La tumba KV11 como relato visual del Más Allá y de la transición del Imperio Nuevo
Por Alberto Vela Rodrigo
15 enero, 2026
Ramsés III, en su tumba KV11, realizando una ofrenda de Maat
Modificación: 17 enero, 2026
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Existen espacios que condensan, en su arquitectura y su iconografía, la cosmovisión de toda una civilización, y la tumba de Ramsés III —KV11 según la clasificación del Valle de los Reyes— es uno de ellos. Aunque no es la más monumental ni la más célebre, constituye un testimonio excepcional del Egipto faraónico en el final del Imperio Nuevo (550 a. C. – 1070 a. C.), un periodo marcado por transformaciones profundas. Ramsés III (1184 a. C. – 1153 a. C.), considerado el último gran faraón de esta etapa, gobernó en un contexto especialmente crítico, defendiendo el poder faraónico frente a desafíos externos e internos. En los años 8 y 11 de su reinado repelió dos invasiones de los Pueblos del Mar mediante campañas terrestres y navales inmortalizadas en los relieves de su templo funerario en Medinet Habu (finalizado en el año 12); organizó expediciones al Sinaí y a Nubia; restauró templos (Karnak, Menfis, Edfú); y mantuvo la maquinaria administrativa a pesar del deterioro económico, visible en la primera huelga documentada de la historia, ocurrida en Deir el-Medina en el año 29. A la presión económica se sumaba el creciente poder del sacerdocio de Amón, que restringía su margen de maniobra, así como una conspiración interna en sus últimos años, conocida como el Complot del Harén, encabezada por la esposa secundaria Tiye y su hijo Pentaur, en la que probablemente fue asesinado, según indica la profunda herida en el cuello detectada en su momia mediante tomografías computarizadas. Pese a estos indicios, sigue siendo difícil determinar si el faraón murió durante el complot o más tarde, durante el juicio al que fueron sometidos los conspiradores.

Acceso a la tumba 

Detalle del techo 

Su tumba debía ser, como todas las del Valle, no solo morada eterna, sino un dispositivo ritual destinado a asegurar su regeneración en el Más Allá. Por ello se concibió como un recorrido iniciático que guiara al faraón a través de las doce horas de la noche, superando las fuerzas del caos hasta renacer con el Sol. Hoy, quien desciende por su corredor es recibido por escenas del Libro de las Puertas y del Libro de Amduat, textos funerarios que narran el viaje nocturno de Ra por el Inframundo. La tumba, una de las más grandes del Valle de los Reyes, se despliega mediante una sucesión rítmica de corredores, cámaras y pozos que evocan la cadencia de un himno visual, donde cada imagen y cada jeroglífico —aún luminosos en muchos tramos— desempeñan una función protectora y performativa. En ella se observa al faraón flanqueado y protegido por Ra y Thot, u ofreciendo libaciones a los dioses (Amón, Ra, Osiris), para dar paso a escenas de la vida cotidiana como la recolección de frutos de árboles, o de guerra con enemigos atados a mástiles con cabeza de chacal.

El sol en su viaje nocturno

Detalle de relieve que muestra el rostro Ramsés II 

Escena del Libro de las Puertas. Enemigos maniatados en el inframundo

Ramsés III entre Ra y Thot

La KV11 encierra, además, una historia de decisiones humanas y contingencias arquitectónicas. La excavación había comenzado para Sethnajt, padre de Ramsés III, pero se abandonó al encontrarse con la tumba vecina de Amenmose. El nuevo faraón decidió reutilizarla, ampliando su trazado y adaptándola a sus propias necesidades, lo que dio lugar a un recorrido más largo y profundo que el habitual (hasta 100 m) y revela cómo incluso los reyes debían negociar con el terreno y con las huellas de generaciones anteriores. La cámara funeraria —la más amplia y solemne— destaca por sus relieves del Libro de la Tierra y su techo estrellado sostenido por doce pilares, símbolo del cielo nocturno. En cada una de las caras de dichos pilares se exhiben representaciones pictóricas de dioses masculinos del panteón egipcio, como Atum, Ra, Toth o Jepri. En esta cámara se encontraba el sarcófago real, hoy disperso, ya que el cuerpo de Ramsés III fue hallado en el escondite de Deir el-Bahari (DB320) y se conserva actualmente en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia de El Cairo (NMEC), mientras que la tapa de su sarcófago se exhibe en el Fitzwilliam Museum de Cambridge y la caja se guarda en el Museo del Louvre de París.

Ramsés III con el tocado nemes 

Ramsés III oferente ante Osiris

Ramsés III realizando libaciones al dios Amón

El descubrimiento moderno de la tumba añade otra capa a su biografía. En el siglo XVIII, viajeros europeos como James Bruce exploraron parcialmente sus pasajes, muchos de ellos ocultos entonces por la arena. En 1792 William Brown llegó a la cámara funeraria y en el siglo XIX, Giovanni Battista Belzoni limpió y documentó gran parte del complejo, permitiendo que Occidente comprendiera la riqueza iconográfica del lugar. Sin embargo, la apertura temprana al turismo y las excavaciones poco cuidadosas aceleraron el deterioro de las pinturas murales, lo que obligó a emprender, ya en el siglo XX, campañas sistemáticas de conservación para protegerlas de la humedad y del polvo.

Hoy la tumba de Ramsés III sigue siendo un espacio vivo en su significado, pese a las intensas restauraciones y a los persistentes problemas de conservación que afectan a sus muros. Las lagunas en pigmentos y relieves, aunque numerosas, no impiden reconstruir el programa iconográfico completo, que continúa revelando la resiliencia de una civilización en el ocaso de su esplendor y obstinadamente aferrada a la idea de Eternidad. En su estado actual, la KV11 se convierte también en un recordatorio de las tensiones permanentes entre memoria, historia y conservación, tensiones que modelan tanto nuestra lectura del monumento como la propia experiencia de recorrerlo.


Consejos si viaja a Egipto: la KV11 está abierta al público todos los días, generalmente desde las 06.00 hasta las 16.00 –17.00 según la temporada, y la entrada estándar da acceso a tres tumbas.

 

 

Autor del texto y las fotografías Alberto Vela Rodrigo

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