhotep fue el heredero y alcanzaría gran reputación entre los egipcios junto con su madre, siendo objeto de culto en numerosos ámbitos de la necrópolis tebana. Sitamón fue otra princesa que está testimoniada, pero desaparece pronto de las fuentes; su momia se localizó en DB320, con la peculiaridad de que al ser desvendada se descubrió que estaba formada por el cráneo, unos huesos y un armazón de cañas con el que se había restituido la forma del cuerpo. Se ha especulado mucho al respecto, con hipótesis que afirman que fue devorada por algún animal o bien salvajemente destrozada por los profanadores de su tumba original. Ahmés-Meritamón, que ostentó en el reinado de Amenhotep I los títulos de Hija de Rey y Gran Esposa Real, junto al de Esposa de Amón, formó pareja con Amenhotep I. Su figura es aún poco conocida y merece un estudio pormenorizado. Durante mucho tiempo, el venerado niño divino Ahmose Sipair fue considerado hijo de esta pareja, pero actualmente la mayoría de autores creen que fue hijo de algunos de los últimos monarcas de la XVII Dinastía. En todo caso, es parte de la familia Ahmósida y con ella recibe culto conjunto en la necrópolis tebana y, por méritos que desconocemos, culto individual y propio.

Esposa del Dios Amón

Antes del Reino Nuevo, sólo se ha identificado el título de Esposa del Dios para sacerdotisas no vinculadas a la familia real que vivieron durante el Reino Medio. Parece que en aquel entonces las funciones del cargo eran menores y no estaba asociado a Amón exclusivamente. En el reinado de Ahmose, el título es reformulado en etapas sucesivas: Ahmose y a Ahmés Nefertary realizaron una suerte de “refundación” del título femenino de Esposa del Dios por el de Esposa del Dios Amón, que alcanzaría con los siglos matices regios en la zona tebana. Sin embargo, es probable que tanto Tetisheri como Ahotep fueran las primeras en darle nueva vida, y que el testimonio de Ahmés Nefertari sea el colofón de un proceso de tres generaciones, que, por supuesto, ella misma y su esposo terminaron de definir, asignándole un valor dinástico que no habría tenido hasta entonces3. Aunque la mayoría de autores han destacado el valor político y económico inherentes a este título, considero que es más cercano a la mentalidad egipcia enfatizar el sentido ritual y religioso del mismo: las mujeres más importantes de Egipto atienden directamente, junto con el rey y el Primer Profeta de Amón, el culto al dios, para reforzar la protección del país e incrementar su prosperidad desde una perspectiva mágica y religiosa.

Contamos con un documento excepcional gracias a la Estela de la Donación, encontrada en el tercer pilono de Karnak. No apareció en una sola pieza, sino en tres, y en momentos distintos. En ella se nos informa que hasta ese momento Ahmés Nefertari participaba del culto a Amón como Segundo Profeta, un título considerado antes y después de ella como masculino, siendo la única excepción de que tenemos testimonios en que fue ocupado por una mujer. Ahora bien, la discusión sobre la lectura correcta de esta estela sigue abierta, dándose opiniones tan dispares como la que expresa que, en lugar de estar renunciando a este puesto de Segundo Profeta de Amón, la reina lo está adquiriendo4.

Es lógico pensar que hasta ese momento las funciones de Esposa del Dios fueron realizadas por Ahotep, que se cree falleció hacia el año 22 del reinado de Ahmose. Sería entonces cuando el rey habría aprovechado el nombramiento de su esposa para conferir a este cargo religioso una nueva dimensión y un valor intrínseco, hasta el punto de convertirlo en una institución en sí misma. Iba acompañado de una dotación económica que otorgaba a la reina una residencia propia, un amplio personal dedicado a su servicio, tierras agrícolas, cierto número de animales, objetos de oro, etc. La ubicación de esta Casa de la Esposa del Dios se ha establecido en la orilla occidental de Tebas, en la zona próxima al templo funerario de Sethy I, en cuyas cercanías hubo también un templo de culto a Ahmés Nefertari tras su muerte. Esta “dote” de la cual disponía como Esposa de Dios podía pasarla en herencia a su sucesora, como bien especifica la Estela de Ahmose.

En consecuencia, Ahmés Nefertari comenzó a profesar como Esposa del Dios Amón a finales del reinado de su esposo y, por tanto, su actuación en este sentido debe buscarse en el reinado de su hijo Amenhotep I. Varios relieves contemporáneos a la reina ejerciendo su función de Esposa del Dios proceden de la capilla de su hijo Amenhotep I en Karnak, donde es representada con un sencillo vestido, una peluca corta y una cinta rodeando su frente, sin todas las coronas propias de su estatus de reina (Foto 3). Los títulos la identifican como Esposa del dios y Mano del dios, añadiendo su nombre en cartucho. La imagen es idéntica a las representaciones de una Esposa del Dios anónima realizando ritos en la Capilla Roja de Hatshepsut, de donde podemos inferir algunas obligaciones rituales de Ahmés Nefertari: las purificaciones en el lago sagrado con los demás sacerdotes, el acceso a la imagen del Dios en el interior del santuario, los rituales de execración de los enemigos de Egipto…

Después de Ahmés Nefertari fue la Gran Esposa Real Meritamón la que portó el título. Dado que Ahmés Nefertari sobrevivió a Amenhotep I y quizás también a Meritamón, no podemos estar seguros si esta función podía depositarse simultáneamente en dos personas, la Reina Madre y la Gran Esposa Real.

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Foto 3. Ahmés Nefertary como Esposa del Dios y Manos del Dios en un bloque de la capilla de Amenhotep I en Karnak, XVIII Dinastía. Fuente: Lacau, P., & Chevrier, H. (1977). Une chapelle d’Hatshepsout à Karnak I, p. 318, fig. 5.

Madre del Rey

Al morir Ahmose, su hijo Amenhotep I subió al trono de las Dos Tierras y Ahmés Nefertari, siguiendo el arquetipo isíaco, dejó de ser Gran Esposa real para convertirse en Madre del Rey. El monarca continuó las construcciones en Karnak y en el resto del país, y es probable que sea en este período cuando Ahmés Nefertari contribuyó definitivamente al ordenamiento del culto religioso, en especial del servicio femenino del clero de Amón. Su protagonismo debió ser tan notable como para que siglos después Ramsés II (Dinastía XIX) la incluyese en los relieves de parte de sus construcciones del templo de Amón, honrándola como a una mujer divinizada más allá del ámbito funerario, en el mismísimo centro espiritual del Egipto del Reino Nuevo.

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Foto 4. Escultura sedente de Amenhotep I. Reino Nuevo. Museo Egipcio de Turín, Italia. Foto: Naty Sánchez

Amenhotep I reinó entre 1525 y 1505 aproximadamente, y se casó con Ahmés-Meritamón, según se infiere del título de Gran Esposa Real que ostentó. De ella conservamos una estatua bellísima encontrada en dos partes. El torso se conserva en el Museo Británico (EA 93), mientras que las extremidades inferiores permanecen en su ubicación original, el octavo pilono de Karnak. Son numerosas las insinuaciones de que esta reina fue completamente eclipsada por su madre, cuyo protagonismo junto a su hijo es notable. Sin embargo, no se tiene en cuenta que la mayoría de estas representaciones son muy posteriores a su vida y que era frecuente en el culto funerario de los reyes priorizar el arquetipo de Isis y Horus (Reina Madre y Rey) sobre el de la esposa del monarca. En la tumba de Inherkhau (TT359) aparece con los demás miembros de su familia, sentada detrás de su insigne abuela Ahotep. En consecuencia, no conviene especular sobre estos indicios el trato que Ahmés-Meritamón pudo haber recibido y es preferible atribuir su escasa aparición en las fuentes contemporáneas a la pérdida natural ocasionada por el paso del tiempo, sin contrastarla con el fervor del que llegó a ser objeto su madre. Una reina llamada Meritamón fue enterrada en TT358, y aún se discute si se trata de la esposa de Amenhotep I o de la hija de Tutmosis III. El emplazamiento no corresponde con su ubicación original, pues fue enterrada por segunda vez en tiempos de Pinedjem I (Dinastía XXI). Los sarcófagos son realmente maravillosos; el exterior (JE 53140) alcanza una altura de 313,5 cm y su factura es de gran belleza, digna de la Gran Esposa Real5. No hay ni una sola prueba que testimonie por sí misma que Ahmés Nefertari o Amenhotep I hicieran de menos a Ahmés-Meritamón, más bien al contrario.

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Fig. 5. En las pinturas de la tumba de Inherkhau (TT359), Ahmés-Nefertari aparece sentada detrás de su abuela Ahotep. Foto: Juan Friedrichs.

Al fallecer Amenhotep I sin herederos conocidos subió al trono Tutmosis I, nacido de un padre desconocido y de una mujer llamada Senseneb, sin vínculos evidentes con la familia reinante. Hubo por tanto un cambio de linaje en el trono de Egipto, pero este cambio fue reconocido de forma explícita por Ahmés Nefertari, ya que aparece en la Estela de la Coronación de Tutmosis I (CG 34006), donde se daba a conocer el protocolo real del nuevo rey de Egipto. Allí se le representa acompañado de su Gran Esposa Real Ahmés (madre de Hatshepsut) y con la Reina Madre Ahmés Nefertari. Esto evidencia sin lugar a dudas un traspaso del poder tranquilo y previamente pensado entre Amenhotep I y Tutmosis I 6.¿Tomó la decisión Amenhotep I? ¿Tenía Ahmés Nefertari total autoridad para designar un nuevo ocupante del trono? No deja de ser interesante que el heredero de este monarca, Tutmosis II, se hiciera representar también en una estela con la Gran Esposa Real de su antecesor, la reina Ahmés, que no era su madre7, y su Gran Esposa Real Hatshepsut8. Tutmosis I erigió una estatua para Ahmés Nefertari en el templo de Karnak, se supone que mientras seguía viva.

Poco después de estos acontecimientos debió fallecer, a edad avanzada, Ahmés Nefertary. Una estela de la época menciona este hecho: “Cuando la Esposa del Dios, Ahmés Nefertary se justificó ante el gran dios, señor del oeste, voló al cielo” 9. Su tumba todavía no se ha localizado, pero se cree que debía estar en las proximidades de su templo funerario en Dra Abu el-Naga. Su espectacular sarcófago y su momia se hallaron en el escondite de Deir el-Bahari (DB320), a donde fueron trasladados durante el Tercer Período Intermedio. El análisis del cuerpo confirmó que esta mujer vivió unos setenta años. El culto comenzó en este templo, de donde salía una estatua de la reina con motivo de algunas procesiones, a semejanza de lo que pasaba con las estatuas de los dioses. En el marco de esta mentalidad debemos entender el color negro con el que se pintó su piel en muchas de las representaciones posteriores a su muerte. Nadie sostiene ya que estén aludiendo a una realidad racial, sino que evocan un intenso atributo simbólico de regeneración y vida eterna, como sucede por ejemplo con el dios Osiris, en asociación directa con el nombre que los egipcios daban a su país: Kemet, La Negra, el color de la tierra fértil que permitía la vida junto al Nilo.

El culto a Ahmés Nefertari

Hasta donde podemos saber, el culto dedicado a Ahmés Nefertari comienza a ser muy llamativo a partir del reinado de Amenhotep III y se intensifica en todo el periodo ramésida. Se han localizado inscripciones para honrar a Ahmés Nefertari en los templos de Karnak y Deir el-Bahari (sin duda, en la zona tebana es donde más intensa fue la devoción hacia ella), Abydos (donde su esposo elevó una pirámide y junto a la misma un pequeño templo dedicado a ella) y en Serabit el-Khadim.

Hay que distinguir la atención que recibió en los grandes templos de los dioses y la que proviene de la necrópolis tebana en general (templos dedicados a ella y aparición en tumbas de los nobles), y de la aldea de Deir el Medina en particular, pues los artesanos la adoptaron como su patrona (con epítetos como Dama del Oeste o Señora del Cielo), al lado de su hijo Amenhotep I (llamado el Señor del Poblado). Dado que se considera que Tutmosis I fue el primer monarca enterrado en el Valle de los Reyes y que los restos más antiguos en Deir el-Medina también pertenecen a su reinado, persiste la incógnita de por qué los artesanos hicieron de esta pareja sus patronos.

La reina, en solitario o junto a su hijo, aparecen en tumbas, estelas y otros objetos funerarios. El número de los mismos es abrumador. También son abundantes las tallas en madera, como las dos conservadas en el Museo Egipcio de Turín (S. 6128, C. 1388) o la que custodia el Museo del Louvre (N 470).

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Foto 6. Estela de Sennefer dedicada a Amenhotep I, Ahmés-Nefertary, Tutmosis III y Amenhotep II. Dinastía XIX. Reino Nuevo. Museo Egipcio de Turín, Italia. Foto: Naty Sánchez
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Foto 7.  Estela votiva que muestra la adoración a Ahmés-Nefertari y a su hijo Amenhotep I, representados en rel registro superior). XIX Dinastía, Deir el-Medina. Museo Egipcio de Turín. Foto: Naty Sánchez

Ahmés Nefertari fue una mujer que vivió en tiempos extraordinarios y que colaboró en la construcción de un Egipto reunificado y vitalizado para su última edad oro: el Reino Nuevo. Creció junto a mujeres igualmente excepcionales y fue esposa, madre y consejera de los reyes fundadores de la Dinastía XVIII. Su impacto en la mentalidad religiosa de los egipcios dejó una huella tan profunda que permite deducir que intervino de modo notable sobre la definición del clero y los rituales del culto a Amón, en particular, y quizás del conjunto de la vida religiosa. Tras su muerte, este halo de reverencia no hizo más que aumentar, saliéndose del entorno cortesano y sacerdotal a través de los artesanos de Deir el-Medina. A pesar de la abundante información que poseemos sobre ella, quedan muchas lagunas y cuestiones sin resolver, pero a medida que esto sucede su figura se nos aparece cada vez más sugerente y fascinante, a la vez que nos muestra el alcance que llegó a tener la realeza femenina en el Egipto del Reino Nuevo.

 

Notas
1- El-Shahawy, 2005, pág. 91 y 157.
2- Podría referirse a la pirámide ubicada en Dra Abu el-Naga, asignada a Tetisheri.
3- Gil Paneque, 2005
4- La bibliografía sobre esta discusión es muy interesante y quedan por aclarar muchas cuestiones al respecto: Kees, 1954; Gitton, 1976; Menu, 1977: Gitton,1979.
5- El-Shahawy, 2005, pág. 157.
6- Gil Paneque, 2005, pág. 123.
7- La madre de Tutmosis II fue Mutneferet.
8- Robins, 1996, pág. 47.
9- Edwards, 1965, 25, lámina 11, núm. 2. Traducción tomada de Robins, 1996, pág. 47.

 
Bibliografía
– M. Ayad, . God’s Wife, God’s Servant: The God’s Wife of Amun (ca.740–525 BC). Londres, 2009.
– C. Desroches Noblecourt, La mujer en tiempos de los faraones. Madrid, 1999.
– D. Dodson, D. Hilton, Las familias reales del Antiguo Egipto. Madrid, 2005.
– I. Edwards, “Lord Dufferin’s Excavations at Deir El-Baḥri and the Clandeboye Collection”, JEA 51 (1965) 16-28.
– A. El-Shahawy, The Egyptian Museum in Cairo. A Walk throug the Alleys of Ancient Egypt, El Cairo, 2005.
– C. Gil Paneque, La institución de la Esposa del dios al servicio de la monarquía a principios de la dinastía XVIII. En J. Cervelló Autori, M. Díaz de Cerio Juan, & D. Rull Ribó (Edits.), Actas del Segundo Congreso Ibérico de Egiptología. Barcelona, 12-15 de marzo de 2001, Bellaterra, 2005, pp. 119-128.
– M. Gitton, “La résiliation d’une fonction religieuse : Nouvelle interprétation de la stèle de donation.” BIFAO 76 (1976) 75-89.
– M. Gitton, “Nouvelles remarques sur la stèle de donation d’Ahmès Néfertary”. BIFAO 79 (1979), 327-331.
– H. Kees, “Das Gottesweib Ahmes-Nefertari als Amonspriester”. Orientalia 23 (1954) 57-63.
– P. Lacau, H. Chevrier, Une chapelle d’Hatshepsout à Karnak I. IFAO, El Cairo, 1977.
– B. Menu, “La ‘stèle’ d’Ahmès Néfertary dans son contexte historique et juridique.” BIFAO 77 (1977) 89-100.
– G. Robins, Las mujeres en el Antiguo Egipto. Madrid, 1996.

 

Artículo de Naty Sánchez Ortega, Ahmes Nefertari, publicado en BIAE 82, pp. 23.  Ver en: 

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