¿Qué ha aportado la civilización egipcia al Pentateuco?
Por Olga Romay Pereira
1 enero, 2010
Pentateuco
Modificación: 22 mayo, 2020
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El Pentateuco, también conocido como la Biblia de los Setenta, fue recopilado en la Alejandría de los tiempos de Ptolomeo II Filadelfo (284-246 a.C.). Ello supuso una de las grandes obras culturales de la antigüedad: vertió conceptos y términos semíticos y Yahvistas al mundo occidental griego, en un esfuerzo de síntesis entre el espíritu hebreo y la filosofía griega. En esa Alejandría ptolemaica, donde los judíos eran una numerosa colonia, fue donde entraron por primera vez en contacto dos formas de pensar y vivir completamente diferentes. ¿Pero eran tan diferentes esos dos mundos? Tal vez no, el Pentateuco como veremos, tiene muchas influencias egipcias y también mucho de mito:

Lo que nunca se pudo probar: la estancia del pueblo judío en Egipto

Es desilusionante para muchos creyentes, pero aunque el Éxodo relata el paso de los judíos por Egipto, desde el punto de vista de un historiador, el paso de los israelitas por Egipto carece de constatación histórica: Como señala David M. Rohl[1]:

“En Gen 47:11 indica claramente que cuando José había llegado a ser visir de Egipto que él estableció a su padre ( Jacob) y a hermanos, dándoles lotes de tierra en Egipto, en la mejor parte del país –la región de Ramsés– como el Faraón había ordenado. Los Israelitas se establecieron en la “región de Ramsés” ¡siglos antes de que ascendiera al trono el primer rey de Egipto con el nombre de Ramsés!”.

“No hay evidencia clara que demuestre que Ramsés II fuera el Faraón bíblico de la opresión o Éxodo. La mención de la ciudad del depósito de Ramsés, sobre la cual se basan estas identificaciones, puede simplemente ser anacronismo. Los Israelitas pueden haber construido una ciudad en la localización de Pi- Ramsés pero no habían construido necesariamente la capital y la residencia de Ramsés II. De hecho, la fecha bíblica para el Éxodo (1447 A.C.) está enteramente en desacuerdo con las fechas para la XIX dinastía (1295-1186 A.C.). La relación entre Ramsés II y los Israelitas era una ilusión sin ninguna fundación arqueológica real.”

Además podemos decir que no hay datos que recuerden la estancia de los judíos en Egipto, salvo una oscura estela del faraón Merenptah. En la Estela de Merenptah, se menciona la supuesta destrucción total de una tribu o etnia llamada ysriar (que «está derribado y yermo, no tiene semilla ») durante la campaña del sexto año de su reinado, en Canaán. El parecido del nombre Ysriar con el nombre Israel ha dado lugar a la hipótesis de que la estela se refiere a los israelitas, y que Merenptah sería el Faraón que menciona el texto bíblico del Éxodo, quien trató de impedir la salida de los hebreos y sufrió las diez plagas, pero no hay ninguna prueba histórica que lo confirme. Esta estela (llamada Estela de Israel por algunos) podría ser la primera mención en la historiografía egipcia acerca de la existencia de Israel, pero no como país o ciudad sino como tribus o etnias.

Es todo un poco desilusionante, lo sé, pero el Pentateuco adquiere un interés especial cuando estudiamos las posibles influencias de otras culturas en los mitos, leyes, rituales y las prácticas religiosas del pueblo judío.

Origen de los mitos del Pentateuco

Los mitos del Pentateuco que son muy numerosos y de variada influencia:

La cultura sumeria aportó varios mitos, entre ellos la Creación del hombre del Gen 2.7, el Diluvio del Gen 7.17, el mito de Caín y Abel del Gen 4 (que se trata de un poema balbale) y el Paraíso bíblico Gen 3.22 (que es es un Dilmun sumerio).

La cultura acadia aportó su granito de arena ya que el Árbol de la vida Gen 3.22 aparece en un mito sumerio (el árbol de Eriku). Además, la Creación del hombre del Gen 2.7 coincide con un mito sumerio y el Diluvio Gen 7.17 estaba ya entre los acadios. Y es más, los querubines que aparecen en el Génesis y en el Éxodo coinciden con los Kuribú sumerios; y por último, el nacimiento de Moisés Ex 2.2-5 guarda gran similitud con el Nacimiento de Sargón I.

Nuevamente los babilónicos vuelven a recoger mitos que ya conocían los acadios, entre ellos los Querubines; además la similitud de la Torre de babel y los zigurats babilónicos es notable. La epopeya de Gilgamesh que redactan los babilónicos es muy similar al Diluvio del Gen 7.17

Los asirios cuentan nuevamente entre su iconografía a los Querubines que aparecen en el Gen 3.4 Gen 32.1 Ex 25. 18-22 , para ellos son los llamados Karabu.

Pero hay un mito en el Génesis que es egipcio: La cosmogonía según Gen 1. “Dijo Dios: Haya luz… Dijo Dios: Haya un firmamento… Dijo Dios: acumúlense las aguas… Dijo Dios: Produzca la tierra vegetación…”[2]

Si uno lee el Génesis se da cuenta de que la creación está repetida en varios versículos: Gen. 2, Gén 14.18-20 y Gen.1 y aunque las dos primera cosmogonías son de influencia cananea y mesopotámica, Gregorio del Olmo Lete señala que la del Gen.1 es una creación del tipo egipcio, del tipo Ptah creador por la palabra.[3]

Para ver la similitud, basta leer la columna 56 de la piedra de Shabako actualmente en el museo Británico y donde se reproduce el mito de la creación según Ptah: “Así fue como nacieron todos los dioses y su Enéada se completó, porque cada palabra del dios vino a la existencia por medio de lo que el corazón pensaba y la lengua ordenaba.” Todas estas influencias puede resumirse en el gráfico núm. 1.

Origen de los rituales y leyes del Pentateuco

Veamos qué ocurre con los rituales y leyes del Pentateuco:

Son de influencia babilónica: el Rito de la Alianza del Génesis Gen 15.9-11 que es similar al Rito del Pasaje (que aparece en Mari en la época Zimrilim). Algunos rituales como el de tomar hijos de la esclava si la esposa es estéril del Gen. 16.2 que aparecena en la ley 144,145, 146 del Código de Hammurabi. Y también es babilónica la Ley del Levirato que aparece en el Lev 25.5, y en Gen 38. La Ley del Talión que aparece en el Gen 23 y Dt 19.21 coincide con la ley 196 del código de Hammurabi.

Gràfico núm. 1

Gràfico núm. 1

En la cultura asiria vuelve a aparecer nuevamente la Ley del Levirato y la Ley del Talión.

En la cultura cananea existe un ritual semejante al sacrificio por el pecado de inadvertencia que aparece en Lv 4:1ss. Además son ritos cananeos: la purificación de la lepra del Lv 14: 1-2, la purificación de los edificios del Lv 14: 49- 53, las ofrendas de las primicias del Dt. 16: 13-16, y el ritual de las chozas del Dt. 16: 13-16 . También es de influencia cananea algunas normas alimenticias como la de no cocer al cabrito en la leche del Ex. 23.16. Además hay rituales como las adivinaciones del Dt 18.10 que coinciden con los Urim y Tummim que utilizaban los cananeos en la adivinación. Y un ritual de influencia cananea es el del día de la expiación que aparece en Lev 16: 1-34

Los hititas también recogen la ley del levirato y la del Talión, y curiosamente la redacción del código de la Alianza es similar a los códigos hititas de vasallaje Dt 5.6-8.

La cultura egipcia aportó las siguientes leyes y rituales:

La circuncisión

El rito de la circuncisión aparece por primera vez en el Génesis[4]:

“Este es mi pacto, que guardareis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Sera circuncidado todo hombre de entre vosotros.”
“Circuncidareis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mi y vosotros.”
“Y de edad de ocho días será circuncidado todo hombre entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje.”

“Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo.”
“Y el hombre incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.”
Heródoto señala en su Historia, tomo II que[5]: “Los demás pueblos, excepto cuantos lo han aprendido de los egipcios, dejan el pene como al nacer; ellos se circuncidan.”

El Decálogo y el papiro de Ani

Como señala Gerardo Jofre[6]: “Los siguientes mandatos del Decálogo tienen su paralelismo con el capítulo CXXV del Libro de los Muertos (Papiro de Ani) donde se incluye una lista de juramentos para alcanzar la vida después de la muerte. Estas declaraciones juradas son confesiones negativas, que llevan implícito el mandato de los dioses egipcios a llevar una vida recta; algunas de estas confesiones se asemejan a mandamientos del decálogo israelita”.

Los mandatos del Decálogo al que se refiere este autor son los siguientes:

“No tendrás otros dioses delante de mí”.[7]
“No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas”.[8]
“No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos”.[9]
“No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano”.[10]

Y los juramentos que figuran en el capítulo CXXV del papiro de Ani, del Museo Británico son los siguientes:

“No desprecié a Dios”.
“No hice lo que Dios abomina.”
“No impedí las procesiones del dios.”[11]

Reglas alimenticias

El Levítico 11:1-23 enumera una lista de animales que puede comer el pueblo israelita. El listado es bastante extenso, y de éste voy a hacer un extracto para comparar lo que Heródoto nos dice sobre las prohibiciones de las comidas Egipcias:

Heródoto, Historia, libro II Levítico
Cerdo “En cambio al cerdo los egipcios lo consideran un animal impuro, así si uno roza al cerdo al pasar por su lado, suele sumergirse al río con los mismos vestidos que llevaba.”[12]
“Los egipcios, en suma, no consideran apropiado sacrificar cerdos a ninguno de sus dioses; solamente a Selene y Dionisio les sacrifican cerdos en una ocasión determinada.”[13]
“De entre todos los animales terrestres podéis comer estos: cualquier animal de pezuña partida, hendida en dos mitades y que rumia, sí lo podéis comer. Pero entre los que rumian o tienen la pezuña hendida, no comeréis: …ni cerdo, pues aunque tiene la pezuña partida, hendida en dos mitades, no rumia; será impuro para vosotros. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres: serán impuros para vosotros.”[14]
Ibis,
halcón
“Hora bien, si alguien causa la muerte a un ibis o a un halcón, sea voluntaria o involuntariamente, debe morir sin remisión.”[15] “Las siguientes entre las aves tendréis por inmundas, y no se podrán comer por ser abominación: …el halcón en todas sus especies, …el ibis.”[16]
Cocodrilo “Pues bien, para algunos egipcios los cocodrilos son sagrados”[17] “En cambio, los habitantes de la región de Elefantina llegan a comérselos puesto que no los consideran sagrados.”[18] “De entre los bichos pequeños que andan arrastrándose por el suelo serán impuros para vosotros: …el cocodrilo.”[19]
Anguila “Entre los peces, también tienen por sagrados al que recibe el nombre de lepidoto (literalmente=escamoso) y a la anguila –dicen que estos peces están consagrados al Nilo– y entre las aves, a los gansos zorrunos.”[20] El Lv no cita explícitamente a la anguila, prohibida por el judaísmo, sino de forma indirecta:
“Todo bicho que anda arrastrándose sobre la tierra es cosa abominable; no se podrá comer.”[21]

En resumen, si trasladamos dichas influencias a un gráfico:

Gràfico núm. 2

Gràfico núm. 2

Origen de las características del Dios de los israelitas

Si estudiamos cómo han influido las culturas del entorno en la configuración de las características del dios judío, encontramos lo siguiente:

Los sumerios tienen un dios de las tormentas (Iskur) que tiene las mismas características que Yahweh en Ex, Lv, Num, Dt.

Los babilónicos (religión Casita babilónica) tienen ídolos familiares similares a los que aparecen en Gen. 31.19 y otros . Además la Azazel o chivo expiatorio que aparece en el Lev 16. 8-10 es similar al rito de entronización de Ebla. Y los judíos escriben sus leyes en piedras en el Dt 27. 2-3- igual que se realizaba en los códigos babilónicos.

Los cananeos utilizan en su religión el epíteto “El”(El Sadday) que aparece en el Gen 14.18-20 y Num 7.89 y además en dichos versículos que aparecen en la Biblia, el dios judío nombrado como “El” es similar al dios “El” que tiene preeminencia en el panteón cananeo. Los judíos además utilizan los mismos santuarios cananeos que son utilizados por los patriarcas en Gen 35:2ss. Nuevamente es de influencia cananea las Características de Yahweh como Dios de las tormentas (dios Baal) que aparecen en Ex., Lev, Num y Dt. Además los cananeos comparten con los judíos las estelas como forma de adorar al dios en múltiples versículos del Gen y plantan árboles sagrados como forma de adorar al dios (forma femenina) que los judíos denomina ”Assèra” en Dt 16.21s. Además los cananeos también adoran a una serpiente como si fuese un dios, algo que realizan los judíos en Num 21.8.

Los enterramientos de los patriarcas se realizan en tumbas hititas tal y cómo aparece en Ex 31.1

Corresponden a los egipcios:

Los sueños proféticos, las adivinaciones

José practica la adivinación en Egipto y de ahí le viene su situación preferente al lado del Faraón. De la copa de José se dice:

“Se trata nada menos que de lo que utiliza mi señor para beber y también para sus adivinaciones”.[22]

Como señala la profesora Váquez Hoys, en la época mosaica para los oráculos se empleaban los “urim” y “tummim” que el sacerdote oficiante llevaba en una bolsa colocada sobre el pecho.[23]

Estas adivinaciones serán prohibidas repetidamente en el Deuteronomio, un ejemplo de ello: “No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o hija por el fuego, que practique adivinación, astrología hechicería o magia, ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos”.[24]

Como señala Albertz[25], no sólo se consultaba a Yahweh sino a otros dioses, ya que en Re 1 se consulta a Baal, dios de Ecrón.

Los enterramientos, el culto a los muertos

José y Jacob serán embalsamados por hallarse en Egipto cuando mueren:

“José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó. Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre y los médicos embalsamaron a Israel”.[26]
“Y José murió a la edad de ciento diez años; le embalsamaron, y se le puso en una caja de Egipto”.[27]

Posteriormente, será Moisés el que lleve los huesos de José cuando salga de Egipto: “Los israelitas salieron bien equipados del país de Egipto. Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar solemnemente a los israelitas diciendo “ciertamente Dios os visitará y entonces llevaos de aquí mis huesos con vosotros”.[28] Es decir, los patriarcas adoptaron los ritos funerarios egipcios, ritos que más tarde serán condenados más tarde en el Deuteronomio.

Los milagros de Moisés y la magia egipcia

Los milagros de Moisés ocupan los versículos: Ex 7- 11, y en Gen 14 Gen 16-17 a modo de ejemplo:

“Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto”.[29]

E. A. Wallis Budge[30] contempla un paralelismo entre los Milagros de Moisés y los escritos recogidos en el papiro de Westcar. El Papiro de Westcar (Papiro de Berlín 3033) es un texto egipcio, escrito en papiro, con un conjunto de cuentos mágicos. Cada uno de estos relatos está narrado en la corte del faraón Jufu (Keops), por sus hijos. El relato que Budge señala es la tercera historia del papiro que transcurre durante el reinado de Seneferu, el padre de Jufu (Keops): El príncipe Jafra relata cómo un mago, Tchatcha- em-ânkh, separó las aguas de un lago para encontrar la joya verde que se le había caído a una de las veinte jóvenes vírgenes que estaban entreteniendo al rey Seneferu, aquejado de melancolía.

El mago Tchatcha-em-ânkh, a igual que Moisés utiliza un cayado para separar las aguas.

La serpiente de Moisés

“Y dijo Yahweh a Moisés: hazte un abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá”.[31]

Esta serpiente aparece también en la religión de Ugarit. Como señala Ana Mª Vázquez Hoys[32] en Ugarit el dios Horot parece ser un dios serpentiforme relacionado con la protección de las mordeduras de serpientes.

En Menieiyeh (hoy Tima), se encontraron unas serpientes de cobre que sin duda se usaban como la serpiente que construyó Moisés. Esta ciudad está cerca de las minas de cobre de Arabá.

Pero también sabemos por Heródoto[33] que “En los alrededores de Tebas hay serpientes sagradas que no resultan nunca dañinas para el hombre; son de pequeño tamaño y llevan dos cuernos que les salen de la parte frontal de la cabeza; cuando mueren las sepultan en el santuario de Zeus pues dicen que están consagradas a ese dios”.

En resumen:

Gràfico núm. 3

Gràfico núm. 3


[1] D. M. Rohl, A Test of Time: The Bible from Myth to History, Londres, 1995, pp. 115-138
[2] Gen 1.
[3] D. F.B. Arnauld, Mitología y religión del oriente antiguo, Barcelona, 1995, p. 243.
[4] Gen 17:10-14.
[5] Heródoto, Historia, Tomo II, 36.3.
[6] G. Jofre, “La Biblia y el Libro Egipcio de los Muertos” en www.egiptologia.com (02/04/2008): https://www.egiptologia.com/egipto-y-la-biblia/2583-la-biblia-y-el-libro-egipcio-de-los-muertos.html.
[7] Ex 20.3.
[8] Ex 20.4.
[9] Ex 20.5-6.
[10] Ex 20.7.
[11] E.A. W. Budge, El libro Egipcio de los muertos: El papiro de Ani, del Museo Británico, Buenos Aires, 1992, p. 273.
[12] Heródoto, Historia, Tomo II, 47.1.
[13] Heródoto, Historia, Tomo II, 47. 2.
[14] Lv 11:1-8.
[15] Heródoto. Historia, Tomo II, 65.5.
[16] Lv 11:13-17.
[17] Heródoto. Historia, Tomo II, 69.1.
[18] Heródoto. Historia, Tomo II, 70.2.
[19] Lv 11:29.
[20] Heródoto. Historia, Tomo II, 72.
[21] Lv 11: 41
[22] Gen 44.5.
[23] A.Mª. Vázquez Hoys, Historia de las religiones antiguas (vol. I), Madrid, 2007, p.522.
[24] Dt 18.10.
[25] A. Rainer, A history of Israelte Religion in the Old Testament, Period I From the beginnings to the End of the Monarchy, Londres, 1994, p.188.
[26] Gen 50.1-2.
[27] Gen50.26.
[28] Ex 14.18-19.
[29] Ex 14.16.
[30] E. A. W. Budge, Egyptian Magic, Londres, 1899, pp. 4-10.
[31] Num 21.8.
[32] Hoys, Vázquez Hoys, Historia de las religiones antiguas (vol. I), Madrid, 2007, p.481.
[33] Heródoto. Historia, Tomo II, 74.1.

 

Autora Olga Romay Pereira

 

(Mejora de SEO/Readability/Presentación… 22 de mayo de 2020. No hay cambios en contenidos o ilustración)

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