En torno a la Unificación de Egipto
Por Juan José López Martínez
25 julio, 2017
Detalle de la Paleta de los Cazadores. British Museum. Foto: Susana Alegre
Modificación: 19 agosto, 2017
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La emergencia del primer Estado centralizado en el Antiguo Egipto (ca. 3150 a.C.) entrañó la consumación de un extenso número de transformaciones de tipo multifactorial, dilatadas temporalmente a lo largo de varios siglos. El conocimiento que poseemos tanto de la fase anterior a la unificación, así como del proceso que culminó en la anexión de las tierras del Nilo bajo un único gobernante es limitado y se asienta principalmente en la información proporcionada por las necrópolis de los tres grandes asentamientos de este periodo: Hieracómpolis, Nagada y Abydos. 

Cuestiones Generales sobre la unificación de Egipto
Tradicionalmente, la tarea de llevar a cabo la unificación política en el valle del Nilo ha sido asociada con la figura de Narmer/Menes, quién es citado tanto por los historiadores clásicos –Heródoto, Manetón o Eusebio de Cesarea, entre otros- así como en las distintas listas y anales reales. Los autores de la antigüedad destacaron la labor de este monarca, designándolo como el primero del Egipto unificado, lo que despertó un enorme interés por reconstruir la fase final del protodinástico a partir de dicho personaje.

Del proceso de unificación se desprende la existencia de dos circunscripciones territoriales dominantes: el Alto y Bajo Egipto. Estaríamos hablando de la llamada «dualidad», muy presente en la vasta historia de esta civilización y de cuya estabilidad dependería la prosperidad del país. Epítetos y titulaturas como Señor de las Dos Tierra (nb-tȝwy), las Dos Señoras (nbty) o Rey del Alto y Bajo Egipto (nswt-bjtj), etc., demostrarían el marcado contraste entre norte y sur. Según la iconografía tradicional, la unificación político-territorial de ambas regiones seria la principal consecuencia de una serie de conflictos militares, en los cuales la zona meridional sometería a la región norteña. Hoy, esta imagen envuelta en numerosas connotaciones legendarias, ha sido superada por los investigadores, quienes tienen claro que dicha coyuntura no fue ni casual ni monocausal, sino que atendió a un largo procedimiento histórico, entendiendo el concepto de las “Dos Tierras” como un ideal de Estado más que una realidad concreta que pudiese existir en el aquel momento.

Esta afirmación es reforzada aún más si prestamos atención a las recientes excavaciones que se vienen llevando a cabo en yacimientos como Tell el-Farkha, Maadi, Hieracómpolis, Nagada o Abydos. Dichos trabajos revelan la presencia de producciones artesanales especializadas, cementerios que muestran una estratificación social muy marcada, junto a un incipiente comercio a la larga distancia. Estos rasgos certifican la existencia de poblaciones con un nivel de “estatalización” patente. Por lo tanto, términos como el de “dualidad” quedarían obsoletos, siendo más apropiado el establecimiento de vocablos relacionados con la “pluralidad”. En concordancia a lo anterior, debemos contrastar también conceptos como “origen del Estado” y “unificación”, ya que hasta hace relativamente poco tiempo ambos formaban parte de la misma ecuación, es decir, la idea de un Egipto unificado era paralela a la aparición del Estado. Actualmente, y en base a los hallazgos arqueológicos mencionados, estamos en condiciones de desmentir dicha percepción, afirmando que la unificación del valle del Nilo pareció atender más a una consecuencia y no una causa en el proceso de formación del Estado.

 

Ver como sigue el artículo en En torno a la Unificación de Egipto, BIAE 82, Peret (abril, 2017), páginas 10 a la 26.

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BIAE Número 82 – Peret 2017

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