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Miguel Ángel Díaz García, siempre un AE
Por Víctor Rivas
25 diciembre, 2011
Modificación: 5 febrero, 2017
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A Miguel Ángel Díaz García (1964-2011)

miguel-angel2Hace muy poco tiempo que nuestro querido amigo Miguel Ángel nos dejó, aunque son muchos los días en que por simples detalles su sonrisa se dibuja en la memoria. Son tantas las anécdotas, tantos los recuerdos, que un texto como el presente dedicado a él se me antoja más que insuficiente para reflejar tantos años vividos, teniendo como telón de fondo al antiguo Egipto, y aún más,
para plasmar el cariño que sentíamos por él.

Siempre he pensado que lo mejor que se puede decir de alguien es que era una buena persona, pero sigue sin ser suficiente, él era mucho más, por encima de todo era un gran amigo, era alegría, simpatía, amabilidad, comprensión y empatía, siempre te sentías bien a su lado y entendías rápidamente que después de todo, el antiguo Egipto era un mero instrumento que nos sirvió para conocerle y quererle.

Fue uno de los fundadores de Amigos de la Egiptología y durante muchos años miembro activo llevando la coordinación de la Sección de Arqueología. Mientras le fue posible se mostró muy interesado por ayudar con sus conocimientos a quienes se interesaban por la civilización del antiguo Egipto, participando en nuestra lista de distribución, en el foro, en el chat y demás servicios que se ofrecen en AE.

Dedicó muchas horas al estudio, escribió muchos artículos que compartió generosamente con Amigos de la Egiptología y con él aprendimos la diversidad de puntos de vista que esta gran civilización que nos mantiene atrapados, puede ofrecernos tan sólo con observarla de otra manera.

Su forma de entender el antiguo Egipto hizo que su pasión por Amarna fuera dando paso a otras pasiones, como el estudio de las tumbas tebanas, hasta llegar a lo que sin duda fueron las dos mayores y grandes pasiones que marcaron su vida y de las que disfruto siempre, que fueron su mujer y su hija.

Su optimismo y entusiasmo eran palpables ante las vicisitudes que aparecían por el camino, por este motivo no era extraño que se aventurara en estudios egiptológicos complejos como el dedicado a la orientación de las tumbas, un trabajo enorme que para siempre quedará incompleto, aunque quienes escuchamos sus ideas y teorías, sabemos que lo tenía muy claro, aunque en muchas ocasiones no compartiéramos la misma opinión, y pasáramos horas delante de un ordenador consultando sus mapas realizados en AutoCAD, y nos entusiasmara con sus conocimientos astronómicos y topográficos, que a la postre, le ayudaban a posicionar cada tumba en donde correspondía… a veces.

Después de maldecir mil veces al destino por habernos arrebatado a alguien tan querido, llegan los recuerdos y las lágrimas. Con el tiempo aparecen las primeras sonrisas al recordar aquellas anécdotas que nos hicieron reír, y por fin, somos capaces de recordar tantas y tantas cosas que yacían dormidas en la memoria, y que en esencia, nos acercan a él de una manera que antes no hubiéramos podido imaginar. Quién vive en el recuerdo siempre permanece entre nosotros, y a juzgar por la cantidad de amigos que ha dejado, le espera una vida eterna.

Querido Miguel Ángel, tu que tantas veces has mirado las estrellas, ya tienes tu sitio junto a ellas, ya eres el dueño de una, ya te has convertido en inmortal, sólo te pido que junto a tu estrella me guardes un sitio para mí, porque no se me ocurre un lugar mejor, cuando llegue el momento, en donde disfrutar de una vida de eternidad.

 

 

 

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