El gato
Por Liliana Varela
Creación: 11 noviembre, 2003
Modificación: 12 febrero, 2017
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Cayó de rodillas ante el altar agradecida y satisfecha. Por fin Isis le había enviado la señal esperada durante tanto tiempo. Vestía las ropas de sacerdotisa aunque no lo era; en su frente estaba pintado el emblema del Ankh o cruz egipcia que simbolizaba su triunfo de la vida sobre la muerte, además llevaba puesta una corona con el Uraeus -símbolo que sólo podían usar faraones y algunos sacerdotes- y que denotaba su capacidad clarividente.

–Gracias Isis, diosa de la magia por el don otorgado, gracias también a ti, Anubis dios de la muerte y principal del Amenti, y a ti diosa Menkeret, subordinada de Anubis en el infierno, y por último a ti Seth dios del caos y el desorden…
Se incorporó sigilosamente aún con la cabeza inclinada frente a los dioses. Una voz la sobresaltó:
–Taleph… ¿qué haces aquí con estos emblemas ? pueden descubrirte y culparte de sacrilegio.
Taleph sonrió burlonamente y pasó sus brazos por el cuello del hombre.
–No te preocupes, he conseguido el poder de Isis; nuestro plan puede cumplirse, yo seré faraona y tú dejarás de ser el sacerdote principal para convertirte en mi faraón.
El la miró extrañado y a la vez asustado por la situación; era Intheck el sumo sacerdote, el profeta del faraón, el que menos debía conspirar contra el hijo de Ra. Pero estaba enamorado de la hermana menor del faraón y aunque estuviese prohibido el sólo mirarla, él se había enamorado de ella y ella de él.

–Vete rápidamente -dijo asustado Intheck- puede venir el faraón en cualquier momento.
–Te esperaré esta noche donde siempre -exclamó ella yéndose- para arreglar los preparativos.

Se dirigió por un pasaje secreto que sólo ella y su hermana conocían, hacia su habitación, se cercioró de que nadie la viera, menos su hermana por supuesto; el solo hecho de estar investida de esa forma podía asegurarle la misma muerte.

Entró a sus habitaciones, se desnudó y lavó el emblema de su frente. Llamó a sus esclavas para que le diesen un baño; mientras las súbditas la bañaban ella soñaba despierta imaginando cómo realizaría su tan mentado plan.

Le había tocado ser la menor de tres hermanos; su hermano mayor Thioppes era el faraón y su hermana Tampshe –quien se había desposado con Thioppes- la faraona; por lo cual no había lugar en el poder para ella; debía esperar que ambos faraones murieran, sin contar por supuesto con que tuviesen descendencia…entonces sí jamás llegaría a ser reina.

Pero Taleph no estaba dispuesta a esperar… eso no era para ella. Presentía desde pequeña que los dioses la mimaban más que a sus hermanos y esto lo descubrió el día que un viejo profeta le contó en tono confidencial que ella tenia poderes clarividentes mucho más poderosos que sus hermanos y que ellos no deberían saberlo jamás puesto que podrían llegar a matarla por ello.

Desde ese día -cuando tenía seis años- juró a sí misma lograr deshacerse de sus hermanos y obtener el poder de Ra.

El profeta la inició en las artes adivinatorias y clarividentes hasta su muerte hacia dos años ya; ella le juró en su lecho de agonía que concluiría lo que él había empezado en ella: y así lo hizo.

Tenia todo planeado y los dioses estaban de su lado; el favor de Isis era lo que la ayudaría a cambio de su eterna lealtad y adoración; había pactado con los dioses más importantes del Amentis o infierno; estaba decidida a todo.

Al principio había resuelto realizar todo sola, aunque se hacia más difícil, pero luego conoció al nuevo sumo sacerdote y notó que él se hallaba fascinado con ella, por lo cual lo enamoró hasta volverlo loco y totalmente obsecuente. Lo necesitaba para su plan, una vez realizado todo, mandaría matarlo y ya.

Su alma carecía de sentimientos piadosos, pero rebosaba de codicia y ambición.
Esa noche se encontró con él en su lugar secreto.

–Escucha atentamente Intheck, ya que de esto dependerá nuestro futuro.
Mañana mataré a mi hermano Thioppes , el faraón, y luego me suicidaré con la daga del dios Anubis ; en ese momento mi alma y mi Ka viajaran a ocupar el alma de un gato, que yo misma conseguiré y que según la tradición será sacrificado para acompañar a mi y a mi hermano en el camino del Amentis hacia el juicio final donde nos espera Anubis…

–No entiendo, si tu mueres…
–Calla y déjame proseguir. No moriré, la diosa Bast de los gatos me ha permitido entrar al cuerpo del animal y que sea el alma de éste el que me reemplace. Mi cuerpo será preparado junto con el de mi hermano y , mi hermana tomará el poder total; como tú bien sabes, antes de sacrificar al gato, éste deberá ser bendecido por la faraona y la diosa Bast , entonces en ese momento, tú estarás allí … y cuando Tampshe toque al gato para la bendición, tú echarás este polvo invisible entregado a mi por la diosa de los infiernos – le sonrió mientras le entregaba una especie de bolsita de cuero – y nuestras almas, la de mi hermana y yo cambiaran de cuerpo… ella irá al gato , el cuál será sacrificado y yo iré a su cuerpo, quedando como única faraona-casi gritó eufórica-
–¿No sospecharan del polvo ?
–No seas tonto – observó duramente para luego tornar abruptamente su voz en melodía melosa- pensaran que es parte del ritual, además una vez hecha la transmigración yo seré quién avale tu accionar querido – y diciendo esto último lo besó apasionadamente…

El día señalado llegó; era el momento elegido por ella. Entró a las habitaciones de su hermano quien se hallaba recostado junto a su hermana.
Antes de que el faraón preguntara el por qué de su presencia, Taleph extrajo la daga y lo acuchilló varias veces hasta que la sangre salpicó su rostro y antebrazos por completo. La Faraona, presa del pánico, corrió en busca de ayuda; cuando los soldados, sacerdotes y la misma Tampshe llegaron a la cámara real, Taleph giró, los observó unos segundos….y sonriendo maliciosamente, clavó la daga -aún con la sangre de su hermano en su propio corazón dándose muerte; en menos de dos o tres segundos el gato de la corte subió a la cama, observando los cadáveres de ambos hermanos.

Se prepararon los cuerpos del Faraón y su hermana para el funeral sagrado; el gato fue bañado , adornado y luego puesto en una jaula de oro para ser bendecido antes de su sacrificio.

Todo en palacio era lúgubre. Sólo el gato parecía estar feliz moviendo continuamente su cola como si danzara en un frenesí total. Los cuerpos reales fueron colocados en las cámaras mortuorias; sólo faltaba el sacrificio del gato para poder entonces sellar las cámaras nobles.

Tres esclavos trajeron el gato ante la faraona, el séquito de la nobleza y los sacerdotes; los ojos felinos despedían una luz radiante e intensa mirando en forma penetrante a la faraona. Tampshe, la ahora única faraona se levantó de su asiento:

–Antes de bendecir y sacrificar a este súbdito de la diosa Bast debéis saber que he mandado ejecutar al sumo sacerdote Intheck por su negligencia al no haber podido profetizar un suceso tan escabroso como el cometido … helo ahí.

Dos soldados trajeron el cuerpo de Intheck en una camilla en postura mortuoria; estaba con sus ropas de sacerdote y tenia colgado en su cuello una especie de bolsita de cuero.
En ese momento el gato enloqueció como si quisiera escapar, maullaba en forma lastimosa y penetrante profiriendo rasguños hacia todas partes; hasta finalmente ser silenciado por el hacha del nuevo sumo sacerdote.