El bocio de Cleopatra
Por Heidy González Cabrera
27 marzo, 2006
Modificación: 19 julio, 2018
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A través de los años, entre las mujeres más mencionadas del mundo, está sin lugar a dudas, Cleopatra. Una de las seis soberanas egipcias, que según la tradición, heredaban el mismo nombre en la dinastía macedónica de los Tolomeos, y que reinó entre los años 69 y 30 ANE.

La vida de esta reina ha inspirado a muchos escritores y poetas. Entre los de mayor prestigio, sobresalen las obras teatrales Antonio y Cleopatra (1606-1607) de William Shakespeare, Todo por amor (1678) del autor teatral inglés John Dryden y César y Cleopatra (1901) del dramaturgo inglés George Bernard Shaw.

Pero no sólo las letras recogen su historia real y sus amores, tempestuosos. Su apariencia ha sido alabada, enriquecida y mistificada como genuino exponente de belleza femenina. Por eso sorprendió al mundo las nuevas versiones sobre el físico de esta famosísima reina egipcia. Y paso a contarles.

Por si fuera poco, los investigadores que siguen la historia de la reina, afirman, que increíblemente, en épocas donde pocos dominaban la escritura, ella se distinguía por su dominio de 10 idiomas, y más aún, por su habilidad en los negocios.

A Cleopatra atribuían, además de su inteligencia, gran belleza y presunción. En su recinto mortuorio fueron encontrados potes de ungüentos y pócimas que contenían vestigios de propóleos y mieles, como parte de su ritual de embellecimiento.

Mucho se ha hablado de su enigmática apariencia, que así ha plasmado la cinematografía internacional con la selección de bellas actrices para ese personaje. Pero… los estudiosos sacaron a la luz, una novedosa faceta: La reina Cleopatra, ni era tan bella, y por demás, padecía de un exagerado bocio.

Analizando las monedas donde aparecía acuñado su rostro, y también en un bajorrelieve del siglo I, se pudo comprobar una expresión dura, más bien tosca. Nariz aguileña y puntiaguda de aletas gruesas. Mandíbulas y labios prominentes, y la presencia del bocio, enfermedad muy difundida en la antigüedad, sobre todo en Egipto, y que se apreciaba en las colecciones de monedas donde se reproducían los perfiles de reyes, con tal insinuada marca.

Todo hace pensar que esa deformidad era tan frecuente, que en nada perturbó la imagen de belleza perfecta que destacaba a Cleopatra. No obstante, el sabio Plutarco la definió así:

¨Se pretende que su belleza, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación, y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje¨

Solo queda a los estudiosos reflexionar, sobre cómo hubiera cambiado el final de la soberana egipcia, de haberse conocido los síntomas de su enfermedad, y los trastornos que ocasiona al carácter. Quizás, si la ciencia de entonces, hubiera contado con el desarrollo de hoy, o Cleopatra perteneciera a nuestra época, un buen tratamiento para su bocio, podría haber frenado sus impulsos evitando su suicidio a los 39 años, dejándose matar según una antigua tradición, por la picadura de un áspid.

Fuente: Radio Revelde
http://www.radiorebelde.com.cu/noticia/cultura/cultura5-270306.htm

Reseña: Roberto Cerracin

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