El pectoral de la reina Kama
Por Susana Alegre García
1 marzo, 2008
Modificación: 9 diciembre, 2016
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Época: Dinastía XXII- XXIII.
Dimensiones: Altura máxima: 11’7 cm. Ancho máximo: 9’8 cm.
Materiales: plata, oro y lapislázuli
Lugar de conservación: Museo de El Cairo (CG 52715).
Lugar de procedencia: Excavaciones de C. C. Edgar en Leontópolis (actual Tell el-Muqdam), realizadas en 1915.

Durante las excavaciones efectuadas por el Servicio de Antigüedades en la zona occidental del yacimiento de Leontópolis, en 1915, fueron localizadas diversas tumbas en un estado de conservación bastante precario. No obstante, el destino permitió localizar un enterramiento con un ajuar funerario relevante, destacando la presencia de un escarabajo de corazón con el nombre de la reina Kama y, como pieza más espectacular (Foto 1), un magnífico pectoral cuya pertenencia también se atribuye a la dama identificada como madre de Osorkon III (787-759 a. C.). Parece, por tanto, que la reina Kama deseó enterrarse en el recinto del templo principal de su ciudad de origen y dedicado al culto del dios león Mahes.

El pectoral es una pieza de calidad excepcional, con elegantes figuras liberadas del marco en forma de fachada de templo que tan frecuentemente inspiró a los joyeros egipcios. También se hace evidente el gusto por la reducción del colorido que progresivamente se va estableciendo en este tipo de ornamentos y que alcanzará su máxima expresión en ciertos diseños de Tanis. En esta singular joya, por ejemplo, se combinan únicamente el color dorado, conseguido mediante una fina capa de pan de oro sobre el soporte de plata (una técnica no muy habitual en la joyería egipcia), y, el azul, realizado con piedra lapislázuli. No obstante, es posible que en las incrustaciones de cloisonnée que conforman la flor y la base del pectoral, que se encuentran bastante dañadas, pudieran haber dado cabida a leves toques de otros tonos o colores. Y, como en las magníficas creaciones localizadas en la necrópolis real de Tanis, también aquí el reverso fue magníficamente trabajado (Foto 2).

Ocupando el centro de la composición del pectoral de Kama destaca una deidad masculina con cabeza de carnero, que, por su aspecto, podría ser identificado con diversas divinidades: Atum, Amón-Ra… El dios porta una amplia peluca tripartita y apoya s0bre las rodillas la mano con la que sostiene un signo ankh– . También luce un amplio collar que le cubre los hombros y resulta llamativa la cobra que ornamenta el gran disco solar que conforma el tocado.

Para realzar la figura del dios en el conjunto del pectoral, se utilizaron diversos recursos. El ocupa el eje central de la composición, lo que ya le otorga preeminencia, y, además, queda elevado sobre el loto. Su presencia también se subraya con el color de la piedra lapislázuli y con el uso efectista de las dimensiones: a pesar de su postura es claramente más grande que las figuras femeninas; y su disco solar, en lo alto, es bastante más grande que el que lucen las diosas en sus respectivos tocados.

Foto 1. Pectoral de la reina Kama H. STIERLIN, L'or des pharaons, París, 1993, p. 204

Foto 1. Pectoral de la reina Kama H. STIERLIN, L’or des pharaons, París, 1993, p. 204.

La representación de este dios con cabeza de carnero y colocado sobre una flor de loto es una imagen cargada de simbolismo y una clara alusión a ciertos relatos mitológicos, de arraigada tradición, que aludían al primer amanecer de la existencia. Algunas versiones de estos relatos narran que el astro solar, en el principio de los tiempos, emergió desde las aguas primordiales sobre un loto y que, además, en ese crucial momento podía disfrutar de la compañía de diversas divinidades, entre ellas, Hathor y Maat. La presencia de ambas diosas junto al dios creador en distintos ámbitos es una idea que se repitió en los textos religiosos y que quedó recogida por una amplia iconografía. Así, Hathor y Maat también se sitúan en la proa de la barca con la que el astro solar recorre el firmamento, guiándolo en su camino de la eterna regeneración; Hathor y Maat podían ayudar al astro solar a disipar las tinieblas; Hathor y Maat, las hijas más queridas del dios creador, podían ayudarle a vencer al caos.

En el pectoral de la reina Kama, por tanto, se da imagen a algunas nociones religiosas de gran antigüedad y de profundo arraigo; siguiendo también una imaginería establecida y tradicional. No sólo se plasma el nacimiento de la existencia con la poderosa deidad creadora sobre la flor de loto, también se muestra a las diosas Hathor y Maat junto al dios en ese instante.

Foto 2. Reverso del pectoral de la reina Kama H. STIERLIN, L'or des pharaons, París, 1993, p. 205

Foto 2. Reverso del pectoral de la reina Kama H. STIERLIN, L’or des pharaons, París, 1993, p. 205.

Hathor se representó detrás del dios y aparece con su corona con cuernos de vaca y un disco solar. La incrustación que daba plasticidad a su peluca tripartita no se ha conservado (es posible que se tratara de una pieza de lapislázuli). La diosa, de curvas llenas, luce un estrecho vestido y diversas joyas: collar, pulseras, brazaletes y tobilleras. Salvo el elemento que podría haber dado color a su peluca, la imagen es uniformemente dorada y carente de ornamentos policromos. Lo único que rompe levemente la sobriedad es el bastón que sostiene con la mano izquierda, cuyo extremo superior se curva y en cuyo remate inferior se representó un pequeño renacuajo sobre el signo chenchen. Se trata del bastón heh, un elemento con el que frecuentemente se vinculaban las deidades egipcias y que alude simbólicamente al concepto de eternidad. Con la otra mano, realiza al dios un gesto de alabanza.

Mostrada cara a cara ante el dios creador, se encuentra la diosa Maat. Esa localización es frecuente en la iconografía egipcia y especialmente en las imágenes cosmogónicas. El aspecto, atuendo y dimensiones de Maat son aquí iguales a las lucidas por Hathor . No obstante, Maat porta un tocado integrado por una pluma de avestruz, su elemento identificador por antonomasia, que se enmarca en esta ocasión en un disco solar (únicamente en la parte del anverso; en el reverso, Maat porta únicamente el disco).

El disco solar, combinado o no con la pluma de avestruz, es un elemento relativamente habitual en las representaciones de Maat. Ello no es de extrañar en una diosa Hija de Ra. No obstante, la elección concreta de esta corona en este contexto subraya las implicaciones intensamente solares y cosmogónicas de la temática representada. A ello sumar que la estética del tocado de Maat contribuye a otorgar equilibrio a la composición. Lo cierto es que uno de los aspectos más interesantes en el diseño de esta joya es la sencilla armonía de los volúmenes, lo que en parte se consigue con la combinación de las formas curvas de los tocados de las divinidades.

En la joya de la reina Kama se muestra a Maat con las manos elevadas y con los puños cerrados. Se trata de la típica postura que se identifica con el gesto de sostener y agitar sistros. De modo que aunque en el pectoral los sistros no se han conservado, resulta plausible reconstruir su presencia ya que el gesto de Maat resulta inconfundible.

Los sistros son una especie de sonajeros que en el antiguo Egipto tenían gran relevancia en el terreno ritual. Se hacían sonar en las ceremonias litúrgicas de los templos, también en el ámbito funerario y su sonido era una expresión celebradora en las festividades. Se creía, además, que el instrumento tenía la mágica capacidad de ser agradable a los oídos divinos y se le atribuía el poder de ahuyentar las energías malignas. La vinculación de Maat con los sistros, y con otros instrumentos musicales, posiblemente se relacione con la noción de armonía que la música, como Maat, lleva implícita. Y, también, posiblemente, tenga que ver con la capacidad de ciertos instrumentos de ahuyentar las fuerzas negativas, de aludir a lo benéfico y a lo positivo; cualidades que por su parte Maat también ostenta, entre otras, como fuerza generatriz, orden cósmico y equilibrio universal.

En el pectoral de la reina Kama, con un diseño que combina sabiamente la riqueza de materiales con la sobria elegancia, se narra el momento en que el creador solar se eleva sobre una flor de loto de las aguas del Nun y pone en marcha la génesis del cosmos. En ese crucial trance, el poderoso dios cuenta con el apoyo de Hathor y Maat, divinidades con profundas implicaciones celestes y cósmicas. Ellas están ya con él en el principio de los tiempos, otorgándole eterna protección y alabanza; encarnando la vitalidad y la armonía universal; propiciando la victoria sobre las tinieblas y celebrando el amanecer de la existencia. Un momento sublime en el que los sistros agitados por Maat inauguran el primer sonido de la creación.

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