Sobre la naturaleza y la iconografía de “Set de Avaris”, el dios de los Hicsos
Por Prof. Sergio Fuster
15 diciembre, 2003
Modificación: 9 enero, 2017
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El dios Set de Avaris fue adorado como patrono benéfico de los pueblos semitas que invadieron el Delta egipcio durante el Segundo Período Intermedio. Muchos lo han relacionado con el Baâl fenicio-cananeo o con otras divinidades asiáticas. Pero, ¿qué asociación simbólica pudiera tener Set, el antagonista de Osiris, con los dioses fastos de la fertilidad, del rayo y la tormenta de los pueblos extranjeros?.

El pensamiento religioso de los antiguos egipcios “se bastaba a sí mismo”. Durante el período temprano no tuvieron necesidad de traer cultos extranjeros a su país. Sin embargo, cuando temporalmente se encontraban en Siria o Nubia, parece que eran dados a adorar divinidades extranjeras; incluso las relacionaban con sus dioses nativos.

Por un lado, la movilidad de funciones y la capacidad sincrética de las figuras divinas egipcias permitía una fecunda amalgama con otras deidades, aunque presentaran orígenes y naturalezas distintas.

Por el otro, los conceptos de la mitología asiática se paseaban de manera asidua y libre por las tierras de Egipto. Las rutas caravaneras que llegaban a Menfis por la puerta de On-Heliópolis desde Persia, Retenú y Haram habrían contribuido a un intercambio mercantil e ideológico importante.

Ya para la época de los Textos de la Pirámides hallamos algunas “tendencias egipcias” en Asia. Casi todos los nombres de los faraones de la Sexta Dinastía aparecen en fragmentos de vasos hallados en Biblos ( Kepen ). La evidencia muestra que construían sus barcos allí ( kebenut = “barcos de Biblos”), lugar desde donde traían madera y otros materiales para construir sus tumbas y llevar a cabo sus prácticas de momificación.

También encontramos una continuidad de dichas relaciones durante el segundo milenio. En el Antiguo Testamento (en las fuentes del Génesis ), hay prueba abundante de los vínculos entre los fenicio-cananeos y el país del Nilo, especialmente en el período patriarcal.

Hablamos de los viajes de Abraham y el comercio de esclavos y otros bienes plasmados en la historia de José (siglos XVII-XV a.C.). Los tratos entre ambas regiones están atestiguados, en las fuentes egipcias, en el Cuento de Sinuhé (1991- 1962 a .C.) y los Textos de Execración (1900- 1800 a . C.).

Los egipcios pensaban que los países limítrofes estaban bajo el dominio de Hathor (hut , “mansión” + Heru , “Horus”). Las patas de la Vaca Celestial (i.e., sus templos) se hallaban asentados en los cuatro extremos del mundo, ya sea en Nubia, el Sinaí, las costas del Mar Rojo (o Mar de Juncos) y Libia (J.-F. Champollion, 1974: II, p. 208). Incluso la misma diosa Hator fue asociada a la divinidad semita Baâlat , “Señora de Biblos”.

Para el siglo XVI a. C., ideas y costumbres cananeas penetraron masivamente en Egipto. Desconocidos grupos asiáticos invadieron en forma gradual el Delta y se instalaron allí hasta ostentar el poder de manera tal que impusieron sus propias dinastías extranjeras (1786- 1567 a . C.).

Las fuentes egipcias del Imperio Antiguo y Medio los designaron con varios nombres: como aâmu, sechetiu o mentiu de Setet o Sechet (hombres de Retenu ) o Hiqau-jasut o Hicsos.

Tal como sucedió posteriormente con la “romanización” de los pueblos bárbaros, estos invasores se impregnaron de la cultura egipcia: escribían sus nombres en jeroglíficos, adoptaban títulos tradicionales, imitaron su arte en sellos y amuletos y adoptaron una divinidad local asociándola con varias deidades semitas: el Set de Avaris.

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