Amenemope y Hathor, retrato de una pareja
Por Susana Alegre García
1 octubre, 2007
Modificación: 9 diciembre, 2016
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Época: Dinastía XIX (1293-1185 a. C.).
Dimensiones: Alto: 33 cm.
Materiales: Madera
Lugar de conservación: Colección del Ägyptisches Museum en la Isla de los Museos de Berlín (Inv. 6910). La talla formó parte de la colección Cassis-Faraone, siendo adquirida por el museo berlinés en 1867.
Lugar de localización: Desconocido, aunque muy posiblemente procede de la tumba de la pareja en la necrópolis tebana[1].

Foto 1. Talla de la pareja formada por Amenemope y Hathor. Foto del catálogo de la exposición Les artistes du Pharaon. Dier el-Médineh et la Vallée des Rois, París, 2002, p. 122

Foto 1. Talla de la pareja formada por Amenemope y Hathor. Foto del catálogo de la exposición Les artistes du Pharaon. Dier el-Médineh et la Vallée des Rois, París, 2002, p. 122.

Los artistas del antiguo Egipto tienen la merecida reputación de haber sido unos magníficos escultores, consiguiendo resultados extraordinarios con una variada gama de piedras que, en muchas ocasiones, eran muy difíciles de trabajar. Pero también hay que tener en cuenta la habilidad y maestría que reiteradamente demostraron en la realización de tallas, siendo la representación de Amenemope y su esposa Hathor (también llamada Henel), un ejemplo extraordinario del preciosismo y delicadeza que consiguieron plasmar utilizando la madera como soporte de su expresión.

Al contemplar esta hermosa obra, puede que lo primero que llame la atención sea el cuidado con el que se han representado los detalles y, especialmente, los del atuendo. La pareja se muestra descalza pero vestida con ropa de gran gala, plisada y siguiendo los cánones de sofisticación propios de la moda de la época. Él luce un faldellín largo que se ajusta a la cintura, debajo del ombligo, quedando el torso destacado y mostrando una especie de capa en la parte superior, que cae sobre los brazos como amplias y vaporosas mangas.

El atuendo de ella se compone de un vestido que debía abrirse en la parte delantera y el extremo de la tela se ornamentó con unos flecos que rematan el vestido desde los pies al escote. El plisado de la ropa, que no esconde la figura estilizada, se extiende sobre los brazos de la dama, cubriéndolos hasta los codos. Además, puede adivinarse un sencillo collar como remate de la cuidada estética de Hathor y también una diadema, a lo que podría sumarse algún tipo de atributo que la distinguiera como gran dama o como sacerdotisa[2], aunque dicho elemento en la actualidad ya no se conserva. Él, sin embargo, no porta ningún tipo de joya o cetro que enfatice su rango, aunque es sabido que este hombre fue un escriba real y un influyente jefe de los artesanos de Deir el-Medina durante el reinado de Ramsés II[3]. En el atuendo de ambos también destacan las complejas y voluminosas pelucas, plasmándose perfectamente en la talla los mechones, los trenzados y otros detalles de estos ornamentos.

Foto 2. Detalle de la zona debajo del asiento de Hathor

Foto 2. Detalle de la zona debajo del asiento de Hathor.

Amenemope y su esposa fueron representados con rasgos no demasiado definidos, con la mirada perdida en la lejanía y una expresión un tanto distante. No obstante, el conjunto inspira una sensación de serenidad y relajamiento. Con gran delicadeza, además, se muestra el contacto entre los dos cónyuges, que entrelazan sus brazos en un gesto que expresa ternura y afecto mutuo.

La pareja reposa, separadamente, sobre dos taburetes independientes[4], colocados, no obstante, uno al lado del otro. El de la dama es algo más bajo que el del esposo, pero ha sido compensado con un cojín que la eleva y la coloca a la misma altura que su marido. Así, ambos aparecen con idéntica jerarquía y dignidad.

El asiento de él resulta sobrio y poco ornamental, únicamente en la parte inferior de las patas destacan las tradicionales garras de león, que tan frecuentemente aparecen en el mobiliario egipcio. El asiento de ella es mucho más rico en decoración, con formas torneadas y cenefas, pero además, bajo las patas, aparece representada una mascota: un pequeño mono que come frutas (muy posiblemente higos)[5]. La presencia y actitud del animal es una clara alusión a la calidez de la vida doméstica, pero también se trata de una simbología, reiterada y subrayada con las deliciosas frutas, que hace referencia a la alegría, la prosperidad, la tentación, la gula y la sexualidad[6]. La imagen del cercopiteco bajo la silla de su propietaria es, además, una representación característica de las escenas de banquete funerario y propias de los ámbitos en que los miembros de la familia aportan ofrendas a los difuntos. Parece, por tanto, que la talla de la pareja formada por Amenemope y su esposa alude, o hasta pudo formar parte, de uno de esos rituales.

La iconografía de Hathor se complementa en un espacio que queda entre sus piernas y la silla, donde se plasma suavemente la imagen del hijo de la pareja[7]. Esta posición secundaria de la descendencia, que viene subrayada por las dimensiones diminutas en relación a la de sus padres, es habitual en los retratos de matrimonios generados por el arte egipcio. Sin duda, lo que se pretende es expresar la unión y hasta complicidad de la pareja, siendo la presencia de los hijos aspectos muchas veces anecdóticos o hasta marginales en la narrativa concreta de estas obras.

Cabe destacar que la imagen del matrimonio fue trabajada en un único fragmento de madera, integrando las dos figuras en un conjunto enmarcado por una especie de amplia pilastra dorsal. Este elemento, que fuerza la contemplación frontal, enmarca y unifica la localización de las figuras y genera un efecto similar al de un elevado respaldo suavemente redondeado en su parte superior. A su vez, la talla de la pareja encaja en un voluminoso pedestal sustentador y sobre el que se escribió un largo texto, que se extiende también sobre la parte posterior de la pilastra y en el que se integra una ofrenda funeraria y un himno de alabanza al dios Amón-Ra[8].

Nos encontramos ante una representación que condensa una rica dimensión trascendente, que busca la protección de la pareja y la propiciación de su eternidad. De modo que el principal objetivo narrativo era conseguir que perdurara, más allá de la vida, los vínculos y sentimientos que tan estrechamente les unió. La forma de afrontar esa eternidad es adorando a los dioses, pero, sobre todo, la escultura enfatiza el aspecto humano y la voluntad de compañía y afectuosidad eternas.

No obstante, la representación contiene algunos curiosos matices que sutilmente parecen trasformar a la esposa en la principal protagonista de la imagen. Por ejemplo, la localización en una silla algo más baja que la del marido puede ser la expresión de una cierta reverencia, pero la actitud solícita se compensa para que ambos individuos queden a la misma altura. La diferencia entre los muebles, desde esta perspectiva, parece un recurso para llamar la atención sobre el atípico asiento y en la resolución de la elevación de la dama. La talla, además, subraya la figura de la esposa enriqueciendo su iconografía: a la altura de sus rodillas se representó descendencia de la pareja y entre las patas del asiento aparece la tan simbólica imagen del divertido monito.

Hathor es también la figura más gestual y la que proporciona mayor ritmo a la composición: su brazo izquierdo se muestra flexionado para poder colocar el puño debajo del pecho, en una tradicional actitud de reverencia y alabanza que pudo enriquecerse con algún distintivo relativo al rango de la dama. El esposo, sin embargo, el brazo que no estrecha a su esposa sencillamente reposa sobre sus piernas. A ello se suma que es el brazo de Hathor el que queda por delante al entrelazarse con el de su marido; lo que la situaría en una especie de primer plano, en un supuesto adelantamiento que también se finge al mostrar un espacio entre las piernas y la silla, que es inexistente en la imagen del esposo. Incluso casi imperceptiblemente, la figura de la dama parece que se muestra ligeramente más exenta y con una volumetría suavemente mayor. Con todo ello se podría interpretar que quien encargó esta estatuilla votiva, quiso que su artífice plasmara a Amenemope y Hathor en estrecho y eterno abrazo, pero también parece que mostrando una especial deferencia y sensibilidad en el recuerdo de la dama.

Egipto nos ha legado un gran tesoro arqueológico en buena parte constituido por grandes obras erigidas en honor del Estado, de los dioses o del faraón. La gran estatuaria generada entorno a la divinización de la monarquía o las creaciones cuyo objetivo es su enfatización, parecen llenar la mayor parte de los edificios antiguos y hasta su solemnidad inunda las salas de los museos de todo el mundo. Sin embargo, representaciones como las de esta pareja, nos aproximan a otro tipo de personajes y nos permite adentrarnos en aspectos más vívidos de la sociedad. Este arte más discreto y menos pretencioso, que no adolece en absoluto de calidad, sutileza y refinamiento, pero que ofrece una visión más humana y enternecedora de las gentes que hace milenios desarrollaron sus vidas en el valle del Nilo. A pesar de la distancia temporal, de las distintas creencias, de los diferentes atuendos… la magnífica talla que muestra a Amenemope y a Hathor nos evoca algo próximo y reconocible, comprensible a primera vista y que recae en el terreno de lo plenamente sentimental: el atemporal deseo de una pareja por permanecer unida en su afecto, que se ama y que anhela perpetuar su amor.


Notas:
[1] Ver B. PORTER, R. L. B. MOSS, Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphic Texts, Reliefs and Paintings. The Theban Necropolis I, Private Tombs Part I, Oxford, 1985, pp. 311-312, 346.
[2] Era habitual entre las esposas de los altos dignatarios tebanos, la posesión de títulos sacerdotales. Por eso estas damas, muy frecuentemente, se representaban sosteniendo elementos alusivos como sistros o menats.
[3] Ver aspectos de la identidad de este personaje y su esposa, genealogía, títulos… en J. CERNY, A Community of Workmen at Thebes in the Rameside Period, BdE 50, 2001, pp. 194-195; B. G. DAVIES, Who’s who at Deir el-Medina. A prosopographic Study of the Royal Workmen’s Community, Egytpologische Uitgaven 13, Leiden, 1999, pp. 76-77.
[4] O quizá se trata de sillas a las que no se les ha representado en respaldo, quedando “absorbido”, por la gran pilastra dorsal.
[5] Frutas como los higos, las mandrágoras, las moráceas y hasta las bayas de ciertas perseas, compartían una simbología muy similar, que los relaciona con la voluptuosidad y lo sexual. Tenían también una vinculación con el sol y en el terreno funerario se convertían en preciadas ofrendas capaces de propiciar la revitalización de los difuntos. A la vez, estas delicias eran consideradas dignas del paladar de las divinidades y eran entregadas como dádivas en los templos.
[6] Sobre la iconografía de estas mascotas, su localización, sus variantes… etc., J. VANDIER d’ ABBADIE realizó un extenso trabajo presentado en tres entregas de la RdE en los números 16 (pp. 147-177) y17 (pp. 177-188), siendo el número18 en que se concentra en las representaciones relativas a esta iconografía en el Imperio Nuevo (pp. 143-201).
[7] La figura no aparece identificada, pero Amenemope y Hathor tuvieron al menos dos hijos varones llamados Minmose y Amenemope.
[8] Ver traducción de este texto en A. BARUQ et F. DAUMAS en Hymnes et prieres de l’Egypte nacienne, París, 1980, pp. 202-203. Ver otra versión de parte del texto, así como bibliografía, descripciones y otros aspectos de esta antigüedad en G. ANDREU, Statuette du couple a Amenemipet et son épouse Hathor en el catálogo de la exposición Les artistes du Pharaon. Dier el-Médineh et la Vallée des Rois, París, 2002, pp. 122-123 y también aparece el texto parcialmente en D. WILDUNG, El arte egipcio en Berlín. Obras maestras del Bodemuseum y de Chalottenburg, 1994, pp. 35-37.

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