Hola egiptomaníacos,
¿Podría alguien decirme si tiene información sobre la biografía del guerrero Ahmosis Pennekhbet existente en la tumba de Elkab, y que se fecha en el siglo XVI a. C. sobre el reinado de Ahmosis I o de Amenofis I?.
Gracias
Texto funerario de Elkab
Texto funerario de Elkab
Entre la estrellas imperecederas no perecerás
Si Ahmosis Pennekhbet es la misma persona que Ahmose, hijo de Ibana, aqui tienes la traducción de su autobiografia:
http://www.geocities.com/nefera.geo/ibana
http://www.geocities.com/nefera.geo/ibana
AHMOSE PENNEKHBET
Hola vincent.
El hijo de Ebana y Pennekhbet no son la misma persona, aunque ambos fueron enterrados en el-Kab y fueron en parte coetáneos. Jose Manuel Galán en su obra -El imperio Egipcio. Inscripciones ca. 1550-1300a.C.-recoge sendos textos de las tumbas de ambos. Distingue:
-Ahmose el hijo de Abana: almirante que prestó sus servicios bajo los reinados comprendidos entre Ahmose y Tutmosis I.
-Ahmose Pennekhbet: soldado que prestó sus servicios entre los reinados de Ahmose y Tutmosis III. Según Galán (y la inscripción de la tumba de el-Kab)estuvo encargado de criar a la hija mayor de la reina Hatshepsut y disfrutó de los favores de Tutmosis III.
El primero participó en la conquista de Avaris, y ambos disfrutaron de lo lindo guerreando por Siria y Nubia, y obteniendo recompensas por tanta masacre. Esa época en la que los faraones de la XVIII dinastía a los que tanto admiramos (sinceramente) transformaron el miedo a una posible nueva invasión de su territorio en un nuevo marco de relaciones con Siria y Nubia basado en el principio de -lo mío pa mi y lo tuyo también pa mi-. Ya se que los análisis históricos no pueden hacerse así pero a veces nos olvidamos de que logros como los grandes templos y colosos del Imperio Nuevo, el lujo de su corte o caprichos como los de Ajenatón de decir: ala me monto aquí en medio del desierto una bonita e inmensa nueva capital, si si, porque no me gustan los sacerdotes de Amón y me lo ha dicho Atón por lo bajines- se fundaron en el sufrimiento de miles de personas, no solo de Egipto sino también del mayor imperio que había conocido la historia hasta entonces. Y eso que yo soy un admirador sin fisuras de Tutmosis III.
Bueno, también para estas digresiones espero que sirva este foro.
Un saludo a todos los foreros.
Josemari
El hijo de Ebana y Pennekhbet no son la misma persona, aunque ambos fueron enterrados en el-Kab y fueron en parte coetáneos. Jose Manuel Galán en su obra -El imperio Egipcio. Inscripciones ca. 1550-1300a.C.-recoge sendos textos de las tumbas de ambos. Distingue:
-Ahmose el hijo de Abana: almirante que prestó sus servicios bajo los reinados comprendidos entre Ahmose y Tutmosis I.
-Ahmose Pennekhbet: soldado que prestó sus servicios entre los reinados de Ahmose y Tutmosis III. Según Galán (y la inscripción de la tumba de el-Kab)estuvo encargado de criar a la hija mayor de la reina Hatshepsut y disfrutó de los favores de Tutmosis III.
El primero participó en la conquista de Avaris, y ambos disfrutaron de lo lindo guerreando por Siria y Nubia, y obteniendo recompensas por tanta masacre. Esa época en la que los faraones de la XVIII dinastía a los que tanto admiramos (sinceramente) transformaron el miedo a una posible nueva invasión de su territorio en un nuevo marco de relaciones con Siria y Nubia basado en el principio de -lo mío pa mi y lo tuyo también pa mi-. Ya se que los análisis históricos no pueden hacerse así pero a veces nos olvidamos de que logros como los grandes templos y colosos del Imperio Nuevo, el lujo de su corte o caprichos como los de Ajenatón de decir: ala me monto aquí en medio del desierto una bonita e inmensa nueva capital, si si, porque no me gustan los sacerdotes de Amón y me lo ha dicho Atón por lo bajines- se fundaron en el sufrimiento de miles de personas, no solo de Egipto sino también del mayor imperio que había conocido la historia hasta entonces. Y eso que yo soy un admirador sin fisuras de Tutmosis III.
Bueno, también para estas digresiones espero que sirva este foro.
Un saludo a todos los foreros.
Josemari
Josemari
el militarismo egipcio
Estimado Inpw.
Yo siempre he tenido una visión romántica de Egipto. Si comparamos el gran desarrollo de su cultura fruto de grandes periodos de estabilidad en un marco bastante aislado y autosuficiente, la amabilidad de su arte, su refinamiento, el cierto humanismo al que llegó en determinadas épocas y su visión confiada en la resurrección en el Más Allá siempre que se siguieran unas pautas de conducta, si comparamos digo, esto y muchas otras cosas, con culturas con una visión de la realidad mucho más atemorizada, incluso aterrorizada como las de Mesoamérica o en ocasiones las de Mesopotamia, sin duda el valle del Nilo parece un paraíso en medio del caos.
Hasta aquí el romanticismo. Pero no nos engañemos, dentro de sus fronteras el Reino Egipcio no era Cáritas, y la riqueza se canalizaba hacia el faraón y las instituciones religiosas. Las pirámides las construyeron fieles egipcios convencidos probablemente de la necesidad de catapultar a su rey a las estrellas imperecederas para que se garantizara así el curso plácido de la existencia de los egipcios, pero parece que esas certezas les duraron poco y fueron haciéndolas cada vez más pequeñas, e incluso en la IV dinastía Shepseskaf pasó de todo y construyó una gran mastaba como tumba. El sufrimiento necesario para construir los monumentos funerarios desde Esnofru hasta Quefrén es evidente, con independencia de que los cambios en el aparato funerario tuvieran otras causas económicas y religiosas, en la que los sufridores influían muy poco.
Volviendo al imperio de la XVIII dinastía, no quisiera polemizar, creo que tampoco podemos tener una visión glamourosa del gran emperador egipcio, a la manera de Amenhotep III, dispensando a diestro y siniestro el hálito de vida mientras sus súbditos nubios, libios y cananeos estaban encantados de los nervios y sumamente agradecidos. Es cierto que el gran militarismo de la dinastía pudo estar motivado por la necesidad de expulsar a los hicsos primero y de crear zonas tapón que evitaran otra pesadilla como aquella. Pero, como en la actualidad, no podemos llevar las guerras defensivas tan lejos. Buena prueba de ello es la gran cantidad de revueltas en Siria, a la que Egipto aportó poco y que mantuvo casi incólume toda su cultura sumero-acadia, y la destrucción sistemática de la cultura del reino de Kerma y su sustitución por una aculturación que tuvo que ser realmente opresiva. En el norte se jugaban el comercio internacional y en el sur el oro. Si los egipcios, tan civilizados ellos, tenían que despoblar grandes zonas de Baja Nubia, por ejemplo, lo hacían sin miramientos y al rey sirio que ponía en peligro su infraestructura en Canaán, como Abdiashirta cuando destruyó Simira, si lo pillaban lo ejecutaban y listo. Además habría que estudiar, como se ha sugerido, si la dominación egipcia en Palestina y Nubia las dejó al finalizar el Imperio Nuevo mejor de lo que estaban. Sin asegurarlo me atrevería a decir que las florecientes ciudades palestinas del Bronce Medio y el pujante reino de Kerma eran más ricos que sus homólogos del final del Bronce Reciente y del vacío cultural que parece quedó en Nubia.
Claro que luego llegaron los Asirios e hicieron bueno a cualquiera.
Yo siempre he tenido una visión romántica de Egipto. Si comparamos el gran desarrollo de su cultura fruto de grandes periodos de estabilidad en un marco bastante aislado y autosuficiente, la amabilidad de su arte, su refinamiento, el cierto humanismo al que llegó en determinadas épocas y su visión confiada en la resurrección en el Más Allá siempre que se siguieran unas pautas de conducta, si comparamos digo, esto y muchas otras cosas, con culturas con una visión de la realidad mucho más atemorizada, incluso aterrorizada como las de Mesoamérica o en ocasiones las de Mesopotamia, sin duda el valle del Nilo parece un paraíso en medio del caos.
Hasta aquí el romanticismo. Pero no nos engañemos, dentro de sus fronteras el Reino Egipcio no era Cáritas, y la riqueza se canalizaba hacia el faraón y las instituciones religiosas. Las pirámides las construyeron fieles egipcios convencidos probablemente de la necesidad de catapultar a su rey a las estrellas imperecederas para que se garantizara así el curso plácido de la existencia de los egipcios, pero parece que esas certezas les duraron poco y fueron haciéndolas cada vez más pequeñas, e incluso en la IV dinastía Shepseskaf pasó de todo y construyó una gran mastaba como tumba. El sufrimiento necesario para construir los monumentos funerarios desde Esnofru hasta Quefrén es evidente, con independencia de que los cambios en el aparato funerario tuvieran otras causas económicas y religiosas, en la que los sufridores influían muy poco.
Volviendo al imperio de la XVIII dinastía, no quisiera polemizar, creo que tampoco podemos tener una visión glamourosa del gran emperador egipcio, a la manera de Amenhotep III, dispensando a diestro y siniestro el hálito de vida mientras sus súbditos nubios, libios y cananeos estaban encantados de los nervios y sumamente agradecidos. Es cierto que el gran militarismo de la dinastía pudo estar motivado por la necesidad de expulsar a los hicsos primero y de crear zonas tapón que evitaran otra pesadilla como aquella. Pero, como en la actualidad, no podemos llevar las guerras defensivas tan lejos. Buena prueba de ello es la gran cantidad de revueltas en Siria, a la que Egipto aportó poco y que mantuvo casi incólume toda su cultura sumero-acadia, y la destrucción sistemática de la cultura del reino de Kerma y su sustitución por una aculturación que tuvo que ser realmente opresiva. En el norte se jugaban el comercio internacional y en el sur el oro. Si los egipcios, tan civilizados ellos, tenían que despoblar grandes zonas de Baja Nubia, por ejemplo, lo hacían sin miramientos y al rey sirio que ponía en peligro su infraestructura en Canaán, como Abdiashirta cuando destruyó Simira, si lo pillaban lo ejecutaban y listo. Además habría que estudiar, como se ha sugerido, si la dominación egipcia en Palestina y Nubia las dejó al finalizar el Imperio Nuevo mejor de lo que estaban. Sin asegurarlo me atrevería a decir que las florecientes ciudades palestinas del Bronce Medio y el pujante reino de Kerma eran más ricos que sus homólogos del final del Bronce Reciente y del vacío cultural que parece quedó en Nubia.
Claro que luego llegaron los Asirios e hicieron bueno a cualquiera.
Josemari

