La Gran Pirámide de Guiza. Tal vez se hizo así
Por Enrique Santos Buendía
26 junio, 2021
Modificación: 5 julio, 2021
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Antecedentes

En este antiguo país la vida tras la muerte era casi más importante que la diaria. El Río permitía el transporte de mercancías voluminosas y pesadas con bastante facilidad. Las canalizaciones y desvíos de las corrientes estaban a la orden del día a consecuencia del desarrollo agrícola. El transporte terrestre mediante trineos se universalizó y las técnicas para facilitarlo avanzaban (humectación de la arena, engrasado de patines, colocación de rodillos bajo ellos…). Los carpinteros mejoraron su técnica y alcanzaron gran perfección, eran capaces de hacer cascos de barco con formas muy precisas uniendo las distintas tablas simplemente con cuerdas.

Había numerosas canteras en superficie, con estratigrafías muy planas, casi horizontales, que facilitaban la extracción de sillares regulares y con composiciones que iban desde piedras bastante blandas y trabajables a duras o muy duras. Contaban con pocas herramientas para trabajar la piedra, pero estas estaban muy consolidadas y eran bastante efectivas. Solían ser de piedra más dura que la de la cantera de la que se extraían o de cobre y bronce, tal vez incluso de hierro, y era común el empleo de abrasivos de arena para los cortes con sierras planas o para perforaciones en los tornos. Las cuñas y las palancas de madera o metal completaban la paleta disponible. Sobre todo usaban muchas cuerdas y rodillos. Demostraron con suficiencia que sabían extraer grandes piezas, tallarlas, manejarlas, transportarlas, subirlas a buena altura y colocarlas con precisión, normalmente ayudados con morteros de yeso, muy efectivos en un clima tan seco, que además de servir como aglomerante era un buen material nivelador y facilitaba los deslizamientos entre sillares.

Imagen 3: Uniformar los cartabones para los trabajadores fue una gran idea, evita errores y unifica medidas

Las inundaciones y la necesidad de reconocer después los distintos predios una vez retiradas las aguas, les hicieron expertos geómetras, no grandes matemáticos. Jugaban muy bien con las proporciones, los cocientes enteros. El triángulo sagrado, de lados 3-4-5, era de uso corriente, lo que les permitía trazar ángulos rectos con bastante exactitud. Eran también expertos en lograr buenas alineaciones: el «tendido de la cuerda» era la ceremonia iniciática esencial en la construcción de cualquier edificación de importancia. El cielo para ellos era un libro abierto, ya que la escasez de nubosidad y la necesidad de disfrutar del frescor nocturno les facilitaba contemplarlo a diario. Conocían muy bien las figuras estelares y las «inmortales», esas estrellas circumpolares que nunca se ocultaban, alcanzaron gran importancia en sus ritos y orientación.

Su sistema de medidas, basado en la anatomía humana, resultaba bastante efectivo: la unidad principal era el codo, más largo el real, de siete palmos, y menor el corto con seis. Este palmo lo formaban cuatro dedos, la unidad menor habitual. No conocían la división angular, pero se llevaban estupendamente con las pendientes: el cociente entre altura y distancia horizontal, al que llamaron seked. Contaban la cantidad de dedos horizontales en relación con la altura de un codo real y los más utilizados fueron 5 ¼, 5 ½  y 5 ¾, es decir, el avance horizontal era de cinco palmos y un dedo, cinco palmos y dos dedos o cinco palmos y tres dedos, respectivamente. El primero de los tres coincidía con las proporciones del triángulo 3-4-5 y era el más corriente entre canteros y albañiles en su trabajo.

Casi todas las pirámides se hicieron siguiendo alguno de ellos.

Imagen 4: Los merjets fijos son un éxito, corrigen los desvíos antes de que se vuelvan graves

 

Para medir distancias utilizaban cuerdas calibradas, normalmente tratadas con grasas para hacerlas más estables y fiables. Las alineaciones se marcaban mediante jalones y utilizaban para ello una especie de alidada o visor manual consistente en una vara o bastón recto de madera o metal, provisto de una mirilla y con una plomada para marcar el punto a alinear. Lo llamaban merjet y, marcando su ubicación en el suelo, permitía la alineación con dos o más jalones consecutivos. Fue su mejor herramienta para replantear deslindes o edificaciones.

Para conseguir buenas nivelaciones utilizaban un nivel de agua, que no era más que una tabla o palo escuadrado con una perforación longitudinal en la cara superior que se llenaba con ella para marcar la horizontal. Para obras transcendentes, como la pirámide, excavaban o construían un canalillo perimetral que les permitía nivelaciones extraordinarias.

El mayor problema, sobre todo en obras de estas magnitudes, lo representaba el Sol y la enorme irradiación producida, que elevaba la temperatura de forma extraordinaria y rápida, provocando dilataciones en los elementos de medición, y en el resto, que podían ser muy notables. Se minimizaban midiendo antes o después de que estuviese en su esplendor o a las mismas horas si esto no era posible, con continuos replanteos y correcciones. Por eso hay ligeros errores en las dimensiones de esta pirámide, que se ha estimado rondan los 20 cm en las longitudes, algún minuto de grado en la orientación y menos de 20 mm en la nivelación. De cualquier manera, se puede afirmar con absoluta tranquilidad y total rotundidad que sus medidas, orientación y nivelación son perfectas, porque esos «errores» no llegan a una milésima de las medidas totales. Hoy los cometemos más grandes a pesar de tantos medios técnicos a nuestra disposición.

El trazado de perpendiculares era relativamente fácil. Como se basaba en un triángulo de lados proporcionales a 3, 4 y 5, bastaba con utilizar un cordón de hechura cuidada cuyos tres trozos se uniesen entre sí con firmeza para mantener las proporciones si todo el cordón estaba sometido a la misma temperatura e irradiación solar. Si se aumentaban los múltiplos de la proporción los errores se minoraban.

Los alarifes y canteros utilizaban cartabones o similares a diario y, con la ayuda de la plomada, aseguraban horizontalidad y verticalidad a más de las inclinaciones requeridas. Si los colocaban correctamente, los retranqueos del arranque de las distintas hiladas quedaban ajustados, manteniendo el seked de las paredes sin dificultad, y podían efectuar tallados de las caras inclinadas con increíble perfección.

Imagen 5: Se colocan merjets permanentes en la base para su convergencia perfecta ayudados por los de arriba

 

¿Cómo hacerla?

Aunque suene a Perogrullo, debemos tenerlo claro: se empieza desde abajo, por los cimientos y se va subiendo hasta conseguir llegar a lo más alto. A partir de ese momento se remata de arriba abajo lo que no pudo completarse porque se habría impedido llegar arriba o por no dañar lo antes acabado.

La economía debe primar siempre. Por mucha riqueza de la que disponga el promotor, incluso siendo faraón, no debe derrocharse en obras auxiliares ni en el empleo de medios extraordinarios que no tengan reflejo alguno en la obra terminada.

La sensatez y seguridad son esenciales, en cualquier situación. No se puede jugar con la vida de los trabajadores aunque no se valoren ni ella ni su trabajo, porque estos dejarán de trabajar o sabotearán la obra, provocando costes y retrasos que no benefician a nadie. En cualquier tarea debe estar previsto que alguno de los intervinientes falle o abandone su puesto y que alguno de los medios de sostén deje de cumplir su función, sin que por ello se ponga en riesgo la conclusión del procedimiento.

Imagen 6: Los pequeños trineos suben de maravilla cuando los ayudantes se familiarizan con los rodillos

El proyecto debe ser minucioso y trabajar, antes de empezar las obras, con maquetas o simulaciones que permitan conocer los problemas que pudieran aparecer, dando tiempo a plantear soluciones alternativas en caso de que aparecieran. Las soluciones y procedimientos más sencillos, que casi siempre son los mejores, deben preferirse a los complejos o difíciles de ejecutar.

El buen replanteo es esencial. Se debe hacer con esmero, midiendo y repitiendo las mediciones hasta que los errores se vuelvan imperceptibles. Se dejarán marcas fijas (líneas en el terreno, jalones, hitos, camillas…) que sirvan de referencia, fuera del perímetro que ocupará la edificación siempre que sea posible, para no alterarlas con el desarrollo de la obra y poder hacer las comprobaciones necesarias durante su transcurso.

Ante cualquier tarea deberá actuarse con sentido común. Los procedimientos más habituales y consolidados se preferirán a las innovaciones no probadas o fuera de lo acostumbrado, así se reducen errores y riesgos.

La obra debe mantener un avance continuado. No hay peor decisión que la de deshacer lo ya construido (jugar a prueba y error en la obra es un dislate), pues rebaja el valor del trabajo y baja la moral de quien lo ejecuta, provoca retrasos y aumenta el coste.

Imagen 7: Los grandes sillares superan fácilmente los desniveles con las dobles palancas removibles

Los materiales de deshecho o escombros se reducirán al máximo. No producirlos sería lo ideal. Todo lo aprovechable, que no desmerezca el resultado final, debe ser utilizado. Reduce costes y residuos.

La plomada, el nivel, las escuadras o cartabones, la regla y el hilo tensado son las mejores herramientas para conseguir un buen resultado. Las alineaciones son el método más sencillo y barato para alcanzarlo y si el hilo tensado está tendido sobre un plano que evite su combado, como ocurre si se coloca en una hilada inferior sobresaliente, mejor que mejor. Estos medios estaban al alcance de los albañiles, que los usaban asiduamente cuando se construyó la pirámide.

La mejor plataforma para trabajar en altura es la obra ya realizada, preferible a cualquier andamiaje o estructura auxiliar. La pirámide tiene la mejor forma posible para conseguirla, ya que cada hilada queda retranqueada sobre la inferior dejando espacios libres. Hay que aprovecharlos.

El acabado debe cuidarse especialmente, pues es la imagen de la construcción. En una pirámide, que es prácticamente maciza, es el elemento visible y del que presumirá su promotor o sucesores, por lo que no debe ser utilizado para el paso de personas, máquinas o grandes pesos, ni para fijar estructuras exteriores. En consecuencia, hay que completar las tripas antes de dedicarse a los acabados, eliminando riesgos de deterioro.

Cuando la mano de obra humana es el factor esencial en la ejecución de una obra por la falta de adelantos técnicos o por la ausencia o imposibilidad de otras fuentes de trabajo, como en una pirámide, debe tenerse muy presente que el hombre es capaz de esfuerzos puntuales considerables, pero difíciles de mantener en el tiempo. Cualquier acción que obligue a un trabajo continuo conduce al agotamiento y, en consecuencia, al desastre. Se necesitan períodos de descanso o recuperación tras un esfuerzo notable. 

El plano inclinado es un gran facilitador del movimiento de cargas entre distintos niveles siempre que su longitud sea limitada, sobre todo cuando el arrastre o sostén lo deba realizar el hombre. Para desplazar cualquier carga es siempre preferible y más seguro el plano horizontal.

Imagen 8: Los largos y pesadísimos sillares de la cámara ruedan suavemente gracias a los balancines

En nuestro caso, el problema principal es que hay que subir elementos pesados o pesadísimos a alturas considerables, de la forma más sencilla y efectiva posible y que permita la intermitencia en la acción. En mi opinión, el mejor método disponible en aquella época era la rampa escalonada: tramos horizontales unidos por saltos de altura discretos que faciliten el movimiento y permitan esfuerzos discontinuos, con descansos entre ellos, relevos y un ascenso moderado a cada cuadrilla de trabajadores.

Por otro lado, hay que tener muy presente que el trabajo se hace a temperaturas bastante elevadas y a pleno sol; que no se puede subir y bajar una pirámide a cada rato porque no quedarían tiempo ni fuerzas para trabajar, y que los trabajadores deben alimentarse y satisfacer sus necesidades sin alejarse demasiado del lugar de trabajo. Así pues, lo mejor es que suban al iniciar la jornada, que permanezcan todo el tiempo casi al mismo nivel aprovechándolo para el trabajo productivo y que bajen solo al finalizar la jornada.

Para mejorar el rendimiento y no desperdiciar el tiempo, cada cuadrilla debe moverse en un intervalo reducido de hiladas, tomando el trabajo de las situadas a nivel más bajo y transmitiéndoselo a las situadas por encima.

                                   Imagen 9: Se colocan los grandes sillares que cubren la cámara

Aparte de la demostración de poderío que representaba para el faraón levantar una obra de tal tamaño y perfección, el fin fundamental es que fuese una obra duradera, muy duradera (eterna). Para lo que se necesitaba que fuese muy firme y compacta, difícil de atacar y muy resistente a los elementos. Ello exigía un terreno resistente y uniforme que soportase las enormes cargas que se iban a colocar, como, por ejemplo, una plataforma rocosa (meseta rocosa). Para asegurar la compacidad lo mejor era contar con un núcleo de piedra casi sin vacíos y emplear grandes elementos de roca muy resistente donde los hubiera (granito). Así pues, era preciso disponer de una cantera próxima para obtener bloques rápidamente, fáciles de cortar y ajustar (piedra caliza o arenisca) y un buen aglomerante para rellenar oquedades y facilitar la nivelación (mortero de yeso). Además, había que contar con una piedra de acabado que deslumbrara al darle el sol tras su pulido extremo, devolviendo gran parte de la energía recibida, y que pudiera acabarse con muchísima finura en todas sus caras (caliza blanca) para un ajuste milimétrico en las juntas que evitase la entrada de las abrasivas arenas transportadas por el viento y el expolio de siglos venideros.

Consecuentemente, lo primordial era encontrar un lugar donde se pudiesen satisfacer estas necesidades de la mejor manera, evitando costes demasiado exagerados y reduciendo los tiempos de ejecución, a la vez que se superaban los fallos que pirámides previas habían tenido. El terreno debía ser lo suficientemente plano, de base rocosa y uniforme, con posibilidades de extracción cómoda de una roca resistente y trabajable, con canteras de roca caliza muy blanca y de grano fino en las cercanías y próximo a las aguas del Nilo para permitir el transporte en embarcaciones de sillares descomunales de granito.

Buscaron y buscaron y encontraron la meseta de Guiza. Una vez establecida su ubicación, tocaba encontrar el método más lógico, sencillo, práctico y correcto para levantarla. Tras muchas vueltas, se decidió al unísono que el método tradicional de las rampas escalonadas desarrolladas sobre la periferia de la construcción sería el ideal, el más seguro y eficaz, consolidado y para el que no necesitaban innovaciones o técnicas no probadas. Así pues, se pusieron a ello

Imagen 10: la ubicación está decidida. Hay buenas perspectivas: terreno firme, canteras al lado, el rio cerca…

 

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