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La cabeza de Tiy en Berlín
Por Susana Alegre García
1 abril, 2009
Modificación: 9 diciembre, 2016
Visitas: 12.265

Época: Dinastía XVIII
Dimensiones: 9’5 cm. de alto (sin el tocado de plumas)
Material: Madera, oro, plata, pasta vítrea, lino…
Lugar de conservación: Agyptistches Museum, Berlín
Procedencia: Medinet el-Gurob, Fayum

La reina Tiy, hija del funcionario Yuya y de su esposa Tuya, fue la Gran Esposa Real de Amenofis III y madre de Akhenatón. Su posición la convirtió en una mujer muy influyente y alcanzó una gran autoridad. Ello se hace patente, por ejemplo, en la correspondencia mantenida con los reyes extranjeros durante el reinado de su esposo y tras su muerte, lo que da testimonio de su relevante papel en la diplomacia. Tiy también disfrutó de protagonismo durante el reinado de su hijo y gozó el privilegio de tener un templo en su honor en Sedeinga (Nubia). Y, a juzgar por la expresión de su rostro tallado en madera de tejo conservado en Berlín, posiblemente también debió gozar de un poderoso carácter (fig. 1).

El aspecto general de la cabeza es muy redondeado, lo que se debe especialmente a la forma de la peluca. Se trata de un elemento realizado con capas de lino, pegadas con goma arábiga, que en la antigüedad se encontraba completamente recubierto por cuentas vidriadas de color azul. De este acabado colorista y brillante apenas quedan testimonios, lo que deja a la vista la textura rugosa y burda de las improntas de las cuentas desaparecidas sobre el tejido.

Fig. 2. (izquierda) Cabeza de Tiy con corona hathórica. Fotografía publicada en la obra de M. Camiano, Antiguo Egipto, Madrid, 2001, p. 179.

Fig. 2. (izquierda) Cabeza de Tiy con corona hathórica. Fotografía publicada en la obra de M. Camiano, Antiguo Egipto, Madrid, 2001, p. 179.

La redondeada peluca se complementaba con una corona alta y estilizada, que estaba formada por cuernos de vaca y dos largas plumas (fig. 2). Dicho elemento quedó olvidado durante mucho tiempo en los almacenes del museo berlinés y no se había relacionado con la cabeza de Tiy. Sin embargo, la corona hathórica procede de las mismas excavaciones en las que fue encontrada la cabeza, tiene las dimensiones adecuadas y encaja en el espigón de unión que la talla tiene en la parte superior; además, distintos análisis parecen confirmar que, efectivamente, este estilizado elemento formaba parte del retrato de la reina Tiy. Se trata de un tipo de tocado propio de las Grandes Esposas Reales, aludiendo a su divinización y en ámbitos con connotación religiosa, resultando también frecuente entre mujeres que ocupaban altos cargos en el clero.

Pero lo que hace realmente magnífica y especial esta obra es la manera de mostrar la cara de la reina, consiguiendo una expresividad y naturalismo realmente magnífico. Y aunque la sensación es que se trata del rostro de una mujer de piel oscura, hay que tener en cuenta que la pieza se realizó en madera de tejo, que tiene un suave color anaranjado, pero que el paso de los milenios ha conseguido oscurecer.
En la cara destacan los ojos y las negras pupilas de la reina, realzando su perfil con una línea de maquillaje que los perfila y con unas cejas altas y elegantes. Son ojos son de forma almendrada, con unos párpados pronunciados y abultados, en los que se marca una arruga próxima a la ceja que se extiende hacia las sienes. La nariz estrecha y quizá algo larga, resulta prominente cuando la talla se observa de perfil (fig. 3). A ello sumar bolsas ojerosas que consiguen dar mayor expresión y en cuyo modelado se rehunde el volumen en relación con la mejilla. La presencia de los grandes párpados, en combinación con las ojeras, genera un singular efecto que hace que la mirada rasgada resulte también algo saltona y profundamente enérgica.

Fig. 3. (arriba) Cabeza de Tiy. Perfil. Fotografía publicada en el Catálogo de la exposición Aménofis III. Le Pharaon-soleil, París, 1993, p. 172.

Fig. 3. (arriba) Cabeza de Tiy. Perfil. Fotografía publicada en el Catálogo de la exposición Aménofis III. Le Pharaon-soleil, París, 1993, p. 172.

La utilización de líneas sinuosas consigue pronunciar la forma de los pómulos y el contorno de la boca. En ellos se observa que en la reina ya dejan mella los efectos de la edad. Incluso resulta evidente una cierta flaccidez que se materializa especialmente en las marcadas arrugas que se extienden de la nariz hacia la boca. Una boca con unos labios carnosos que tienen un aspecto ciertamente singular y personal.
Precisamente es la forma y expresión de la boca lo que ha conducido a identificar a esta talla como una imagen de la reina Tiy. No hay que olvidar que se trata de una figura de la que se desconoce el contexto arqueológico exacto, que es anepígrafa y en la que, por tanto, nada concreta o especifica la identidad de la representada. No obstante, en 1905, en el templo de Hathor en Serabit el-Khadim, el arqueólogo Flinders Petrie había localizado una figurilla de reducidas dimensiones en las que la reina Tiy aparece identificada con su cartucho. En la imagen la reina porta dos cobras como ornamento en el tocado, así como un rostro algo severo en el que destacan las comisuras de labios que se curvan hacia abajo y en donde se aprecian también pronunciadas arrugas nasolabiales (fig. 4). La similitud de estas facciones con las de la talla conservada en Berlín fue observada ya por Ludwig Borchardt y desde entonces el magnifico retrato se ha atribuido a la reina Tiy[1].

Fig. 4. Cabeza de figurilla de Tiy procedente de Serabit el- Khadim. Museo de El Cairo. Fotografía publicada en la obra de B. Manley, Los setenta grandes misterios el antiguo Egipto, Barcelona 2004, p. 30.

Fig. 4. Cabeza de figurilla de Tiy procedente de Serabit el- Khadim. Museo de El Cairo. Fotografía publicada en la obra de B. Manley, Los setenta grandes misterios el antiguo Egipto, Barcelona 2004, p. 30.

Al observar la talla conservada en Berlín llama mucho la atención que en la oreja izquierda la reina porte un pendiente de oro con incrustaciones de color azul oscuro. Y todavía es más llamativo que la joya se hace visible debido a una fractura en la peluca redondeada. Lo cierto es que ese pendiente es tan solo una pequeña parte de cuanto queda oculto bajo dicha peluca. Ello se debe a que, en el pasado, la imagen de Tiy fue transformada y que, entre otras modificaciones, se ocultó este pendiente que formaban parte de su aspecto primigenio.

Fig. 5. Radiografía lado derecho de la figura. Fotografía publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d'une regine, p. 26.

Fig. 5. Radiografía lado derecho de la figura. Fotografía publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d’une regine, p. 26.

Fig. 6. Radiografía lado izquierdo de la figura. Fotografía publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d'une regine, p. 26.

Fig. 6. Radiografía lado izquierdo de la figura. Fotografía publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d’une regine, p. 26.

Estudios radiográficos y exploraciones con escáner han permitido descubrir como era la talla antes de ser remodelada[2]. Así, se ha descubierto que en la oreja derecha también hay un pendiente idéntico al que se hace visible en el lado izquierdo (figs. 5 y 6) y se ha visto que bajo la peluca redondeada existe un tocado de plata, similar a la forma del nemes en la parte anterior, pero con la forma de bolsa redondeada en la parte de la nuca. Se trata de tocado khat, que elevaba el perfil y estilizaba el rostro, proporcionando mayor notoriedad a la frente (fig. 7). Aunque aquí el tocado se realizara en plata, frecuentemente el arte bidimensional egipcio muestra este tocado como una especie de pañuelo blanco y, aunque aparece en otros contextos, fue un elemento utilizado en la iconografía real y divina. Diversos monarcas del Imperio Nuevo lo incorporaron de forma intensa en su iconografía (fig. 8 ) y se puede documentar en las reinas cuando eran mostradas como Gran Esposa Real y en el marco de actos oficiales de la corte.

El sobrio tocado khat portado por Tiy en esta talla se complementaba no solo con los pendientes, también se remataba con la figura de dos cobras que se erguían sobre la frente de la reina. Estos elementos se aprecian fracturados y de manera muy parcial, aunque los Rayos X permiten reseguir los cuerpos ondulantes de estas serpientes de oro, que se prolongan por la parte alta de la cabeza. La presencia de dos cobras en la frente es algo bastante característico de en la retratística de Tiy y, como hemos visto, se encuentra también presente en la figurilla de la reina localizada por Petrie en el Sinaí (fig. 4). No obstante, este tipo de tocado no es ni mucho menos exclusivo y lo lucieron muchas otras damas a lo largo de la historia egipcia. Pero además de lo visto, los estudios realzados en la pieza han permitido descubrir otras dos cobras que caen de a cada lado de la cabeza y cuyos cuerpos se yerguen tras las orejas (figs. 5 y 6).

Fig. 7. Radiografía frontal, publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d'une regine, p. 19.

Fig. 7. Radiografía frontal, publicada en la obra de D. Wildung, Métamorphoses d’une regine, p. 19.

De modo que la talla, tal y como hoy la vemos, es el producto de una manipulación que se efectuó en la antigüedad y que implicó la eliminación de las cobras sobre la frente de Tiy y la ocultación de tocado original de la figurilla, formado por un khat, dos grandes pendientes con dos cobras representadas y otras dos cobras, muy ornamentales, que abrazaban la cabeza cayendo a cada lado. Lo cierto es que la reiteración de la imagen del uraeus en la iconografía original del retrato es muy intensa y entre la rica simbología atribuida al reptil podemos encontrar connotaciones protectoras y referencias a la divinidad solar. De hecho, los dobles uraei a nivel simbólico son alusiones a los poderosos y mágicos ojos del disco solar.

Es inevitable preguntarse cuándo se produjo la manipulación de la pieza y qué motivos pudieron existir para ocultar su rico y ornamental aspecto primigenio. La hipótesis más extendida es que la trasformación puede corresponderse con un cambió en el papel ideológico ostentado por la reina y producido al morir su esposo Amenofis III. De modo que la función política se reemplazó por la posición religiosa de reina divinizada. Es la imagen de reina divinizada la que se correspondería con la peluca redondeada y azul, con alta corona hathórica.

Fig. 8. Escultura que muestra a Amenofis II con khat. Dinastía XVIII. Museo de El Cairo, publicada en la obra Tesoros Egipcios en la colección del Museo Egipcio de El Cairo, p. 172. Fig. 9. Cabeza de Tiy. Frontal.

Fig. 8. Escultura que muestra a Amenofis II con khat. Dinastía XVIII. Museo de El Cairo, publicada en la obra Tesoros Egipcios en la colección del Museo Egipcio de El Cairo, p. 172. Fig. 9. Cabeza de Tiy. Frontal.

A pesar de sus pequeñas dimensiones, la cabeza de Tiy en Berlín es una obra de una calidad excepcional, realizada con una gran maestría técnica y con una tendencia naturalista y expresiva que podría encuadrarse en el estilo puesto en boga a finales del reinado de Amenofis III[3]. Una creación que no muestra a la reina de una manera idealizadamente atemporal, sino que deja patente su edad y sus imperfecciones, adentrándose en un trasfondo psicológico. Es, en muchos aspectos, una obra interesante y enigmática, que oculta bajo la superficie muchos misterios aún por explicar en profundidad. De hecho, la vida de Tiy, el tiempo que le toco vivir, es por si mismo uno de los períodos históricos del pasado que suscitan más interrogantes. Puede que algún día la cabeza de Tiy ayude a desvelar algunos de esos misterios; de momento, sus singularidades convierten a esta obra, en muchos aspectos, en un nuevo interrogante y en una pieza más de un complejo puzzle.

Fotografía publicada en el Catálogo de la exposición Aménofis III. Le Pharaon-soleil, París, 1993, p. 173.

Fotografía publicada en el Catálogo de la exposición Aménofis III. Le Pharaon-soleil, París, 1993, p. 173.

Hay quienes ante la cabeza de Tiy en Berlín creen entrever a una mujer sumida en la amargura y en la reflexión, de mirada algo dormida y hasta triste. Hay quienes detectan a una mujer enérgica, quizá malhumorada e intransigente, de mirada penetrante y expresión dura. Sea como sea, lo cierto es que al artista que dio forma a este trozo de madera de tejo consiguió que el rostro de esta mujer difícilmente deje indiferente a quien lo observa.


Notas:
[1] En L. Borchardt, Der Porträtkopf der Königin Teje im Besitz von Dr. James Simon in Berlin, Deutsche Orient-Gesellschaft, Wissenschaftliche Veröffentlichungen, Helf 18, Leipzig, 1911.
[2] En D. Wildung, “Métamorphoses d’une reine. La tête berlinoise de la reine Tiyi”, BSFE 125, pp. 15-28.
[3] Un estilo que el alguna ocasión ha sido identificado como el “Estilo Gurob”, aunque no todos las obras que pueden enmarcarse en este estilo proceden de la misma zona arqueológica.

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