Descubren tesoros en el sótano del Museo de El Cairo
Por Edmundo Dominguez Aragonés
Creación: 18 noviembre, 2005
Modificación: 10 agosto, 2017
Visitas: 3.483

A 20 años de haberse fundado el Museo de El Cairo, la generosidad del bajá Abbas, que gobernaba Egipto, lo dejó, como a la Magnífica: “sin cosa alguna”, al obsequiarle al archiduque Maximiliano de Austria, nuestro Max, todas las antigüedades que se encontraban en La Ciudadela, que ese fue el primer recinto del museo fundado en 1834 por Youssef Zia Effendi. Estas antigüedades se pueden admirar hoy en el Museo Egipcio de Viena.

Entre los siglos XVII y XVIII sólo unos cuantos reyes y magnates europeos poseían algunos objetos antiguos de arte egipcio, entre estatuillas, estelas y sarcófagos y nadie más. Entonces Napoleón llevó a cabo la expedición a Egipto, se descubrió la piedra Roseta que permitió la traducción de los jeroglíficos egipcios y así se conoció cómo era la cosa egipcia y ese arte milenario, y todo lo demás, se volvió un tesoro codiciado en el mundo.

Otra vez, los tesoros del museo estuvieron a punto de quedarse, ahora en Francia, en ocasión de la exposición de París en 1867 cuando la emperatriz Eugenia le pidió a Ismail Bajá la colección entera. Ismail no rehusó abiertamente, respondiéndole que la responsabilidad de hacerlo era una decisión de Auguste Mariette, el arqueólogo francés que había organizado el museo y era director de las excavaciones arqueológicas en Egipto. Mariette se negó entregar los tesoros y ya no permitió su salida, excepto pequeños objetos e imitaciones modernas de piezas antiguas para ser exhibidos en Viena, Filadelfia y París. En 1902, todo lo que contenía el Palacio de Gizeh, fue trasladado a Midan El Tahreer, donde fue edificado el actual museo, obra del arquitecto francés Marcel Dourgnon.

Así, a poco más de 100 años, Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, en 2004, al enterarse que en los sótanos del museo se habían acumulado sin que nadie les echara ni una mirada y empolvándose, aproximadamente 100 mil objetos, decidió que se necesitaba una relación más precisa del contenido y envió un equipo de curadores para que llevaran a cabo el inventario completo.

“Durante los últimos 100 años, los curadores se sentaron a tomar su té, pero no hicieron su trabajo”, comentó Hawass.

Por su parte, Alí Radwan, catedrático de egiptología en la Universidad de El Cairo, aseveró: “Es una acumulación de 100 años de descuido. No es adecuado que un país como Egipto tenga un almacenamiento miserable para su historia”.

El proceso de registro y recuperación ha sido lento en condiciones de trabajo muy difíciles. Hay poca ventilación y toneladas de polvo. “Es como si estuviéramos excavando de nuevo”, señala Sabah Abdel Razek, curadora egipcia que supervisa la labor.

Hasta ahora se han inventariado 22 mil artículos, lo que representa alrededor del 20 por ciento de lo que está en el sótano. Se han encontrado 600 ataúdes y 170 momias y tres estatuas que datan del Antiguo Reino, hacia el año 2649 antes de Cristo. Las estatuas habían sido denunciadas como robadas del museo y aunque se hicieron las pesquisas y se detuvo a dos empleados de limpieza del museo, finalmente resultó que se encontraban en el citado sótano.

A la fecha nadie sabe qué no habrá sido robado con el paso de los años. En 2004, los funcionarios reportaron que habían desaparecido del sótano 38 brazaletes dorados de tiempos romanos.

Los tesoros irán siendo recuperados, clasificados y debidamente resguardados y almacenados y la tarea será lenta y permanente por mucho tiempo, ante la cantidad de objetos que allí se encuentran y al final será cosa buena por tratarse de uno de los mayores “botines” de antigüedades soterradas en el museo.

Habría que preguntarse si en nuestros museos, tal el Nacional de Antropología e Historia y otros, en sus sótanos y bodegas todo está bajo control, cuidadosamente clasificado, sin polvo y a la vista de los arqueólogos, antropólogos e historiadores. Todo es patrimonio cultural de la Nación.

Fuente: El Occidental
http://www.eloccidental.com.mx/eloccidental/051118/naci_inter/
96naci_inter.asp

Reseña: Manuel Crenes y Roberto Cerracin

Whatsapp
Telegram

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *