¿Por qué dios quiso matar a Moisés?
Por Ariel Álvarez Valdés
24 mayo, 2018
Modificación: 24 mayo, 2018
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Convocado por un árbol
La vida de Moisés, según la Biblia, está llena de sucesos asombrosos: bebés que flotan, zarzas que no se queman, ríos transformados en sangre, mares que se abren por la mitad, panes que llueven del cielo, montañas humeantes. Pero quizás uno de los episodios más extraños que vivió, fue la noche en que Dios lo sorprendió durmiendo en una posada y quiso matarlo. El relato, de apenas tres versículos, resulta tan misterioso que aún hoy los biblistas siguen buscándole una explicación convincente.

Según el libro del Éxodo, Moisés vivía en Madián, una región al este de Egipto, a donde había tenido que huir por haber matado a un egipcio (Ex 2,11-15). Cierto día, mientras pastoreaba las ovejas, Dios se le apareció en una zarza, en medio del desierto, y le pidió que fuera a liberar a sus hermanos hebreos que estaban esclavos en Egipto. Al principio Moisés no quiso aceptar el encargo y le puso a Dios una serie de excusas. Pero poco a poco, mediante una larga conversación, Dios le fue resolviendo cada objeción, hasta que finalmente lo convenció de que él era la persona indicada para aquella gran empresa (Ex 3-4). Entonces Moisés partió rumbo a Egipto, con su mujer Séfora y su hijo Guershom, para cumplir con el encargo divino.

Un Dios bipolar
Y aquí tuvo lugar el episodio que vamos a estudiar. El texto, de difícil lectura, dice así: “En el camino le salió al encuentro Yahvé, en el lugar donde pasaba la noche, y quiso matarlo. Pero Séfora tomó un cuchillo de piedra, y cortando el prepucio de su hijo, untó sus pies diciendo: «Tú eres, para mí, esposo de sangre». Y lo soltó. Ella había dicho: «esposo de sangre», por la circuncisión” (Ex 4,24-26).

Pocos relatos bíblicos resultan tan extraños como éste. Un momento antes, Dios estuvo convenciendo a Moisés para que aceptara la misión de liberar al pueblo de Israel, y ahora quiere matarlo sin ninguna explicación. Este tipo de episodios son los que le han dado al Dios de Israel la fama de una divinidad bipolar: por momentos tierna y cariñosa, y al instante siguiente furiosa y agresiva.

¿Por qué Dios quiso acabar con la vida de Moisés? Los eruditos desde hace años vienen examinando este texto, y concluyen que se trata de una antigua leyenda, hoy conservada fuera de su contexto y de manera muy fragmentada, por lo que es imposible entender su significado. Sin embargo, es poco probable que en una obra como el Pentateuco se haya incluido un relato incomprensible y sin mayor sentido. Más aún: el episodio tiene lugar en el transcurso de un viaje muy importante, hecho por un hombre muy importante, en una de las etapas más importantes de su carrera. Por lo tanto, el autor bíblico debió de haber tenido una buena razón para incluirlo; y nosotros podemos encontrar algunas pistas para descubrir su sentido. ¿Cómo entender, entonces, este curioso relato?

Tocando lo innombrable
La primera cuestión que hay que resolver es a quién pretende matar Yahvé, porque la narración es ambigua. Dice que quiso “darle muerte”, pero según el contexto, puede referirse a Moisés o a su hijo. La mayoría de los estudiosos suponen que a Moisés, y que la razón fue porque no estaba circuncidado. Dios se enojó por ello e intentó acabar con su vida cuando viajaba a Egipto. Entonces Séfora, siguen diciendo estos intérpretes, tomó de prisa a su hijo, lo circuncidó, y con su prepucio tocó el sexo de Moisés manchándolo de sangre, como si hubiera circuncidado a su marido. En efecto, si bien el texto dice que Séfora tocó sus pies, la palabra “régel” (en hebreo: “pies”) también suele emplearse en la Biblia como un eufemismo para referirse a los genitales (Is 6,2; 7,20). De esa manera, concluyen los estudiosos, Séfora logró que Dios se calmara, y salvó a Moisés de la muerte.

Pero esta interpretación, que actualmente es la más extendida entre los biblistas, crea más problemas de los que resuelve.

Demasiadas escapatorias
En primer lugar, ¿cómo es posible que Moisés no estuviera circuncidado? Según el Éxodo, al nacer, sus padres biológicos lo tuvieron durante tres meses, antes de abandonarlo en una cesta (Ex 2,2). Tiempo de sobra para circuncidarlo, ya que se trataba de un precepto sagrado entre los hebreos. Pero aun cuando no lo hubieran hecho, Moisés fue después criado en el palacio real de Egipto; y los egipcios también practicaban la circuncisión, aunque no al nacer el niño, sino cuando llegaba a la pubertad. Y suponiendo que tampoco los egipcios lo hubieran circuncidado, más tarde Moisés se instaló entre los madianitas, tribu árabe del desierto, en la que dicho rito era considerado obligatorio antes del matrimonio. Resulta, pues, imposible admitir que a Moisés no lo hubieran circuncidado, ya sea al nacer (entre los hebreos), al llegar a la adolescencia (entre los egipcios) o al casarse (entre los madianitas).

Pero imaginemos que a Moisés le faltaba la circuncisión. ¿Por qué, entonces, Séfora soluciona el problema circuncidando a su hijo? Quienes defienden esta explicación sostienen que, si hubiera circuncidado a Moisés, éste habría quedado dolorido e incapacitado para continuar su viaje y cumplir su misión. Por eso prefirió circuncidar a Guershom, y tocar con su prepucio los genitales de Moisés, realizando así una “circuncisión vicaria”, es decir, sustituta.

Respuesta que hace preguntas
Esta explicación resulta absurda, ya que jamás ha existido en Israel la “circuncisión vicaria”. Más aún, dicha expresión es un oxímoron, es decir, un concepto contradictorio, porque la circuncisión era un pacto personal e intransferible del israelita con Dios. Nadie podía circuncidarse por otro. Si Séfora circuncidó a Guershom, sólo pudo deberse a que éste carecía de esa operación, y no Moisés. Esto nos lleva a una primera conclusión: Moisés ya estaba circuncidado, y lo que el texto relata es simplemente la circuncisión de su hijo.

Pero entonces, ¿por qué Dios decidió atacar y dar muerte a Moisés? ¿Acaso no dice la Biblia que, si en Israel un niño no es circuncidado, el castigo debe recaer sobre el propio niño y no sobre su padre? (Gn 17,14). No hay razón para que Dios ataque a Moisés.

Llegamos así a una segunda conclusión: el objeto de la agresión divina (“darle muerte”) también era Guershom, y no Moisés.

Ahora bien, estas dos conclusiones firmes (es decir, que el atacado fue el niño, y que la razón fue porque no estaba circuncidado), plantea a su vez otros interrogantes que debemos despejar: ¿por qué Dios quiso matarlo, si en la Biblia el castigo por no estar circuncidado era la expulsión de la comunidad, y no la muerte? ¿Y por qué Dios esperó a que entraran en Egipto para atacarlo, en vez de hacerlo antes del viaje? ¿Por qué Séfora tocó con el prepucio ensangrentado los genitales de Moisés, si Moisés ya estaba circuncidado? ¿Por qué fue ella quien lo circuncidó, si ésta era una tarea masculina? ¿Qué quiso decir con la expresión: “Tú eres para mí esposo de sangre”? Y la pregunta más importante: ¿por qué contó el autor bíblico este episodio de la vida de Moisés?

La desgracia prometida
Para resolver estos enigmas debemos recurrir a la pista que el propio redactor bíblico nos ha dejado: el contexto del relato.

En los versículos inmediatamente anteriores, Dios ordena a Moisés: “Cuando vayas a Egipto, dirás al Faraón: «Así dice Yahvé: Israel es mi hijo primogénito. Por eso, deja salir a mi hijo para que me dé culto. Si no lo dejas partir, yo mataré a tu hijo primogénito»” (Ex 4,21-23). Es decir, antes de que Moisés emprenda el viaje, Dios le informa que piensa mandar contra Egipto un castigo muy grande (más tarde conocido como la “décima plaga”). El castigo consistió en que, el día fijado, a la medianoche, Dios pasó por el país matando a los primogénitos de cada familia que vivía en Egipto, tanto egipcia como extranjera (Ex 11,4-8). Los únicos que se salvaron fueron los niños israelitas, “porque Yahvé sabe distinguir entre los hijos de Egipto y los hijos de Israel” (Ex 11,7).

Después de anunciar la amenaza de muerte de los niños, sigue el episodio que estamos estudiando. Ahora bien, si un momento antes el redactor hablaba de la muerte de los primogénitos, es lógico pensar que, cuando a continuación dice que Yahvé “quiso darle muerte”, y no aclara a quién, el “le” se refiera al primogénito de Moisés, es decir, Guershom. El contexto, pues, confirma que el agredido no fue Moisés sino su hijo.

A la hora señalada
La vinculación de estas dos escenas nos permite entender por qué Dios quiso atacar a Guershom. Éste no estaba circuncidado, debido a que Moisés había vivido todos esos años entre los madianitas, y ellos postergaban la circuncisión hasta el momento del matrimonio, mientras que los hebreos la realizaban apenas nacía el niño, para que pasara a formar parte del pueblo de Israel y gozara de la protección divina.

Por lo tanto Guershom, al aproximarse a Egipto con su familia, no lo hace como un niño israelita sino como un extranjero. Entonces Dios decide atacarlo y darle muerte, como demostración de la terrible plaga que había predicho en la escena anterior. Según esta interpretación, la intención de Yahvé no es castigar al niño, ni tampoco a Moisés, sino mostrar que piensa cumplir en serio lo que ha anunciado, y liberar a Israel con todas las consecuencias.

De esta forma también se explicaría el porqué del ataque de Dios al pequeño Guershom durante la noche. Porque es la hora en la que la décima plaga atacará a los primogénitos extranjeros.

En los postes del cuerpo
Así se aclara, también, otro detalle: a quién tocó Séfora con el prepucio ensangrentado. Muchos estudiosos interpretan que fue a Moisés, para fingir su circuncisión. Pero es difícil pensar que Dios se hubiera dejado engañar con semejante maniobra. Más bien hay que pensar que tocó al mismo niño. ¿Pero con qué objeto, si ya lo había circuncidado?

Nuevamente el contexto anterior, de la décima plaga, nos ayuda a entenderlo. En efecto, durante la décima plaga, los niños hebreos no se salvaron de la muerte únicamente por estar circuncidados, sino también porque los postes y el dintel de sus casas estaban marcados con sangre (Ex 12,22), de modo que al pasar Dios y notar las manchas de sangre en un lugar visible, siguió de largo preservándoles la vida.

Ahora bien, el texto dice literalmente que Séfora tocó los “pies”. Aunque algunos piensan que podría ser un eufemismo para aludir a los genitales, es mejor tomar la palabra en su sentido corriente, es decir, los pies; o más exactamente las “piernas” o “muslos” (traducción también posible de régel). ¿Por qué? Porque las piernas son como los postes de la casa de una persona. Lo que pretende Séfora es marcar al niño en sus “postes”, siguiendo la orden de Yahvé en la décima plaga: “untarán con sangre los dos postes y el dintel… Así Dios pasará de largo… y no los lastimará” (Ex 12,22-23). El dintel (la zona de la entrepierna del niño) ya estaba marcada por la circuncisión; faltaban sólo los postes, que es lo que Séfora completó, cumpliendo así el rito que, días más tarde, los padres hebreos cumplirán en sus casas para salvar a sus hijos.

Cuando Dios vio al primogénito de Moisés circuncidado, y las marcas de sangre en sus piernas, lo soltó y se alejó de la posada, como seguirá de largo en las casas marcadas, la noche de la décima plaga.

¿Cómo pudo el autor de este relato incluir el detalle de los “postes”, si éste aparece después, en Ex 12? En realidad los relatos del Éxodo ya se conocían mucho antes, pues circularon durante siglos por transmisión oral. Por lo tanto, no es extraño que el autor de nuestro relato (Ex 4) lo supiera, y lo agregara en el ritual que realiza Séfora.

Operar a las apuradas
Que esta interpretación puede ser correcta, lo confirma otro detalle. El texto bíblico no dice que Séfora “tocó” las piernas de Guershom con sangre, sino que “untó” sus piernas. Y este verbo es el mismo que se utilizará más adelante cuando se cuente la décima plaga: Dios ordenará “untar” el dintel y los postes de las casas con sangre (Ex 12,22).

¿Pero por qué fue Séfora quien practicó el rito, y no Moisés, siendo que se trataba de una función masculina? Porque se trata de un relato muy antiguo. Y en aquel tiempo, eran las mujeres las encargadas de las tareas familiares, incluida la circuncisión. Cuando más tarde el rito se impregnó de sentido religioso, quedó en manos de los varones. Aún así, las mujeres podían practicarlo en caso de emergencia. Lo vemos, por ejemplo, en la persecución religiosa del tiempo de los Macabeos, en el siglo II a.C: “Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado a sus hijos; las hicieron recorrer la ciudad, con los niños colgados del pecho, y las arrojaron desde la muralla” (2 Mac 6,10). También se cuenta que: “A las mujeres que circuncidaron a sus hijos las mataron” (1 Mac 1,60). Y el 4º Libro de los Macabeos (obra apócrifa del siglo I a.C.) narra: “Algunas mujeres que habían circuncidado a sus hijos se arrojaban al vacío con las criaturas, sabiendo lo que les esperaba” (4 Mac 4,25).

El autor bíblico muestra a Séfora circuncidando a su hijo para resaltar lo urgente de la situación, y para reeditar el contexto de la décima plaga, donde todo hubo que hacerlo de prisa (Ex 12,11).

Un hijo por esposo
Queda un último enigma por descifrar, el más intrigante, y es la exclamación de Séfora al untar las piernas de su hijo con sangre: “Tú eres para mí esposo de sangre”. ¿Qué significan estas palabras?

La frase “esposo de sangre” es muy extraña, y no vuelve a aparecer nunca más en la Biblia. Está dirigida a Guershom, porque Séfora la pronuncia al circuncidarlo (Ex 4,26). Pero ¿por qué lo llama “esposo”?

Según los exegetas, en tiempos antiguos la palabra hebrea jatán (que la Biblia traduce por “esposo”) tenía un significado más amplio e impreciso, y se utilizaba para referirse a cualquier pariente. Más tarde quedó restringida al esposo. Como el relato es muy antiguo, la expresión “esposo de sangre” debe traducirse más bien por “pariente de sangre”; y el grito de Sefora (“Tú eres para mí pariente de sangre”) debe tomarse como una frase ritual, una especie de jaculatoria o exclamación, que se empleaba al cortar el prepucio. Indicaba que el niño, hasta ese momento identificado como un extraño por su falta de circuncisión, adquiría un nuevo parentesco con sus padres: el de miembro del pueblo de Israel. Que la expresión “Tú eres para mí esposo de sangre” (Ex 4,25) era muy antigua y casi no se entendía cuando se escribió el libro del Éxodo, se ve por el hecho de que el autor tiene que explicarla, agregando que “ella había dicho «esposo de sangre» por la circuncisión” (Ex 4,26).

Un Dios veraz
Moisés acababa de conocer al Dios de Israel. Éste le había hablado en el desierto, y encomendado la tarea de librar a su pueblo de Egipto. Sin mucho convencimiento, Moisés aceptó el encargo y se puso en marcha hacia el país de los faraones. Pero cuando estaba llegando, en medio de la noche, Dios intentó matar a su primogénito, para mostrarle que pensaba cumplir en serio lo que había prometido. A nosotros nos parece una extraña forma de mostrar credibilidad. Pero para el autor bíblico era el modo más natural de enseñar, a sus lectores, que Yahvé es un Dios de fiar, un Dios confiable, y que siempre cumple su palabra.

 

Artículo de Ariel Álvarez ValdésDoctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, publicado en BIAE 84-85, pp. 18-20, 2018. 

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