La reina Ankhnes-Meryra II y Pepi II
Por Susana Alegre García
1 abril, 2007
Modificación: 9 diciembre, 2016
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Época: Dinastía VI. Reinado de Pepi II ( 2278-2184 a. C.).
Dimensiones: Alt0: 39’2 cm. Anchura máxima: 25’2 cm.
Materiales: Alabastro
Lugar de conservación: Brooklyn Museum of Art
Lugar de localización: desconocido, aunque se ha considerado que podría ser originaria del entorno de Elefantina, debido a la reiteración en las alusiones al dios Jnum en las inscripciones de la pieza.

Tras el breve reinado de su hermano Merenre (2283-2278 a. C.), Pepi II accedió al máximo poder de Egipto y permaneció en esa posición durante un largo período de tiempo[1]. Pero este monarca no pudo gobernar de forma efectiva durante los primeros años de su reinado, ya que era un niño de corta edad cuando subió al trono. De modo que Ankhnes-Meryra II, su madre, asumió la regencia del país[2]. Una escultura de magnífica calidad conservada en el Brooklyn Museum of Art (nº 39.119)[3], rememora los estrechos vínculos que debieron existir entre la reina y su hijo (Fig. 1).

Fig. 1. DAMIANO, M., Antiguo Egipto. El esplendor del arte de los faraones, Madrid, 2001, p. 33

Fig. 1. DAMIANO, M., Antiguo Egipto. El esplendor del arte de los faraones, Madrid, 2001, p. 33.

La figura femenina, que se muestra sentada sobre un trono austero y sin ornamentación, es, por sus dimensiones, la máxima protagonista del grupo escultórico. El rostro aparece bien perfilado, mostrando una cara ancha y ojos almendrados. El vestido prácticamente es imperceptible, siendo el límite final próximo a los tobillos el único rastro iconográfico alusivo a su presencia. Mucho más elaborado resulta el tocado, de realización muy elegante, formado por una peluca tripartita sobre la que se despliega suavemente la imagen en relieve de un buitre (Fig. 2). El animal sostiene en sus garras el signo de la eternidad y sus alas se extienden hacia los mechones laterales de la peluca. El simbólico tocado cobraba mayor entidad con la representación tridimensional de la cabeza del ave, elemento que ha desaparecido y del que únicamente se conserva el encaje sobre la frente de la dama. El texto situado en la base y cerca de los pies identifica a esta mujer como la reverenciada Akhsen-Meryra, madre del rey del Alto y Bajo Egipto y amada del dios Jnum.

Fig. 2. Catálogo de la exposición L' art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 348

Fig. 2. Catálogo de la exposición L’ art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 348.

La segunda figura de la representación, que se sitúa sobre el regazo de la reina, es Pepi II. El monarca aparece identificado en los jeroglíficos que se sitúan sobre un elemento que sirve de apoyo a sus pies. El rey muestra la actitud, el atuendo y la solemnidad propias de su rango. Es, además, la imagen prototípica de un faraón entronizado, aunque resulta inhabitual sus dimensiones reducidas, teniendo en cuenta su apariencia adulta.

Ankhnes-Meryra, con discreta afectuosidad, extiende los brazos hacia su hijo. Así, una de las manos de la reina llega a reposar sobre las rodillas del monarca mientras que la otra se sitúa sobre su espalda, con un gesto que hace pensar que, desde detrás, le ayuda a sostenerse en su hierática postura. Este protector ademán es posible gracias a la pericia técnica del escultor, que consiguió liberar los brazos del torso, aunque se encontró con la dificultad de que los codos quedaban muy volados. La posible fractura del alabastro fue prevenida mediante unos puentes de sustentación (hacia la cintura de la reina), tan extraordinariamente realizados que apenas resultan perceptibles.

A grandes rasgos esta escultura conservada en Brooklyn sigue la tipología iconográfica establecida por las representaciones de una madre con su hijo en el regazo; imaginería sublimada en Egipto con la tradicional representación de Isis entronizada sosteniendo a Horus. Una imagen que no sólo alude a lo materno, sino que también expresa el carácter de Isis como base de la autoridad real y como madre del faraón. A ello sumar que uno de los aspectos simbólicos de Isis era su identificación con el trono real y, por tanto, su presencia no puede desvincularse de las implicaciones legitimadoras de la monarquía. No obstante, aunque el referente parece claro[4], lo cierto es que la figura que nos ocupa todavía va más allá.

Si tenemos en cuenta las circunstancias históricas en las que Pepi II ascendió al poder, la interpretación de esta obra adquiere ciertamente una singular dimensión. La escultura plasmaría la tutela de Akhsen-Meryra, regente del rey mientras era un niño. La base de la autoridad del monarca, su trono, se encuentra en la madre que ostentó la autoridad del país cuando Pepi II aún no tenía capacidad para asumir semejante responsabilidad. Como madre la reina le dio la vida, como regente le entregó el trono.

Si bien es cierto que Akhsen-Meryra extiende sus brazos afectuosamente, la expresión más intensa de vínculo y complicidad se plasma en la mano que reposa sobre la rodilla de su hijo, mientras que la del pequeño monarca reposa sobre la de su madre. Ello podría indicar que la transición de autoridad se podría haber realizado sin conflicto y hasta con ternura. Una transmisión que desde la lectura iconológica es, en definitiva, la temática fundamental de esta escultura. La armonía entre ambos personajes incluso queda patente en el recurso plástico de utilizar dos planos frontales, algo nada frecuente en la estatuaria egipcia: uno focaliza a la reina, el otro sitúa frontalmente la imagen de reducidas dimensiones del monarca (Fig. 3).

Fig. 3. Catálogo de la exposición L' art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 347

Fig. 3. Catálogo de la exposición L’ art égyptien au temps des pyramides, París, 1999, p. 347.

La transferencia de autoridad entre madre e hijo, posiblemente también se hace patente en el volumétrico soporte que se extiende por debajo de los pies del monarca. Dicho elemento, desde un ángulo lateral, parece un segundo trono, completado éste por el cuerpo de la propia Akhsen-Meryra. Visualmente el efecto es casi como si dos tronos se cruzaran, al igual que las autoridades de ambos, madre e hijo, regente y heredero, un día debieron confluir.


Notas:
[1] Sobre la problemática entorno el período de tiempo que pudo durar el reinado ver J. VERCOUTTER, L’ Egypte et la vallée du Nil, Des origines à la fin de l’ Ancien Empire, París, 1992, p. 332.
[2] Aunque existe un gran vacío documental, parece que Pepi I (2332-2283 a.C.) contrajo matrimonio con dos mujeres llamadas Ankhnes-Meryra (nombre que les pudo ser otorgado en el momento de convertirse en reinas). Esas mujeres eran hijas de un alto dignatario de Abidos y parece que respectivamente fueron madres de Merenre y Pepi II. Muy posiblemente dicho dignatario local también pudo tener un relevante protagonismo durante la regencia. Ver aspectos del reinado de Pepi I ver Op. Cit, p. 325. También C. DESROCHES NOBLECOURT, La femme au temps des pharaons, París, 1986, pp. 89-90. y DODSON, A., HILTON, D., Las familias reales del Antiguo Egipto, Madrid, 2005, pp. 74 y pp. 71 y siguientes.
[3] Pieza que formó parte de la colección de uno de los pioneros de la egiptología americana, Charles Edwin Wilbour (1833-1896).
[4] Por la presencia del buitre como tocado, también hay investigadores que han considerado que la mujer podría ser identificada con la diosa Nekhbet. Ver J. F, ROMANO, Sixth Dynasty Royal Sculpture, BdE 120, 1998, pp. 250-251.