Tutankhamón con el arpón
Por Susana Alegre García
1 abril, 2011
Detalle de la figurilla de Tutankhamón con el arpón. Foto: Archivo documental AE
Modificación: 9 diciembre, 2016
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Época: Dinastía XVIII, reinado de Tutankhamón (1334-1325 a. C.).
Material: Madera bronce y pan de oro. Calcita y obsidiana para las incrustaciones en los ojos.
Dimensiones: Altura unos 70 cm.
Lugar de conservación: Museo de El Cairo.
Procedencia: Tumba de Tutankhamón descubierta por Howard Carter en 1922 en el Valle de los Reyes.

El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón es uno de mayores logros de la historia de la arqueología. Un descubrimiento que mostró al mundo un tesoro magnífico, maravilloso, que sigue fascinando a cuantos pueden aproximarse a las vitrinas del Museo de El Cairo.

Entre los muchos y variados objetos localizados aparecieron veinticuatro armarios de madera, con forma de capilla y con las puertas cerradas. Dos de estos muebles habían sido depositados en la antecámara y el resto se encontraba dispuesto junto el muro sur de la llamada Sala del Tesoro, aneja a la cámara funeraria. En su interior, guardada allí durante miles de años, fue descubierta una colección de figuras de madera que representan a deidades y al propio monarca en distintas actitudes. Se trata de unas tallas fascinantes, en ocasiones de aspecto enigmático y de narrativa crítica, que plasman temáticas de carácter mitológico y que condensan complejas implicaciones simbólicas. Ello ha hecho pensar que podría tratarse de objetos vinculados con algún tipo de culto o liturgia; quizá relacionadas con el propio ritual generado alrededor de los funerales del monarca, para luego pasar a integrarse en el ajuar que debía acompañarle eternamente.

Fig. 1. Vista lateral de la figurilla, del lado del arpón. C. Desroches-Noblecourt, Tutankhamon, Vie et mort d’un pharaon, París, 1963, Pl. XLV, p. 217.

Fig. 1. Vista lateral de la figurilla, del lado del arpón. C. Desroches-Noblecourt, Tutankhamon, Vie et mort d’un pharaon, París, 1963, Pl. XLV, p. 217.

El singular conjunto de tallas comparte características estéticas y técnicas similares, destacando una elevada calidad en la ejecución y una gran limitación del cromatismo, que se reduce esencialmente a la utilización reiterada de la madera ennegrecida con resina, combinada en el brillo del pan de oro. Una combinación de tonos y de materiales que resulta muy armónica y elegante, pero que también es factible que contenga referencias simbólicas: el negro se vinculaba tradicionalmente con la regeneración, con la tierra de la que emerge la vida y se renueva; el oro es una alusión a lo solar, a la fuerza vital que hace palpitar la existencia y que la perpetúa eternamente.

Fig. 2. Vista lateral de la figurilla, desde el lado opuesto al arpón. Imagen de la serie de diapositivas que realizaron con motivo de la exposición dedicada a Tutankhamón y que visitó la ciudad de Nueva York en 1979.

Fig. 2. Vista lateral de la figurilla, desde el lado opuesto al arpón. Imagen de la serie de diapositivas que realizaron con motivo de la exposición dedicada a Tutankhamón y que visitó la ciudad de Nueva York en 1979.

En el interior del armario que Carter numeró como “objeto 275”[1], tras romper el sello y abrir las puertas, fueron localizadas cuatro tallas excepcionales (Fig. 3 y 4): la que muestra al monarca elevado sobre la cabeza del dios Menkeret; una imagen de Horus joven, Ihy, sosteniendo un sistro; y dos magníficas figuras, prácticamente idénticas, que muestran a Tutankhamón armado con un arpón y sobre una barca de papiro. Una de ellas, JE60710, muestra un acabado general algo menos cuidado que su pieza gemela, haciéndose especialmente patente en los ojos, cejas y en la cobra que ornamenta la frente del monarca (Fig. 5). Además, la pieza luce el característico alambre propio de la corona del Bajo Egipto, con el extremo retorcido (Fig. 5), un elemento que, sin embargo, no aparece en la otra pieza (Fig. 6). Esta segunda figurilla, más refinada, es la que parece fue inventariada como JE60709[2], la misma que Carter hizo fotografiar por H. Burton con el número 275c[3]; inmortalizándola en blanco y negro portando el chal de lino (Fig. 7) y liberada ya del fragmento de tela[4] (Figs. 8).

Desde mi punto de vista la figurilla JE60709 es la más hermosa entre las que integran la serie realizada en madera ennegrecida y pan de oro (Fig. 1, 2, 6, 7, 8). La pequeña embarcación fue pintada de color verde muy oscuro, y luce en la proa y popa motivos florales y realces en pan de oro. Este preciosista acabado se extiende por toda la figura, incluyendo la corona, las sandalias y el arpón. Solo se hace visible el color del bronce en detalles del rostro, en la cobra ornamental y en el rollo de cuerda que sostiene el monarca en la mano izquierda. El conjunto, de apenas 70 centímetro de altura, se sostiene por una peana también de madera sin ornamentación ni texto alguno.

Fig. 3. Mueble 275, abierto y con las cuatro figurillas aún en su interior. Foto en archivo del Griffith Institute en www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275-p1058.html

Fig. 3. Mueble 275, abierto y con las cuatro figurillas aún en su interior. Foto en archivo del Griffith Institute en www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275-p1058.html

Fig. 4. Mueble 275 cuando aún quedan en el interior las dos figuras que muestran a Tutankhamón sobre una barca y armado con un arpón. Foto en archivo del Griffith Institute: www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275b-p0999.html

Fig. 4. Mueble 275 cuando aún quedan en el interior las dos figuras que muestran a Tutankhamón sobre una barca y armado con un arpón. Foto en archivo del Griffith Institute: www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275b-p0999.html

El monarca luce como atuendo la corona del Bajo Egipto, un faldellín de tela plisada con caída ornamental por la parte delantera y un amplio collar de cuentas tubulares y con forma de lágrima en la vuelta más exterior. Estos detalles fueron trabajados sobre la madera y luego cubiertos por la fina lámina de oro. A estos elementos hay que sumar unas sandalias doradas, de tipo chancla, con única sujeción entre el dedo gordo del pie.

El conjunto de la figura deja patente los rasgos juveniles del personaje, aunque quizá es en el rostro donde se hace más evidente que el representado no es más que un muchacho. Tutankhamón aparece con el mentón redondeado, amplias mejillas, labios suavemente gruesos que dibujan una leve sonrisa, una nariz recta y ligeramente redondeada en el extremo. Los ojos tienen un protagonismo especial, al estar ribeteados con perfil oscuro y al resultar elegantemente rasgados y almendrados. En ellos se utilizaron elementos incrustados y hasta se recurrió a utilizar leves toques de pintura de color rojo, para plasmar así las venitas que se extienden por el blanco de los ojos (Fig. 9). Este tratamiento resulta muy llamativo y otorga gran viveza, lo que además se subraya con las largas y elegantes cejas que ayudan a realzar todavía más la fuerza de la mirada.

Fig. 5. La pieza JE60710. Foto en The Global Egyptian Museum: www.globa legyptianmuseum.org/record.aspx?id=14821

Fig. 5. La pieza JE60710. Foto en The Global Egyptian Museum: www.globa legyptianmuseum.org/record.aspx?id=14821

Fig. 6. La pieza JE69709. Foto en T.G, Henry James, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 179.

Fig. 6. La pieza JE69709. Foto en T.G, Henry James, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 179.

La elegancia sobria del rostro, de gesto solemne, se potencia con la forma de la corona que prolonga las líneas del cuerpo y de la nuca, entrando en interesante armonía con la línea del arpón (Fig. 2). La corona, además, no oculta la presencia de las orejas, que han sido trabajadas de un modo extraordinario. También es excepcional el pormenorizado trabajo efectuado en la cobra que se yergue sobre la frente del soberano. Aquí el color oscuro del bronce se utiliza para destacar el cuerpo del ofidio, que se alarga hacia arriba hasta extenderse sobre la zona plana de la corona.

Muchas de las formas lucidas por esta figurilla desvelan influencias amarnianas. Entre ellas destaca la manera de plasmar el torso, que se muestra con una musculatura difusa y con senos prominentes; los brazos enclenques; las caderas bajas y amplias; las piernas gruesas; el borde del faldellín que cubre la zona lumbar pero que baja por la parte delantera hasta quedar por debajo del ombligo, destacando el vientre redondeado y abultado. Estas características estilísticas, que habían alcanzado su cénit en el reinado inmediatamente anterior, son reiteradas en muchas las representaciones de tumba de Tutankhamón. La herencia de un tiempo muy próximo se hace evidente.

Fig. 7. Tutankhamón con el arpón, pieza JE69709, aún con la tela de lino. Foto en archivo del Griffith Institute: http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275c-p0999a.html

Fig. 7. Tutankhamón con el arpón, pieza JE69709, aún con la tela de lino. Foto en archivo del Griffith Institute: http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275c-p0999a.html

Fig. 8. Tutankhamón con el arpón, pieza JE69709, ya sin la tela de lino. Foto en archivo del Griffith Institute http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275c-p1004a.html

Fig. 8. Tutankhamón con el arpón, pieza JE69709, ya sin la tela de lino. Foto en archivo del Griffith Institute http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275c-p1004a.html

Uno de los aspectos más notorios de esta pieza es el detalle con el que se realizaron las manos, mostrándose la forma de las uñas y liberando el dedo pulgar. Llama la atención la que sostiene la cuerda se muestra casi completamente abierta, lo que hace visible la palma. Este gesto genera la sensación de que la cuerda puede caer o ser utilizada en un instante, o quizá que esta mano va a ser utilizada como una especie de punto de mira o guía para ayudar a la puntería del lanzamiento. Sin embargo, la mano abierta desprende también un halo de relajación, algo en claro contraste con la fuerza que irradia el brazo derecho elevado y con la manera de agarrar el arpón.

No obstante, en lo que realmente considero que esta pieza resulta especialmente magistral es en su capacidad para plasmar el instante y detener la acción sugiriendo su continuidad. Ello es posible debido a la utilización de la madera y de elementos de bronce, lo que permite liberar volúmenes y mostrar zonas voladas que habrían sido irrealizables con materiales como la piedra. Pero las sutilezas en el diseño de la figura del monarca son igualmente fundamentales para conseguir plasmar de un modo eficaz la difícil sensación de movimiento contenido.

Fig. 9. Detalle del rostro. Detalle de foto en T.G, Henry James, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 179

Fig. 9. Detalle del rostro. Detalle de foto en T.G, Henry James, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 179

Ciertamente las piernas separadas el monarca contribuyen a generar un artificio de dinamismo. La elevación del tobillo izquierdo, dejando solo los dedos de los pies como punto de apoyo, ayuda a sugerir esfuerzo en el equilibrio y, además, indica un intenso impulso hacia delante. El faldellín plisado juega también un papel importante en el efectismo general de la obra, abriéndose para facilitar la apertura de las piernas, mostrándose con caídas en diversos niveles y, a la vez, ajustándose a la piel en algunas zonas.

Pero la sensación de tensión se hace más patente en la parte superior de la figura, especialmente en la manera de plasmar los brazos. Ello no es de extrañar, ya que la acción principal es la preparación del lanzamiento de un arpón; es decir, la parte más relevante de la acción se condensa en el brazo que sostiene el arpón y en el propio arpón.

Fig. 10. Bajorrelieve del templo ptolemaico de Edfu, dedicado al dios Horus, en la que el dios aparece sobre una barca de papiro arponeando a Set, mostrado como un pequeño y derrotado hipopótamo. Foto José Luís López Fernández

Fig. 10. Bajorrelieve del templo ptolemaico de Edfu, dedicado al dios Horus, en la que el dios aparece sobre una barca de papiro arponeando a Set, mostrado como un pequeño y derrotado hipopótamo. Foto José Luis López Fernández

Tutankhamón eleva el brazo y lo fuerza hacia atrás, doblando además el codo. Parece un gesto algo descoyuntado, pero hace hincapié en el esfuerzo necesario para efectuar el lanzamiento. El otro brazo se mantiene bajo y levemente avanzado hacia delante, lo que indica que su función es contribuir a propiciar que el lanzamiento sea certero y, además, compensar el desequilibro que se producirá justo después de lanzar el arpón; no hay que olvidar que el monarca está situado sobre un pequeño barco, en flotación, y que el movimiento producido en el lanzamiento podría descompensar su equilibrio.

El faraón Tutankhamón en esta magnífica talla parece reconcentrado en la acción y captado en el instante en que apunta a su objetivo. La solemnidad y elegancia de líneas parecen ser el preludio de una acción trepidante que va a producirse. Pero hay además un detalle ciertamente magnífico para ilustrar la sensación de continuidad, la idea de que algo está ya a punto de ocurrir: el monarca ya orienta el arpón hacia la izquierda, entrando en convergencia con la mano baja que sostiene la cuerda; de ahí que el arpón, desde un punto de vista frontal, resulte ligeramente oblicuo.

Fig. 11. Figurilla en madera localizada en la tumba de Amenofis II. Foto en catálogo de la exposición: Toutankhamon. L’or de l’Au-Delà. Trésors funéraires de la Vallée des Rois, París, 2004, p. 100. Fig. 39

Fig. 11. Figurilla en madera localizada en la tumba de Amenofis II. Foto en catálogo de la exposición: Toutankhamon. L’or de l’Au-Delà. Trésors funéraires de la Vallée des Rois, París, 2004, p. 100. Fig. 39

Pero… ¿sobre quién o qué va a lanzar Tutankhamón su arpón?. El contexto de gran simbología que envuelve la serie de figurillas negras y doradas del ajuar del monarca sugiere que, efectivamente, el rey no está haciendo aquí el banal acto de pescar en el río; sin duda se trata de algo más sublime. De hecho, el gesto del monarca forma parte de la tradición que envolvía al soberano egipcio en su divinización: el ataque contra Set.

La mitología del antiguo Egipto narraba diversos episodios de enfrentamiento entre el faraón, identificado con Horus, y su eterno adversario que podía encarnarse y tomar la forma de animales tan temibles como los hipopótamos o los cocodrilos. La figurilla de Tutankhamón con el arpón materializa plásticamente uno de esos episodios, mostrando como el monarca afronta con valentía esa lucha. No obstante, la representación de Set es omitida. Esta omisión posiblemente viene determinada por el profundo valor mágico que los egipcios otorgaban a su arte, al que se consideraba dotado de la capacidad de dar realidad a lo representado. De modo que en la iconografía egipcia no es extraño que se eluda mostrar lo negativo, precisamente para no propiciar su existencia. Y cuando se muestra la negatividad se insiste en su debilidad o se busca la inoperancia mágica de la imagen (Fig. 10). Pero a nivel expresivo el hecho de no mostrar al enemigo, como ocurre en esta figurilla, puede resultar todavía más efectista, pues consigue una incomparable pulsión de inquietud. Tutankhamón, efectivamente, se prepara para enfrentarse a un enemigo invisible, algo que puede tomar múltiples formas, que es indefinido y, por tanto, próximo al caos. Algo informe e indeterminado que se mueve en un medio también indefinido, en el vacío, en la inexistencia, en la ausencia donde Maat no se manifiesta. Puede que la omisión, en realidad, sea la forma más magnífica de mostrar la confusión y terribilidad que Set encarna.

Fig. 12. Pintura de la tumba de Seti II. Foto en N. Reeves, R. H. Wilkinson, Todo sobre el Valle de los Reyes. Tumbas y tesoros de los principales faraones de Egipto, Barcelona, 1998, p. 152.

Fig. 12. Pintura de la tumba de Seti II. Foto en N. Reeves, R. H. Wilkinson, Todo sobre el Valle de los Reyes. Tumbas y tesoros de los principales faraones de Egipto, Barcelona, 1998, p. 152.

La idea de mostrar al rey sobre un barco para atacar con un arpón a un enemigo no es, en absoluto, una iconografía restringida a objetos procedentes de la tumba Tutankhamón. Se trata, en realidad, de una temática profundamente anclada en la imaginería egipcia e incluso en Valle de los Reyes hay testimonios de representaciones. Un paralelo directo es una figurilla localizada en la tumba de Amenofis II (1453-1419 a. C.), que se encuentra en un estado muy deteriorado pero que parece reproducir el mismo tema (Fig. 11). También en esta ocasión el monarca luce la corona del Bajo Egipto, eleva el brazo y el tobillo izquierdo, mientras extiende hacia delante el otro brazo y abre la mano. Igualmente interesante es una pintura conservada en el interior de la tumba de Seti II (Fig. 12). La imagen muestra lo que parece ser una figurilla dentro de un armario cerrado con forma de capilla, la misma localización en la que apareció la figurilla de Tutankhamón acompañada de otras tres esculturas. En esta ocasión el monarca aparece con la corona del Alto Egipto (Fig. 12), pero se muestra situado sobre un pequeño barco, armado con un arpón y sosteniendo en la otra mano, suavemente abierta, una cuerda enrollada.

Durante muchas décadas la figurilla de Tutankhamón con el arpón ha reposado tranquilamente y sin notables contratiempos en las vitrinas del museo de El Cairo, salvo esporádicos viajes como los que vivió al formar parte de la exposición sobre el tesoro de Tutankhamón que en los años 70 recorrió el mundo deslumbrando a europeos y americanos. Desgraciadamente, en los últimos meses,  esta magnífica antigüedad ha sido protagonista de una historia rocambolesca, misteriosa aún en muchos de sus puntos. Todo parece indicar que se trata de una de las antigüedades víctimas del asalto producido en el Museo de El Cairo durante la noche del 28 al 29 de enero de 2011, cuando en la plaza Taharir se vivían jornadas de reivindicación y lucha que terminarían siendo cruciales en el devenir del Egipto actual y que iban a liberar al país del dictador Mubarak. Las televisiones del todo el mundo, centradas en lo que sucedía en Egipto, mostraron también imágenes que fugazmente nos dejaron ver vitrinas rotas y antigüedades dañadas. Ya entonces, en esas primeras informaciones, vimos estrellada contra el suelo la barca de papiro sobre la que se sostenía Tutankhamón y vimos sus piernas fracturadas (Fig. 13). Y tuvieron que pasar semanas hasta que Zahi Hawass reconociera que, efectivamente, además de actos vandálicos el museo había sido víctima del robo. Luego vinieron las listas ofrecidas por el Supreme Council of Antiquities, así como noticias alarmantes de otros robos en yacimientos y almacenes de antigüedades[5].

Fig. 13. Barca de la figurilla estrellada contra el suelo, pueden observarse las piernas fracturadas. Foto en: heritage-key.com/blogs/prad/egypt-protests-sees-cairo-museum-looted-artefacts-and-mummies-are-damaged

Fig. 13. Barca de la figurilla estrellada contra el suelo, pueden observarse las piernas fracturadas. Foto en: heritage-key.com/blogs/prad/egypt-protests-sees-cairo-museum-looted-artefacts-and-mummies-are-damaged

 

Fig. 14. Vista de perfil del lamentable estado en que ha quedado la figurilla después del robo. Ver en: luxortimesmagazine.blogspot.com/2011/04/four-of-egyptian-museum-missing-objects.html

Fig. 14. Vista de perfil del lamentable estado en que ha quedado la figurilla después del robo. Ver en: luxortimesmagazine.blogspot.com/2011/04/four-of-egyptian-museum-missing-objects.html

Fig. 15. Vista frontal de la estatuilla tras ser recuperada después del robo. Ver en: luxortimesmagazine.blogspot.com/2011/04/four-of-egyptian-museum-missing-objects.html

Fig. 15. Vista frontal de la estatuilla tras ser recuperada después del robo. Ver en: luxortimesmagazine.blogspot.com/2011/04/four-of-egyptian-museum-missing-objects.html

Afortunadamente algunas de las piezas robadas en el Museo de El Cairo han vuelto a ser localizadas, aunque no se ha ofrecido una explicación ni clara ni verosímil de estas apariciones, ni tampoco sobre las medidas que se van a tomar contra los responsables si es que éstos han sido identificados y detenidos. En el caso concreto de la pieza que muestra a Tutankhamón sosteniendo el arpón, la prensa publicó el 12 de abril el sugestivo relato ofrecido por las autoridades: la pieza, junto con otras tres, fue encontrada de modo casual por un arqueólogo que iba a su trabajo y al que llamó la atención una maleta abandonada en una estación del metro de El Cairo.

En la actualidad la figurilla de Tutankhamón con el arpón es una auténtica sombra de lo que fue. La antigüedad se encuentra rota y maltrecha (Fig. 14 y 15). Espero que una cuidada restauración pueda recuperar, en la medida de lo posible, su milenario esplendor; pero no será fácil. Espero igualmente que todo el patrimonio histórico robado sea devuelto y que el mercado de antigüedades muestre integridad rechazando aquello que pueda resultar dudoso, así que extiendo desde aquí una súplica tanto a los que venden como a los que compran. Pedir conciencia en este tipo de actividades es un sueño inalcanzable, soy desgraciadamente muy consciente de ello. Así que ojala que el arpón de Tutankhamón vuelva a elevarse para amedrentar a las fuerzas negativas, imponiendo orden y elegancia, trayendo luz a la oscuridad. Ojala el arpón de la justicia se clave sobre aquellos que, con confusos intereses y turbias intenciones, han querido robar a los egipcios y al mundo una parte fundamental de su historia y de su belleza. Ojala la derrota de Set abra un próspero, feliz y nuevo camino.


[1] Ver archivo del Griffith Institute en: www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275.html
[2] Así viene referenciada en obras como D. P. Silverman, J. W. Weger, J. Houser Webner, Akhenaten ant Tutankhamun. Revolution and Restoration, Filadelfia, 2006, p. 9., en F. Tirardritti, Tesoros Egipcios de la colección del Museo Egipcio de El Cairo, Barcelona, 2000, p. 209 o en T.G. Henry James, Tutankamón, Barcelona, 2001, p. 179.
[3] Lamentablemente esta pieza parece que es uno de los objetos del ajuar de Tutankhamón que fueron robados hace unos meses en el Museo de El Cairo y, aunque bastante maltrecha, ya recuperada por el museo cairota. De hecho, en algunos informes y listados se ha indicado una numeración y tengo la impresión que, debido a la semejanza, se han producido confusiones y han puesto la foto de la otra pieza. La reciente reaparición de la figurilla y ante las fotos publicadas en la prensa, a pesar del precario estado en que se encuentra, creo que, efectivamente, la pieza que había sido robada era la JE60709 (al menos la así llamada atendiendo a la referencias de publicaciones como las que indico en la nota 1) y llamada por Howard Carter 275c. Ver en www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/275c.html
[4] Muchos objetos de la tumba de Tutankhamón se encontraron cubiertos con telas de lino, la colección de figurillas negras y doradas no es una excepción. Sorprendentemente algunas figurillas portaban etiquetas que aluden al año 3 del reinado de Akhenatón, lo que según N. Reeves puede hacer pensar que quizá «éstas fueron preparadas evidentemente para la proyectada tumba tebana de Akhenatón (quizá la nº 25 en el Valle occidental), que había sido abandonada en el momento de su ruptura con la antigua religión, sacada del almacén y vueltas a inscribir para el enterramiento de su hijo». Ver en N. Reeves, Todo Tutankhamón. El rey. La tumba. El tesoro, Barcelona, 1991, p. 131.
[5] El listado de las piezas robas y las ya recuperadas puede consultarse en la wed del Supreme Council of Antiquities: www.sca-egypt.org/eng/MR_PR.htm