Tutankhamón: Un reinado corto, una historia eterna
Por Rosa Pujol
1 agosto, 2014
Figurillas que muestran a Tutankhamón descubiertas en su tumba. Foto Archivo documental AE
Modificación: 12 febrero, 2017
Visitas: 23.775

Si entre todos los grandes personajes que vivieron y reinaron en Egipto a lo largo de sus 3.000 años de historia, tuviéramos que elegir al más representativo, no tendríamos más remedio que rendirnos ante Tutankhamón (Fig. 1).

Fig.1. Cartuchos Tut

 Fig. 1. Cartuchos de Tutankhamón.

Podríamos referirnos a este joven e insignificante faraón como uno de los “iconos” de la Egiptología, al mismo nivel que las propias Pirámides. ¿Quién no ha visto alguna vez la efigie de Tuntakhamón como reclamo en los sitios más insospechados? Da igual si se trata del folleto de un crucero por el Nilo, o de una caja de pañuelos del famoso algodón egipcio. Y es que a este joven faraón le cabe el honor de ser el mejor “Relaciones Públicas” de la Egiptología. Y él, con su fascinante historia, fue quien despertó el interés de muchos de los que luego habrían de dedicar sus vidas al estudio de esta milenaria cultura. Si damos credibilidad a las creencias egipcias de que al repetir el nombre de una persona fallecida se le otorgaba eternidad, debemos pensar que Tutankhamón la ha conseguido sobradamente (Fig. 2).

Pero para entender el motivo de la curiosidad que despierta este faraón debemos adentrarnos en los albores de la Dinastía XVIII y los hechos cruciales que acaecieron antes y durante su reinado.

Fig.2. Masc-Tut

 Fig. 2. Máscara de Tutankhamón. (Foto: Álbum de diapositivas de la exposición Toutankhamon. Vie et mort d’un pharaon.)

La poderosa Dinastía XVIII
Según está generalmente aceptado, Amosis y su reina Amosis-Nefertari fueron los fundadores de la Dinastía XVIII. El primer periodo de esta dinastía se conoce como época tutmósida porque cuatro de entre sus primeros gobernantes tomaron el nombre de Tutmosis (en egipcio sería Dyehuty-mess). Otros cuatro gobernantes tomarían el nombre de Amenhotep (o Amenofis, como los llamaron erróneamente los griegos). La dinastía se mantuvo en el poder desde el 1550 a. C. hasta el 1327 a.C., sin aparente interrupción de la línea sucesoria. Pero veamos el motivo de la ascensión de esta dinastía.

La zona nordeste del Delta del Nilo fue tradicionalmente un área en la cual los asentamientos de asiáticos constituyeron un elemento étnico significativo. Poco a poco la influencia de estas gentes se fue incrementando, mientras que el resto de Egipto se debilitaba. Alrededor del 1650 a. C., y quizás como consecuencia de una oleada de inmigración de asiáticos, los extranjeros se fueron haciendo más numerosos e influyentes. El resto del país no pudo sino someterse al nuevo poder. No obstante, el nuevo régimen de los asiáticos reconocía cierta autoridad a los nomarcas locales. Los nuevos gobernantes de Egipto se establecieron en el Delta del Nilo, en una ciudad cerca de la actual Tell el-Daba a la que llamaron Avaris. Aunque adoptaron la titulatura real y se denominaron faraones, los egipcios los denominaron hq3w h3swt, o lo que es lo mismo “hicsos”, que significa “gobernantes de tierras extranjeras”.

Una vez los egipcios asumieron la hegemonía de los hicsos, el país se gobernó con una eficiencia razonable, ya que en muchos casos los nuevos gobernantes se valieron de coaliciones con los poderes regionales. Esto facilitó las relaciones y dio resultado durante un cierto tiempo.

Sin embargo, hacia el 1575 a. C. los gobernantes locales de la lejana Tebas, con Seqenenra-Taa a la cabeza, se rebelaron con fuerza para retomar el control de Egipto. Este hecho, pudo ser en principio un brote nacionalista1 pero pronto se convirtió en una insurrección armada contra el poder de los hicsos con el fin de derrocarlos.

Seqenenra-Taa, al parecer, tuvo una muerte violenta en el campo de batalla (Fig. 3), pero sus dos sucesores, Kamosis y Amosis, prosiguieron la tarea empezada por su antecesor. Demostraron esto adoptando la titulatura real. Sus ambiciones políticas y su poder militar crecieron a la par. Kamosis también murió, y fue el legendario Amosis quien finalmente venció a los hicsos y ocupó el trono de Avaris, culminando la unificación del país, y extendiendo la influencia egipcia hasta la región sirio-palestina.

Fig.3. Sequenre tao

 Fig. 3. Cráneo de Sequenenre-Taa con las heridas de batalla que le condujeron a la muerte. Museo de El Cairo. (Foto: http://en.wikipedia.org/wiki/Seqenenre_Tao#mediaviewer/File:Sequenre_tao.JPG )

Los siguientes doscientos años vieron como Egipto se convertía en el poder indiscutible del Próximo Oriente. Las fronteras se llevaron hasta Mesopotamia, más allá del Éufrates, y para controlar la zona sirio-palestina se estableció un sistema de fortalezas y guarniciones militares, así como pactos con las ciudades de la zona. En el sur, los egipcios controlaron la producción del oro de Nubia hasta la 4ª Catarata. Tanto económicamente como social y militarmente Egipto conoció uno de sus periodos de mayor gloria bajo la Dinastía XVIII.

Las construcciones civiles y religiosas tuvieron su momento álgido bajo el reinado de Amenhotep III y el arte floreció como nunca lo había hecho. Se realizaron sorprendentes obras maestras en escultura, decoración de tumbas y templos. También las artes menores aportaron exquisitos ejemplares de la sofisticación que se alcanzó a nivel artístico.

Tras las campañas en Siria y Palestina de los primeros tutmósidas, el ejército era ahora un cuerpo bien organizado que reclamaba cierto reconocimiento social. Por otra parte, el espectacular crecimiento económico y la importancia ideológica de las instituciones religiosas, particularmente el templo de Amón-Ra en Tebas, hizo que tanto sacerdotes como militares ostentaran un gran poder (Fig. 4).

Fig. 4 Tutmosis III

 Fig. 4. Tutmosis III imponiéndose a los enemigos. Templo de Karnak. (Foto: http://es.wikipedia.org/wiki/Tutmosis_III)

El cisma amarniano
Había pasado mucho tiempo desde la unificación y, aunque desde el exterior la nación parecía fuerte, ciertos trastornos religiosos comenzaron a amenazar la estabilidad del país. Algunos principios de la religión adquirieron renovada importancia. Uno de ellos fue el creciente énfasis en la universalidad del dios-sol Ra y particularmente su conexión con la ideología de la realeza. Desde la Dinastía IV, el rey se asociaba al dios Ra, y uno de los cinco nombres de su titulatura así lo decía: “Hijo de Ra”. Por todo ello, no resultó extraño cuando Amenhotep IV, sucesor de Amenhotep III, decidió romper con la tradición religiosa, introduciendo una nueva religión monoteísta. Tampoco pareció extraño que su elección recayera precisamente en una de las manifestaciones del dios-sol. Si bien el faraón no eligió a la forma tradicional del dios-sol Ra como divinidad única, sino a uno de sus aspectos: el disco solar o Atón2. Era éste un dios poco conocido e impersonal cuya representación iconográfica era un disco solar con los rayos acabados en manos que repartían bienes y dones a la pareja real, y por extensión al pueblo de Egipto. (Antes del Reino Nuevo Atón sólo una forma de designar al “disco físico del sol”. Su conversión en dios se produce con Tutmosis IV).

Pronto se empezaron a construir templos para este nuevo dios en Tebas, pero el faraón prefirió fundar una nueva ciudad a la que llamó Ajetatón “el horizonte de Atón”, que estaba situada en el Egipto Medio (actual Tell el-Amarna). Esta nueva ciudad sería la capital administrativa y religiosa de Egipto, sustituyendo tanto a Menfis como a Tebas, las capitales tradicionales.

Lo que llamamos cisma o revolución amárnica no fue un levantamiento social, sino un modo original de cambiar el estatus divino de la monarquía a través de una justificación religiosa, única forma en que se podía hacer, y, de paso, resolver algunas de las dificultades que empezaban a aflorar a mediados del siglo XIV a. C. Pero veamos los hechos.

El rey Amenhotep IV-Ajenatón comenzó su reinado aproximadamente en 1353 a.C., si bien no era él quien en principio estaba destinado a suceder a su padre, sino su hermano mayor, llamado Tutmosis, y que murió antes de poder acceder al trono (Fig. 5).

FAkhenaton_Louvre5

 Fig. 5. Coloso de Ajenatón. Museo del Louvre. (Foto: Susana Alegre)

En su quinto año de reinado, el faraón cambió su nombre, Amenhotep “Amón está satisfecho” por Ajenatón “el espíritu (aj=espíritu glorioso) de Atón”. La familia real y toda la corte pronto se trasladó a la nueva ciudad (Fig. 6 y 7). Antes que ellos, se habían trasladado constructores, artesanos y artistas. La pareja real Ajenatón-Nefertiti aparecía con sus hijas en las escenas de templos adorando al disco solar, cuyos rayos acabados en manos les otorgaban dones.

Templo_Amarna6

 Fig. 6. Vista del templo de Atón en Tell el-Amarna. (Foto: Susana Alegre)

Tebas y Menfis, mientras tanto, permanecían casi ajenas a estas innovaciones y, si es que hubo algún cambio de ideología religiosa entre el pueblo, ésta debió ser muy lenta. Dado que el cambio religioso era de fondo político, el pueblo llano quedó al margen, excepto en los rituales funerarios en la nueva capital. No es que haya evidencias de una resistencia activa a la nueva religión, sino que viendo los monumentos y esculturas que se construyeron en ambas ciudades durante la época amárnica, nos da la sensación de había dos mundos. Uno era la capital oficial Ajetatón donde residían el faraón y la corte y el otro Egipto, que era el resto del país, donde, si bien el culto a Amón había quedado mermado, las gentes siguieron su vida normal, casi como si nada sucediera. Digamos que los cambios fueron principalmente para los sacerdotes y los centros de culto, así como la interpretación del rey como divinidad absoluta, con todo lo que esto supuso a nivel litúrgico. Si bien se toleraron los dioses del círculo solar, se desató una persecución declarada contra los dioses monárquicos del círculo de Amón y Osiris, incluyendo a Hapy. Los nombres de estas divinidades eran selectivamente borrados de monumentos y estatuas. No obstante estos hechos, en las casas particulares se encontraron amuletos del antiguo culto, lo cual parece indicar que los egipcios siguieron fieles a sus creencias tradicionales, sin dar demasiada importancia a lo que se dictaba desde la corte.

Fig. 7. Palacio del Norte

 Fig. 7. Palacio del Norte. Tell el-Amarna. (Foto: Susana Alegre)

Se perdieron gradualmente los terrenos conquistados en Siria y Palestina por los antecesores del rey y estallaron revueltas fronterizas ante la política expansionista hitita. Aunque la visión romántica de esta época nos muestra un rey pacifista que no quería ni oír hablar de guerras, lo cierto es que Ajenatón no podía enviar fuerzas al extranjero por miedo al evidente peligro de contrarrevolución interior. Esto se aprecia en la cantidad de policía y ejército que siempre acompañaba al rey en sus salidas públicas, nunca antes tan evidentes. Otra prueba de esto es que, al igual que sus antecesores y sucesores, realizó la clásica campaña de pacificación en Nubia al inicio de su reinado.

La famosa y bella Nefertiti fue la Gran Esposa Real de Ajenatón. Al principio del reinado de su esposo, ella aparecía profusamente en las representaciones junto con sus hijitas (Fig. 8). Pero hacia el decimocuarto año de reinado de Ajenatón su imagen desaparece súbitamente de los monumentos. Presumiblemente esto se debió a su muerte. Ella sólo tuvo hijas, por lo que su marido pudo haber adoptado a Smenjkare como corregente, aunque su papel conjunto apenas duró dos años.

Akenaton-Museo-Cairo8

 Fig. 8. Ajenatón y Nefertiti con sus hijas. Museo de El Cairo. ( Foto:http://es.wikipedia.org/wiki/Akenatón#mediaviewer/Archivo:GD-EG-Caire-Musée066.JPG)

El parentesco que unía a Ajenatón con Smenjkare es un enigma. Hay teorías que apuestan por que ambos fueron hermanos, o medio hermanos. Lo cierto es que Ajenatón murió tras 17 años de reinado, y su corregente le sobrevivió pocos meses. Fue en este momento, 1336 a.C. cuando un rey aún más joven, que igualmente podía ser otro hermano, o medio hermano de Smenjkare, subió al trono. Su nombre, que mantuvo al subir al trono, era Tut-anj-Atón.

De Tutankhatón a Tutankhamón
No existen evidencias fiables de cuantos años tenía el joven rey cuando fue coronado faraón del Alto y Bajo Egipto con el nombre de Tutankhatón. La información más precisa con la que contamos se deriva del examen de su cuerpo momificado, que se encontró en su tumba intacta en el Valle de los Reyes. Estos análisis dieron como resultado que el rey falleció cuando tenía unos 18 años, si bien últimamente se apuesta por una edad algo más avanzada, los 25 años.

Pudo reinar unos nueve o diez años. La última referencia a su reinado es un texto hierático aparecido en el sello de una jarra de vino que data del año 10. Aunque no nombra al rey, por el contexto en que apareció, podemos asegurar la relación. El texto dice simplemente: “Año 10. Vino de buena calidad de Iaty” (Iaty es una localidad aún sin identificar). Las fechas más próximas son también de sellos de jarras de vino aparecidos en la tumba, como por ejemplo esta: “Año 9. Vino de la Casa de Tut-anj-Amón, gobernador de la Heliópolis del Sur, vida, salud, prosperidad, en el río occidental. El Jefe de los viñedos, Sennefer” (Para entonces el rey ya había cambiado su nombre por Tutankhamón).

No sólo nos encontramos con dificultades a la hora de establecer la edad del rey al acceder al trono (para unos serían ocho o nueve años y para otros 15 ó 16, aunque en el antiguo Egipto ésta era una edad adulta a todos los efectos) sino que también tropezamos con el enigma de la paternidad de Tutankhamón. Así como las hijas de Ajenatón y Nefertiti aparecían en todas las representaciones de la época, los hijos varones de Ajenatón, si los tuvo, nunca aparecieron. Se supone que esto pudo obedecer a que Nefertiti sólo tuvo hijas, mientras que los hijos de Ajenatón (¿Esmenjkare y Tutankhatón?) tendrían a otra esposa real por madre. Se cree que esta pudiera ser Kiya, de la cual sabemos muy poco.

En la tumba real de Amarna hay una escena bastante inquietante en la que se describe la muerte de una mujer parece que a causa del parto (Fig. 9). Esta tumba estaba prevista para Ajenatón y parte de la familia real. En la escena, el niño parece haber sobrevivido, aunque no se menciona su nombre. En contra de esta idea se ha de observar que presenta graves problemas cronológicos. También existe un relieve de caliza reutilizado en Ashmunein (cerca de el-Amarna) que es algo más explícito. Dice: “El hijo del rey, de su cuerpo, su amado Tut-anj-Atón”. Este es el único lugar en que el joven rey aparece como príncipe. Y por supuesto esto confirma que era de sangre real.

Fig. 9. Detalle Tumba Real Amarna

 Fig. 9. Escena en la Tumba Real de Amarna que muestra a la pareja real adorando al dios Atón y a una mujer con un niño en brazos. (Dibujo en N. Reeves, Tutankhamón, p.25)

Otra teoría que ha hecho correr ríos de tinta es la de que Tutankhamón fuera hijo de Amenhotep III y, quizás, Tiy. Esta teoría estaría respaldada por la inscripción que hay en el león del Templo de Soleb en la que también habla de “el hijo del Rey, de su cuerpo, su amado Tut-anj-Amón”. Esta hipótesis estaría también reforzada por el mechón de pelo de Tiy que apareció en la tumba del joven rey. Además, la similitud en la estructura ósea facial de Tiy y Tutankhamón podría poner de manifiesto su consanguinidad, bien porque ella fuera su abuela, o su madre.

E incluso cabe la posibilidad de que los padres de Tutankhatón no fueran de sangre real. Pero parece que las evidencias anteriores desmienten esta posibilidad. No obstante, si hubiera sido así, el matrimonio entre el joven rey y una de las hijas de Ajenatón se habría utilizado como medio para legitimar el acceso al trono de alguien de sangre plebeya. Esto se hacía cuando no había hijos de sangre real.

Al parecer el niño Tutankhatón pasó su infancia en Ajetatón. En los pequeños objetos aparecidos, desde muy joven se le nombra asociado a su hmt nsw wrt “gran esposa real” Anjesenpaatón (“Ella vive para Atón”), nacida en el 5º o 6º año de su padre, por lo que debía ser cuatro o cinco años mayor que su marido. Hay una evidencia sorprendente en uno de estos bloques de Amarna que se reutilizaron en Ashmunein: al parecer ella ya tenia una hija llamada Anjesenpaatóntasherit “la pequeña Anjesenpaatón”, antes de acabar el reinado de su padre. Las inscripciones están fragmentadas, pero nadie ha sido capaz de sugerir una lectura alternativa, ya que, al parecer, la niña consta como “la hija del Rey, de su cuerpo”, y se hace difícil escapar de la sospecha de que el propio Ajenatón fuera el padre de esta niña. En este caso Tutankhamón se habría casado con su medio hermana y a la vez madrastra viuda, que además ¡sólo tendría unos once años de edad!. Si bien hemos de aclarar que esto no era infrecuente en aquellos tiempos (Fig. 10).

Trono_de_Tutankhamon10

Fig. 10. Trono de Tutankhamón con la imagen en el respaldo que muestra al monarca y su esposa Anjesenamón. Museo de El Cairo. (Foto: Santiago García)

La época amárnica fue muy confusa cronológicamente hablando y, por lo tanto, resulta muy difícil determinar los parentescos entre sus protagonistas.

Una vez desaparecidos sus principales impulsores, Ajenatón y Nefertiti, las reformas amárnicas perdieron vigor. Los jóvenes sucesores no fueron capaces de mantener el estado de las cosas, aunque resulta difícil precisar cual era el principal foco de oposición. Pudo muy bien suceder que los poderes del estado estuvieran ansiosos por restablecer el orden que Ajenatón había quebrantado. El clero tenía mucho que ganar si se restauraban los cultos antiguos, y el ejército estaba deseoso de recuperar los territorios perdidos. Todo esto debió ser determinante para que la restauración religiosa fuera rápida.

Se dice que la restauración realmente se inició bajo el reinado de Smenjkare, aunque oficialmente se continuaba rindiendo culto a Atón, por lo que el joven sucesor se llamó Tutankhtón (“Imagen viva de Atón”). Sin embargo, muy pronto, en su segundo año de reinado, el nombre del disco solar Atón fue sustituido en el cartucho del rey por el del dios Amón, y se completó con el epíteto heqa-Iunu-Shemau “gobernador de la Heliópolis del Sur (Tebas)”. Tut-ankh-atón se había convertido en Tut-anj-Amón (“Imagen viva de Amón”).

Los nombres que adoptaba un rey siempre tenían su parte de programáticos, y en el caso de este rey parecen haber sido adaptados a las tareas que debía afrontar. Vamos a verlos.

Su nombre de Horus fue “El Toro Poderoso, la Imagen de la Creación”,

jeroglifico 1

Ka-Najt-Twt-Mswut

El de Nejbet y Uadyet (nombre Nebti o de las Dos Damas) era “El que es bueno de leyes, el pacificador de las Dos Tierras. El que satisface a todos los dioses”

jeroglifico 2

Nefer-Hpw-Segereh-tawy-s-hetep-netcherw-nebw

Su nombre de Horus de Oro era “El que exhibe las insignias, el que propicia a los dioses”.

jeroglifico 3

Wetches-Khau-S-hetep-Netcherw

Como Rey del Alto y el Bajo Egipto se llamó Neb-jeperu-Ra “El poseedor de las formas del dios Ra”

jeroglifico 4

Nesut-Biti-Neb-Jeperw-Ra

Como Hijo de Ra su nombre fue Tut-anj-Amón-heqa-Iunu-Shemau “Imagen viva de Amón, gobernador de la Heliópolis del Sur”

jeroglifico 5

Twt-Anj-Amon-Heqa-Iunu-Shema

 El nombre de la reina también derivó a Anjesenamón, y la corte se trasladó a Menfis, abandonando la Ciudad del Horizonte de Atón.

Aspectos del reinado de Tutankhamón
El rey seguía siendo un niño, o en todo caso, un joven, mientras el país trataba de olvidar el periodo amárnico. La pregunta que surge es si todos estos cambios se debieron a un esfuerzo personal del rey o éste sólo fue un instrumento en manos de los poderes militar y religioso. Al no quedar ningún miembro de la familia lo suficientemente adulto como para tomar decisiones, es bastante probable que el inexperto gobernante no fuera más que un mascarón de proa en una nave cuyo timón gobernaban otros. Los dos personajes más influyentes durante su reinado fueron el Padre Divino Ay y el General Horemheb. Con el tiempo, ellos sucederían a Tutankhamón.

Como semblanza de estos dos personajes, apuntaremos que Ay inició su carrera política en el ejército. Su título de Padre Divino pudo ser debido a que se cree que era el padre de Nefertiti, sin que esto esté confirmado. Ay se convirtió en uno de los dos visires y ostentó el título de “portador de abanicos de la mano derecha”. Cabria pensar que fue Ay quien, con su experiencia, velaba sobre el frágil reino del nuevo rey. Al parecer su relación o parentesco con la familia real, hizo que este hombre sucediera a Tutankhamón, a pesar de que para entonces ya era un hombre mayor. Aunque la viuda de Tutankhamón se casó con Ay legitimando su ascensión al trono, el mandato de éste fue muy corto y no pasó de ser una mera transición entre el reinado de Tutankhamón y el de Horemheb.

También Horemheb inició su carrera en el ejército. Ostentó el inusitado título de “representante del rey”, por lo que estaba muy por encima de los personajes de más alto rango, que eran los visires. Las circunstancias hicieron que Horemheb debiera asumir la responsabilidad de salvaguardar las fronteras y reorganizar el ejército, que había permanecido inactivo durante demasiado tiempo. A la muerte del faraón Ajenatón, Horemheb debió tener una posición muy importante, que sin duda utilizó para influir en las decisiones del joven e inmaduro sucesor (Fig. 11). Horemheb se hizo construir una fastuosa tumba en Saqqara, aunque a su muerte fue enterrado en el Valle de los Reyes en Tebas.

11. P6121804 copia

Fig. 11. Escultura que muestra a Tuntankhamón junto al dios Amón entronizado, que fue usurpada por Horemheb. Museo Egipcio de Turín. (Foto: Susana Alegre)

Al parecer, tanto Ay como Horemheb eran auténticamente leales al rey, si bien parece que no había buena relación entre ambos. Ay hubiera preferido relegar a Horemheb a favor del general Najtmin. Incluso el hecho inédito de que Ay apareciera representado en las paredes de la tumba de Tutankhamón oficiando el ritual funerario como sacerdote sem (Fig. 12), nos da pie a pensar que Ay quiso dejar constancia de ser el reconocido sucesor de Osiris-Tut-anj-Amón.

12. Ay en tumba de Tut

 Fig. 12. Ay realizando el ritual de Apertura de la Boca a Tutankhamón. 

Hubo también otros personajes interesantes que tuvieron especial relevancia durante el reinado de Tutankhamón, tales como el visir Usermontu, el tesorero Maya, el virrey de Nubia Hui, el Jefe de Mayordomos en Menfis, Ipy, el ya mencionado general Najtmin, y el Sumo Sacerdote de Ptah, también en Menfis, llamado Ptahemhet-Ty.

Las manifestaciones artísticas del reinado de Tutankhamón son quizás de las más interesantes de toda la historia de Egipto. En esa época convivieron libremente los dos estilos, el amárnico y el menfita, y tanto relieves, como estatuas son fuente inagotable de estudio de ambas tendencias. La libre elección de los artistas a la hora de crear una obra dieron a este periodo una expresividad que jamás se había visto en Egipto. Baste para ello dar un vistazo a los objetos de la tumba, donde podemos encontrar manifestaciones de uno y otro estilo, que confieren a las obras un toque de humanidad, sin caer en los excesos de la etapa anterior. Sólo en esta época amárnica y post-amárnica pueden apreciarse atisbos de la utilización de la perspectiva en las manos y pies de las figuras representadas. Igualmente comienzan a aparecer imágenes de personas y animales en posturas más naturales e incluso tratando de aparentar cierto movimiento. Con el restablecimiento de la religión oficial, el arte volvió por sus fueros y de nuevo se rigió por la ley de la frontalidad y la rigidez de formas, aunque ya no fueron nunca tan marcadas como en el periodo pre-amárnico.

Realmente se sabe poco de la vida personal y familiar de los faraones, y éste no iba a ser una excepción. No debemos olvidar que los textos que podemos ver en las paredes sólo reflejan la parte propagandística de los reinados, o, como mucho, son simples alabanzas a los soberanos, sin que expliquen nada de su vida privada, ni de su personalidad. Sin embargo, en la capilla dorada que apareció en la tumba del joven faraón, hay gran profusión de escenas que muestran el tierno y profundo amor que al parecer se profesaban Tutankhamón y Anjesenamón. Ahora bien, la divinidad adquirida por la reina bajo la teología amárnica nunca más se perdería, por lo que estas escenas pueden representar sólo una situación “políticamente correcta”. Si acaso el rey tuvo otras esposas, no hay constancia de ello. En la tumba del rey aparecieron dos fetos de procedencia desconocida, que bien podrían ser niños engendrados por la pareja real, pero nacidos muertos, si bien esto sólo son conjeturas.

Tampoco se sabe a ciencia cierta cómo murió el faraón. No existen pruebas de heridas violentas, a pesar de las aventuradas teorías que a veces se han expuesto, y se siguen exponiendo, y que, incluso, aseguran que fue asesinado. Hasta que aparezcan pruebas concluyentes debemos pensar que el rey murió de forma inesperada, quizás a causa de un accidente o enfermedad.

El tamaño de su tumba, demasiado pequeña y sin la estructura adecuada para el ritual necesario en las tumbas reales, nos da pie a pensar que murió de modo prematuro, y que, por lo tanto, su auténtica tumba no estaba terminada. Según todos los indicios hubo que enterrarle en la tumba que presumiblemente cedió el Padre Divino Ay. Hubo que equipar y decorar esta tumba a toda prisa, y de modo algo descuidado. Incluso algunos objetos ostentaban otros nombres que se borraron para poner los del rey.

La tumba del rey quedó sellada, y la casualidad quiso que quedara cubierta por las chozas de los obreros que construyeron la de Rameses VI muchos años después, motivo por el cual apenas se vio afectada por la rapiña de los violadores de tumbas, permaneciendo prácticamente intacta durante más de 3.000 años y guardando en silencio su fastuoso contenido hasta el año 1922, fecha en que este ignorado faraón alcanzó definitivamente su inmortalidad.

Rosa Pujol

Coordinadora de la Sección El Rincón del Escriba de AE


Notas:

1. Existe una romántica historia en la que se apunta que la excusa simbólica para iniciar la revuelta fueron unos hipopótamos ruidosos, propiedad del entonces gobernador de Tebas, Seqenenre-Taa, que molestaban al rey hicso Apofis. Los tebanos se negaron a hacer callar a los hipopótamos como se dice que pretendía Apofis y por este motivo reunieron un ejército contra el faraón hicso. El significado de esta metáfora aún está en discusión. Se apunta a la posibilidad de que Apofis (seguidor de Set) se sintiese molesto por los sacrificios de las cacerías rituales de hipopótamos (encarnaciones de Set) que aún se hacían en Tebas. Otra posibilidad es que se esté refiriendo a la concentración de ejército medzay en el nomo tebano. Sin duda la simbología de este episodio debió ser político-religiosa, pero ahí dejamos la historia para que cada cual la interprete.

2. No debemos confundir a Atón

jeroglifico 6

Itn

con Atum, padre de los dioses según la teología Heliopolitana

jeroglifico 7

Itm

Bibliografía recomendada sobre Tutankhamón:

TUTANKHAMEN, Vida y Muerte de un Faraón
Ch. Desroches-Noblecourt, Ed. Noguer, 1963

TODO TUTANKAMÓN
Nicholas Reeves, Ed. Destino, 1993
LA TUMBA DE TUTANKHAMON
Howard Carter, Ed. Destino, 1976

THE FACE OF TUTANKHAMUN
Christopher Frayling – Faber and Faber, 1992

TUTANKHAMON
T.G.H. James, Folio 2000

HOWARD CARTER BEFORE TUTANKHAMUN
Nicholas Reeves and John Taylor. British Museum Press. London 1992

AFTER TUT’ANKHAMUN. Research and Excavation in the Royal Necropolis at Thebes.
Ed Reeves. Kegan Paul International. London and New York 1992.

LA VIOLACION DE TUTANKAMON
Johna and Elizabeth Romer – Planeta. Barcelona 1994.

TUTANKHAMUN’S EGYPT
Frances Welsh. Shire Egyptology. Risborough 1993.

TUTANKHAMÓN, IMÁGENES DE UN TESORO BAJO EL DESIERTO
Catálogo Exposición. Páginas Amarillas/Fundació Arqueológica Clos. Barcelona, 1995.

RA, EL DIOS DEL SOL.
Quirke, Stephen Oberon. Madrid 2003.

TREASURES OF TUTANKHAMUN
VV:AA. Catálogo Exposición Itinerante Tesoro, Metropolitan Museum of Art, New York 1976 –

BIBLIOGRAFIA AJENATON / AMARNA

AKHENATON. FARAON DE EGIPTO.
Cyril Aldred, EDAF 1989

AKHENATIEN. THE HERETIC KING.
D.B. Redford. Princenton University Press. 1989.

AKHENATON, EL FALSO PROFETA
N. Reeves, Oberon, 2002.

NEFERTITI
Joyce Tyldesley, PENGUIN, 1998

BIBLIOGRAFIA NARRATIVA AMBIENTADA EN ESTA EPOCA

EL FARAON
Pauline Gedge, EMECE 1991

LA REINA SOL
Christian Jacq, Ediciones Martinez Roca, 1997

FARAON
Francis Fèvre – PLANETA, 1991

SEÑORES DE LAS DOS TIERRAS (Trilogía)
Pauline Gedge – EMECE, 1999

EL AMARGO DON DE LA BELLEZA
Terenci Moix. Planeta. Barcelona 1996