Tutankamón: ciencia y leyenda
Por Alejando Cremata y Vivian Sánchez
24 mayo, 2010
Modificación: 10 junio, 2020
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Las técnicas radiológicas en la leyenda de Tutankamón

Sí, es maravilloso”. Así respondió el arqueólogo Carter a las dos de la tarde del 26 de noviembre de 1922 a su financiero, Lord Carnarvon, y al resto de la expedición, cuando al hacer un pequeño hueco en un muro de la tumba KV-62 observó innumerables objetos de extraordinaria belleza y valor. Acababa de descubrir la tumba intacta de Tutankamón. Ese fue el inicio de toda la historia.

Foto 16 - “Veo cosas maravillosas”, afirmó Carter en su excavación de 1922

Foto 16 – “Veo cosas maravillosas”, afirmó Carter en su excavación de 1922

Pero el entusiasmo por sacar la momia llevó a Carter y al profesor Douglas Derry a cortar la cabeza del joven rey, a realizar incisiones en su abdomen y a separar las extremidades de su cuerpo. Años más tarde el deterioro de su momia dio lugar a las hipótesis de que su muerte no ocurrió por causas naturales.

Muchos trabajos describen que Ronald Harrison fue el primero en realizar estudios con Rayos X al cuerpo momificado de Tutankamon. Sin embargo, las primeras placas fueron ejecutadas por Douglas Reíd, integrante de la expedición que encontró la tumba de Tut.

Realizados en 1968, los estudios de Harrison mostraron desprendimiento de la parte interior del hueso occipital del cráneo, además de comprobar que estaban ausentes el esternón y algunas costillas.
Análisis posteriores ejecutados en la Universidad de Long Island con las placas de Harrison, descartaron por primera vez la hipótesis de asesinato por un golpe en la cabeza y expusieron que la hemorragia y el derrame se produjeron después de su fallecimiento. Además se responsabilizó a la manipulación durante el embalsamamiento como la responsable de la lesión del cráneo, ubicada en el lugar por donde se extraía el cerebro en el proceso de momificación.

En el 2002 las radiografías fueron evaluadas otra vez y se encontró un fragmento suelto del hueso dentro del cráneo, lo que alimentó nuevamente la versión del homicidio.
Envenenamiento y una enfermedad congénita en la columna vertebral se sumaron a las conjeturas vinculadas con la muerte de Tutankamón. Como evidencia de esta última se expusieron los más de 120 bastones encontrados en su tumba, además de representaciones en las que aparecía apoyado en uno de ellos.

La aplicación de la tomografía en el 2005 reveló la fractura del fémur izquierdo, justo encima de su rodilla y ocurrida antes de su muerte. Los especialistas valoraron que la rotura de ese hueso en su pierna pudo desarrollar una severa infección que le provocara la muerte. Los análisis óseos detectaron la presencia de un reborde de resina líquida sobre la fractura del fémur, sustancia empleada en la momificación, lo que indicaba que el hueso estaba roto antes de ser sometido al embalsamamiento. También se encontró una fisura en el tobillo derecho, lesiones en la rodilla izquierda, ausencia de rótula, las cuales aparentaban haberse producido en vida del faraón. Este estudio sí rechazó la hipótesis del asesinato.

Foto 17 - Fémur de Tutankamón, evidencia para hallar la causa de su muerte

Foto 17 – Fémur de Tutankamón, evidencia para hallar la causa de su muerte

Análisis posteriores con las imágenes del 2005, según reportes del Doctor Ashraf Selim, radiólogo del Hospital Kasr Eleini de la Universidad de El Cairo, coincidieron en afirmar que los daños observados en el estudio de sus huesos se debieron a errores en el proceso de momificación, al deterioro provocado por la expedición dirigida por Carter en 1922 o al examen radiológico realizado por Harrison.

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