La escultura en bronce en el antiguo Egipto (Primera parte)
Por Cristina Pino
1 enero, 2007
Modificación: 23 abril, 2020
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I. El bronce en el Antiguo Egipto

El bronce

El bronce en el Antiguo Egipto se conocía desde los inicios del Periodo Dinástico y comenzó a ser utilizado con frecuencia desde algún momento entre los Reinos Antiguo y Medio, aunque exclusivamente para utensilios agrícolas o artesanales. En el Reino Nuevo, este metal empezó a producirse a gran escala, posiblemente como consecuencia de una simplificación de las técnicas. Esta producción se mantuvo a lo largo de las épocas posteriores, Tercer Periodo Intermedio, Baja Época, Periodo Ptolemaico y dominación Romana.

El origen de la fabricación de bronce en Egipto es incierto, habiéndose propuesto fundamentalmente dos procedencias: Siria y Chipre. Lo que sí es indudable es que, una vez introducidas las técnicas de producción, estas se adoptaron rápidamente a lo largo del país hasta el Sur en Nubia.

La palabra egipcia para denominar al bronce era bonce-jero-1(Hsmn) [1], un jeroglífico formado por el signo bronce-jero-2que representa una maja y el borde de un mortero[2] , y el determinativo formado por los signosbronce-jero-3, carácter que reproduce la apariencia de los crisoles utilizados para la fusión de los metales[3] y . . . , que se interpreta como el gránulo de diversos productos tales como arena, metales o minerales, incienso y medicamentos[4].

Diferentes análisis de piezas de bronce egipcias pertenecientes a varios museos, han demostrado que el cobre se aleaba con estaño o plomo o ambos a la vez.

Una aleación especial de oro y bronce o cobre es la que los egipcios llamaban Hmti qm, bronce negro, por su bella oscura coloración que ofrecía exquisitos contrastes cuando se realizaban incrustaciones en oro[5] .

El cobre

El cobre egipcio, de gran dureza gracias al alto contenido de arsénico, se empleaba ya desde la Época Predinástica para utensilios de uso diario como vasijas, herramientas o armas. La palabra con la que designaba al cobre era bronce-jero-4 biA[6] , que se forma con los jeroglíficos ya expuestos anteriormente.

Los minerales de cobre se encontraban en el desierto oriental, en el Wadi Arab, al Noroeste de Berenice y al Este de Quban. Pero se extraía especialmente en el Sinaí, en una zona al Sur cercana al Wadi Maghara y, sobre todo, en Timna, cerca de Eilat. También se importaba de Chipre y del Próximo Oriente[7].

Una vez extraído, el mineral de cobre se trituraba para después molerlo y poder separar los minerales asociados de la mena. La mena molida se fundía en hornos excavados en la tierra y revestidos de adobes y arcilla lo que permitía que se alcanzasen altas temperaturas que se lograban avivando el fuego con fuelles. En el proceso de fundición el cobre se iba al fondo del horno formando un lingote mientras que la escoria, más ligera, quedaba por encima del metal fundido y podía ser vaciada a través de una espita. Finalmente, se retiraba el lingote de cobre[8].

El estaño

Aunque Egipto disponía de estaño en el desierto oriental entre el Wadi Abbad y el Mar Rojo, y en Nubia cerca de la 5ª Catarata[9], no hay indicios de que la casiterita fuera extraída en época dinástica, sino que se importaba del Sur de la Península Ibérica y de Bretaña a través de comerciantes de Creta y Chipre.

El plomo

La galena, generosamente utilizada por los antiguos egipcios para elaborar el kohl con el que se maquillaban los ojos, se encontraba también al Sur del desierto oriental y en Assuán. El plomo, que en egipcio se denominaba  jero014 dHty[10], ya se conocía en época predinástica y en el Reino Antiguo se realizaban con él pequeñas figuras, plomadas y joyas. La necesidad de este metal para fabricar bronce durante el Reino Nuevo, obligó a exportarlo de Siria y Chipre. El añadido del plomo proporcionaba fluidez a la aleación y rebajaba su punto de fusión[11].

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Fig. 3. Tumba de Iby (TT 36). Escena de metalurgia. Dibujo de Wilkinson.

Los talleres metalúrgicos

La fabricación del bronce se llevaba a cabo en talleres, bien pertenecientes al palacio real, a un alto oficial o un nomarca, bien al templo, en cualquier caso dependientes de la estructura del estado. De estos lugares se han encontrado hasta ahora dos interesantes ejemplos. En el templo funerario de Sethy I en la antigua Tebas, Reiner Stadelmann[12] encontró en 1985 una fundición de Época Ptolemaica (fig.1). Estaba constituida por cuatro estructuras de adobe que servían de fogones para varios crisoles, lo que permitía la producción en masa de pequeños objetos. El carbón hallado era de madera de acacia.

Desde 1980, Edgar Pusch[13] está excavando en el Delta, en Qantir, la antigua Per Ramsés. La investigación arqueológica se ha centrado en dos sitios llamados Q1 y QIV (fig. 2). En el lugar que denominan “Guarnición de los carros de combate” en Q1, han salido a la luz los restos de unas enormes fundiciones de metal (unos 30.000 m2) datadas en los comienzos de la Dinastía XIX. Aquí se fabricaban a gran escala objetos de bronce, armas especialmente.

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Fig. 4. Tumba de Nebamon e Ipuky. (TT 181) .Nebamon vigila las actividades artesanales del taller real.

La decoración de algunos muros de las tumbas de todas las épocas es ilustrativa de la organización y del trabajo que se realizaba en los talleres. Del Reino Antiguo hay escenas en las que se describen las actividades de los obreros metalúrgicos, entre otras, en las mastabas de Meresanj III en Giza (IV Dinastía), Ti (V Dinastía), Nianjnum y Jnumhotep (V Dinastía) y Mereruka (VI Dinastía) en Saqqara. En el Reino Medio en las tumbas de Jety (Dinastía XI) y Amenemhat (Dinastía XII) en Beni Hassan, se muestran hombres trabajando metales. Ya en el Reino Nuevo y en las necrópolis tebanas, estas representaciones son relativamente frecuentes en las tumbas de la Dinastía XVIII: Puimra (TT 39), Rejmira (TT 100), Menjeperaseneb (TT 86), Hepu (TT 66) o Nebamon e Ipuky (TT 181). En la necrópolis de Asassif, también en Tebas, hay una escena de metalurgia en la tumba de Ibi (TT 36) (fig. 3) del reinado de Psamético I (Dinastía XXVI). En el sepulcro de Petosiris en Tuna el-Gebel, del s. IV a.C., también se representan los artesanos del cobre.

La rigurosa estructura jerárquica que caracterizaba a todas las instituciones en Egipto estaba también presente en estas dependencias. Como se puede apreciar en la mayor parte de las representaciones, siempre hay un funcionario que dirige y controla la calidad los trabajos (fig. 4). En los grandes talleres cada oficio tenía su encargado especializado que dependía del superior. Dentro de los obreros había distinción entre los cualificados, que en la metalurgia eran los especialistas en aleaciones y fundiciones, y los no cualificados.

Las diferencias sociales entre ellos eran notables. Los funcionarios supervisores de grandes talleres generalmente eran hijos de cargos similares y gozaban de una alta posición. Un caso ilustrativo es el de Nebamon, Jefe de Escultores y Administrador de Talleres durante el reinado de Amenhotep III en la Dinastía XVIII. Su padre eraSuperintendente de los artesanos en Herihermenu y él era Niño del Kap, título que indicaba que había recibido formación en el palacio. Pudo construirse una tumba Tebas (TT 181)[14], en la que se representa un taller en el que diferentes orfebres realizan su trabajo bajo la supervisión del propio Nebamon.

El proceso de fabricación

Los testimonios aportados por las representaciones en las tumbas son muy valiosos para poder seguir el proceso de fabricación de los metales. Si se comparan las escenas del Reino Antiguo con las del Reino Nuevo y Época Tardía, se aprecia que la técnica apenas varió a lo largo de los siglos.

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Fig. 5. Mastaba de Mereruka. Saqqara. VI Dinastía. En el registro superior los obreros pesan, funden el mineral y lo vacían en moldes.

En la mastaba de Mereruka en Saqqara (fig. 5), de la VI Dinastía, el proceso comienza con el pesaje de los minerales por un alto responsable del taller y su consiguiente anotación por el escriba.El personaje de la izquierda que maneja la balanza tiene un destacado papel social, lo que viene demostrado porque constan su cargo,Administrador de la hacienda, imy-r pr, y su nombre Ijy; el de la derecha es el escriba y sólo figura su empleo,Escriba encargado del pesaje de los lingotes[15]. Esta práctica del pesaje era habitual en todas aquellas tareas relacionadas con metales, tal y como se puede ver también en la escena de la tumba de Nebamon e Ipuky (fig. 4).

Después se procedía a la fundición del metal en uno o varios crisoles que se colocaban directamente sobre el fogón. En el Reino Antiguo los crisoles tenían forma de cuerno y podían utilizar más de uno al tiempo, así se puede apreciar en la representación de Mereruka (fig. 5).

En otras tumbas, como la de Nianjnum y Jnumhotep en Saqqara (fig. 6), también de la VI Dinastía, el crisol tenía la forma del jeroglífico jero028, utilizado como determinativo en alguna palabra relacionada con la metalurgia, como la variante de cobre jero030 biA.

Para alcanzar la temperatura de fusión, se insuflaba oxígeno directamente al carbón vegetal incandescente soplando unas largas pipas hechas de caña con boquilla de barro. Este método seguía utilizándose en el Reino Medio, como demuestra la decoración de las tumbas de Amenemhat (BH 2) (fig. 7) y Jety (BH 17) en Beni Hassan, aunque hay testimonios escritos de que ya empezaron a emplear fuelles de piel[16].

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Fig. 9. Tumba de Rejmira ( TT 100). Qurna. Dinastía XVIII, reinados de Thutmose III y Amenhotep II. Proceso de trabajo en metales.

Siguiendo el proceso descrito en la mastaba de Mereruka, tras la fusión se procedía al vaciado. Un obrero sujetaba el crisol con unas varillas y echaba la colada en un molde (fig. 8) colocado en el suelo mientras otro trabajador depuraba el vertido (fig. 7).

Una vez reducido a pequeñas porciones y enfriado, el metal se batía con una piedra dura redondeada, a modo de martillo sin mango. De nuevo se calentaba para alearlo en un fogón sobre el suelo.

La tumba de Rejmira (TT 100) en Tebas del reinado de Thutmose III, unos 800 años posterior a Mereruka, muestra los escasos avances que se originaron en la producción de metales. En el muro Oeste de la sala longitudinal de la TT 100, se desarrolla una larga escena con la presentación ante Rejmira de los productos y los cometidos en los talleres del templo de Amón en Karnak.

El trabajo con los metales ocupa un amplio espacio (fig. 9), con un texto explicativo inscrito al comienzo de la escena que dice: “Acarreando el cobre de Asia que ha traído Su Majestad tras su victoria en el Retenu[17], para fundir las dos puertas del templo de Amón en Karnak”. La palabra utilizada es biA que, en este caso según Lalouette[18], no se trata de cobre sino probablemente de bronce, material utilizado para forrar las puertas de los pilonos de los templos.

La escena en cuestión comienza con la fundición, pero los crisoles (fig. 10) son diferentes a los que se ven en las mastabas de Reino Antiguo, tratándose aquí de un cazo con vertedor.  La novedad más significativa es que el oxígeno se inyecta por medio de unos fuelles de piel que se apoyan sobre una base circular de arcilla o piedra con un conducto que termina en una boquilla. Cuando el obrero levantaba la cubierta de piel con la cuerda, el plato se llenaba de aire y cuando lo presionaba, el aire soplaba a través del conducto hasta el carbón.

El transporte del crisol con el mineral fundido se realiza con unas varillas y, así sujeto, se introduce en pequeños moldes colocados en una mesa. También hay innovaciones en cuanto al trabajo de aleación pues el horno se encuentra en alto y el obrero, sentado, sujeta los trozos de metal con tenazas sobre el brasa mientras aviva el fuego con una pipa (fig. 11).

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Fig. 13. Navaja de afeitar de bronce. Dinastía XIX. Museo Petrie. UC 38368.

Los objetos que se realizaban en bronce eran muy variados, desde herramientas para diferentes oficios, hasta útiles médicos o artículos de aseo como navajas barberas, pero también objetos rituales, instrumentos musicales como sistros, vasijas de todo tipo y adornos (fig. 12-13). En los templos y capillas las puertas se fabricaban en madera y se forraban de bronce, aunque las biografías de los altos funcionarios que dirigían estas obras sólo hablan del metal que utilizaban, como si fuera el único material empleado[19]. Del mismo modo, los egipcios realizaron en bronce y otros metales, cobre, oro o plata, una variada gama de esculturas.

II. La escultura en metales en el Antiguo Egipto

Técnicas

Aunque la escultura realizada en metales debió ser una práctica tradicional en el Antiguo Egipto, no es hasta el Tercer Periodo Intermedio (1070-712 a.C.) que tenemos muestras abundantes de este procedimiento. El primer material utilizado fue el cobre ya en época predinástica, para dar paso al bronce durante el Reino Medio, que se siguió utilizando a lo largo de todo el Reino Nuevo. Se conservan muy pocas muestras de escultura en bronce de estos periodos, seguramente debido a que fueron fundidas en épocas posteriores para realizar otras obras. La calidad de muchas de las estatuas de bronce posteriores al Reino Nuevo que han perdurado, demuestra la amplia experiencia que Egipto había acumulado en la ejecución de este tipo de escultura.

La técnica empleada para la estatuaria en bronce desde el Reino Medio es la cera perdida. Primero se modelaba una figura en cera, que luego se cubría con una capa de barro que se adaptaba perfectamente al molde y reproducía todos los detalles en negativo. Después se introducía en un horno, donde la arcilla se cocía y la cera se derretía. El molde hueco resultante se llenaba entonces de bronce fundido. Cuando se enfriaba, se partía la capa de arcilla y, si era necesario, se remataba la estatua. Gran número de esculturas son huecas porque se modelaban alrededor de un núcleo de material diferente, más barato. En algunos casos, las figuras así ejecutadas son retocadas con cincel, sin embargo, se ha determinado el uso exclusivo del cincel para la ejecución de muy contadas obras.

Frente a la obra en piedra, el bronce proporciona al escultor egipcio una mayor libertad en las actitudes. Cada una de las partes de la estatua son piezas independientes que se unen por medio de espigas por lo que no necesita ni de pilar dorsal para el apoyo de la figura ni del espacio negativo.

Naturaleza

Las esculturas egipcias en bronce son, en su gran mayoría, exvotos. En cualquiera de los casos, figuras reales, de altos dignatarios o de dioses, las esculturas egipcias en bronce están ligadas al culto en el templo. Aquellas que fueron realizadas de forma individualizada representan reyes en diferentes actitudes o personajes particulares de relevancia, generalmente sacerdotes y sacerdotisas. La calidad de las estatuas no está en relación con la categoría del personaje, pues la mayoría de las privadas son de excelente factura mientras que muchas de las que representan monarcas son toscas. La razón es que las primeras son ofrendas del propio representado a un templo o divinidad en particular, lo que supone que eran piezas únicas realizadas con esmero.

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Fig. 15 Alto funcionario. Museo de Arte Egipcio. Munich. AS7105.

Sin embargo, muchas de las regias debían ser producción industrial para ser ofrecidas por los súbditos del faraón en los distintos templos y capillas o para servir de ornamento en diferentes objetos rituales. Por eso, la identidad de los monarcas en sus estatuas de bronce anepígrafas es muy difícil de establecer en la mayoría de los casos, dado que en los moldes no se procuraba la individualización para poder así ser utilizados varias veces.

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Fig. 16. Alto funcionario. Museo del Louvre. E 27153.

Por otra parte, existe la producción en serie de pequeñas piezas en bronce representando dioses para uso religioso del pueblo[20]. Esta “industria” tuvo un enorme desarrollo a partir del Tercer Periodo Intermedio, debiéndose convertir en una importante fuente de riqueza para los templos.

1. Reino Antiguo

Las primeras esculturas en metal en Egipto datan de las dinastías iniciales, si bien son los testimonios escritos los únicos referentes. Del Reino Antiguo se conservan las dos de Pepi I del Museo Egipcio de El Cairo, que son las estatuas metálicas de tamaño natural más antiguas que se conocen, datando del 2300 a.C. Están realizadas con planchas de cobre batido fijadas mediante clavos[21].

2. Reino Medio

La escultura del Reino Medio, que se inicia con un exagerado arcaísmo, alcanza su plenitud creativa en la Dinastía XII con una amplísima gama de temas. En las representaciones reales convive un peculiar realismo con la tradicional idealización, pero todas comparten una alta calidad que, sin embargo, no está presente en muchas de las esculturas de particulares. Se crea un nuevo tipo de estatua, la llamada cubo que permite amplias inscripciones.

Los materiales empleados son variadísimos, piedras de todas clases, madera y metal. Se hizo relativamente frecuente realizar las esculturas en bronce, más fluido y menos poroso que el cobre, lo que facilita la fusión.

Una serie de excelentes figuras del Reino Medio, que fueron halladas en el oasis del Fayum, se encuentran hoy repartidas entre el Museo del Louvre, el Museo de Arte Egipcio de Munich y la Colección George Ortiz. En Munich se conserva una pieza que representa un cocodrilo, el dios Sobek (fig. 14)[22]. Se trata de una obra excelente de gran realismo, en la que el animal parece a punto de saltar. Su rica decoración, nielada y adornada con electro, el bronce negro, parece indicar que no es un simple exvoto, sino una figura de culto del dios que se veneraba especialmente en el Fayum, lugar de procedencia de estas esculturas.

Cuatro estatuas de altos dignatarios se encontraban entre las halladas en Fayum. Hoy hay una en Munich (fig. 15), una en el Louvre (fig. 16) y dos en la Colección Ortiz, siendo éstas las únicas con inscripciones en las que consta el nombre del personaje (figs. 17 y 18). Todos ellos van vestidos con el faldón largo que se sujetaba en el pecho bajo los brazos, propio de los dignatarios del Reino Medio. Basados en los elegantes modelos en piedra de la Dinastía XII y con posible influencia del Próximo Oriente, han sido fechados en la Dinastía XIII[23].

El Louvre posee una figura femenina, la Dama Nanteuil (fig. 19), cuya peluca tripartita y las orejas de gran tamaño responden a la moda implantada por las efigies reales[24].

El Museo Arqueológico Nacional de Atenas es depositario de una bella estatuilla de bronce de un personaje llamado Hapu (fig. 20), que ha sido datada entre finales del Reino Medio y comienzos del Nuevo[25]. Presenta esta figura de apenas 18 cm. de altura, una delicada factura de formas suavemente redondeadas que recuerda más a las obras tebanas de los primeros monarcas de la Dinastía XVIII. Como sucede con otras esculturas de bronce de la misma época, esta de Hapu sigue los cánones de la ejecutada en madera de personajes privados, también de pequeñas dimensiones y que se realizaban para ser colocadas en la tumba.

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Fig. 22. Amenemhat III. Colección Geor-ge Ortiz. Nº 037.

En la Colección George Ortiz se encuentran otras excelentes figuras reales de la misma procedencia y que debían estar relacionadas con el culto a Amenemhat III, el monarca de la Dinastía XII que construyó su complejo funerario en El Fayum.

Una es un busto (fig. 21) cuyos brazos se han perdido y que representa al rey tocado con el nemes. Tanto el nemes como los brazos fueron fundidos aparte, estando éstos unidos al tronco por medio de espigas insertadas en unas ranuras bajo los hombros; la del lado derecho se conserva en parte. Los ojos incrustados son de cristal de roca, lo que proporciona a la escultura una gran expresividad[26].

Parece que también la figura arrodillada (fig. 22) es Amenemhat III[27]. Los brazos estaban unidos de la misma forma que en el busto del monarca y la cabeza debía estar también cubierta por un tocado, a juzgar por el reborde interior que seguramente lo sostenía. Tiene aún restos de incrustaciones de oro en las sienes y el faldellín estaba decorado con plata.  Se trata de una obra de excelente factura y gran belleza en la que el rey arrodillado estaba, probablemente, ofreciendo algún tipo de presente. Es ésta una postura que se compone por primera vez en la Dinastía VI, pero que se convertirá en una actitud muy frecuentemente utilizada en épocas posteriores[28].

La tercera escultura real de la Colección George Ortiz es un cuerpo femenino (fig. 23). Aquí tanto los brazos como las piernas se insertaron mediante espigas. El cuerpo debía estar cubierto por una lámina de plata a juzgar por los restos que aún quedan[29]. Esta figura acéfala muestra un cuerpo muy estilizado cubierto con un ajustado vestido que permite adivinar las formas, pero cuyos brazos y piernas se han perdido.

3. Reino Nuevo

La plástica egipcia alcanza durante el Reino Nuevo una de sus más altas cotas. La escultura real y privada pasa a lo largo de los 500 años del periodo por muy diversas fases que van desde el clasicismo idealizante de comienzos de la Dinastía XVIII hasta el barroquismo de la Dinastía XIX.

Algunos textos del Reino Nuevo hablan de la existencia de estatuas de bronce y las representaciones en los templos nos indican como los reyes ofrecían a las divinidades pequeñas figuras, muchas de las cuales debían ser de este metal.

Fig. 25. Estatuilla acéfala. Museo del Louvre. E 27430.

De la Dinastía XVIII se conservan escasas aunque importantes piezas. El Louvre posee una magnífica esfinge de Thutmose III de bronce negro con incrustaciones en oro (fig. 24)[30] en la que sólo aparece inscrito el nombre de Menjeperra, por lo que ha sido atribuida también a otros personajes. Ziegler da por seguro que se corresponde con el nombre de coronación de Thutmose III, sin embargo, Hill estima que es una obra de la Dinastía XXI[31]. La esfinge se apoya sobre un pedestal de los mismos materiales, bronce negro y oro, en el que se han grabado los Nueve Arcos, representación simbólica de los enemigos tradicionales de Egipto. Parece que es parte de un elemento de culto de mayor tamaño.

Dos figuras femeninas en el mismo museo se consideran de finales del Reino Nuevo. Una es acéfala (fig. 25), probablemente representando una diosa, y está vestida con el estrecho traje femenino tradicional que se cubría con una malla que está realizada con incrustaciones de oro. La segunda es una cabeza (fig. 26) de más de 17 cm. de altura, de un miembro de la realeza a juzgar por su tocado. Ha perdido las incrustaciones que debían ser de lapislázuli.

La estatuilla maciza también de Thutmose III del Museo Metropolitano de Nueva York (fig. 27)[32] a la que le falta el brazo izquierdo, representa al rey con la cabeza cubierta por el tocado jat, arrodillado ofreciendo dos vasijas globulares. Se trata de un bronce negro que aún conserva restos de las incrustaciones en oro. En el cinturón se encuentra un rectángulo con el nombre de coronación del rey: Menjeperra.

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Fig. 26. Cabeza real. Museo del Louvre. E 2522.

La figura de Thutmose IV de Londres (fig. 28)[33], lleva inscrito su nombre en el ceñidor, aunque tampoco está dentro de un cartucho. También aquí aparece el rey representado como su predecesor del Metropolitano de Nueva York, aunque se toca con el nemes. Los ojos son de cristal y en ellos conserva incrustaciones en plata, así como en las cejas.

El  Museo Fitzwilliam de la Universidad de Cambridge guarda una cabeza real con la Corona Azul (fig. 29)[34], llevada por los reyes desde el Reino Nuevo. Ha sido atribuida a Amenhotep III por los aniñados rasgos faciales que empezaron a utilizarse en las representaciones de este monarca a partir de la celebración de su primer Festival Sed. Tiene el lóbulo perforado, hecho que sólo se encuentra en las representaciones reales a partir del sucesor de Amenhotep III, Ajenaton. Hill[35], considera que es una obra del Tercer Periodo Intermedio.

La estatua atribuida a Tutanjamon del Museo de la Universidad de Pensilvania (fig. 30 A y B)[36] tiene trazas de oro en el nemes con el que el rey se toca. Ha perdido los brazos pero, seguramente, los tenía extendidos sujetando las jarras globulares llamadas nw. El estilo del ropaje, las formas del cuerpo y fisiognomía indican que se trata de un rey del periodo de Amarna.

De las Dinastías XIX y XX hay pocas estatuas de bronce. En Berlín se halla una magnífica cabeza de macho cabrío de gran tamaño (fig. 31) con incrustaciones de oro[37]. Estas cabezas adornaban las barcas procesionales que transportaban las imágenes de los dioses en las fiestas. En el Museo Metropolitano de Nueva York se conservan las estatuillas de un sacerdote y de un joven noble (fig. 32) cuyo nombre no nos consta[38]. El muchacho está arrodillado y extiende sus brazos en un gesto de adoración, seguramente es parte de un grupo en el que ahora falta la imagen del dios. Se trata de una figura muy estilizada, vestida con el sofisticado traje plisado de finales del Reino Nuevo y tocada con una complicada peluca. El sacerdote[39], con la cabeza afeitada y larga túnica, era también uno de los componentes de un grupo de culto a una divinidad. Lleva un vaso de libaciones en una mano y un incensario en la otra, objetos que estuvieron cubiertos por una lámina de oro.

La Gliptoteca Ny Carlsberg de Copenhague posee una figura de 70 cm. del dios Seth[40] (fig. 33) representado con cuerpo humano de gran belleza y la cabeza de un animal desconocido con grandes orejas y morro prominente, al que se denomina Animal de Seth. Esta estatua decorada con incrustaciones de plata, seguramente de la Dinastía XX, ha sufrido alteraciones, pues le faltan las orejas características que han sido sustituidas por los cuernos de camero.  El culto a Seth alcanzó gran popularidad en la Dinastía XIX que procedía del Delta donde era la divinidad protectora. Durante el Tercer Periodo Intermedio se malignizó a este dios y sus representaciones, como sucede con esta, fueron transformadas en otras deidades.

Durante las últimas dinastías del Reino Nuevo son, sin embargo, relativamente abundantes pequeñas figuritas representando animales que se empleaban como pesas (fig. 34)[41]. Se conservan también varios ushebtis hechos en bronce, siendo especialmente interesantes los encontrados en las tumbas de Tanis en 1939 por Montet. Algunos pertenecieron, como ciertas piezas más de estas tumbas, a Ramsés II[42].


Notas:

[1] Faulkner, R. O. A Concise Dictionary of Middle Egyptian. Oxford, 1991. Pg. 178.
[2] Gardiner, A. Egyptian Grammar. Being an Introduction to the Study of Hieroglyphs. Oxford, 1988. Pg. 520.
[3] Davey, C. J. “Crucibles in the Petrie Collection and Hieroglyphic Ideograms for Metal”. JEA 71, 1985. Pgs. 142-148. Nibbi, A. “Some Remarks on Copper”. JARCE 14. Pgs. 59-66.
[4] Gardiner (1988), pg. 490.
[5] Hill, M. Royal bronze statuary from Ancient Egypt. Leiden, Boston, 2004. Pg. 16.
[6] Lalouette, C. “Le ‘firmament de cuivre’. Contribution a l’etude du mot biA”. BIFAO 79, 1979. Pgs. 333-343.
[7] Lucas, A. Ancient Egyptian Materials and Industries. Londres, 1926. Pgs. 64-65. Scheel, B. Egyptian Metalworking and Tools. Aylesbury, 1989. Pgs. 14-15. Rothenberg, B. “Pharaonic Copper Mines in South Sinai”. Institute for Archaeo-Metallurgical Studies, Londres, 1987. Pgs. 1-7. Lalouette (1979), pgs. 337-343.
[8] Lucas (1926), pgs. 68-69. Scheel (1989), pgs. 14-15.
[9] Lucas (1926), pgs. 108-109.
[10] Lucas (1926), pgs. 101-103. Faulkner (1991), pg. 316.
[11] Scheel (1989), pg. 20.
[12] Scheel (1989), pg. 26-29.
[13] Pusch, E. “Pi- Ramesses-Beloved-of-Amun, Headquarters of thy Chariotry. Egyptians and Hittites in the Delta Residence of the Ramessides” en Eggebrecht, A. (ed.). Pelizaeus-Museum Hildesheim. The Egyptian Collection.Maguncia, 1996. Pgs. 126- 144.
[14] Pino, C. Arte y eternidad. La decoración de las tumbas privadas en el Reino Nuevo. Barcelona, 2001. Pgs. 105-107.
[15] Montet, P. Scènes de la vie privée dans les Tombeaux Égyptiens de L’Ancien Empire. Estrasburgo, 1925. Pg. 277.
[16] Scheel (1989), pg. 23.
[17] Se refiere a las campañas que Thutmose III llevó a cabo en Siria para asegurar el sometimiento de las ciudades asiáticas y la regular entrada de productos en Egipto.
[18] Lalouette (1979), pg. 340.
[19] Un buen ejemplo es Ineni, que trabajó en Karnak para Thutmose I, y que afirma en la autobiografía que inscribió en su tumba haber realizado una puerta de estas características para el Pilono IV del templo. Sethe, K.Urkunden des ägyptischen Altertums IV. Urkunden der 18 Dinastie. Leipzig, 1906-1932. 56,8-10. Armijo, T.; Pino, C.; Sánchez, A. Ineni. La tumba tebana nº 81. Sevilla, 2006. 122-123.
[20] Bothmer, B.V., De Meulenaere, H., Müller, H.W. Egyptian Sculpture of the Late Period 700 B.C. to A.D. 100.Nueva York, 1960. Pg. 88.
[21] Tiradritti, F. (ed). Tesoros egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo. Barcelona, 2000. Pg. 89.
[22] Schoske, S. Egyptian Art in Munich. Munich, 1993. Pg. 23.
[23] Ziegler, C. “Jalons pour une histoire de l’art égyptien: la statuaire de métal au musée du Louvre”. La Revue du Louvre et des Musées de France. Nº 1, febrero 1996. Pgs. 31-32. Hill (2004), pgs. 13-14. Página web de la Colección George Ortiz: http://www.georgeortiz.com/EGYPT/index.html
[24] Ziegler (1996), pgs. 31-32.
[25] Tzachou, O. (ed.) The world of Egypt in the National Archaeological Museum. Atenas, 1995. Pg. 111.
[26] Michalowski, K. L’art de l’Egypte. Paris, 1994. Pg. 137, pl. 91.
http://www.georgeortiz.com/EGYPT/index.html
[27] Michalowski (1994), pg. 137, pl. 90. http://www.georgeortiz.com/EGYPT/index.html
[28] Para un estudio exhaustivo de este tipo de esculturas, véase Hill (2004).
[29] http://www.georgeortiz.com/EGYPT/index.html
[30] Ziegler (1996), pgs. 31-32.
[31] Hill (2004), pg. 27.
[32] Ziegler (1996), pg. 29. Hill (2004), pg. 150.
[33] James, T.G.H., Davies, W.V. Egyptian sculpture.  Londres, 1991. Pg. 40. Quirke, S., Spencer, J. (ed). El Antiguo Egipto en el Museo Británico. Madrid, 2004. Pg. 192. Hill (2004), pg. 151.
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[37] Priese, K. (ed.). Staatliche Museen zu Berlin. Ägyptisches Museum und Papyrussammlung. Maguncia, 1991. Pgs. 224-225.  Wildung, D. El arte egipcio en Berlín. Maguncia, s.a. Pg. 42.
[38] Hayes, W. C. The Scepter of Egypt. A Background for the Study of the Egyptian Antiquities in The Metropolitan Museum of Art. Part II: The Hyksos Period and the New Kingdom. Cambridge, Massachusetts, 1990. Pgs. 380- 381.
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[40] Jǿrgensen, M. Ny Carlsberg Glyptotek. Egypt II. Copenhague, 1998. Pgs. 340-341
[41] Eggebrecht, A. (ed.). Pelizaeus-Museum Hildesheim. The Egyptian Collection. Maguncia, 1996. Pg. 57.
[42] P. Montet. Les constructions et le Tombeau de Psousennès à Tanis. La nécropole royale de Tanis, 2. Paris, 1951. Pg. 94, pl. LXIII.

 

Autora Cristina Pino

 

Artículo del Mes publicado en enero de 2007, pp. 2 a 10  en BIAE 43 y Apéndice de imágenes: https://egiptologia.com/biae-numero-43-enero-2007/ 

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