Ptolomeo I de Mauritania: el último de los Lágidas
Por Nieves García Centeno
16 junio, 2018
Ptolomeo I de Mauritania. Detalle de escultura en el Louvre. (foto wikipedia)
Modificación: 18 junio, 2018
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El destino del nieto de Cleopatra VII 

La última reina egipcia Cleopatra VII prefirió darse muerte antes que ser llevada a Roma como prisionera y ser expuesta como el mejor trofeo de Octavio durante el desfile de celebración del triunfo, tras la derrota en la batalla de Accio (31 aC). Corría el verano del 29 aC. La declarada “enemiga de Roma” no tuvo que desfilar humillada ante los romanos, pero si sus retoños, los mellizos Alejandro Helios y Cleopatra Selene, y Ptolomeo Filadelfo, aún de corta edad, fruto de su relación con Marco Antonio. Su primogénito y heredero, Cesarión, Ptolomeo XV, hijo de Julio César, sería asesinado en Alejandría por Augusto. A los niños varones se les pierde la pista, por lo que debieron fallecer al poco de llegar a Roma, pero el destino de Cleopatra Selene lo conocemos pues irá ligado al de otro hijo de reyes, Juba de Numidia, quien, tras ser llevado también a Roma como trofeo de guerra, esa vez por César, en el 46 aC, Octavio lo hizo rey de Mauritania. Juba fue casado con la hija de Cleopatra y tuvieron un hijo, Ptolomeo, que también sería rey. Su muerte, en el año 40, a manos del emperador Calígula, puso fin a esta estirpe de origen macedónico.

foto105 copiaCesarión, hijo de Cleopatra VII y Cesar.

hijos-gemelos-de-Cleopatra-y-Marco-AntonioCleopatra Selene y Alejandro Helio, los hijos gemelos de Cleopatra VII y Marco Antonio. 

Ptolomeo I de Mauritania era nieto de Cleopatra, la reina más famosa de la dinastía lágida, aquella fundada por Ptolomeo I Sóter (salvador), uno de los generales de Alejandro Magno, quien, al morir el conquistador, junto con sus compañeros de armas, los llamados diádocos o sucesores, se repartieron el imperio, aunque no fácilmente ni de manera amistosa. Tras varias guerras entre ellos, exactamente tres, Ptolomeo Lagos se declaró rey de Egipto, allá por el 305 aC y fundó la dinastía ptolemaica; Babilonia y Siria fueron para Seleuco, Asia para Antígono, Tracia y Asia Menor para Lisímaco, y Grecia y Macedonia para Casandro, hijo de Antípatro, general de Filipo II, el padre de Alejandro III el Grande.

Monarquías africanas amigas de Roma
Tras vencer a Cartago (guerras púnicas, 264-146 aC), Roma fue aumentando sus conquistas territoriales. Una de las zonas de las que sacaría mejor provecho fue África, donde era más sencillo mantener a las monarquías como clientes amigos que transformar sus territorios en provincia. Egipto se encontraba en esos parámetros, pero ya sabemos su final: Cleopatra intentó conservar su reino, pero finalmente fue convertido en provincia. Para introducir el tema, nos vamos a detener en la zona noroccidental, en Numidia y Mauritania (actual Marruecos y Argelia), durante los reinados de Juba I, Juba II y Ptolomeo I.

mauritania.norte-africaNorte de África en la época romana. Mauritania y Numidia. 

Estos monarcas interesaban a Roma pues reproducían en Occidente, aunque fuera en el norte de África, la misma situación en la que se encontraban las monarquías del Mediterráneo oriental. Unos reyes que, cuando Roma inició sus guerras civiles, tuvieron que decantarse por uno u otro bando, y eso influyó en la continuidad de su reinado e incluso en la existencia de ese territorio. Por ejemplo, Masinisa, que fue el primer rey de Numidia, ayudó a Escipión a conquistar Cartago (alrededor del 200 aC), de lo que recibió favores del Senado romano, como tierras, y él y sus descendientes pasaron a ser socios, amigos y aliados de Roma.

El reino de Numidia
Tras la muerte de Masinisa, en 148 aC, le sucedió su hijo Micipsa, quien al morir repartió el reino entre sus dos hijos, Aderbal e Hiempsal, y su sobrino Yugurta. Inmediatamente, Yugurta se enfrentó a Hiempsal y lo asesinó, y Aderbal huyó a Roma para pedir ayuda. Los romanos decidieron intervenir en 111 aC con el cónsul Quinto Cecilio Metelo el Numídico, aunque fue su lugarteniente Cayo Mario, tras lograr el consulado, el que dirigirá las operaciones. Tras una serie de victorias importantes, Mario envió a Lucio Cornelio Sila a Mauritania para privar de apoyos a Yugurta, consiguiendo el apoyo de su rey, Boco I, que era suegro de Yugurta. Finalmente, éste fue capturado y enviado a Roma para ser ejecutado en 104 aC. Los romanos colocaron en el trono de Numidia a Gauda, hermanastro de Yugurta, y a su muerte heredará el reino Hiempsal II, padre de Juba I, el abuelo de Ptolomeo.

Sin entrar en detalles, Mario y Sila iniciarán una lucha de poder, la primera de las cuatro guerras civiles de la República romana antes del Imperio. En el 88 aC, Cayo Mario huyó a África y le pidió ayuda a Hiempsal II. Sin embargo, el rey de Numidia decidió traicionarlo y entregarlo a sus enemigos, aunque Mario consiguió escapar. Cuando la facción de Mario tomó de nuevo el poder, colocó a otro rey en el trono. Pero al volver Sila como dictador, Pompeyo, que empezaba a destacar por sus éxitos militares, restituyó a Hiempasal II (81 aC) tras la campaña en África.

Juba II, de África a Roma y regreso como rey
El destino de Juba II estuvo marcado desde el momento en que su padre, Juba I, se puso del lado de Cneo Pompeyo Magno en la guerra civil contra Julio César, entre el 49 y el 45 aC, y que perdió.

Juba_II_VolubilisFigura en bronce de Juba II de Mauriania descubierta en el yacimiento arqueológico de Volubilis. Marruecos. 

Juba I era hijo de Hiempsal II y fue el último rey de la Numidia oriental. Cuando se inició el conflicto, no dudó en apoyar al general que le devolvió el trono a su padre suministrándole tropas auxiliares e interviniendo cuando fuera necesario. Por esta razón, una parte del Senado lo nombró rey amigo y aliado, y la otra parte, enemigo. Además de haber tenido enfrentamientos directos con César, el hecho determinante para que Juba abrazase la causa pompeyana fue un proyecto de ley del 50 aC promovido por César que contemplaba la confiscación del reino númida. Como la participación de este rey en la guerra civil fue contada por César, lo tacha de soberbio y que se excedía en sus pretensiones protocolarias ante los romanos. En realidad, Juba siempre quiso demostrar su independencia frente a Roma.

Después de la derrota de Pompeyo en Farsalia en el año 48 aC, la ciudad de Útica (en el actual Túnez) fue el punto de reunión de sus partidarios. El procónsul de Siria, Metelo Escipión, suegro de Pompeyo (casado con Cornelia), le prometió a Juba la provincia si volvían a contar con él. Se ha enjuiciado la efectividad de esta ayuda; a pesar de que las fuerzas eran relevantes (2.000 jinetes, legiones equipadas a la romana, infantería, contingentes de otras tribus y sus jefes, 60 elefantes y camellos), no eran muy combativas, se replegaban y fugaban, y la fidelidad a su soberano era dudosa. No obstante, la victoria pompeyana era muy importante para Juba I, de ahí su grado de involucración. Pero se desencadenó otra derrota. Tras la batalla de Tapso, en el 46 aC, Catón el Joven, comandante de la plaza fuerte en Útica, enterado de que Pompeyo había sido asesinado en Egipto, se mató con su espada. Ya todo perdido, Juba se quiso esconder con sus mujeres e hijos, pero ninguna localidad lo quiso acoger. Iba acompañado de Petreyo, político y militar romano. Según cuentan las fuentes, comieron en palacio y luego se batieron en duelo, matándose entre ellos o suicidándose.

Tras la victoria de César, el norte de África sufrió reestructuraciones territoriales importantes. El reino mauritano gobernado por Boco, que apoyó a César, se acrecentó a expensas de la Numidia occidental. Y la Numidia oriental de Juba desapareció. El hijo de Juba, de pocos meses de edad, fue conducido a Roma para desfilar en el triunfo africano de César, además del de Egipto y el Ponto. La celebración de esta victoria, en septiembre del 46 aC, se convirtió en un instrumento político, ya que vinculó al joven Octavio, que participó en el desfile, a pesar de no haber participado en ninguna guerra.

Juba fue criado en Roma bajo la protección de Octavio con el fin de integrarlo en la sociedad romana para después usarlo según conviniese, como ya se había hecho con otros príncipes extranjeros. Se supone que vivió sus primeros años en Campania, en el hogar de Atia, la madre de Octavio, aunque, tras el asesinato de César y el fallecimiento de Atia ese mismo año (44 aC), Juba debió ir a la casa de Octavia, hermana de Augusto. Octavia estuvo casada con Claudio Marcelo, del que acababa de tener un hijo. Tras morir su marido, con el que tuvo dos niñas más, se casó con Marco Antonio (pacto de Brindisi, año 40). Marco Antonio aportaba ya dos hijos con Fulvia, y de este enlace nacerían dos hijas, Antonia la Mayor y Antonia la Joven. Augusto, divorciado de Escribonia, de quienes nació Julia la Mayor, se unió a Livia Drusila, que tenía un hijo, Tiberio, y estaba embarazada de Druso, fruto de su unión con Tiberio Claudio Nerón, de quien se separó. Por tanto, alrededor del 38 aC, Octavia vivía con toda esta prole, niños menores de 5 años, excepto Juba, que tendría unos 10 ó 12 años. Si eran pocos, tras la batalla de Accio vendrían los tres hijos de Marco Antonio y Cleopatra.

Por tanto, Juba creció en el hogar de Octavia, la mejor exponente de las virtudes romanas. Tuvo una polifacética y vasta formación, conoció de cerca los distintos círculos culturales de su época y fue muy prolífico en textos de todo tipo: botánica, historia, geografía, léxico, etc. Juba vivió de cerca la glorificación de Octavio, el retorno a la tradición romana y la revolución arquitectónica planeada para Roma, que se transformó de una ciudad de ladrillo a otra de mármol.

Pero, además de esta formación humanística y su activa participación en la vida intelectual de Roma, también tuvo una instrucción física adecuada a su rango social y fue adiestrado para la guerra, una formación militar que se hacía en el Campo de Marte, al lado del río Tíber, pues se sabe que acompañó a Octavio en algunas batallas.

Octavio Augusto restituyó a Juba II como rey de Numidia entre los años 29-27 a.C. Ya se había casado con Cleopatra Selene (hija de Cleopatra VII y Marco Antonio), pero no reinaron juntos mucho tiempo allí porque la población local se oponía a su excesiva romanización, lo que causó desórdenes civiles. La pareja real dejó entonces Numidia y se trasladó a Mauritania. Fue en el 25 aC, tras la guerra contra astures y cántabros, que le concedió el reino de Mauritania. Con esta donación, Juba II pasó a formar parte del elenco de reyes socios y amigos de Roma que poseían un reino gracias al emperador. Además, se acercaba lo romano a las sociedades norteafricanas y se sentaban las bases de una nueva dinastía.

¿Y cuál es el origen del reino de Mauritania que Octavio entregaba a Juba II? Para resumir, los mauros fueron contemporáneos de los númidas. Tras la muerte de Boco I, que ya era aliado de Roma, se separó el reino entre sus dos hijos, Boco II y Bogud. En la guerra civil entre Pompeyo y César, los dos hermanos se alinearon del bando cesariano invadiendo el reino de Numidia de Juba I, aliado de los conservadores. Finalizada la guerra, César concedió a Boco las tierras situadas al occidente, pertenecientes a Numidia, mientras que el resto de Numidia se anexionó a la provincia romana de África.

En la cuarta guerra civil de la República romana entre los años 32-30 a. C., Boco II fue partidario de Octavio, mientras que Bogud, su hermano, se decantó por Marco Antonio. A su término, Boco luchó contra su hermano con la ayuda militar de Augusto como recompensa por su lealtad, anexionándose sus tierras y reunificando Mauritania. Tras su muerte sin sucesor, el reino pasó a Roma, que estableció colonias de veteranos en la costa.

Ya entraba en los planes de Octavio romanizar todo el territorio norteafricano; era una zona difícil de dominar, por tanto, mejor con un rey vasallo. Las obligaciones estaban bien reglamentadas y consistían en conservar la paz con Roma y con los estados amigos y aliados, y se comprometían a colaborar en las empresas militares de la potencia. Pero tenían más autonomía que una provincia, pues no eran un representante del emperador ni un magistrado. La población de ese reino dependía del soberano, no de Roma. Aunque Octavio también se reservaba el derecho a deponerlo y, a la muerte de ese rey, el emperador designaba al heredero o se anexionaba ese reino como provincia. A veces de manera excepcional se le dejaba al monarca socio decidir sobre su sucesión, como fue el caso de Juba II, cuyo reino fue heredado por su hijo Ptolomeo. Por otro lado, aunque en la época de la República se pagaban tributos, con el Imperio no, y Juba no pagaba canon, es decir, los príncipes vasallos gozaron de inmunidad fiscal.

Cleopatra Selene, la hija de Cleopatra VII
La ceremonia de esponsales con Cleopatra Selene pudo ser en el 20-19 aC, pues hay una moneda conmemorativa en esa fecha, en la que la hija de la famosa reina debía tener cerca de 20 años. Por tanto, Juba debió casarse con Selene antes de que se le concediera el trono (25 aC). De la hija del malogrado Marco Antonio se desconoce todo, incluso si llego a tener o no la ciudadanía romana. Se puede confirmar que creció en la casa de Octavia, junto con sus hermanas por parte paterna. Lo que está claro es que esa niña era hija y nieta de reyes, la última Lágida, nacida de un ciudadano romano y de una de las sangres más nobles del Mediterráneo. Desposeída de todos sus privilegios tras la derrota en Accio, el enlace con Juba, que también fue un rehén real, le proporcionaba un reino. Era un matrimonio dinástico pero también enmarcado dentro de la política matrimonial de la casa Julia, movida por Octavia, la hermana de Augusto.

moneda-cleopatra-selene

Por las monedas que se han encontrado se supone que ejerció como real soberana al lado de Juba II. Tampoco se sabe la fecha de su muerte: por unos versos de Crinágoras se da a entender que murió en el 5 aC, un día de eclipse de luna, y se cree que su mausoleo está en Tipasa, Argelia, en la Tumba de la Cristiana, llamada así porque hay una cruz grabada. Cleopatra y Juba tuvieron al menos un hijo: Ptolomeo (6 aC-40 dC), aunque sobre su descendencia los estudios tampoco se ponen de acuerdo. Por un lado pudo haber otra Cleopatra y una Drusila, aunque sus fechas de nacimiento no están claras. Tácito se refiere a esa Drusila como la nieta de Cleopatra y Marco Antonio, casada con Antonio Félix, un liberto del emperador Claudio (nieto también de Marco Antonio) y procurador de Judea del año 52 a 60. Sin embargo, otras fuentes consideran que, según esas fechas, esta Drusila tenía que ser hija de Ptolomeo de Mauritania y de la reina Julia Urania, de la región siria de Emesa (actual Homs), con la que se había casado; otras fuentes, por el contrario, dicen que Ptolomeo no tuvo hijos.

Tras consultar varias fuentes, que tanto en fechas como en hechos no se ponen muy de acuerdo, me decanto porque la Drusila que se casó con Félix era la hija de Ptolomeo. Sabemos que este procurador de Judea se casó tres veces. Su primera esposa fue la princesa mauritana, un matrimonio arreglado por el emperador Claudio, alrededor del 53. Félix y Drusila no tuvieron hijos y entre 54-56 se divorciaron, según las crónicas, porque Félix se prendó de una princesa judía llamada también Drusila, hija del rey de Judea, Herodes Agripa I; estaba casada con Aziz, rey de Emesa, de quien se divorció. Félix y Drusila de Judea tuvieron un hijo llamado Marco Antonio Agripa, quien murió junto con Drusila y muchos de los habitantes de Pompeya y Herculano en la erupción del Vesubio en verano del año 79. Después de la muerte de Drusila, Félix se casó por tercera vez, pero poco se sabe de su tercera esposa. Nuestra Drusila se volvió a casar en el 56 con Cayo Julio Sohaemo, rey-sacerdote de la ciudad de Emesa. Tuvieron un único hijo, Cayo Julio Alexio, que sucedió a su padre como rey y sumo-sacerdote. La reina Zenobia de Palmira decía descender de él (o su esposo, el rey Septimio Odenato) y, por tanto, de la famosa Cleopatra.

La corte de Juba
Cuando Juba llegó a Mauritania, era un reino de un vasto territorio, de carácter rural, con un desarrollo urbano mediocre y una población organizada en tribus con un grado de nomadismo, y sin las estructuras propias de un Estado unificado ni centralizado. Había una federación de ciudades, muy autónomas, pero protegidas por su soberano. Por otro lado, la población romana existente tenía una ordenación propia. Así que, su objetivo fue sedentarizar esos súbditos y desarrollar la vida urbana. Los primeros proyectos urbanísticos de la pareja real sirvieron para impulsar la vida económica del reino y afianzar la cultura greco-latina en ese territorio bárbaro, y tanto la capital, Iol, que llamaron Caesarea, como Volubilis, en el oeste, destacaron por su rica mezcla de estilos arquitectónicos egipcio, griego y romano. En la parte baja de la ciudad, que amuralló, hizo el anfiteatro, el circo, centros termales, varios templos, un acueducto, el foro. El teatro, de los más antiguos del norte de África, entre el 25-15 aC., tenía cabida para 6.000 personas. Iol iba a albergar la nueva dinastía maura en el mismo plan de igualdad que lo hacían otras cortes y dinastías del Imperio.

Y en la instauración de esa nueva dinastía, la ascendencia lágida de Cleopatra Selene tenía suma importancia, pues Juba II anclaba su poder y su descendencia en una tradición más larga que la númida, como era la griega. Juba justificaba descender de Hércules, como también Selene por parte de Marco Antonio. Y en sus escritos e investigaciones, Juba quiso demostrar que el Nilo, el don de Egipto, que le debería haber pertenecido a su esposa, nacía en Mauritania. De esta manera cerraba un círculo y dotaba a su reino de una aureola gloriosa, validando sus derechos y los de su descendiente, Ptolomeo.

El historiador griego Plutarco lo describe como uno de los mejores estadistas de su tiempo. Durante su reinado, Juba supo mantener unas buenas relaciones diplomáticas y, pertenecientes a la familia de Augusto, tanto él como su hijo desempeñaron cargos en distintas ciudades de Hispania, como magistrados o patronos. Juba se rodeó en su corte de libertos, aunque también habría esclavos, y se hablaba griego, aunque no era la lengua oficial del reino. Por otro lado, además de tener un ejército a la romana, destacaban las peculiaridades norteafricanas, como el elefante, la caballería ligera, con jinetes hábiles que solían montar a pelo, con jabalinas cortas y escudos redondos de piel, y el llamado cinturón moro, con la hebilla para colocar la espada. Además de una flota armada, también dispuso de otra de carácter comercial, pues Mauritania comerció con todo el Mediterráneo, en especial con Hispania e Italia, exportando pescado, uvas, perlas, higos, grano, madera para muebles y tinte púrpura para las vestiduras senatoriales. Así, Juba II envió una expedición a las Islas Púrpuras con el fin de restablecer los antiguos procesos fenicios de fabricación del tinte (púrpura getúlica). Tingis (la actual Tánger) se convirtió en un gran centro comercial. En Gades (actual Cádiz) y Cartago Nova (actual Cartagena) en Hispania, Juba II fue nombrado por Augusto como magistrado para el tráfico de mercancías.

También mandó explorar otras zonas geográficas, como las Montañas del Atlas, Madeira y las Islas Canarias. Ya en su madurez, y viudo, entre el 1 aC y el 4 dC, realizó una expedición por Arabia acompañando en el séquito al nieto de Octavio, Cayo César (habría sido su heredero si no falleciera en el 4 dC tras curar mal sus heridas después de un ataque), y formando parte del grupo de sabios. Debió ir a petición de Augusto, ya que, además de documentarse de la zona, ese viaje tenía como finalidad restaurar el reino nabateo y ajustar la política oriental entre Armenia y los partos. Juba tenía habilidades político-diplomáticas y, aunque formaba parte de la familia imperial, era un rey socio. En ese viaje Juba se casó con la princesa Glafira, hija de Arquelao, rey de Capadocia; fue un matrimonio político, pero que no duró mucho. Glafira se enamoró al poco de un hijo de Herodes el Grande, que era en realidad su excuñado, que también estaba casado, por lo que se divorciaron y se esposaron, lo que causó un escándalo entre la sociedad judía. Glafira murió al poco tiempo. Suponemos que Juba ya estaba de regreso en Mauritania.

tumba de Juba_IIMausoleo Real de Mauritania. 

En el 19 Juba II nombró a su hijo Ptolomeo corregente, antes de morir, en el año 23, siendo enterrado junto a su primera mujer en el Mausoleo Real de Mauritania. A su muerte fue divinizado. Llevaba sangre de reyes norteafricanos, era un príncipe númida y por tanto gozaba de esa sacralidad ancestral. Consiguió que sus súbditos olvidaran que había sido un rey impuesto.

Fin de la dinastía
Ptolomeo I de Mauritania nació sobre el 6 ó 5 aC (otros datan su nacimiento en el 9 aC), poco antes de fallecer Selene. Tras morir su padre, en el 24 dC recibió a través de una embajada senatorial el título de rey socio y amigo de Roma. La mayor parte de su mandato transcurrió bajo el principado de Tiberio, que llevó una política de integración territorial, anexionando territorios de reyes socios o amigos. Con Mauritania no se hizo porque Ptolomeo siguió con sus obligaciones de mantener la paz y el orden, continuar con el desarrollo económico de su reino, la ayuda militar y las relaciones diplomáticas, y demostró lealtad además de practicar el culto imperial.

ptolomeo de mauritania-louvrePtolomeo I de Mauritania. El nieto de Cleopatra VII.

Ese mismo año (24 dC) Ptolomeo ayudó decisivamente al gobernador de la provincia romana de África, Publio Dolabela para poner fin a una larga guerra con las tribus locales (dirigidas por los númidas tacfarinas y garamantes) que asolaban África en contra de Roma desde el año 17. Aunque los rebeldes fueron finalmente derrotados, ambas partes sufrieron un gravoso número de pérdidas, tanto en caballería como en infantería. El Senado romano, reconociendo la leal conducta del rey mauritano, le otorgó un cetro de marfil, una túnica triunfal bordada y le saludaron como rey, aliado y amigo.

Ptolomeo no perdió un segundo para viajar a la capital del Imperio cuando fue llamado por Calígula en el año 40. Será en esta visita cuando los acontecimientos se precipiten: tras llegar a Roma el emperador ordenó apresar a Ptolomeo y, tras pasar un tiempo en prisión, fue ejecutado. Mauritania será incorporada al Imperio, no sin dificultades ya que a las revueltas causadas por la población leal al difunto Ptolomeo se mezclarían las de las tribus nómadas de la zona, por lo que la pacificación del territorio fue una tarea ardua y costosa. Pocos años después, y tras mandar a varios legados, Roma tendrá el poder definitivo del antiguo reino de Mauritania que dividirá en dos, la Caesarensis y la Tingitana.

En una mente obsesionada con el poder y las conspiraciones como era la de Calígula, la existencia de un miembro de la realeza muy bien conectado y descendiente directo de Marco Antonio era un peligro enorme. No es descabellado pensar que en la extraña decisión de Calígula de ejecutar a Ptolomeo, aunque eran primos segundos, estuviera la idea no sólo de hacerse con el control del territorio, sino además eliminar a todo aquel que pudiera hacerle sombra (como hizo metódicamente en la propia Roma entre sus familiares directos).

Unas fuentes relatan que el suceso ocurrió en Lugdunum (Lyon), adonde fue convocado tras venir de Atenas, donde le habían erigido una estatua en el gimnasio de su antepasado Ptolomeo Filadelfo. Otras relatan que ese suceso ocurrió en Roma, pues era el Pontífice Supremo de Isis por herencia Lágida y había sido llamado a Roma para consagrar el santuario de la diosa, pero en ese caso las fechas no cuadran. Sea donde fuere, las crónicas relatan que al llegar al anfiteatro llevaba el manto púrpura que se otorga a los generales victoriosos y todos los presentes le miraron. ¿Fue el hecho de aparecer con ese manto o porque codiciaba las riquezas que poseía? ¿Por su preeminencia religiosa? La causa más posible era que Calígula quisiera anexionarse Mauritania y finalizar el protectorado. Por otro lado, Calígula sospechaba de todo el mundo y creyó que Ptolomeo era cómplice de una conspiración. Ese día, Ptolomeo quizás querría dejar claro que pertenecía a la aristocracia romana y, por llevar ese manto, no se presentaba ante el Emperador como un cliente o un subordinado. Ese día en Lyon estaban otros reyes aliados, como Agripa, nieto de Herodes. Suetonio dice que la gente al verle con el manto hizo una acclamatio, lo que para Calígula fue como un presagio funesto hacia su persona. Ptolomeo encarnaba Oriente y Occidente: era nieto de Marco Antonio, por tanto descendiente de Hércules, tanto por su abuelo como por su linaje númida, y era el único descendiente legítimo de los Lágidas, es decir, heredero de Alejandro Magno. Tenía una estirpe noble, regia, mítica. Calígula tuvo miedo de Ptolomeo por lo que simbolizaba y por eso lo ejecutó.

 

Fuentes fotográficas:
commons.wikipedia.org
Archivo documental AE

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