Isis. La de los mil nombres
Por Susana Alegre García
5 mayo, 2019
Modificación: 11 mayo, 2019
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Madre abnegada y esposa fiel, Isis expresa la divinización de los conceptos de maternidad y fertilidad, por lo que frecuentemente es presentada por la mitología como una entidad benévola y amable. No obstante, en su intenso afán protector, era capaz de tejer turbias estratagemas y desafiar al propio sol.

Muchas veces se la representan portando como corona un trono y amamantando al pequeño Horus; aunque también es frecuente que se muestre luciendo un tocado formado por cuernos y el disco solar, una corona que coincide con la de divinidades como Hathor.

La magia era una de las facetas más relevantes de Isis, ya que había sido capaz de dar vida a Osiris, después de ser derrotado y descuartizado por Set. El poder de sus hechizos queda también patente en el hecho de que consiguiera quedar embarazada, ya que algunas versiones del Mito de Osiris narran que el único fragmento que la diosa no pudo encontrar de su desmembrado esposo fue el pene, ya que había caído al Nilo y había sido devorado por el pez Oxirrinco.

Señora de la tierra, del cielo y del agua; soberana de todos los dioses, de todos los reyes y de todos los hombres; trono de Ra y de Horus; la que reúne el Alto y el Bajo Egipto; dama de las palabras eficaces, del sicomoro, de la inundación y de las tierras de Nubia; la primera del Más Allá y amada de Osiris … miles de epítetos hacen de esta diosa una de las entidades más complejas de la religiosidad faraónica y expresan su rica capacidad sincrética.

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En la época ptolemaica el culto a Isis continuó disfrutando de especial fuerza. Fue entonces cuando se edificó sobre una pequeña isla en el Nilo, justo en la frontera sur, uno de los santuarios más bellos de Egipto: el templo de Filé (también llamado Filas, Philæ, Philae, Filae…). Dedicado al culto de Isis, este lugar fue el último reducto de la civilización faraónica. Entre sus muros sobrevivieron los ritos en honor de las divinidades paganas y allí los sacerdotes dejaron los últimos testimonios de la escritura sagrada, los jeroglíficos, que habían utilizado durante milenios.

Alejandría, la capital de Egipto en la época grecorromana, también otorgó un renovado protagonismo a Isis. La diosa se convirtió en protectora de reinas como Cleopatra VII y de monumentos como el gigantesco faro que guiaba los barcos hasta la populosa ciudad. Isis pasó a convertirse en patrona de los navíos y de sus tripulantes, lo que contribuyó a que su culto se extendiera por el Mediterráneo.

Adoptada por los griegos y difundida por el Imperio Romano, la historia de la diosa se extendió mucho más allá de las fronteras espaciales y cronológicas del mundo que las generó, para ser adorada en todos los confines del mundo antiguo. Isis, a la que los romanos llamaron “la de los mil nombres”, llegó a ser tan popular que el emperador Calígula construyó un templo en su honor en los Campos de Marte de Roma.


Texto extracto del libro Dioses, mitos y rituale sen el antiguo Egipto, de la autora Susana Alegre García

Editorial Dilema https://www.editorialdilema.com/religion/dioses–mitos-y-rituales-en-el-antiguo-egipto.asp

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(publicado con permiso expreso de la editorial)

 

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