Las damas de las pirámides (II): Reinas de las Dinastías III y IV
Por Naty Sánchez
4 febrero, 2016
Modificación: 6 octubre, 2016
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Egipto fue una civilización extraordinaria cuyos restos, esparcidos en tumbas, templos y papiros, han inspirado un mundo enigmático que resulta apasionante descifrar. En estas líneas, siguiendo los pasos del primer artículo, trataremos de aproximarnos al velado rostro de las reinas egipcias de la Dinastía IV, las mujeres que dieron vida a los reyes más célebres del Reino Antiguo y que les acompañaron en el gobierno del país.

La mayoría pasaron al descanso eterno a los pies de los gigantes de piedra, en pirámides menores o en mastabas. Algunas recibieron culto funerario durante siglos. Su huella en la tradición fue, por lo tanto, profunda; sin embargo, en ocasiones apenas podremos ir más allá de su nombre y sus títulos, tratando de entender a partir de los mismos el lugar que ocuparon en la corte y en la historia. En esta segunda parte trataremos de descubrir a las mujeres próximas a los reyes Dyedefra (ya vimos a dos esposas en el primer artículo), Jafra, Menkaura y Shepesheskaf. De este modo habremos completado una visión general de las reinas conocidas de las Dinastías III y IV y las distintas hipótesis vigentes.

2cronologia

MERESANJ II, ¿REINA?
A mediados de la Dinastía IV el paisaje egipcio se había transformado con las grandes construcciones de Snefru y de Jufu, cuyos logros arquitectónicos no se volverían a igualar en las siguientes generaciones. Durante el reinado de Dyedefra, los trabajos se habían trasladado a la zona más septentrional del mapa de las pirámides: Abu Roash. Es un área que no forma parte de las rutas turísticas y las excavaciones allí no han sido tan recurrentes como en otros casos; asimismo la que allí se halla, es la construcción piramidal de la Dinastía IV peor tratada por el tiempo. Todo ello ha contribuido a que la figura de Dyedefra nos resulte más desconocida. En la primera parte de este artículo descubrimos que su primera esposa fue la enigmática Jentetka y que tras su muerte se casó con Hetepheres II. De ambas mujeres tenemos huella arqueológica en el yacimiento de Abu Roash, de modo que podemos estar seguros de su vínculo con el rey. Sin embargo, hay una tercera reina que algunos investigadores han asociado a Dyedefra y otros a Jafra, sin que haya pruebas concluyentes en ninguno de los dos casos. En realidad, como vamos a ver, se cree que estuvo casada con el príncipe Horbaef, pues fue enterrada junto a él en su mastaba familiar de Guiza, a la sombra de la Gran Pirámide. ¿Por qué entonces se la quiere desposar con alguno de estos dos reyes? ¿Tenemos verdaderos motivos para considerarla reina de Egipto? ¿Quizás no terminamos de entender el sentido de la titulatura de las mujeres egipcias cercanas al rey?

3.cementerio-este-guiza

Plano del Cementerio este de Guiza, también llamado G7000.
Contiene las tumbas de Hetepheres II, Meresanj II y Meresanj III

Imaginemos por un momento que no conocemos ninguna hipótesis y sigamos únicamente la evidencia. Si nos situamos en la cara este de la Gran Pirámide y comenzamos a caminar por el margen derecho de la calzada de Jufu, pronto dejaremos atrás las pirámides de las reinas y el pozo secreto de Hetepheres I; al llegar a la sucesión de mastabas, dispuestas horizontalmente, ignoraremos las de Kauaf, Hordyedef y Baufra, pues nuestro objetivo es la cuarta hilera, que empieza con la tumba numerada como G 7410-7420, asignada a Meresanj y Horbaef. El monumento está datado a finales del reinado de Jufu y como los anteriores es una mastaba doble, con dos áreas de enterramiento bien diferenciadas para cada uno de los supuestos cónyuges.

4.sarcofago-Boston Meresankh-II
Sarcófago de la reina Meresanj II. Museo de Bellas Artes de Boston (27.441a-b).
http://www.mfa.org/collections/object/sarcophagus-of-meresankh-ii-146174

Nuestra dama es la protagonista de la mastaba G 7410, de cuyos relieves apenas fueron rescatados unos fragmentos hoy conservados en el Museo de Bellas Artes de Boston; en la inscripción grabada frente a la reina aún puede leerse “hija (de rey), de su cuerpo, Meresanj”. Está sentada en serena actitud, con el brazo izquierdo apoyado sobre la pierna y el derecho recogido sobre el pecho. El asiento está en una barca de papiro y un joven timonel hace que se deslice con suavidad por las marismas.

Más allá de la capilla funeraria, Meresanj II fue enterrada en el pozo G 7410 b, cuyo plano nos ofrece Reisner en su obra A history of the Giza Necropolis (REISNER G., 1942, pág. 166). Dispuso de una doble cámara funeraria, la segunda de las cuales ofreció a los arqueólogos algunas sorpresas. Las fotos de la campaña de excavación de 1925 nos permiten sumergirnos fácilmente en el interior de este lugar de eternidad. El cuerpo momificado de Meresanj II descansó alguna vez en el sarcófago de granito rojo que también se exhibe en Boston (27.441ab). Es un bello ejemplar de la época, decorado con el motivo de la fachada de palacio en sus lados largos; junto a este célebre símbolo de la realeza, unos jeroglíficos consignan el nombre de su insigne habitante. Los títulos con que se refieren a ella las inscripciones son los siguientes: Hija de rey, de su cuerpo; Esposa de rey; La que contempla a Horus y Set; Servidora de Horus y Grande del cetro. En la cabecera y en los pies están grabadas miles de ofrendas de pan, cerveza, incienso, lino, alabastro, carne y aves. La tapa del sarcófago es bellísima; un Anubis vigilante la custodia y ante su atenta mirada la fórmula de ofrenda funeraria se despliega alrededor del chacal: “Una ofrenda que da el rey, una ofrenda que da Anubis, señor de la Tierra Sagrada, el que está al frente del Pabellón divino”. La inscripción inferior, dedicada a ella, ha quedado dañada por la fractura, pero aún se leen con claridad su nombre y algunos títulos, como Grande del cetro.

Fig. 5. MeresankhII-tapa MuseumOfFineArtsBoston

Tapa del sarcófago de la reina Meresanj II. Museo de Bellas Artes de Boston.
http://www.mfa.org/collections/object/sarcophagus-of-meresankh-ii-146174

Hasta aquí, en base a la titulatura que se nos ofrece, todo parece indicar que estamos en presencia de una reina. Sin embargo, hay motivos para dudar de ello y establecer otras hipótesis. En primer lugar, al contrario que Meresanj III, la que nos ocupa no dispone de una tumba individual sino que la comparte con quien se ha dado por hecho que fue su esposo: el príncipe Horbaef, Hijo de Rey. Este personaje podría habernos dado la clave para situar a Meresanj en el contexto familiar de la Dinastía IV, pero por desgracia la zona de la mastaba que le correspondía se encontraba en peores condiciones aún, hasta el punto de que su atribución sigue siendo dudosa. Su sarcófago se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo. Este hecho no hace más que aumentar las dudas e imprecisiones. Si Horbaef fue el esposo de Meresanj II y el padre de los tres hijos que, como vamos a ver, se le atribuyen, ¿es cierta la idea más o menos generalizada de que fue su primer marido, del que quedó viuda, y luego se casó con un rey todavía por identificar? De ser así, por segunda vez durante la Dinastía IV un rey habría elegido casarse con una viuda, que en este caso ya había sido madre tres veces. Y de ser Dyedefra, su preferencia por las viudas sería realmente llamativa, pues sería el segundo caso de su historia marital. Otra incógnita: ¿por qué no aprovechó su condición de reina para enterrarse en Abu Roash, en las cercanías del monarca? Son demasiadas las incógnitas acerca de esta mujer y su carácter regio. Habrá que seguir investigando y especialmente en Abu Roash, donde tal vez las excavaciones vayan a más y aporten información clarificadora.

Los hijos de Meresanj II
Meresanj II es considerada como madre de hasta tres personas, un hombre y dos mujeres, y en ninguno de los casos hay una alusión directa a quien pudo ser el padre. Dos dispusieron de tumba propia y una aparece tan solo en la capilla funeraria de su madre.

1) Dyati: es calificado como Hijo de rey, de su cuerpo,pero ya sabemos con certeza que dicho título no es concluyente, pues muchos nobles lo ostentan y son sobrinos, nietos, etc. Su mastaba está muy próxima a la de su madre, frente a la fachada norte de Ankhaf, catalogada con el código G7810. Ejerció como Supervisor de las expediciones en la última etapa de la Dinastía IV, se casó y tuvo al menos un hijo. En los relieves, bastante maltratados, se alude a Meresanj.
2) Nefertkau: junto a la de Dyati se encuentra la mastaba de Nefertkau, cuya referencia en Giza es G7820. El estado actual de las investigaciones la considera hija de Meresanj II, sin que se pueda especificar el padre. Se casó con Iynefer, con quien comparte la tumba.
3) Nebtytepites: sólo se la conoce por los relieves de la mastaba de su madre Meresanj II, por lo que no sabemos si llegó a adulta.

6.hijos-Meresankh-II

Meresanj III, ¿esposa de Jafra?
Si hay una reina en Giza que nos haya legado la decoración de su tumba prácticamente intacta, esa es sin duda Meresanj III, propietaria de la mastaba G7530-7540 del cementerio situado al este de la Gran Pirámide (DUNHAM & SIMPSON, 1974). El lugar está abierto al público y es una visita ineludible en el recorrido moderno de Giza. Sus pinturas, relieves y estatuas nos invitan a indagar sobre su ella. Podría decirse que como monumento es el equivalente a la tumba tebana de Nefertary para el Reino Antiguo. Su figura, llena de encanto, resalta entre las soberanas de la Dinastía IV estudiadas hasta ahora gracias a las imágenes y textos que le permiten “vivir eternamente” y dialogar con nosotros, un diálogo que apenas es posible con las demás reinas de Giza. Tanto es así que Meresanj III merece un artículo propio para mostrar con detalle toda la información disponible. Por tal motivo, en esta ocasión, a fin de no extendernos en demasía, nos centraremos en los elementos que la designan como reina de Egipto.

La reina egipcia Meresankh III, posiblemente esposa de Kefrén. Fue enterrada en Giza en la mastaba G7520-7530

La reina egipcia Meresankh III, posiblemente esposa de Kefrén. Fue enterrada en Giza en la mastaba G7520-7530

Meresanj III. Mastaba G7530-7540. Dinastía IV. Reino Antiguo.
Foto: Juan Friedrichs

No hay datos concluyentes que enlacen a Meresanj III con un rey concreto. En consecuencia, no debemos olvidar que sólo hipotéticamente hablaremos de ella como esposa del rey Jafra, siguiendo los postulados más aceptados. Según se registró en su mastaba, falleció durante el primer año de reinado de un monarca indeterminado, que al hilo de lo anterior debería ser Menkaura (por ejemplo, Reisner consideraba que el rey fallecido era Menkaura y el nuevo Horus era Shepseskaf, pero esta tesis nadie la defiende en la actualidad). Si fuese este el caso, Meresanj habría acompañado a Jafra hasta su muerte, para partir hacia el más allá apenas unos meses después, dejando tras ella cuatro hijos y dos hijas de los que hablaremos más adelante. Sin embargo, como explicaremos con detalle, mi hipótesis es que ella fue la esposa de Jafra durante el periodo de su vida en que era un príncipe y no un rey, y que falleció el primer año de reinado. Sólo así pueden entenderse varias incoherencias, como el hecho de que pasara casi un año entre la muerte de Meresanj y su entierro o, sobre todo, que su tumba se localice en el cementerio este de la Gran Pirámide, y no en un ámbito más próximo a las construcciones de Jafra, que en el primer año de reinado no habrían existido todavía.

Fig. 14. Jafra Meresanj III o Jamerernebty I
Pirámide de Jafra (Kefrén), Dinastía IV, Reino Antiguo.
Foto: Juan Friedrichs

En la cámara funeraria se encontró el sarcófago de granito negro de Meresanj III, así como sus restos mortales; ambos descansan hoy en el Museo Egipcio de El Cairo. Junto a ellos, también han perdurado los vasos canopos para las vísceras momificadas de la esposa real. El análisis de los huesos determinó que se trataba de una mujer de 1’54 m de altura y unos cincuenta y cinco años de edad. Esto nos dice que llegó a tener una vida plena y murió en una etapa de madurez, si bien para nuestros parámetros actuales todavía era joven. Los títulos que se despliegan por el conjunto del recinto parecen interminables, de modo que citaremos los más destacados: Hija de Rey; Hija de rey, de su cuerpo (en realidad fue nieta y sobrina de dos reyes anteriores a su esposo); Esposa de rey; Seguidora de Horus; Compañera de Horus, su amada; Amiga de Horus; La que ve a Horus y Set; Grande en favores; Grande en gracia; Sacerdotisa de Bapaef, Sacerdotisa de Tot y Sacerdotisa de Hathor.

En la entrada de G7530-7540 se nos informa de un dato curioso. En la jamba norte se halla inscrito: “La Hija de Rey, Meresanj. Año 1, mes 1 de shemu, día 21. Descanso de su ka y traslado a la Casa de Purificación”. En la jamba sur, sin embargo, vemos que ha transcurrido un largo período: “La Esposa de Rey, Meresanj. Año después del 1 [año 2], mes 2 de peret, día 18. Traslado a su bella tumba”. Una vez contabilizados, vemos que entre su fallecimiento y su entierro transcurrieron 273 ó 274 días (DUNHAM & SIMPSON, 1974, pág. 8). El lapso de tiempo sobrepasa con muchos los setenta días que se suelen atribuir al proceso de momificación. ¿A qué se debió? ¿Murió la reina de forma totalmente inesperada y hubo que preparar y redecorar una tumba prevista para otra persona? A mi entender esto es poco probable, pues Meresanj III contaba unos cincuenta y cinco años de edad y, por más que fuera una muerte repentina, una persona con su estatus habría comenzado para entonces su tumba. Existe una segunda opción en la que estoy trabajando, ya mencionada, y que consistiría en que Meresanj hubiera sido la esposa de Jafra antes de ser rey y que hubiera fallecido nada más subir éste al trono. Es bastante lógico: si tenemos en cuenta al Jafra que aparece en el Papiro Westcar, éste ya es un adulto durante el reinado de su padre. Su hermano gobernó unas dos décadas, lo que significa que al ser coronado Jafra rondaba los cincuenta años. Si esto fue así, fallecida siendo ya reina, fue necesario amoldar su tumba a esta nueva posición; también explicaría por qué se la enterró tan lejos de la pirámide de su esposo, pues para ese momento ni siquiera estaría planteado el esbozo del segundo gran monumento de Giza. Según mi hipótesis, por tanto, Jafra habría enviudado nada más ser coronado y de ahí su segundo enlace con Jamerernebty I. Sin embargo, a falta de más datos, es difícil responder a este interrogante de modo concluyente.

9. Meresanj 974
Sarcófago de Meresanj III, Museo Egipcio de El Cairo. Dinastía IV, Reino Antiguo.

La mastaba nos permite conocer un poco mejor la personalidad de esta mujer. Resulta muy llamativo que fue una sacerdotisa de Tot. No sólo se la menciona con el título sacerdotal, sino que además se vuelve sobre la idea en varios detalles, por ejemplo en el dintel de la entrada, al calificarla de amada de Tot y de Horus. Asimismo, en los nichos del muro sur de la primera sala, se depositaron nada menos que seis estatuas de escribas. La discusión sobre la identidad de estos personajes no se ha cerrado; algunos proponen que son los arquitectos del monumento, otros que son el padre de la reina y los hijos. La falta de inscripciones dificulta una hipótesis firme. No obstante, nada impide pensar que pudiera haber una relación entre los escribas y el sacerdocio ofrecido a Tot por Meresanj III.

Naty Sánchez en la tumba de la reina Meresankh III (G7530-7540) en Giza, IV dinastía, Reino Nuevo

La autora en el interior de la mastaba de Meresanj III (G7530-7540) en Giza, Cementerio Este. Dinastía IV, Reino Antiguo.Foto: Juan Friedrichs.

Los padres de Meresanj III
La mención directa de los padres de Meresanj III permite consolidar la idea de que los títulos de Hija de Rey (incluido el de Hija de Rey, de su cuerpo) no implican un vínculo filial directo con el monarca, al menos durante la Dinastía IV. Se usan indistintamente para referirse a hijos, sobrinos o nietos, lo que ha conducido a interminables confusiones sobre los lazos de parentesco regios. En los muros de G7530 han sido representados con claridad como padres de la reina el príncipe Kauab y Hetepheres, identificada por Reisner como Hetepheres II. De ser efectivamente la misma persona, y en base a lo que vimos en la primera parte de este artículo, Hetepheres habría enterrado ya a dos esposos (Kauab y el rey Djedefra) y estaría casada ahora con Anjaf, aunque en mi opinión la esposa de este visir es otra mujer homónima. Si Hetepheres es la hija de Jufu y han concluido ya los reinados de Djedefra y Jafra, debía ser una mujer muy mayor cuando vio morir a su hija, pues como mínimo habría superado los setenta años, presuponiendo que la engendrara muy joven. Se ha considerado, de hecho, que tanto la tumba como el sarcófago fueron dispuestos por la madre. ¿Se preparó Hetepheres su propio sarcófago y al morir inesperadamente su hija se lo legó como último regalo? Eso explicaría por qué parte de las inscripciones de esta pieza de granito negro son de Hetepheres y parte son de Meresanj III (DUNHAM & SIMPSON, 1974). No quiero dejar de hablar de las maravillosas estatuas que se realizaron de madre e hija. Además de las que se esculpieron en la tumba tenemos la que custodia el Museo de Bellas Artes de Boston: las dos damas están en posición frontal y Hetepheres le pasa el brazo a su hija por el hombro. ¿Qué mejor compañía para dar el paso a la eternidad?
Kauab fue incluido en la decoración de la tumba de su hija como un hombre mayor y corpulento, símbolo de una vida exitosa y feliz. Las inscripciones son bastante claras: “Su padre, el noble (iry-pat), el Hijo mayor del rey, de su cuerpo, Sacerdote Lector Jefe, Director de los oficios divinos, Asistente de Duwa, Kauab” (DUNHAM & SIMPSON, 1974).

Los hijos de Meresanj III
Tenemos constancia de que al menos cinco personas han sido señaladas como descendientes de Meresanj III, sin que en ningún momento se puntualice el nombre del padre. Son cuatro varones y una mujer, cuyas biografías pueden seguirse a partir del fallecimiento de su madre durante el reinado de Menkaura y Shepseskaf.

Fig. 11.Meresanj Nebemajet hijo DUNHAM-SIMPSON 1974
Meresanj III con su madre, Hetepheres II, y sus hijos Nebemajet y Jenterka.
Los otros cuatro personajes carecen de inscripción. Mastaba G7530 en Giza, Cementerio Este. Dinastía IV, Reino Antiguo.

1) Nebemajet, el hijo mayor de Meresanj III. Es representado como adulto tras la figura de su madre en G7530. Se le identifica como: “Su hijo, el hijo de rey, sacerdote lector jefe, Nebemajet”. Detrás del príncipe hay tres niños sin nombre, quizás sus hermanos Duaenra, Niuserra-Anj y Anjmara. También se ha postulado la posibilidad de que una de las esculturas tipo escriba de la entrada de la mastaba represente a este príncipe (RZEPKA, 1998). Su propia tumba ha sido localizada en Giza, codificada con el número G8172 (LG86). Allí descubrimos que Nebemajet se casó con Nubhotep, Conocida del rey y sacerdotisa de Hathor, y que realizó una importante carrera al servicio del monarca, pues fue Amigo único de su padre, Jefe de los secretos de su padre, Iry-pat, Primogénito de la (casa) Senuet de su padre, Chaty, Jefe de los jueces y Escriba del libro divino de su padre. En esta tumba, situada en el cementerio oeste de la Gran Pirámide, Meresanj III fue inmortalizada en relieve, concretamente en una escena donde se presentan ante ella su hijo Nebemajet y su hija Shepsetkau. También nos confirma como hermanos del difunto a Duaenra, Niuserra y Anjmara, de modo que tenemos doble testimonio para considerarlos hijos de Meresanj III.
2) Duaenra: aparece en la mastaba de su madre con los atributos infantiles que nos detallan que eran un niño en el momento en que ella murió. La inscripción le presenta como “Hijo de rey, de su cuerpo, Duaenra”. Este príncipe alcanzó la edad adulta y sirvió durante el reinado de Menkaura. Se le localiza también en la tumba de su hermano mayor, en una escena donde él, Nebemajet y Shepsetkau están juntos. Dispuso de su propia tumba, hoy conocida como G5110, en el cementerio occidental de Giza. Se ha propuesto que es el padre de un visir de Shepseskaf llamado Babaef; de ser cierto sería nieto de Meresankh III y permitiría corroborar la cronología tal y como la presentamos en este artículo.
3) Niuserra-Anj: en la tumba de su madre aparece en el pilar opuesto al que acabamos de mencionar para Duanera y con los mismos atributos infantiles, aunque su cabeza está vuelta hacia la figura materna. Ostenta el título de Hijo de Rey, de su cuerpo. Se le atribuye una mastaba del cementerio central de Giza.
4) Jenterka: en la misma escena de la mastaba G7530 donde hemos visto a Nebemajet, pero delante de Meresanj III, se encuentra un niño llamado Jenterka. Sostiene un loto en la mano izquierda y un ave en la mano derecha; la cabeza está orientada hacia atrás, de modo que parece que está ofreciendo el loto a su madre. No sabemos mucho más sobre él.
5) Shepsetkau: en la mastaba de Nebemajet (G8172), como hemos dicho, aparece otra hermana llamada Shepsetkau. Están los dos juntos contemplando escenas agrícolas en el muro sur y también ante su madre, Meresanj III. En otro lugar se les une Duaenra. No hemos logrado ubicar a Shepsetkau en la tumba materna, pero cabe la posibilidad de que sea la muchacha que está junto a Jenterka.
Para concluir, y resumiendo este acercamiento a Meresanj III, diremos que estamos ante una mujer nacida de Kauab y Hetepheres que alcanzó plenamente la madurez y murió a comienzos de un rey desconocido. Si su esposo fue Jafra y, en efecto, le sobrevivió brevemente, no adquirió el título de Madre de Rey, por lo que ninguno de sus hijos fue coronado como heredero. Tal descendencia se concreta en cinco personas, tres de los cuales pertenecieron a la alta nobleza al servicio del sucesor del marido de Meresanj III, sin que se presenten síntomas de intrigas por el poder. Todo esto indica que en ningún caso puede señalarse a Meresanj III como madre del rey en cuyo primer año de reinado ella falleció. En consecuencia, nuestra siguiente pregunta es: ¿quién fue la madre de Menkaura?

12. hijos de Meresankh III

JAMERERNEBTY I, ¿ESPOSA DE JAFRA?
En Jamerernebty volvemos a encontrarnos con una Reina Madre. Aunque no se ha podido determinar de modo concluyente quiénes fueron su esposo y su hijo, los indicios apuntan a Jafra y Menkaura respectivamente. Por otra parte, ni siquiera es seguro. Su huella en monumentos de terceras personas es mucho más intensa que la de otras reinas estudiadas hasta ahora, pues estas últimas se limitaban a aparecer en contextos familiares, mientras que Jamerernebty I está vinculada a varios personajes de la corte que debieron estar a su servicio. Esto señala de forma indirecta que permaneció bastante tiempo al frente del poder, en especial durante su etapa de reina madre.

¿Quiénes fueron sus padres? Ningún indicio permite afirmar nada. Tenemos al menos dos candidatos, sumando a Khufu y Djedefra. No obstante, como hemos visto, el uso del título de Hija de Rey es tan ambiguo que podría nieta o sobrina de cualquiera de ellos.

En el Museo de Bellas Artes de Boston se conserva el fragmento de un instrumento utilizado para la apertura de la boca que se halló en el corredor noreste del templo funerario de Menkaura (11.766). En él se lee con claridad: “La Madre de rey, Jamerernebty”. Una vez más, no se menciona explícitamente al soberano y el lugar donde se encontró tampoco debe considerarse determinante. En mi opinión, sería más lógico que en realidad este objeto perteneciera a Jamerernebty II, pues como esposa de Menkaura se habría convertido en Madre de rey a su muerte si engendró a Shepseskaf, quien sabemos a ciencia cierta que concluyó el templo mortuorio de su predecesor. Aunque esta última maternidad es un asunto también en el aire, ¿no es más lógico que la madre de Menkaura ya hubiese muerto en el momento en que su hijo estaba finalizando sus edificios funerarios y que la nueva reina madre grabase su nombre en objetos del ritual de despedida de su esposo? En realidad, ese pequeño objeto de piedra no puede decirnos más. Necesitamos más indicios.

Pese a tantas lagunas, de lo que no hay duda es de que existieron dos reinas llamadas Jamerernebty, y que una fue madre de la otra, según podemos confirmar por el dintel de una mastaba asignada a Jamernebty II (llamada la Tumba de Galarza en honor al primer español que dirigió una campaña arqueológica en Egipto en 1907, Vicente Galarza). Es la mastaba G8978 y su texto está dividido en dos registros: el superior se refiere a la madre y el inferior a la hija. El texto de la madre dice así: “La madre del Rey del Alto y el Bajo Egipto, la Hija del dios, La que ve a Horus y Set, La grande del cetro, Grande en favores, Sacerdotisa de Tot, sacerdotisa de Chasepef; la esposa del Rey, su amada; la Hija de Rey, de su cuerpo; la señora venerable ante el gran dios, Jamerernebty”. Es interesante que se haya evitado la inversión respetuosa con respecto al soberano en el título de Madre del Rey para favorecer en cambio un paralelismo visual “madre” (arriba) y “su hija” (abajo), gesto que sin duda fue intencionado.

13. Dintel de Jamerernebty
Dintel de la mastaba de Jamerernebty en el Cementerio Central de Guiza.

¿Dónde se preparó el lugar de eternidad de Jamerernebty I? A su muerte era mucho más que una esposa real, era Madre de Rey, y como sabemos en Egipto es todo un grado. Este título no sólo implica que un hijo haya sido coronado, sino que has vivido para verlo. Si nos fijamos en el determinativo con el que acaba la línea de la inscripción que le corresponde en la Tumba de Galarza, veremos que no se limitaron a poner una dama noble, sino que se utilizó una mujer sentada con un cetro que representa el tallo y el brote de un papiro y, lo que es más importante, el tocado de buitre de las diosas madre. Estamos ante una mujer muy importante incluso entre las mismas reinas y, a pesar de todo, no hemos podido concluir en dónde fue enterrada. Entre las propuestas más destacadas está la que considera que la Tumba de Galarza estuvo inicialmente construida para ella y que posteriormente fue ampliada o reutilizada por su hija (CALLENDER & JÀNOSI, 1997 ). Sin embargo, las dudas son numerosas. Esta tumba se encuentra muy cerca del templo del valle de Jafra, al sur de la Esfinge, y está rodeada por otras tumbas cuyos propietarios aluden a Jamerernebty en sus inscripciones. No es posible que la pirámide auxiliar del complejo de Jafra hubiera pertenecido a una persona, pues estas pirámides que forman parte del conjunto no son lugares de enterramiento. En ella se encontraron trozos de madera y restos de ofrendas, junto con alguna inscripción parcial a un Hijo mayor del Rey, pero sin especificaciones. Para Lehner, se trata de una construcción ritual para la estatua del ka del monarca.

JAMERERMEBTY II, ¿ESPOSA DE MENKAURA?

Fig. 8 Menkaura o micerinos y Jamerernebty

Al igual que Hetepheres II y Meresankh III, Jamerernebty II ha preservado su rostro para nosotros en algunas esculturas descubiertas en una de las tumbas que se le atribuyen. La que reposa en el Museo Egipcio de El Cairo (JE 48856) se nos muestra sedente y mirando hacia la eternidad, con su peluca cayendo sobre los hombros mientras descansa los brazos en su regazo. Otra escultura del mismo museo (JE 48828) ha perdido la cabeza, pero sigue mostrando una noble majestad bajo el manto que la cubre. Ambas esculturas podrían pertenecer a cualquiera de las dos reinas homónimas.

Aunque parezca irónico, se considera la representación por excelencia de Jamerernebty II la más anónima de todas: aquella en la que acompaña a Menkaura, la estatua de una pareja real más antigua que tenemos. En realidad está inacabada y nunca se llegaron a inscribir los nombres de los personajes; el rey está confirmado por la comparación con imágenes semejantes en el mismo recinto, pero no hay forma de establecer que ella sea nuestro personaje. Como es la única reina de Menkaura cuyo nombre conocemos con cierta seguridad, queremos creer que estamos ante Jamerernebty II. Podemos disfrutar de ella en el Museo de Bellas Artes de Boston (11.1738): uno y otro están representados en la misma escala, el rey en la clásica postura faraónica con la pierna izquierda avanzada; la reina, junto a él, le abraza con suavidad, dejando sobresalir su mano derecha sobre el torso de su esposo y apoyando la izquierda en su brazo. El momento de su descubrimiento, conservado en fotografías, tuvo que ser tan emocionante como el que sintió Carter en el Valle de los Reyes: al mover la tierra aquel 10 de enero de 1910 aparecieron, como una visión, sus miradas eternas. George Andrew Reisner fue un egiptólogo muy afortunado. Es importante resaltar que en las esculturas de tríadas de Menkaura, encontradas junto a la que acabamos de comentar, nunca se representó a una reina. Se trata siempre de imágenes de Hathor y de provincias egipcias con forma antropomorfa, ambas bien señaladas en las inscripciones. La de la pareja real es única en la que la imagen femenina no tiene atributos relativos a una divinidad, de ahí que se la considere humana (CALLENDER & JÀNOSI, 1997 ). De momento, es todo lo que se puede afirmar.

Vista parcial de las pirámides auxiliares o de las reinas ubicadas junto a la pirámide de Menkaura (Micerinos) en Giza.

Vista parcial de las pirámides auxiliares o de las reinas ubicadas junto a la pirámide de Menkaura (Micerinos) en Giza.

Pirámides menores del recinto de Menkaura (Micerinos). Una se atribuye a Jamerernebty II, mientras que las otras dos no se han podido asignar a ninguna mujer conocida. Dinastía IV, Reino Antiguo. Foto: Juan Friedrichs.

Si la Tumba de Galarza que hemos comentado en el apartado anterior fue de Jamerernebty I, ¿dónde se enterró a la reina de Menkaura? Todas las miradas se dirigen, como es lógico, a las pirámides menores de su esposo. Ni siquiera las más recientes tareas de limpieza y restauración en estos monumentos han podido aportar una información clara sobre la adscripción de cada uno, de manera que cuanto digamos se basa en suposiciones y deducciones indirectas de todos los arqueólogos que han trabajado en la zona. Tenemos tres edificios cuyos nombres técnicos son G3a, G3b y G3c. El primero es el mayor de los tres y el que más puntos tiene como tumba de Jamerernebty II. En su interior se encontró un sarcófago de granito con fragmentos anárquicos de cerámica y madera quemada. Cualquier resto de su ocupante hace mucho tiempo que desapareció. El edificio tiene un templo de culto adjunto en el lado este. Lo más cercano a un indicio que nos aproxime a su adscripción a una reina es que se halló la cabeza de una estatua femenina de alabastro. Reisner, en el primer cuarto del siglo XX, asignó el conjunto a Jamerernebty II. Otros autores han defendido que se trataba de una pirámide auxiliar para el rey.

En la pirámide G3b sí se encontraron los restos humanos de una mujer en el interior del sarcófago, al parecer bastante joven. En ningún momento se ha postulado que hayan pertenecido a Jamerernebty II. Por la edad podría tratarse de una princesa cuya existencia ignoramos, pero que en vida gozó de notable relevancia. Por último, la G3c carece de sarcófago, lo que para algunos la convierte en la pirámide auxiliar original de Menkaura, a pesar de que los edificios piramidales de este tipo nunca tienen templo adjunto. Reisner, en cambio, si consideró que había indicios suficientes de un entierro y de culto posterior, lo que no aclara, sin embargo, quien pudo ser su ocupante (HAWASS, 2003).

Los hijos de Jamerernebty II

Fig. 16.A5463 NS Juenra y Jamerernebty
Jamerernebty II con su hijo Juenra. Tumba MQ 1 del Cementerio de Menkaura,
Giza. Dinastía IV, Reino Antiguo.
http://gizapyramids.org/studies/A5/A5463_NS.jpg

Jamerernebty II fue con seguridad madre de un príncipe llamado Juenra. Hay una bellísima imagen de ella con su hijo en la mastaba de este último, que está ubicada en el Cementerio de Menkaura (MQ 1). La imagen de uno de los relieves del muro sur de la capilla nos muestra a Juenra como un niño de pie y con la cabeza vuelta hacia su madre (REISNER G. , 1934, pág. 11). Ella está sentada y agarra el brazo de su hijo con la mano izquierda, mientras sostiene un loto con la derecha. La inscripción la presenta ya difunta: “Su madre, la que contempla a Horus y Set, Inspectora de los carniceros de la Casa de la Acacia, Esposa de Rey, Hija mayor del rey, la señora venerable, Jamerernebty”. Es obvio que cuando Juenra se hizo su tumba ya era un adulto y quiso representar este punto de su propia infancia con su madre. ¿Significa que ella murió cuando aún era un niño? Si Jamerernebty murió siendo Juenra un niño, se eliminaría toda posibilidad de que sea la Madre de Rey que veíamos en el instrumento encontrado en el templo funerario y que habíamos planteado pudiera referirse a ella como madre de Shepseskaf. Por otra parte, una vez más, el nombre del padre de Juenra no es mencionado nunca, ni tampoco el del esposo de esta Jamerernebty.

¿Fue Jamerernebty la Madre del Rey Shepseskaf, último rey varón de la Dinastía IV? Ningún indicio arqueológico directo la señala a ella, aunque tampoco hay información que apunte a otra persona. Si ella murió joven y el rey tomó otra esposa cuyo nombre desconocemos, no ha quedado vestigio alguno. El hecho de que Shepseskaf se alejara de Giza para enterrarse en Saqqara y que desechara la forma piramidal para su tumba podría sugerir un origen familiar distinto al de los reyes que le precedieron, pero de momento es arriesgado aventurar nada más.

JENTKAUS I, ¿MADRE DE REY Y FARAÓN?
Un monumento sin equivalente se alza muy próximo al conjunto de Menkaura. A medio camino entre la mastaba y la pirámide, la tumba de la reina Jentkaus I no tiene rival en la historia de la arquitectura egipcia, tanto por su forma, como por su ubicación. De todas las reinas egipcias de la Dinastía IV, es sin duda la más importante y la que se veneró con más fastuosidad en las dinastías siguientes. Su nombre significa “La que está frente a sus kas” y hay quien considera que está relacionado con la posición de su enterramiento frente a las tres grandes pirámides de Giza. En cualquier caso, su estructura no está supedita a otro edificio mayor, no es un edificio auxiliar de otro ni se vincula con el culto de un rey concreto, fuese esposo o hijo. Jentkaus resplandece por sí misma en el centro de la llanura de Giza. Mira hacia los kas del pasado, pero representa una nueva era, un nuevo comienzo: ella es el fin de la Dinastía IV por la posición de su tumba, pero es también el inicio de la V por el título principal con el que se la evoca, el cual ha provocado una controversia que de momento no es posible zanjar, como vamos a ver. En la entrada de la capilla excavada en la estructura, grabada en sólido granito, se halla la siguiente inscripción:

17.inscripcion

El problema fundamental consiste en la doble interpretación que es posible dar a este texto. La primera opción es leer: “Madre de dos Reyes del Alto y el Bajo Egipto”. En este caso, Jentkaus habría quedado viuda de un rey y su hijo habría sido coronado. Poco después, la muerte se habría llevado también a este monarca, de modo que la Reina Madre habría visto en el trono a un segundo hijo antes de morir ella misma. Sin embargo, varios autores postulan que la lectura correcta sería: “Rey del Alto y el Bajo Egipto y Madre del Rey del Alto y el Bajo Egipto”. Las consecuencias de esta opción son importantes, pues de ser cierta estaríamos ante la primera mujer con el título regio de la historia egipcia de un modo explícito. Para apoyar esta tesis se aporta la maltratada imagen de la reina que se conserva en el monumento: aparece sentada como otras mujeres de su categoría, sin embargo algunos consideran que porta el nemes y la barba postiza, además del ureus sobre la frente. Por desgracia la imagen no es clara y da pie a la polémica. Un último indicio respecto a esta afirmación es el hecho de que la tumba de Jentkaus, sin llegar a tener todo los rasgos regios, es independiente y tuvo su propio cuerpo sacerdotal de culto durante siglos. En efecto, el conjunto funerario de Jentkaus es un amplio recinto que incluye su tumba, un templo funerario y una ciudad para los sacerdotes que la honraron. Llamaremos mastaba al edificio principal, si bien la palabra no se amolda del todo a esta estructura escalonada en dos niveles principales, con una parte excavada en la roca y otra construida sobre la anterior, que llegó a alcanzar los 17,5 metros, tomando la forma de un sarcófago gigante (HAWASS, 2003). A pesar de que se la ha llamado “la cuarta pirámide de Giza” nunca tuvo tal aspecto, ni siquiera cuando estuvo completamente revestida de caliza.

Fig.18.Tomb of Khentkaus I 2
La tumba de Jentkaus I en Giza. A la derecha la pirámide de Jafra; y a la izquierda, apenas visible, la de Menkaura.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tomb_of_Khentkaus_I_2.jpg

Jentkaus como Esposa del Rey Shepseskaf
Entre las pocas inscripciones rescatadas, se encuentra la de Esposa de Rey, de modo que Jentkaus estuvo casada con uno de los monarcas que protagonizan el tránsito de la IV a la V Dinastía. La primera hipótesis señala a Shepseskaf. En primer lugar por el aspecto de mastaba de ambos personajes, a pesar de que una está en Giza y la otra en Saqqara. Quienes consideran esta opción creen que le dio tres hijos: Userkaf, Sahura y Neferikara. Jentkaus habría quedado viuda y Userkaf habría sido entronizado, pero su fallecimiento inesperado habría permitido ver a Jentkaus coronar a su segundo hijo. En ese momento se habría producido su propio fallecimiento, de modo que no vivió para ver en el trono a su tercer hijo, Neferirkara. No obstante, ningún texto establece una conexión segura para hablar de esta pareja real, ni tampoco los monumentos de estos tres reyes hacen presente a Jentkaus I como su madre. Sí es cierto que será un nombre frecuente entre reinas y damas de la V dinastía, hasta el punto que durante un tiempo se la confundió con Jentkaus II, cuya pirámide y templo funerario están en Abusir. Hoy sabemos con certeza que son dos mujeres distintas y no deben ser confundidas.

Jentkaus como Esposa del Rey Userkaf
Una segunda hipótesis propone que Jentkaus fuese la esposa de Userkaf y que al fallecer quedó al frente del gobierno durante la infancia de su hijo Sahura. Cuando éste también murió, Neferirkara fue rey, de modo que Jentkaus I murió como madre de dos reyes. Resulta extraño, sin embargo, que si sobrevivió a Userkaf y a Sahure no haya vínculos más sólidos con ellos en los recintos funerarios de ambos monarcas y, sobre todo, más extraño es aún que su tumba se localice en Giza, lejos de todos ellos.

Jentkaus como Rey del Alto y el Bajo Egipto
¿Pudo reinar Jentkaus I de forma legítima con todos los atributos de un monarca como haría casi mil años después la propia Hatshepsut? Los indicios son frágiles y es aventurado formularlo como un hecho indiscutible. Lo que sí es indiscutible es que esta mujer protagonizó un proceso importante que le fue reconocido en vida y después de la muerte. Por motivos inciertos se asoció principalmente a los reyes de la Dinastía IV y no a los de la V, como habría sido de esperar de una “matriarca” de los nuevos tiempos. Si pudiéramos averiguar algo más sobre sus ascendientes familiares quizás sería más comprensible la ubicación de su monumento.
Fig. 19.Jentkaus I rey de Egipto

Jentkaus y el papiro Westcar
¿Quién alumbró a los llamados Reyes Solares de la Dinastía V? Como es bien sabido, la tradición literaria de los antiguos egipcios conservó una leyenda sobre ella en el célebre Papiro Westcar. ¿Estamos ante la noble dama Reddyedet? Ella es presentada como la esposa de un sacerdote de Ra llamado Rauser (literalmente: “Ra es poderoso”) y estaba embaraza de tres mellizos de origen divino, pues el propio Ra había depositado en ella su soplo de vida. En el cuento que nos relata el papiro, el rey Jufu disfruta de una velada con sus hijos, en los que cada uno de ellos narra hechos sorprendentes de magos antiguos asociados a los reyes del pasado. Sin embargo, Dyedefhor decide traer hasta la presencia del rey a un mago que vive en ese momento, el gran Dyedi. Tras realizar algunos portentos como descabezar a un ave y devolverlo a la vida, Dyedi anuncia a Jufu una profecía: el advenimiento de una nueva familia reinante surgida de la dama Reddyedet por designio del dios. Aunque Jufu se alarma, Dyedi le advierte que esa familia sólo reinará después de que “tu hijo y el hijo de tu hijo” hayan gobernado. El escriba nos relata después que Reddyedet se puso de parto y Ra envió nada menos que a Isis, Neftis, Mesjenet, Heket y Jnum para asistirla en tan difíciles momentos, siendo la propia Isis la encargada de dar nombre a los recién nacidos. Poco después, la criada de Reddyedet decide informar al rey del nacimiento de estos peculiares aspirantes al trono, pero antes le confía sus intenciones a su hermano a fin de convertirlo en su cómplice; para su sorpresa, éste se indigna con ella por su traición y, huyendo de él, es atrapada por un cocodrilo. El relato se interrumpe y no sabemos qué pudo suceder después.

Imaginemos por un momento que los hechos recogidos en el Papiro Westcar, redactado en el Reino Medio (aunque el papiro es del II Periodo Intermedio) se estén haciendo eco de una historia en parte verídica. Consideremos la posibilidad de que Jentkaus I y Reddyedet son la misma persona, la esposa de un alto sacerdote de Ra que se vio envuelta en una concepción mítica. Esta idea de una mujer concibiendo por mediación divina aparece en otras ocasiones en Egipto, especialmente en el Reino Nuevo, donde tenemos varios casos (Hatshepsut, Amenhotep III…) Es también una idea fundamental en las sociedades de pensamiento mítico. A nuestra mentalidad materialista y pragmática le cuesta percibir los matices religiosos de esta idea y, sin embargo, debemos admitir que para ellos eran reales. Si Jentkaus-Reddyedet ocupó una posición mítica en el origen de la Dinastía V, su prolongado culto funerario estaría más que justificado. El hecho de que se enterrara en Giza, frente a los kas de los monarcas más eminentes de la Dinastía IV, tuvo que tener una significación profunda, que de momento se nos escapa, en el desarrollo de los acontecimientos históricos tal y como realmente sucedieron. En todo caso, es válido afirmar que fue una transición dinástica pacífica, quizás incluso consensuada, o al menos ampliamente reconocida por la posteridad.

Mito, arqueología y epigrafía se entremezclan para darnos un boceto sesgado de las damas de las pirámides, las reinas de la Dinastía III y IV. Su paso por el mundo ha quedado disuelto por las tormentas del tiempo; sólo podemos aspirar a reconstruir lo que pudo haber sido. Sus voces femeninas resuenan en Saqqara, Meidum, Dashur, Giza y Abu Roash, narrando una historia de la mujer de la realeza egipcia que exige ocupar su propio lugar en el presente. Su protagonismo se ha visto mermado a veces por la indiferencia, otras por prejuicios infundados y otras con intencionado desdén. Sin embargo, ellas legaron al Valle del Nilo a los grandes reyes del Reino Antiguo, les acompañaron e inspiraron, velaron por el culto a los dioses y a los antepasados, y educaron a cada nueva generación de príncipes entre los gigantes de piedra. Su nombre merece ser pronunciado por toda la eternidad.

Texto: Naty Sánchez

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