Cuando Napoleón, en su campaña de Egipto, llegó a Gizeh, el calculado colosalismo oriental de las tres grandes pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos, que señorean la llanura, impresionó vivamente al corso, que era ferviente admirador de todas las manifestaciones de poder de los antiguos reyes.
Vi el enlace y pensé en no entrar, pero como el tema de ortodoxos y heterodoxos está candente ahora decidí dar de nuevo el paso y aproximarme.
Pues bien. ¡Cuál ha sido mi sorpresa ¬¬! Que ante una descripción muy física de lo que es un obelisco (cosa que todos observamos sin problemas), la definición no ofrece con garantías cuál es la función de un obelisco. Es en este punto (la de la función del obelisco) en la que mete la primera definición fantasiosa (que menos mal que rechaza).
A partir de aquí todo es lo mismo. Preguntas, enigmas, dudas... En fin, que una vez más me han demostrado esta clase de señores los derroteros que toman. Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo dejarán de citar a Daumas y compañía (gente seria) sin poner a continuación el libro o el artículo del que sacan esos datos? Siguen sin una metodología adecuada.