Christian Jacq: «los egipcios eran un ejemplo de tolerancia para nuestra sociedad»
Por Coordinadores de AE
Creación: 1 junio, 2002
Modificación: 1 junio, 2002
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Millares de personas han aprendido a amar y a soñar con Egipto a través de sus libros. Él parece todavía sorprendido de sus ventas: «Ramsés» ha llegado a los 15 millones y sus obras se pueden leer en chino, mandarín y taiwanés, con una difusión impensable en países como Corea del Sur.

Sus padres eran farmacéuticos y nunca pudieron soñar que su hijo pudiera percibir el hálito luminoso de Osiris. «Cuando cumplí 13 años, explica a ABC, ese mismo día con el dinero que tenía me compré un libro que hablaba sobre Egipto y me quedé fascinado. Yo era un alumno desastroso con las matemáticas y la física, así que me dediqué a las humanidades. Estudié egiptología en La Sorbona cuando era una especialidad casi desconocida. Estaba el profesor y tres estudiantes, pero ahora hay dos mil».

El éxito le llegó en 1987 con «El Egiptólogo» y desde entonces las ventas se han disparado. «Egipto es un mundo de sabiduría y de belleza, señala, por eso creo que ha calado tanto en países tan distintos. Les hace introducirse a los lectores en un universo de misterio y de ensueño».

Considera que nuestra sociedad tiene mucho que aprender del antiguo Egipto porque «en nuestra civilización podemos encontrar todo tipo de desigualdades y una serie de situaciones muy peligrosas como el integrismo. Hay que subrayar que en 3.500 años no existió ni una sola guerra de religión. Su pensamiento se encontraba al margen del dogmatismo y del inmovilismo. Eran muy abiertos y evolucionados y eso es un ejemplo para nosotros. Por ejemplo, ellos nunca organizaban fiestas mientras existiera gente cerca que se estuviera muriendo de hambre».

Su nuevo libro, «El imperio de las tinieblas» (Planeta), que forma parte de la trilogía «La Reina Libertad», reivindica la figura femenina de Ahotep que encabeza la resistencia egipcia frente a los hicsos, guerreros de oriente con una nueva tecnología militar, los carros de combate. En el año 1690 a.C. Egipto está a punto de desaparecer». «Yo la veo como una mezclade Juana de Arco y De Gaulle, explica Jacq. Como ella, encabezó un ejército y fue condecorada con las moscas de oro, distinción que se ofrecía a los generales y que se encuentran en el Louvre. También se parece a De Gaulle porque, estando sola como él, supo decir que no y ganó la batalla. Por eso estos libros constituyen un canto de esperanza».

Fuente: ABC

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