España revitaliza las excavaciones arqueológicas en el Egipto de los faraones
Por Coordinadores de AE
Creación: 12 enero, 2004
Modificación: 12 enero, 2004
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La expedición de Galán, científico titular del CSIC, y la de Carmen Pérez Die, del Museo Arqueológico, en Heracleópolis, han logrado espectaculares hallazgos. Todo estará en orden, hoy, en la necrópolis de Dra Abu el-Naga. Incluso la «trampa» que habrán colocado algunos miembros del equipo por si algún fechor se ha atrevido a desafiar «la maldición de Tutankamón» y ha osado «profanar» las tumbas. José Manuel Galán, al mando de un gran equipo hispano-egipcio de 18 personas, llega a la tierra prometida de la arqueología: el «Atapuerca» de Egipto.

Arranca así la tercera campaña de trabajo en las tumbas de Djehuty (ministro de Hatshepsut, la mujer que reinó en Egipto hace 3.500 años) y de Hery. El progreso de las excavaciones se puede seguir a través del Diario de Excavación de la página web del Proyecto Djehuty (www.excavacionegipto.com) que se actualizará al día y que este año incorpora importantes novedades.

Lo primero que harán será levantar las esteras del vestíbulo de la tumba para comprobar que no hay ningún bichejo agazapado (el año pasado descubrieron pequeñas estalactitas de un color ferruginoso en la tumba de Hery y unas grietas con sales en la tumba situada entre la de Djehuty y la de Hery). Luego, empezarán a excavar como en 2003, cuando a la media hora el equipo ya extrajo media docena de conos funerarios con inscripción, unos cuantos «ushebtis», lino, cerámica, huesos y una momia. Entre los hallazgos más sorprendentes destacaba un cono funerario triple de Djehuty: un «tronco» que se ramifica en tres superficies planas con impronta de sello.

Y vieron cosas maravillosas

Días más tarde, junto a un revuelto de huesos y lino, Tagui, uno de los obreros egipcios, desenterró una cabeza de un sarcófago de madera que perteneció a una niña. Sólo sus ojos estaban pintados y se conservaba en perfecto estado, al igual que la madera. Muy probablemente sea de la época saíta (dinastía XXVI). Más adelante salió a la luz, tímidamente, el extremo de una tabla pintada de negro por uno de sus lados y con una inscripción en amarillo. Era una parte de un sarcófago de madera de la época de Tutmosis III. Pero el gran hallazgo se produjo a principios de febrero de 2003. Una joya exquisita. Su estado de conservación era bastante bueno, pero no valía confiarse y Montse y Alicia, dos miembros del equipo, se dedicaron con ahínco a limpiar y a seguir consolidando cada grieta, cada pequeño fragmento de estuco levantado…de una momia.

«He visto cosas maravillosas», dijo Howard Carter cuando le deslumbró la tumba de Tutankamón hace ochenta años. «También nosotros hemos vivido una experiencia maravillosa, increíble, excepcional…Nos sonrió hasta la hora de empezar a encontrarlo, a las siete de la mañana. Si hubiese comenzado a aparecer más tarde no se habría podido terminar el trabajo en una mañana y eso habría supuesto un inconveniente», explica Galán. Lo «peor» vendría después: el rostro estaba cubierto por casi un metro de tierra, adobes, piedras… A medida que se extraía de la tierra se aplicaban unas tiritas con consolidante para que las grietas se hicieran fuertes y no se destruyeran. Había una especie de lucha contra el tiempo y a favor del cuidado. Pero el ritmo se aceleraba. Los muros que rodean la tumba de Djehuty se convirtieron en una platea a la que se asomaron muchos rostros expectantes. Hubo que dar cuenta a las autoridades y a un buen número de inspectores de la zona, jefes de inspectores, responsables del servicio de antigüedades…

Por fin llegó el momento ansiado: el sarcófago… «¡La momia estaba completa!», comenta exultante José Manuel Galán. «Únicamente la nariz del rostro se encontraba fragmentada. Era cerca de la una y las preguntas se sucedían de modo atropellado: ¿Se trataba de un hombre o de una mujer? ¿Por qué se encontraba en el patio de aquel modo? ¿Tendrían serias dificultades para proceder a su levantamiento? Y, por supuesto, la más repetida: ¿se habría abierto alguna vez o estaría intacto? y, si estaba inviolado ¿qué encontrarían dentro?» El equipo abrió el sarcófago cuando Hawas, director de Antigüedades de Egipto (que estos días ha publicado en el periódico de mayor tirada de Egipto su experiencia al visitar a la expedición española), llegó a la tumba. Al destaparlo, los ojos de los arqueólogos casi se salen de sus órbitas: «¡Había una momia intacta envuelta en una especie de sudario de lino!». La cara de sarcófago de una niña encontrada días antes probablemente guardaba relación con la mujer del gran sarcófago, porque estaba pintado en blanco suave, con los ojos muy marcados en negro y el blanco de los ojos de color muy brillante. Madre e hija. «Hallar el gran sarcófago -cuenta José Manuel Galán- fue uno de los momentos más emocionantes de la campaña, porque empezamos a descubrirle sólo los pies. Fuimos destapándolo poco a poco. Salieron las manos talladas, que son preciosas y, por fin, la cabeza. Al ir hacia abajo descubrimos que no estaba abierto, que las espigas de madera que unen la tapa con el cuerpo estaban intactas». Es del año 1000 a. C. (Djehuty se corresponde con el año 1500 a. C.).

Seis semanas de trabajos

La expedición estaba entusiasmada. Las cosas maravillosas que vieron Galán y su equipo no se acabarían con el sarcófago. Bastaba que se hicieran planes de intervención para que los desbaratara otro hallazgo, como una pirámide. En todo ello se volcarán desde hoy, y durante las próximas seis semanas, el equipo del Proyecto Djehuty, patrocinado por Telefónica Móviles y con la colaboración de las Fundaciones de Telefónica y de Caja Madrid, de la Asociación Española de Egiptología y del Centro Superior de Investigaciones Científicas, que tiene como objetivo la excavación, restauración y publicación de las tumbas de Djehuty y de Hery, en la orilla oeste de la antigua Tebas (Lu-xor, Egipto), en torno al año 1500 a. C.

Dos restauradores trabajarán con las principales piezas halladas en campañas anteriores. Entre ellas destaca una tabla de madera, de medio metro de largo, que sirvió de muestra y ensayo de dibujo y de caligrafía. En uno de los lados de la tabla se representa, dentro de una cuadrícula, la estatua de un faraón vista de frente, algo inusual en el arte egipcio, que prefería representar a las figuras humanas más de perfil que de frente. La cuadrícula, trazada en tinta roja, servía de guía para dibujar la figura de acuerdo a un canon de proporciones. Un alumno ha copiado al lado la figura del faraón, también dentro de una cuadrícula. Junto al dibujo de las figuras se ha escrito en letra cursiva («hierático») el comienzo de un texto que se utilizaba en las escuelas de escriba para aprender a escribir, el denominado «libro de Kemit». El texto está escrito en columnas, alternándose una escrita por el maestro y otra por el alumno, de caligrafía más pobre. En el otro lado de la tabla se conserva dibujada, con gran precisión, la figura de un faraón cazando patos en los pantanos con palos arrojadizos. La tabla es probablemente del 1450 a. C. aproximadamente, y el faraón representado debe ser Tutmosis III, el rey egipcio que asentó las bases del imperio egipcio sobre Siria-Palestina y Nubia. El único paralelo de la pieza se encuentra en el Museo Británico, expuesta como una de las joyas de su colección de arte del antiguo Egipto.

Otro hallazgo en el que trabajarán es una tela de lino con una inscripción en tinta roja, en la que se señala que fue tejida en el segundo año de reinado de Amenofis II, en torno al 1400 a. C. Un fotógrafo del National Geographic acompaña a la expedición del Proyecto Djehuty 2004, estructurado en estos grandes objetivos:

Limpieza y excavación de los patios de entrada a las tumbas y localización de los pozos de enterramiento que conducen a las cámaras funerarias de los propietarios de las tumbas.

Excavación de la pirámide que corona la fachada de la tumba de Hery, la pirámide más antigua construida para un particular. Los nobles comenzaron a construir pequeñas pirámides, de unos seis metros de altura, sobre sus tumbas justo cuando los reyes abandonaron esta práctica y se enterraron en el famoso Valle de los Reyes, a comienzos de la dinastía XVIII (ca. del 1500 a. C.).

El agujero en el techo de la cámara más profunda de la tumba de Djehuty, por el que cayeron los escombros que llenan casi hasta el techo la sala será cerrado. Esto permitirá comenzar la excavación en el interior de la tumba de Djehuty (alto oficial leal a la reina Hatshepsut, encargado de la dirección de los artesanos y de las finanzas de la corona).

Dos entomólogas del Museo de Ciencias Naturales estudiarán los insectos que habitaban y habitan en el interior de las tumbas, y los que se hallan entre las vendas de lino de la momia descubierta.

Una profesora de la Universidad Americana de El Cairo, Salima Ikram, radiografiará a la momia con una máquina portátil de rayos-x. Tras estudiar el cuerpo de la momia y el ajuar que pudiera llevar bajo los vendajes de lino, analizará cuatro cabezas humanas vendadas que el equipo halló en el patio exterior de la tumba y la momia de un mono, que apareció junto una de las tumbas.

Fuente: ABC
http://www.abc.es/cultura/noticia.asp?id=231824&dia=hoy

Reseña: Montse Borrás

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