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La mayor estatua de la antigüedad viaja a París
Por El Mundo
10 mayo, 1998
Modificación: 3 abril, 2017
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La mayor estatua de la antigüedad viaja a Paris

Los hinchas futboleros que el Mundial lleve hasta París este verano quizá se hagan una foto delante. Deberían quitarse la gorra. Esa estatua de 24 toneladas y casi 10 metros de altura guardó durante siglos el Faro de Alejandría, una de las maravillas del mundo. Es uno de los Ptolomeos, dinastía griega que dominó Egipto 300 años, desde la muerte de Alejandro Magno hasta la de Cleopatra, momento en el que los romanos se adueñaron del país del Nilo.

Fue encontrada en 1968 en las aguas de Alejandría, hecha pedazos, por un buceador egipcio y una arqueóloga británica, Honor Grost. En octubre de 1995 fue salvada de las aguas, aunque la cabeza no fue hallada hasta 1996. Una excavación submarina dirigida por el francés Jean Yves Empereur recuperó la cabeza, la doble corona, un brazo y el torso. Le faltan aún las piernas.

La mayor estatua de la Antigüedad es la imagen de un faraón, con su torso desnudo, su faldilla plisada, el tocado de los soberanos egipcios, su doble corona del Alto y Bajo Egipto y la diadema de los príncipes helénicos. El mar ha erosionado los contornos del rostro, pero el granito rosa ha soportado bien siglos de inmersión. Los científicos no han podido identificar de qué Ptolomeo se trata. Quizás del general al que le correspondió Egipto en el reparto que siguió a la muerte de Alejandro, Ptolomeo I, un genial constructor al que se debe la célebre Biblioteca que llegó a albergar 50.000 volúmenes y ardió cuando Julio César hizo incendiar la flota egipcia.

También levantó lo que hoy llamaríamos centro de investigación pluridisciplinar, entonces denominado Museion, Templo de las Musas (de donde procede el término museo). Y también el fanal cuyo fuego debía guiar a los barcos hacia el puerto de Alejandría, construido en la isla de Pharos (de ahí, el vocablo faro), que se erigió en el siglo III a.C. y duró más de 1.600 años. El 8 de agosto de 1303 un terremoto y un maremoto abatieron sus 135 metros de altura, que remataba una estatua de Zeus. Nuestro Ptolomeo, entonces acompañado por una reina, guardaba el lado oriental de su base.

En fin si la estatua recuperada no corresponde al fundador de la dinastía, debe de representar a su hijo, Ptolomeo II Philadelphe. Su sobrenombre procede del nombre de su hermana y esposa, costumbre incestuosa que inauguró para mejor divinizar la monarquía. Si el descubrimiento de Ptolomeo es una hallazgo mayor, gran mérito tiene su reconstrucción, llevada a cabo en un taller cercano a la capital francesa. Una columna vertebral de acero ha permitido remontar la figura, asentada sobre unos cimientos de 15 metros de profundidad. Ptolomeo es el tótem de la exposición La Gloria de Alejandría, que se puede ver en el Petit Palais hasta el 26 de julio (entrada: 1.125 pesetas). la muestra viajará después hasta Agde (31 de agosto-29 de noviembre).

Fuente: El Mundo

Reseña: Olga Alvarez

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