¿Por qué no? Visita al Monasterio de Santa Caterina. Gebel Mussa. Sinaí
Por Bartomeu Egea
11 octubre, 2020
Modificación: 11 octubre, 2020
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Desde El Cairo en bus nocturno, pasando por el túnel Ahmed Hamdi, bajo el canal, o en ferri desde Suez, accedemos al continente asiático, dejando atrás África.

Desde uno de los resorts que abarrotan la costa sur del Sinaí, después de un corto vuelo desde El Cairo a Sharm el-Sheikh.

Iniciaremos nuestro ruta hasta el Monasterio de Santa Caterina, por la carretera a Taba, hacia el norte y justo en la bifurcación a Dahab, encontramos el desvió que nos lleva al Monasterio de Santa Caterina a los pies del Gebel Mussa. Son unas 3:30 horas de trayecto en una carretera en condiciones, excepto en sus últimos 50 kilómetros en que su asfalto esta muy deteriorado. Los controles policiales y militares, abundan aunque la tranquilidad de estos parajes no hace temer nada malo al viajero. Es aconsejable partir pronto desde el alojamiento pues el horario del monasterio, de abertura al visitante es de las 8:45 a las 12

El visitante de hoy, como si de una etapa más fuera, contempla con discreción y muy sucintamente este monasterio, sin saber demasiado más que desde él se puede subir a la cima del Gebel Mussa, donde según la tradición Dios entregó a Moisés los diez Mandamientos, para luego volver a Sharm el-Sheikh a disfrutar de sus playas y hoteles, hacer alguna visita más al resto de atracciones turísticas, náuticas o naturales que allí existen.

Quizás, los más viajeros, los más inquietos, desean saber sobre los hechos históricos o tienen voluntad de relación con el hábitat y su gente, sí puedan captar algo más, de lo que es el Sinaí (de Sin probablemente Media Luna o Diosa Luna en el antiguo creciente fértil), un desierto sí, pero solo de nombre, un tópico, en realidad Sinaí esta repleto de vida, con un rico tesoro mineral, geológico, ya codiciado de antaño como lo fue el lugar (hoy cerrado al viajero por los militares) de Serabit el Khadim, donde faraones como Snefru explotaban las minas de esmeraldas. No queda atrás la vida animal o las inusitadas imágenes que en innumerables lugares de la península nos muestran los Bir (pozos) o Ain (fuentes) de agua rodeados de acacias, olivos o incluso eucaliptos, en lo humano sorprende el beduino, hombre hecho a esta vida austera y donde su conocimiento del lugar le ha permitido “reinar” discretamente en estos paramos por encima de conquistadores, banderas, viajeros, religiones, lujos y turistas, solo añadiéndole su hospitalidad como hecho mas distintivo para el que esto escribe. Pero también posee esta península de una religiosidad que se respira, que esta en todas partes, tres confesiones se lo han apropiado, todas vertiendo sangre por un lugar que no es propiedad de nadie, si no de todos.

Historia del lugar

La madre del emperador Constantino I, Santa Helena, ordenó construir una capilla en el lugar donde según la tradición Moisés habló con Dios en el episodio bíblico de la “zarza ardiente”. Posteriormente, el emperador Justiniano I mandó construir un monasterio junto a la capilla, entre los años 527 y 565.

El monasterio se convierte en un lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam. Aunque su verdadero nombre es Monasterio de la Transfiguración, es conocido también como Monasterio de Santa Catalina, recibiendo este nombre de Santa Catalina de Alejandría.
Según un documento del monasterio, supuestamente escrito por el mismo Mahoma, el profeta dio su protección al monasterio tras haberle concedido refugio de sus enemigos. Gracias a este documento se sabe que se construyó una mezquita fatimí en el interior de sus muros, la mezquita está cerrada y nunca ha sido usada ya que, por error, no está orientada hacia la Meca.

El gran ábside del altar en la iglesia esta realizado con 75.000 panes de oro y piedras semipreciosas, así mismo la columnata esta formada por 12 columnas monolíticas en cuyo interior hay depositadas reliquias de santos. Observar el techo de la iglesia repleto de estrellas, recuerda los cielos representados en las tumbas del Valle de los Reyes.

Pero, ¿quién era Santa Catalina?

Catalina de Alejandría fue una doncella cristiana que, según una tradición tardía del siglo IX, murió mártir en Alejandría durante la persecución del emperador Máximo en 307. De familia noble y muy instruida, deshizo los argumentos de los más eminentes filósofos contra el cristianismo. Tras romper milagrosamente la rueda donde era ligada, fue decapitada, mientras su cuerpo fue trasladado por los ángeles según la tradición al monte Sinaí (al consolidarse la leyenda fue construido un monasterio en el siglo VI que lleva su nombre: monasterio de Santa Catalina del Sinaí).

Intentar encontrar en una de las puertas de metal, una antigua inscripción en griego antiguo:

<<Y el Señor dijo a Moisés “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. “Yo soy el que soy”>>

Antaño los viajeros podían ver las reliquias de la Santa, sus restos momificados mostraban la cabeza (con una corona de joyas) y la mano izquierda (con varios anillos). Hoy en día no esta permitida la toma de fotografías, salvo algún feligrés copto con influencia os lo permita. Lo mismo sucede con el Museo, dispuesto de manera exquisita, sus instalaciones sorprenden por estar en unos parajes tan áridos y alejados de todo.

El Monasterio se encuentra en un protectorado (Parque nacional) a 1.570 metros de altitud por lo que posee unes normas para el viajero que permitan su conservación y su acceso es previo pago de 3 Dólares. La entrada en 1910 ascendía a 1 Riyal = 20 piastras egipcias = 5 pesetas de oro con 20 céntimos. Para nosotros y en forma de donativo= 10 Dólares americanos.

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