La Gran Pirámide de Guiza. Tal vez se hizo así
Por Enrique Santos Buendía
26 junio, 2021
Modificación: 5 julio, 2021
Visitas: 2.032

¡Manos a la obra!

El lugar elegido para ubicar la pirámide parece contar con muchas posibilidades y buenas cualidades. Se encuentra a poca distancia del Nilo y parece relativamente fácil excavar un canal que permita la llegada de las embarcaciones con grandes bloques a sus proximidades en tiempos de inundación.

El terreno es una planicie rocosa bastante llana y con poca inclinación y presenta un promontorio en la zona central. Este afloramiento puede ser muy conveniente para albergar las partes enterradas de la faraónica tumba y reducirá el volumen de sillares necesarios para su construcción. Solo necesitará unos recortes superficiales para adecuarlo a las escuadrías de la obra.

Al suroeste la roca se eleva a mayor altura y es una cantera perfecta para proveer la mayor parte de los sillares necesarios, prácticamente todos los del núcleo, a excepción de los que bordearán las distintas cámaras y los de acabado. Estos últimos podrán traerse de otras canteras en explotación situadas en Tura, a poca distancia, que producen una caliza de grano fino muy blanca y serán un perfecto acabado para las caras inclinadas exteriores.

Tras muchas cavilaciones, consultas a los grandes sacerdotes y a los maestros de obra del faraón, se ha decidido que las caras finales de la pirámide sigan el sekad 5 ½, con una anchura en la base de 440 codos y una altura total de 280, números redondos correspondientes a cien veces las longitudes de los lados del sekad modélico de un codo de altura enfrentado a otro. Para el núcleo se utilizará el sekad 5 ¼, tan común para los albañiles y canteros, lo que facilitará mucho los trabajos y eliminará posibles errores. Suponiendo que los retranqueos de cada hilada, unos por otros, sean de un codo con ese sekad se precisarán 220 hiladas de nueve palmos para culminar la pirámide. Doscientos veinte por doscientos veinte, un número muy redondo. Las más altas se harán de la menor altura que permita asegurar solidez y estabilidad para reducir su peso y facilitar su transporte hasta esas alturas. Ello obligará a aumentar notablemente la altura de las más bajas, lo que será muy positivo  también para asegurar la construcción.

Tras la ceremonia nocturna del tendido de la cuerda que señale una alineación perfecta al norte, se colocarán jalones para dejar fijada esa alineación en el terreno y se señalará provisionalmente el espacio que ocupará la pirámide, procediéndose a una nivelación previa de la zona a ocupar que permita trazar convenientemente el lado paralelo más próximo a la línea de jalones: el este. Se enclavarán dos botones de cobre pulido para fijar ambos vértices de ese lado. Mediante triángulos sagrados se trazarán los dos lados perpendiculares y, finalmente, el lado oeste. Comprobados y vueltos a comprobar, se fijarán otros dos botones en sus vértices también.

Desde este perímetro, y de nuevo con la ayuda de los triángulos sagrados, se marcarán las direcciones de ejes y diagonales que quedarán señalados mediante jalones de buen tamaño clavados verticalmente en el terreno circundante, al menos dos por cada línea, permitiendo el arranque ajustado de la obra hasta haber alcanzado al menos las diez hiladas y superado el promontorio del interior de la base, momento en que se procederá a un replanteo general más cuidado al no haber ya obstáculos que bloqueen las visuales. Para nivelar el terreno y conseguir una buena horizontalidad de las hiladas se cavará un pequeño canal de dos palmos de anchura y profundidad en toda la periferia de la base y se aplanará posteriormente toda la plataforma exterior a la pirámide siguiendo este nivel.

Teniendo en cuenta la altura a alcanzar y las dos distintas pendientes, de núcleo y de acabado, queda un espacio entre ambos de unos diez codos de anchura en la base, más que suficiente para poder corregir fácilmente los errores de replanteo debidos a la imposibilidad de marcar el cenit de la pirámide hasta que dicho núcleo no haya quedado casi terminado. Como cerca de la cúspide esta distancia casi desaparecerá, a determinados intervalos se dará un mayor retranqueo entre hiladas, que se tendrá muy presente en las alineaciones posteriores, para conseguir una holgura de al menos dos codos bajo el piramidión, lo que permitirá que los bloques de acabado bajo él tengan suficiente longitud para su segura estabilidad y estanqueidad.

Las maquetas en arcilla han permitido descubrir un fenómeno óptico espectacular que causará aún más admiración en determinados momentos del recorrido del Sol. Para conseguirlo, el arranque de las apotemas en la base se desplazará ligeramente hacia el centro, transformando la pirámide cuadrada en un sutil octógono. Este desplazamiento será de dos codos provisionalmente y obligará a unos replanteos mucho más rígidos.

Se han probado también en las maquetas diferentes trazados de las rampas escalonadas, que permitirán elevar y distribuir los sillares y demás elementos de la obra con cierta comodidad y de forma muy segura, y se ha comprobado que con una anchura de veinte codos y en tramos de igual longitud se pueden alcanzar las cien hiladas con facilidad en un tiempo prudencial. A partir de esta altura, ya no se precisará subir sillares de gran tamaño y se irán reduciendo la anchura y la longitud de cada tramo para alcanzar los altos con suficiente separación horizontal entre rampas superpuestas. Este sistema permitirá el trabajo en varios niveles consecutivos al tiempo.

 

Imagen 11: Núcleo, zona de ajuste, respaldo y acabado. Las capas de la pirámide

Tras el primer replanteo general realizado al superar la altura del promontorio rocoso, se volverá a repetir al menos cada diez hiladas, subiendo los jalones necesarios para mantener ejes y diagonales. La mayoría de los sillares se subirán con trineos sobre rodillos, como siempre. Los saltos para los sillares mayores se facilitarán usando las dobles palancas, que permiten mantener su brazo y requieren menor esfuerzo, y colocando rodillos de mayor radio en sus proximidades, para provocar la inclinación suave del trineo, con las más ligeras. Los sillares con predominio de la longitud se subirán como se mueven las columnas: rodándolos; para ello, se forrarán con balancines circulares en las caras planas y con troncos adaptados a la falta de uniformidad en las caras no rematadas convenientemente.

 Imagen 12: Ya tenemos doce hiladas y el replanteo general ha sido un éxito Los replanteos iniciales fueron acertados

Imagen 13: La pirámide crece, las salas ya impresionan y se trabaja en varios niveles a la vez

 Imagen 14: Última plataforma. Colocado el jalón y el espejo podrá reajustarse todo definitivamente

 

Imagen 15: Con los merjets de la base colocados suben las hiladas de acabado: Pronto lucirá el piramidión

 

Imagen 16: Los acabados aumentan y ya se vislumbra su resplandor

Imagen 17: Casi ha terminado la construcción, pronto se podrá descansar de esta gran tarea

Para el núcleo se emplearán las piedras extraídas en los alrededores, con base cuadrada y casi dos codos de lado, que se irán clasificando según las alturas que se consigan para completar cada hilada de manera uniforme. Su acabado se cuidará en las caras mayores para conseguir buenos asientos y los desajustes de las caras verticales se macizarán con restos y mortero, trabándose convenientemente las hiladas superpuestas. Para pavimentar las rampas se usarán los sillares que resulten más irregulares y en los destinados a desniveles se hará un simple desbastado en el lado inclinado de ataque, marcando escalones para los trabajadores, van a sufrir un tremendo deterioro y necesitarán reparaciones continuas. Conforme se eliminen las rampas se irán sustituyendo por sillares bien rematados. Los de borde de cada nivel tendrán sus caras exteriores especialmente cuidadas y el uso de merjets removibles, pero de seked fijo, permitirá mantener la inclinación de las sucesivas hiladas independientemente de las alturas de cada una.

Las grandes piezas perimetrales de los huecos de las salas y cualquier objeto de gran tamaño que deba colocarse en ellas, así como las de bloqueo final, se irán distribuyendo y llevando a su sitio definitivo una vez que las hiladas alcancen el nivel al que deban ir situados. Superada la altura de los últimos techos, en las proximidades de la hilada centésima, se procederá al segundo replanteo profundo con el que se corregirán exhaustivamente los posibles errores arrastrados, fijando de nuevo todos los merjets, marcas y jalones que deban ser resituados.

Casi alcanzada la cumbre con una plataforma que permita el trabajo de manera aceptable, se levantará un andamiaje, en cuyo remate se enclavará un jalón central sobre el que uno o varios espejos, de cobre bruñido y dos o tres palmos de tamaño, marcarán el vértice definitivo de la pirámide. Estos espejos reflejarán muy bien la luz del sol y podrán vislumbrarse con gran facilidad desde la base, permitiendo un ajuste muy preciso de diagonales y apotemas gracias a la colocación de merjets, bien asentados y muy resistentes, que se mantendrán durante el resto de la obra en su posición. Quedarán alineados entre los botones en el suelo y los espejos del vértice, dejando para ello unos espacios en las esquinas y centro de las caras de la base libres de sillares de acabado y respaldo hasta casi la finalización de la pirámide, en que serán convenientemente emplazados al no ser ya necesarios los merjets.

Finalmente, se eliminará el andamiaje provisional de la plataforma superior sustituyéndose por sillares bien tallados que permitan la colocación definitiva del piramidión. Una vez colocado este, se empezará a rellenar de arriba abajo el vacío de la rampa completando las caras en todo su recorrido. Se recortará un zócalo perimetral ahondando el canalillo nivelador y quedará perfectamente nivelada y solada la explanada exterior. Las hiladas inferiores, de dos o tres codos de altura, se levantarán desde el suelo, con sus caras perfectamente labradas, para conseguir una mayor estabilidad y dificultar su posible removido por asaltantes indeseables, a excepción de la cara exterior inclinada que solo estará tallada someramente, rematándose in situ cuando estén todas colocadas para un mayor ajuste y perfección. Tras los sillares de acabado, se colocarán unos bloques de respaldo, cuidadosamente tallados también, para dar solidez y mayor estabilidad a la cobertura y se macizará el espacio restante hasta el núcleo terminado con piezas que se vayan adaptando a los distintos huecos y a las diferencias de altura de las hiladas del núcleo y las externas. Las demás hiladas se montarán desde las rampas, bajando los sillares hasta el borde de los cortados de las rampas inferiores o de las hiladas ya colocadas en la base.

 

Una ocurrencia

Ya dije en el preludio que me muevo mucho por intuiciones y, ahora que estamos a punto de acabar esta enorme pirámide, me atrevo a proclamar una atrevida ocurrencia desde la distancia y a falta de un conocimiento estrecho del edificio.

Es una posibilidad que me da vueltas en el magín al no comprender el último sentido de una obra tan peculiar y cuidada como la Gran Galería. Parece lógico que para el enterramiento de la momia del faraón, con pocas autoridades y sacerdotes, no resultaran necesarios pasillos de grandes dimensiones. De hecho, los pasadizos dentro de las pirámides son reducidísimos y agobiantes, quizá demasiado: no querían correr riesgos con los enormes empujes en estas zonas bajas y dejaban los huecos más pequeños posibles.

El gran ceremonial del enterramiento se celebraba en el exterior, con una gran comitiva en barcos bien ornamentados seguida de un desfile por la avenida que alcanzaba la base de la pirámide, donde estaba el templo funerario. Una vez llegada la momia junto a la entrada del túmulo, solo participaría un grupo muy reducido de grandes sacerdotes y funcionarios acompañado por los imprescindibles ayudantes.

Entonces, ¿qué sentido tiene esta impresionante galería para el tramo intermedio del recorrido entre pasajes muy estrechos? Resulta bastante evidente que Hemiunu, diseñador de la pirámide, repitió el modelo de las cámaras principales de las pirámides de Seneferu proyectado por su arquitecto, Nefermaat, que era también su padre.

La Gran Galería copia ese diseño con falsas bóvedas de hiladas remetidas de las cámaras, pero lo mejora y complica considerablemente. En primer lugar, la Gran Galería es enorme, con más de ocho metros de altura por casi cincuenta de longitud, y se desarrolla con una fuerte pendiente longitudinal, un poco mayor de la del pasaje ascendente que desemboca en ella. Aparte de la inclinación, presenta un suelo con un pasillo central de la mitad de la anchura total en la base flanqueado por dos estrechas plataformas que discurren de forma paralela a ambos lados.

En su encuentro con la pared, las pasarelas presentan perforaciones rectangulares con una anchura de unos 15 cm por 18 cm de profundidad y alternando longitudes de 52 y 59 cm, algo muy curioso, equidistantes y simétricas longitudinalmente. Parecen destinadas a ser el apoyo de una estructura vertical e inclinada alternativamente, de ahí la pequeña diferencia en sus longitudes, la cual alcanzaría un rehundido realizado a la altura del tercer vuelo de los sillares laterales, que parece podría albergar algún listón o similar donde sujetar la estructura anterior y que quedaría ajustado gracias a vigas u otros entre ambas paredes.

Las pasarelas recorren toda la longitud de la galería, el pasillo central no. Su primer tramo es horizontal, tras un pequeño escalón que baja en la confluencia con el pasaje ascendente. Tras este tramo aparece la entrada a la llamada Cámara de la Reina con cuyo gran sillar en el dintel bloquea el paso al pasillo central. El remate de este sillar mantiene la inclinación de la galería y tiene otro escaloncito con la misma altura que el de entrada. Se podría instalar una plataforma continua entre ambos saltos y todo el pasillo mantendría su alineación. Da la impresión de que se quiso taponar el pasaje horizontal bajo el pasillo, pero finalmente no se hizo. Además, a ambos lados de este hay unas perforaciones simétricas, sin orden ni concierto, pero rematadas siguiendo el imaginario suelo que le daría continuidad.

Al llegar casi a la entrada que da paso a las cámaras superiores tras la galería, un sillar con altura próxima al metro corta violentamente el pasillo. Su remate superior es horizontal y se continúa en el suelo de esas dos cámaras.

La primera cámara es muy reducida y presenta retallos en sus paredes que hacen pensar en algún tipo de mecanismo de bloqueo que nunca se colocó. La segunda, de proporciones más lógicas, está cubierta por un conjunto de techos de gran potencia, quizá para intentar reducir las presiones sobre ella, y está bordeada por sillares de gran tamaño también. La altura sobre la base de la pirámide del suelo de la cámara inferior es igual a la separación hasta esta última cámara e igual, también, a la distancia que hay hasta el remate superior de los sucesivos techos.

Las dos cámaras finales no parecen haber contado con ninguna decoración y el gran sarcófago de granito de la principal no indica que haya contenido momia alguna. No tiene mucho sentido que, después de haber conseguido la pirámide perfecta los restos del faraón no reposen en ella. Además, tampoco muestra signos de haber sido sellada en ningún momento, sin colocar más impedimento para llegar hasta ella que el sillar ya citado bloqueando el pasillo central.

El suelo de este pasillo central tiene una gran uniformidad entre los obstáculos de cabecera y cola. Se ve muy potente y parece estar formado por sillares de forma prácticamente triangular, ajustados milimétricamente entre los resaltos laterales. Según augura, ese acabado del suelo también debería haber cubierto la entrada, lo que indicaría que, en algún momento, hubo un cambio de planes; quizás para disimular mejor la entrada más preciosa. La fundamental.

Puede que esa espectacular galería, magnífica y grandiosa, no sea más que una cancamusa, un embeleco para incautos que busca despistar, y que la verdadera cámara sepulcral esté en otro sitio. Un asaltante que hubiese sido capaz de superar el potente tapón del encuentro entre los pasajes ascendente y descendente (parece que no se logró hasta la llegada de los árabes), habría entendido que los tesoros fueron saqueados algún tiempo antes y que no valía la pena seguir indagando entre sillares tan descomunales.

Ese pasillo central, tan uniforme y fuerte, fue proyectado así intencionalmente, seguramente como barrera muy eficaz para ocultar cualquier paso a otro recinto al no presentar resaltes o discontinuidades dignos de registro.

Tras el paso del cortejo fúnebre a la posible cámara sepulcral, con una entrada parecida a la de las otras dos cámaras y situada a media altura entre ellas, se podría haber bloqueado firmemente con sillares previamente dispuestos en el pasillo. Unos, paralelepipédicos, destinados al bloqueo directo de los conductos, habrían permanecido en la parte alta sujetos mediante vigas engarzadas en las perforaciones de los laterales. El resto, triangulares y destinados a pavimentar el pasillo, se habrían dejado colgados a cierta altura mediante una más compleja instalación que permitió el paso normal a la comitiva fúnebre.

  

 Imagen 18: Estos son los esquemas secretos de la Gran Galería
En el centro: momentos antes de que llegue el cortejo fúnebre
A la izquierda arriba: bloqueando la entrada a la verdadera cámara sepulcral
A la derecha: se empiezan a colocar los sillares del pasillo central.
A la izquierda abajo: los bloques de taponamiento del conducto ascendente en espera de ser soltados

 

Una vez sellada la cámara con el mayor de los bloques, adaptado a la entrada, los ayudantes habrían ido desplazando los colgados, ajustándolos perfectamente entre las

pasarelas, borrando cualquier rastro de aquella entrada y permitiendo el eterno reposo a su Faraón. Conforme se emplazaban los sillares se iba desmontando la estructura auxiliar hasta que solo quedaron por situar los tres destinados a sellar el pasaje ascendente, que se bajaron hasta el borde del cortado sobre la entrada a la cámara inferior.

Tras montar un paso sobre el pasillo horizontal, aprovechando los irregulares rehundidos y usando viguería de pequeño tamaño para que pudiese sacarse por el pozo de escape, la mayor parte de los trabajadores escogidos para estas faenas abandonaron la pirámide llevándose con ellos los restos que pudiesen delatar la manipulación. Quedó un pequeño y fiel grupo que fue deslizando los tres bloques por este paso hasta la confluencia con el pasaje ascendente para soltarlos progresivamente, bloqueando finalmente el arranque de este pasaje. Para evitar que este tapón sobrepasase el punto de encuentro, lo que los habría sentenciado, se dejaron unos escalones en el lado opuesto del pasaje descendente como apoyo a fuertes troncos que, si se diera la mala fortuna, servirían para frenarlos.

Sellado este pasaje, los últimos operarios desmontaron el paso provisional y se fueron descolgando cargando con los escasos restos de la instalación. Pasaron cuidadosamente por la llamada gruta, donde se encontraban almacenados restos pétreos de pequeño tamaño y gran cantidad de arena, mantenidos mediante algún tipo de trampilla removible para evitar su desprendimiento inopinado. Una vez alcanzada la salida del pozo, tapiaron el techo dejando un pequeño conducto por donde alguna que otra cuerda permitiría desencajar la trampilla para que los restos almacenados lo colmataran, haciendo imposible su uso desde abajo. Tras rematar la entrada exterior el trabajo había terminado.

Según intuyo, la verdadera cámara sepulcral está bajo la Cámara del Rey (su suelo sería el primero de los techos que cubrirían la verdadera cámara), más o menos con sus mismas dimensiones y en su vertical. La entrada estaría en la mediación de la gran galería bajo los bloques triangulares encajados y su acceso sería también horizontal.

Es una ocurrencia, pero me parece que da una correcta respuesta a bastantes de las incógnitas actualmente planteadas y se apoya en los retallos y perforaciones tan cuidadosamente practicados en esta imponente galería. Tal vez la Cámara del Faraón esté ahí esperando su descubrimiento final. Me fascinaría.

 

Se acabó

En los dibujos y esquemas que acompañan este relato aparecen simplificaciones, algunos errores y pequeños ajustes que no lo desvirtúan. Pido disculpas por ello, pero es que hacer una pirámide es muy trabajoso y uno tiene sus limitaciones.

Los dibujos los ha realizado mi hijo Guillermo, con gran ahínco, dedicación y tiempo, aguantando mis contradicciones, genio y voces con gran estoicismo y resignación. ¡Qué se le va a hacer!

Mi hija Lucía, desde la hermosa, distante, húmeda y a veces terriblemente grisácea Hamburgo, ha corregido mi sintaxis como solo ella sabe hacerlo.

Muchas gracias a los dos.

 

No pretendo tener razón, aunque me daría un gustazo haber acertado. Simplemente he intentado aplicar cierta pedagogía, apoyada en mi lógica y experiencia de muchos años enamorado de las obras, proyectándolas, haciéndolas o rehaciéndolas. También, algo de mayéutica   fomentando la polémica para descubrir la verdad mediante argumentaciones razonadas. Ojalá ayude a descifrar cómo se levantó realmente esta genial construcción.

Terminé mi pirámide siendo el veintitrés de mayo de dos mil veintiuno en La Huerta de La Rábita, Ronda.

 

Imagen 19: Ha quedado espléndida, durará

 

 

Autor Enrique Santos Buendía

Autor de los dibujos Guillermo Santos

Páginas: 1 2 3

Whatsapp
Telegram