Nefertari, la carismática mujer que enamoró a Ramsés II
Por Juan Antonio Cebrián
4 septiembre, 2006
Modificación: 10 julio, 2018
Visitas: 22.468

Nació en Egipto, aunque se ignora con exactitud la fecha. Rápidamente se convirtió en la favorita del faraón, quien la elevó a la categoría de diosa. Con sólo 15 años de edad ya había engendrado al heredero. Fue una verdadera mujer de estado y propició el fin de la guerra con el imperio hitita.

El reinado del faraón egipcio Ramsés II (1298-1235 a.C.) está considerado como el cenit de aquella civilización milenaria bañada por las aguas del río Nilo. Si bien, la majestuosidad de este poderoso mandatario de la XIX dinastía pudo sustentarse en sus principales años de inteligente gobierno, gracias, en buena medida, a la armonía y serenidad que era capaz de transmitir su esposa favorita.

Nefertari, como otras relevantes féminas del antiguo Egipto, tiene orígenes inciertos envueltos con abundantes dosis de neblinoso misterio. Acaso, podamos especular con las sureñas ciudades Ajmin o Tebas (Egipto), como lugares que la pudieron ver nacer, aunque no se sabe con exactitud su fecha de nacimiento. De igual manera, ignoramos la raíz concreta de su linaje, aunque algunos egiptólogos piensan que provenía de estirpe real y, en ese sentido, se la entronca con el faraón Ay, de la XVIII dinastía, de quien podría ser bisnieta.

Sea como fuere, el primer testimonio fidedigno sobre esta hermosa mujer lo encontramos en tiempos del faraón Seti I, quien dejó en herencia a su hijo Ramsés II un país que gobernar y también un fabuloso harén, integrado por las más espléndidas mujeres de la época. Entre ellas, se encontraba Nefertari. Ésta impresionó al joven por su belleza y carisma, virtudes que consiguieron llevar a Ramsés hasta el altar de los dioses egipcios para, desde allí, consagrar a la antigua concubina como segunda esposa oficial y predilecta, en detrimento de Isis-Nefert, su primera mujer.

Para entonces, Nefertari, de apenas 15 años, ya había alumbrado a su querido primogénito Amón-Her-Jepesh-Ef. Tras él, llegarían tres varones más y dos hijas, las cuales también serían reinas gracias al matrimonio con su propio padre. Empero, toda la prole engendrada por Ramsés y Nefertari no conseguiría sobrevivir a su progenitor. Éste, a pesar de ello, no tuvo excesivos problemas para ser sucedido, pues a lo largo de su existencia contabilizó más de 150 descendientes legítimos o naturales.

Nefertari no se limitó a ser un simple objeto de decoración al lado de su esposo y ocupó los más de 20 años que el destino les concedió juntos en labores de Estado, como las diplomáticas, o en relevantes ceremonias religiosas, donde asumió un papel protagonista propio de grandes sacerdotes.

Precisamente, en ese tiempo, Egipto sostenía un duro conflicto bélico con el imperio hitita, y en dicho contexto se produjo la célebre batalla de Kadesh (1288 a.C.), en los territorios de la actual Siria, que ha pasado a la Historia por ser la primera refriega militar de la que quedó constancia documental escrita. La propia Nefertari participó de forma activa en las negociaciones de paz con los hititas tras 17 años de agotadora contienda. Envió numerosos documentos epistolares y magníficos regalos al rey de Hatti, Hattullis III, y a su esposa Pudu-Hepa, con quien dicen que la egipcia trabó una buena amistad, circunstancia que permitió de forma decisiva poner la rúbrica final a la guerra.

El faraón valoró con generosidad el buen hacer de su favorita y, subyugado por la belleza y elegancia de ésta, no tardó en elevarla a la categoría de diosa, concediéndole la gracia de Nefert-Ary Merit-En-Mut, en clara identificación personal con Mut, la amada esposa del todopoderoso dios Amón. Asimismo, Ramsés II le concedió el título de Señora de las Dos Tierras, hecho inusual que permitió a Nefertari ser regente de Egipto en ausencia de su esposo.

Lo cierto es que el faraón estaba profundamente enamorado de su esposa y siempre la trató como un igual en diferentes eventos de la vida social y religiosa de Egipto. Los epítetos elogiosos con los que el mandatario obsequió a su mujer tuvieron su plasmación en el extraordinario templo que le dedicó –junto a la diosa Hathor– en Abu Simbel (Egipto), llamado «Pequeño Speos». En los nichos de la fachada aparecen colosales figuras de Nefertari de un tamaño similar a las del propio faraón.

Por otra parte, Ramsés II ordenó construir en el Valle de las Reinas el sepulcro más bello jamás concebido para una esposa real, pues decidió que su cuerpo mortal pasaría junto a ella al reino sobrenatural para vivir unidos el resto de la eternidad.

Nefertari falleció en torno a 1250 a.C., sepultada con honores dignos de una deidad egipcia. Por desgracia, su tumba llegó a nuestros días expoliada en su casi totalidad. No obstante, su descubrimiento, en 1904, por parte del arqueólogo italiano Ernesto Schiaparelli supuso todo un acontecimiento histórico. En el yacimiento se recogieron 50 objetos de escasa importancia, pero quedó constatado que era el hipogeo original que albergaba los restos de esta singular egipcia, cuya digna heredera sería la mismísima Cleopatra.

Fuente: ElMundo.es
http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/362/
1156935836.html

Reseña: Roberto Cerracin

Whatsapp
Telegram

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *