¿Esclavos en el antiguo Egipto?
Por María Teresa Vázquez Garcés
4 marzo, 2018
Prisioneros de guerra nubios. Foto: Archivo documental AE.
Modificación: 4 marzo, 2018
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Una reflexión sobre la idoneidad de traducir como “esclavo” o “esclava” algunos términos egipcios

La esclavitud, entendida como la posesión de un ser humano sobre otro, siendo esa persona carente de cualquier mínimo derecho y sometida sin límite al albedrío de su poseedor, no es algo intrínseco a la esencia de la civilización faraónica. Únicamente se llega a esto en Egipto durante el período grecorromano, ya cuando las tradiciones y forma de ser tradicionales de Egipto se ven eclipsadas por aquello que llegaba desde Grecia y Roma.

Lo cierto es que existe en egiptología grandes dificultades para afrontar la traducción de algunos términos y en ocasiones resulta más práctico ahorrarse esfuerzos o aclaraciones, y traducir como “esclavo” o “esclava”, unas expresiones que poco tienen que ver ni en su uso ni en su contexto con lo que se sobreentiende actualmente como “esclavo” y “esclava”.

Aquello que en muchos textos se traduce como “esclavos”, debería mejor ser identificados como “siervos” o puede que “personas dependientes”; aunque tampoco estas traducciones terminan de resultar satisfactorias al trasladar los conceptos encerrados, por ejemplo, en los términos faraónicos hem, semedet o merejw.

Las personas llamadas en los textos egipcios semedet o merejw estaban muchas veces ligadas a la tierra, adscritas a ella; pero la posesión de una tierra no significaba la posesión sobre los semedet o merejw. En realidad, ellos también podían ser poseedores de tierras y de otras propiedades, algo que nada tiene que ver con el esclavo a quien, en esencia, por la carencia total de derechos también se le niega el de la propiedad.

El término hem es igualmente difícil de concretar. Podía utilizarse en los textos para aludir a personas que realizan servicios para otras personas, pero también los sacerdotes que realizaban servicios a los dioses eran hem necher, o los que realizaban funciones funerarias eran hem ka. Eran, entonces ¿esclavos del dios? o ¿esclavos del ka?

La condición del esclavo como propiedad de un dueño, implica que pueda ser vendido o comprado. Ello es una característica esencial del sistema esclavista y hasta la trata de estas personas conformaba verdaderos negocios. Sin embargo, este es un tipo de realidad que no puede documentarse en Egipto.

Sobre la autoridad de los “dueños”; pues por lo visto cuando un supuesto “esclavo” no cumplía con sus funciones, lo máximo que parece que un privado podía hacer era denunciar su actitud ante las autoridades o alejar a esta persona de la casa donde realizaba sus servicios, como indica Haqanajte en las cartas que envía a su familia al ser avisado de la actitud de una mujer llamada Senen. No obstante, existe un documento de emancipación sobre una mujer hemet en Elefantina, compartida entre los servicios de la comunidad y de un privado; pero más parece una liberación de parte de sus servicios que una transacción, y todo, además, se realiza mediante un procedimiento legal encabezado por el visir. La mujer de Elefantina, por tanto, no era un problema insignificante o menospreciable, como sería lo propio en alguien considerado una simple “esclava”.

En cuento a los términos hemw o bakw , que se traducen muy habitualmente como prisioneros de guerra, hay que tener en cuenta que esta es una condición muy distinta a la de esclavo. Aunque a los prisioneros o prisioneras de guerra se les podía entregar a privados para la realización de trabajos y ofrecer distintos servicios, también ellos tenían derechos que nada tienen que ver con el esclavismo y en realidad el estatus del prisionero de guerra en Egipto es del todo singular.

El prisionero de guerra egipcio podía ser sequerwanj (atado de por vida), aunque generalmente se consideraba que su condición era, a priori, transitoria. Aunque podían terminar realizando trabajos forzados duros y no deseados, también los documentos egipcios indican que podían dejar de ser forzados a realizar estos trabajos al terminarse el posible enfrentamiento de sus respectivos gobiernos. También se documentan personas entregadas a terratenientes como prisioneros de guerra que denunciaron a sus supuestos “dueños” por alguna causa que consideraron injusta, circunstancia inconcebible en un estatus digamos que estándar tanto de prisionero de guerra como de esclavo. Es más, algunos supuestos “esclavos” y “prisioneros” pueden subcontratar a otras personas para la realización de ciertos trabajos o hasta ser herederos de las propiedades cedidas por sus supuestos “amos”. ¿Puede ser esto llamado esclavitud?

A juzgar por las fuentes, al menos algunos prisioneros de guerra parecen haber sido bien tratados, podían llegar a tener sus propias posesiones, se podían casar con egipcios o egipcias, y sus hijos eran tan libres como cualquier otro egipcio o egipcia. Algunos prisioneros pudieron dedicarse a desarrollar sus habilidades profesiones y hasta algunos de los extranjeros llegados a Egipto como prisioneros de guerra terminaron integrándose en el cuerpo burocrático.

Así las cosas creo que en Egipto nos enfrentamos ante una peculiaridad social distinta a la descarnada e inhumana idea que nos formamos apriorísticamente al pensar en “prisionero de guerra” o “esclavo”. Además, a lo largo de los miles de años que duró la civilización egipcia los modos de dependencia y de servilismo fueron también transformándose. En época tardía las cosas parece que se habían modificado bastante. Los judíos mercenarios en Elefantina, por ejemplo, parecen haber tenido esclavos egipcios. También en esta época los individuos pudieron recurrir a venderse a ellos mismos para lograr recursos o pagar deudas. Aún así, estos “esclavos” eran particularmente libres, pues podían tener posesiones, o hasta casarse con sus “amos” o “amas”.

Más allá de los equívocos que el mundo hollywoodiano y bíblico pueden inspirar, sería interesante que la egiptología reflexionara sobre el uso que muchas veces presenta sobre una terminología que genera equívocos difíciles de solventar. Es cierto que muchos grupos sociales descritos en ciertos decretos reales o en textos administrativos debieron estar sometidos a restricciones de su libertad, pero la esclavitud no existió en Egipto como un estatus propio de un grupo social definido. En el amplio abanico de niveles de sumisión, la esclavitud en sentido estricto no existió o, en todo caso, no se puede afirmar que la esclavitud propiamente dicha aparezca de un modo completamente desenmascarado en los textos egipcios. Así las cosas, quizá va siendo hora de pensar en otros términos para la traducción.

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