El Valle de los Reyes
Por Christian Jacq
10 octubre, 1997
Vista de la montaña apuntada que preside el Valle de los Reyes. Foto Susana Alegre
Modificación: 18 julio, 2016
Visitas: 7.907

Como escribió en su día Howard Carter, El Valle de los Reyes…..¡Cómo hace soñar ese simple nombre! De todas las maravillas de Egipto no hay una solo que impresione tanto la imaginación. Aquí lejos de los ruidos de la vida, en este valle desértico, dominado por la “cima”, como por una pirámide natural, yace una treintena de reyes.

¡Como hace soñar ese simple nombre!

El más célebre y visitado paraje del Egipto faraónico, el Valle de los Reyes, sigue siendo misterioso; subsisten numerosos enigmas. El descubrimiento de las tumbas fue una verdadera epopeya.
Durante cinco siglos y tres dinastías, las XVIII, XIX y XX, de 1552 a 1069 a. de C., el Valle fue utilizado para albergar las momias de los soberanos y algunos dignatarios admitidos a permanecer para siempre junto a los monarcas que marcaron con su huella aquel brillante periodo de la historia egipcia conocido con el nombre de Imperio Nuevo, de acuerdo con una denominación inspirada en la historiografía prusiana del siglo XIX.

El Valle es el inicio de un ued excavado por las lluvias que desgastaron el calcáreo y formaron una depresión donde reina a menudo un intenso calor. Para llegar hasta allí, hay que seguir la carretera que sale del embarcadero, atravesar la zona de cultivos y, luego, sin transición alguna, serpentear por el desierto y sumergirse en un paisaje de rocas y colinas. Ese camino es el que siguieron, hace más de tres mil años, las procesiones funerarias que conducían a los reyes de Egipto hasta su última morada.
Hacia el 2050 a de C.

Tebas se convirtió en una ciudad importante; se erige ya, en la orilla este, el primer Karnak, mientras los muertos son enterrados en la orilla oeste. Los soberanos de la XI dinastía hacen excavar sus sepulturas en la montaña de Occidente, aunque la capital de halla en el medio Egipto donde se edifican todavía pequeñas pirámides. A finales de la XII dinastía se produjo la invasión de los Hicsos, pueblos asiáticos que ocupan el norte del país; en Tebas, a finales de la XVII dinastía, tras largos años de ocupación, ruge la revuelta. Con el impulso de grandes damas de firme carácter, se forma un ejército de liberación, decidido a expulsar al invasor y a reunificar las dos tierras.
El príncipe Ahmosis vence a los Hicsos y se convierte en fundador de la XVIII dinastía.
Durante veinte años Amenhotep I (1526-1506), tal vez más, según otras cronologías, reina sobre el Doble País unido de nuevo, el, fue considerado el protector del paraje del Valle y de la necrópolis de Occidente; los constructores le invocaron de buen grado, como un genio bueno capaz de inspirarles y guiar su mano.

Aunque el reinado de Tutmosis I sólo duró unos quince años, (1506-1493), es particularmente importante porque fue, al parecer, el primer faraón que hizo excavar su tumba en el Valle de los Reyes, su principal colaborador fue el maestro Ineni que trabajó en secreto y en silencio, con Tutmosis III, la elección del Valle se impuso de un modo definitivo. (Parece ser que Tutmosis II rompió un poco la tradición inaugurada por su antecesor, al elegir otro lugar para construir su sepultura, pero dado el carácter enigmático que envuelve su reinado, lo dejaremos en una mera suposición

¿Cuantas tumbas?

Sesenta y dos tumbas se excavaron en el Valle, cincuenta y ocho en el Valle de los Reyes propiamente dicho, y cuatro en la rama occidental; existen indicios de tumbas abandonadas, tumbas sin inscripciones que tal vez estuvieran destinadas a reyes y otros tipos de sepulturas para personas no reales, a las que se les concedió, pues, un inmenso privilegio.

Casi todas la tumbas fueron más o menos desvalijadas, a excepción de tres, la de los padres de la reina Teje, la gran esposa real de Amenhotep III padre del célebre Akenatón; la de Maiherpri, un soldado; la de Tutankamón, descubierta en 1922 por Howard Carter.

El tiempo de los Ramsés

De Ramsés I a Ramsés XI, de 1295 a 1069, doscientos veintiséis años, dos dinastías (la XIX y la XX), y una sucesión de magníficas tumbas en el Valle; pero también, tras el reinado de Ramsés III (1186-1154), una lenta erosión del poder faraónico y una degradación económica. Ramsés III había logrado rechazar dos tentativas de invasión y mantener la prosperidad de las Dos Tierras; sus sucesores verán como se desmorona la gloria del Imperio Nuevo. Durante la XIX dinastía, la del gran Ramsés II, es probable que graves inundaciones devastaran una parte del Valle y causaran serios daños a las tumbas mas expuestas.

Mientras la entrada de las tumbas de la XVIII dinastía esta cuidadosamente disimulada y enterrada, los Ramsés adoptaron una posición muy distinta. El acceso a la tumba se convierte en un majestuoso portal, absolutamente visible. Ciertamente el Valle estaba muy bien vigilado; pero el debilitamiento del poder central y los tumultos interiores debieron convertir aquellas sepulturas en presas fáciles para los ladrones.

El Valle de las Reinas

El ser que está enterrado en el Valle de los Reyes es un faraón. Simbólicamente no es un hombre ni una mujer, es un ser cósmico encargado de hacer vivir la Regla divina en la tierra y poner orden en vez de desorden. Por lo tanto, un hombre o una mujer puede convertirse en faraón; el Valle de los Reyes alberga dos tumbas de mujeres que fueron elevadas al cargo supremo, Hatshepsut y Tausert.

Las grandes esposas reales de la XIX y XX dinastías fueron enterradas en un valle especifico que se abre al sureste del Valle de los Reyes, frente al pueblo de Deir el-Medineh. En esta necrópolis, se excavaron por lo menos ochenta tumbas que albergan también a hijas de rey e hijos de Ramsés II. Al parecer, al principio. Ese Valle de las Reinas, estaba reservado a los príncipes, a las reinas y a sus educadores. La primera gran esposa real que fue admitida en él se llamaba Sat-Ra, madre de Seti I y esposa de Ramsés I.

Al fondo del Valle de las Reinas, se dispuso una estrecha garganta que simboliza la matriz de la diosa Hator, soberana de Occidente, dama de las estrellas y dueña del nuevo nacimiento. Durante las lluvias, en la gruta se formaba una cascada; así se evocaba la llegada del agua celeste que transforma la muerte en eternidad.

El Valle de las Reinas se llama “ta sekhet neferu” (el lugar de los lotos), símbolo del renacimiento solar; también puede traducirse por “el lugar del cumplimiento” es decir, de la resurrección. Se advierte que los distintos sectores de la necrópolis tebana no fueron elegidos al azar, y se dispusieron de modo que celebraran, en la tierra, los ritos del más allá.

El tiempo de los pillajes

A partir del reinado de Ramsés IX (1125-1107), Egipto entra en un periodo de crisis. Una invasión libia provoca trastornos sociales y económicos; los obreros tienen hambre y se declaran en huelga. La región tebana es presa de convulsiones que el poder central no consigue dominar. En el año 9 del reinado de Ramsés IX, se comete un crimen abominable: el pillaje de algunas tumbas. El esplendor de los sepulcros reales había aguzado ya la codicia de pandillas de ladrones, mas o menos organizadas, pero sus tentativas perpetradas contra las tumbas de Seti I y Ramsés II , habían abortado gracias a consignas de seguridad que se aplicaban todavía en el Valle.

Los desvalijadores del año 9 no se atrevieron a atacar el Valle de los Reyes; con la probable complicidad de altos funcionarios, penetraron en las tumbas de la XVII dinastía y en algunos sepulcros del Valle de las Reinas. En el momento del reparto se produjo un altercado y uno de los bandidos habló mas de la cuenta; toda la banda fue detenida. La ejecución de los culpables no bastó para restablecer el orden.

Cuando el último de los ramésidas, Ramsés XI, sube al trono en 1098 a. de C. se enfrenta con disturbios cada vez más serios. Hambre, inseguridad, huelgas, expediciones libias, abusos de poder de potentados locales. Al cabo de una larga evolución, los sumos sacerdotes de Amón se han convertido en príncipes del sur de Egipto; Tebas les pertenece. El país esta de nuevo partido en dos.
Hacia el año 18 del reinado de Ramsés XI, unos desvalijadores violan las tumbas del Valle de los Reyes. Esta vez la cosa es muy grave. Una banda bien organizada aprovecha la falta de vigilancia y se apoderan de numerosas riquezas. El oro, la carne de los dioses, excita la codicia. Altos funcionarios, extranjeros e, incluso, artesanos de Deir el-Medineh participan en la conspiración y compran testaferros que, en la tumba de Ramsés VI, actúan con rara violencia destrozando la momia y deteriorando el sarcófago.

Detener a los culpable y castigarlos no bastará. Se adoptará una decisión dramática: es preciso abandonar el Valle de los Reyes. El estado ya no es capaz de velas por la seguridad del paraje. Egipto cambia, Pi-Ramsés pronto será abandonada en beneficio de Tanis, donde serán enterrados los faraones de la XXI dinastía. A la muerte de Ramsés XI, en 1069, Smendes subirá al trono mientras los sacerdotes de Amón seguirán afirmando su supremacía en la región tebana.

La última tumba del Valle

Triste destino el del ultimo de los Ramsés, que en veintinueve años de reinado ve como Egipto se disloca ante sus ojos. Tebas y el sur se le escapan, luego Pi-Ramsés y el norte; la capital sagrada y la capital económica pasan a otras manos. Aunque el país no se sume en una guerra civil, sus divisiones lo debilitan. Ramsés XI no fue capaz de mantener la unidad de las dos tierras, su tumba fue la última excavada en el Valle, pero es probable que su momia nunca fuera deposita allí.

El salvamento de las momias reales

Pinedjem I, que fue sumo sacerdote de Amón (1070-1055) y luego rey de Egipto (1054-1032), merece nuestro agradecimiento; a él le debemos la última inscripción jeroglífica del Valle y gracias sobre todo a este hombre piadoso se salvaron muchas momias reales. Pinedjem I comprendió que sus esfuerzos para proteger el paraje y sus reales ocupantes, serían inútiles; los desvalijadores no retrocederían ante nada para apoderarse del oro, las joyas y los amuletos.

Tomó pues una decisión desgarradora pero ineluctable: cambiar de lugar las momias reales. El escondrijo se eligió con cuidado y la elección se reveló excelente puesto que será necesario esperar a 1881, para que el secreto sea descubierto.
En 900 a. de C. las mayoría de las tumbas del Valle habían sido vaciadas; las divinas adoradoras de Amón, que formaban una dinastía femenina reinante en Tebas eligieron algunas de ellas como sepultura.

En aquel primer milenio antes de Cristo, el Valle de los Reyes siguió siendo un paraje sagrado, cada vez más enigmático y misterioso. Allí reinaban las sombras de gloriosos faraones; con el declive del poder egipcio y el progresivo abandono de Karnak, el Valle se hundió en las tinieblas.