La Moda en el año 2002 a.C.
Por Rosa Pujol
6 noviembre, 2002
Modificación: 14 febrero, 2017
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El cuerpo humano

Los artistas egipcios representaban con la misma frecuencia la figura femenina que la masculina. No se aprecian grandes cambios en el ideal de belleza durante tres mil años, si acaso una mayor esbeltez en las sirvientas a partir de Reino Nuevo.

El ideal femenino consistía en un cuerpo sutil, senos pequeños, caderas estrechas y rostro delicado con grandes ojos. El ideal de hombre era el de figura delgada, hombros cuadrados y caderas estrechas. Las vestiduras, más bien simples y cilíndricas al principio de la historia, sí que evolucionaron hasta convertirse en complicadas túnicas con múltiples plisados en el Reino Nuevo. Las pinturas funerarias y las viñetas de los papiros nos muestran estos vestidos confeccionados en lino tan fino y adherente que más bien revela las formas en lugar de cubrirlas.

Por lo que las representaciones artísticas nos muestran, se diría que los egipcios habían hecho un pacto con el diablo y no envejecían, aunque en alguna ocasión podemos ver a hombres con estómagos prominentes, papadas, etc. Cuando se trata de mujeres, apenas apuntan una cintura menos esbelta, una cierta pérdida de firmeza en los senos, y leves arrugas en el rostro. Todo ello aparece compensado con una mayor riqueza de vestuario, adornos y pelucas Esto está en la mente de todos en representaciones de la XVIII Din, especialmente si pensamos en Tiy. En el caso de los hombres, sobre todo si se trata de faraones, apenas percibiremos el paso de los años en las representaciones.

Los materiales

La materia prima principal es el lino.

La lana no llegó a Egipto hasta el siglo V a.C. y se consideraba impura. Herodoto dijo que la lana estaba prohibida por la religión egipcia. La realidad es que no les hacía falta para nada. Seguramente si hubieran vivido en un lugar donde hiciera frío no la hubieran considerado impura. El uso de la lana para hacer pelucas no se ha confirmado. La traducción de una palabra dudosa como “lana” en un papiro del Reino Nuevo no es suficiente prueba. Si se llegó a usar la lana, no fue en modo alguno para vestirse.
El algodón tuvo su origen en India, siendo el primer tejido del 3.250 a.C. en Mohenjo Daru. Aparece en Egipto en el S II d.C., aunque la producción en serio se inició con los árabes en el 641.

La seda no llegaría hasta el S IV y por tanto nada tiene que ver con la cultura faraónica.

Hilatura y tejido

El lino se cosechaba en distintos momentos de maduración, dependiendo del uso que se fuera a dar a sus fibras.

– Verde para los tejidos más finos
– Amarillo para fabricar “buenas telas”
– Maduro para hacer cuerdas y esteras

Una vez recogido se pasaba por una especie de peine para separar las impurezas del tallo. Luego se mojaba, para separar las fibras de cualquier resto de tallo y se peinaba de nuevo. Las fibras ya estaban listas para ser torsionadas e hiladas. Se tendía a torsionar el hilo en “S”, es decir, hacia la izquierda, ya que el lino al secarse tiene esa tendencia. Los husos que utilizaban para la hilatura eran de tres tipos: suspendidos, de pared y a mano

El color iba de blanco a marrón dorado pasando por toda la gama de los beige. La variación era según la madurez de la planta. Algunos linos eran deliberadamente blanqueados al sol. Las variedades eran:

– Lino real. Blanco y casi transparente.
– Lino fino. Con más hilos, más tupido, aunque aún fino.
– Tejido fino. Buena calidad, pero hilos más gruesos.
– Tejido suave. Tejido bueno y resistente, aunque con una terminación algo más ordinaria. Era el tejido de abrigarse.

La hilatura y el tejido eran artes antiquísimos en Egipto. Una vez hiladas las fibras se procedía al tejido de las telas. Se solía hacer en las casas, donde había un pequeño taller para el uso doméstico. Tejían en telares verticales y horizontales. Los telares horizontales o de suelo se usaron desde la época Badariense al Reino Medio. Los verticales se usaron desde el Reino Nuevo, sin que ésto signifique que se desterrara el telar horizontal.

Los hilos (lo que se llama “urdimbre”) se mantenían separados por unos peines para que pasaran unas agujas enhebradas (lanzaderas). Después unos listones de madera (“batanes”) apretaban el entretejido de los hilos para darles consistencia. El ancho de las telas oscilaba alrededor del metro o metro veinte. (Los brazos del tejedor extendidos). Este ancho configuraba a veces el largo de los vestidos. Es de destacar que los bordes longitudinales de los tejidos estaban reforzados en algo parecido a nuestra “orilla viva” para evitar que se deshilachara. Esto se conseguía reforzando al doble de hilos en la trama y urdimbre de los bordes. También tejieron dejando hebras huecas sobre la trama, es decir haciendo un rudimento de tela de “rizo” que se utilizaba como toalla.

Todos los templos tenían su propio taller de tejidos, y el de Amarna se tenía por particularmente próspero. Sorprendentemente, y pese a lo rudimentario de la hilatura y tejido, muy pocas telas egipcios presentan defectos en la fabricación.

También encontraremos cordones y chales. Los cordones eran fibras gruesas de lino fino torsionadas en S o en Z con algo parecido a borlas con flecos en los bordes. Los chales, o más bien deberíamos llamarlos fajines eran de tejido y también llevaban los bordes con flecos trenzados y se utilizaban para ceñir las ropas a la cintura, o bajo el pecho. Afirmamos esto porque es mucho más escasa la representación de esta prenda como “chal”.

El llamado chal de Tutankhamon mide 1,07 m. de largo por 20 cm. de ancho. Con este ancho no deberíamos considerarlo un chal, con la acepción que le damos ahora a la palabra, aunque pudiera ser una especie de estola ritual usada en determinados ritos u ocasiones solemnes.

Hay muy pocas representaciones de estos fajines usados como chales por mujeres, solo como ceñidor para evitar que se les cayeran las faldas en los trabajos más duros, o ya en vestidos muy elaborados de la 19 Din. (Nefertari). Otros autores apuntan que estas bandas eran utilizadas por las mujeres como algo parecido a un sujetador, aunque no existen representaciones específicas de este uso, por lo que nada podemos afirmar.

Diosa Hathor con vestido-funda rojo y Faraon con faldellín-delantal plisado. Pintura tumba de Horemheb - Valle de los Reyes - Din XVIII

Diosa Hathor con vestido-funda rojo y Faraon con faldellín-delantal plisado. Pintura tumba de Horemheb – Valle de los Reyes – Din XVIII.

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