Egipto en el Museo del Louvre
Por Teresa Armijo
30 abril, 2008
Modificación: 6 febrero, 2017
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VIII Despedida

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Foto 56.- Cabeza Salt

Quisiera terminar con dos obras maestras que ahora parecen estar más olvidadas. Una de ellas es la preciosa cabeza llamada “Cabeza Salt”, por venir de esa colección, o “cabeza roja”, por el color de la piedra. Desconocemos donde apareció y mide 34 cm. de altura (N 2289). Durante mucho tiempo se la dató en la Dinastía IV “por la simplicidad de su estructura y sus proporciones impecables”. Sin embargo, la opinión ha variado y ahora los egiptólogos piensan que se realizó al final de la época amárnica. Sergio Donadoni ve los siguientes motivos para variar su fecha: la boca sinuosa, con el labio inferior partido por una ligera curva, propios de Ajenatón, de las princesitas de Amarna y del propio Tutanjamón; importancia de la anatomía del rostro, pómulos salientes, el óvalo bien definido, el hueso frontal palpable, el hundimiento del párpado, las superficies del rostro se quiebran para dejar ver su anatomía, todo ello característico de la escultura amárnica; por último las orejas perforadas, se inician con Ajenatón. Esta opinión ha prevalecido y hoy se exhibe en las estancias dedicadas a Tutanjamón y sus sucesores, concretamente en la sala 26A, vitrina 01.

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Foto 57.- Tres Cabezas de la tumba de Amenhotep III

Otras maravillas del museo son tres cabezas de Amenhotep III, procedentes de su tumba en el Valle de los Monos (KV 22). Champollion entró en ella en su viaje a Egipto y anotó que el enlucido de las paredes se desprendía fácilmente, haciendo imposible su traslado. Por ello se limitó a hacer una copia de dos escenas de la tumba. Sin embargo, alguien se aprovechó de la debilidad de la pared y recortó varias cabezas reales que, sin saber muy bien cómo, llegaron al Louvre. Las dos negroides (N 521 a y b) se arrancaron de un pozo donde el rey estaba frente a la diosa de Occidente y la diosa Nut, seguido del Kade su padre, Thutmose IV. La tercera (E 13100), algo más pequeña, se encontraría seguramente en un pilar de la segunda sala de la tumba y llegó a la Biblioteca Nacional que la traspasó al Louvre en 1922. Durante el siglo XIX sufrieron muchas restauraciones y se enmarcaron en tres cuadros de madera como si fueran retratos de familia. Últimamente se han restaurado, levantando las pinturas añadidas para dejar solamente los trozos de enlucido originales. Los colores son menos estridentes, el azul egipcio resalta limpio y los rasgos y facciones del rey parecen más naturales. Aún siguen enmarcadas y colocadas en la parte alta de la vitrina 9 de la sala 24 difíciles de ver y fotografiar.

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Foto 58a.- Cabeza de Meniu 58b.- Paleta del toro

Hemos hecho un recorrido por un museo que guarda una de las colecciones más importantes del Egipto faraónico. Como suele ocurrir en estos casos hay piezas impresionantes de las que no hemos hablado, como de la preciosa estatua del escriba real Meniu (E 11519: foto izquierda) o la famosa paleta del toro de Nagada II, donada por Tigrane Pacha (E 11255; foto derecha). Excavaciones no citadas como la Chassinat y Palanque en Assiut y Antinoe (Egipto Medio), Mirgisaa (Sudan), Gebel Zeit (Mar Rojo) etc. de las que el museo recibió alguna parte de lo encontrado. Donantes y coleccionistas que hemos tenido que omitir: Marques de Ganay, Madame Landau, Madame Maspero, Madame Shumanntorso, Delaporte, Denon etc. Pero espero que este “largo” resumen sirva de incitación para visitar el museo o al menos seguir buscando en páginas web y catálogos los maravillosos tesoros que acumuló a lo largo de los siglos aquella lejana fortaleza medieval convertida en Palacio Renacentista y que hoy se encierran bajo una pirámide de cristal.

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