La colección egipcio-kushita de A Coruña 
Por Nieves García Centeno
15 abril, 2018
Algunas de las piezas egipcio-kushitas de la colección en el Museo San Antón en A Coruña.
Modificación: 19 agosto, 2018
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El Museo Arqueológico de San Antón de A Coruña  (MAC) custodia una colección de piezas procedentes de las excavaciones españolas realizadas en Egipto y Sudán desde 1960. Aunque inicialmente todo lo hallado durante esas campañas fue depositado en el Museo Arqueológico Nacional, la Dirección General de Bellas Artes dispuso en 1969 que una parte debería estar en el museo coruñés, inaugurado poco tiempo antes, en octubre de 1968. Desde entonces, algunas de esas piezas tuvieron un espacio destacado en unas vitrinas dedicadas a “Otras culturas”, aunque hace unos años fueron retiradas por motivos de espacio y han quedado relegadas al olvido.

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Otras culturas

Sin embargo, la primera vez que esas piezas se mostraron en la ciudad herculina fue con motivo de una exposición temporal en la Casa de Cultura de A Coruña (actualmente Archivo del Reino de Galicia), entre julio y septiembre de 1969. Organizada por las Direcciones Generales de Bellas Artes y Relaciones Culturales de los Ministerios de Educación y Ciencia, y Asuntos exteriores, respectivamente, y  patrocinada por la Fundación Barrié de la Maza, se quiso mostrar al público el resultado de las campañas de la misión española en Egipto y Sudán en esos años

Con motivo de de dicha muestra fue publicado un catálogo titulado Exposición de Arte Egipcio: hallazgos de la Misión Arqueológica Española en Egipto y Sudán. Martín Almagro Basch; Helena Losada López; María Rosario Lucas Pellicer; Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa. 1969. Hay también una publicación sobre una de  las excavaciones, escrita por Martín Almagro,  “La necrópolis meroítica de Nag-Gamus (Masmas. Nubia. Egipcia)”. Memorias de la misión Arqueológica. VIII (1965). Ambos se conservan en el museo coruñés.

El catálogo de esa exposición temporal, de apenas 50 páginas, explica en su introducción, que firma Martín Almagro, director de dicha misión, que España había quedado al margen de las expediciones que distintos países “cultos” de Europa realizaron a lo largo del siglo XIX y XX en Egipto, “pudiendo así enriquecer su patrimonio artístico y ser orgullo de sus museos”. Fue en 1960 cuando España pudo enviar su primera misión a las tierras del Nilo, como reza el texto: “para colaborar en el salvamento de los monumentos y tesoros arqueológicos de la Nubia antes de ser inundada para siempre por la Gran Presa de Asuán”.

De esta manera se atendía a la llamada de la UNESCO, la conocida como Campaña de Nubia. Esa labor científica quedó reflejada en las “Memorias de la Misión Arqueológica en Nubia”, de diez volúmenes. Hay que recordar que, gracias a esa colaboración, España fue obsequiada con el Templo de Debod, actualmente ubicado en Madrid, y pudo excavar también en el yacimiento de Heracleópolis Magna, cerca del Cairo; el permiso fue concedido en 1967, tras acabar los trabajos en Nubia.

Pero surgió un problema, el de siempre: no había dinero para poder aprovechar esa oportunidad. La ayuda vino entonces de la coruñesa Fundación Conde de Fenosa, actualmente Barrié de la Maza. Gracias a ese mecenazgo, se puedo seguir excavando durante los siguientes años en Heracleópolis, antigua capital de Egipto durante las dinastías IX y X. Los arqueólogos españoles hallaron una necrópolis del Imperio Medio y también restos de monumentos de la d. XIX. Como reconocimiento a esta ayuda económica, una colección de las antigüedades halladas durante esos años pasaron al museo coruñés, decisión del entonces director de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid. Y como dice el catálogo: “así, parte de estos objetos contribuirán con su presencia aquí a la educación del pueblo gallego, abierto siempre a toda corriente de arte y cultura”.

La colección coruñesa

Los objetos que se pueden ver en A Coruña, un total de 75 piezas, provienen de la antigua Nubia (Sudán) y son en su mayor parte del Neolítico y de época predinástica, un período en el que se desarrolla la llamada cultura de Fayum A (4.000 a 3.500 a.C.), como utensilios de sílex, cuchillos perforadores; de época predinástica se guardan paletas para preparar colores. En su mayor parte son vasijas y vasos cerámicos tipo Kherma, con tinte negro en el interior, alguna decoración geométrica en algunas piezas, vasos ovoides, vasos globulares, páteras, jarras, cuencos, botellas, ánforas y algún collar. También hay una mesa de ofrendas, del 200 d. C., del yacimiento de Masmas.

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Más detallado, estos son los lugares en los que la misión española excavó desde los años 60: la necrópolis del poblado cristiano de la isla de  Abkamarti; la necrópolis de Mirmad, en Argin Sur (Sudán); la necrópolis de Nag´Sawesra-oeste, en Masmas; la necrópolis de Nag´Gamus, Masmas; la necrópolis de Nelluah, en Argin Sur (Sudán); la necrópolis de Nag-el-Arab, en Argin (Sudán).

De entre todas estas piezas destaca la mesa de ofrendas, realizada en arenisca de color pardo, con forma rectangular, con un canal y, en el centro, esculpidas en alto relieve, dos jarras que riegan una flor de loto situada en medio. Alrededor y en el borde de la mesa hay una inscripción en escritura cursiva meroítica. Es una estela funeraria que comienza y termina con la fórmula de invocación y el nombre del difunto, Hbresibleqewi, y sus tres títulos, los nombres del padre y de la madre y cinco fórmulas de bendición distintas. Fue hallada en la necrópolis de Nag-Gamus, en Masmas, Nubia (Sudán), delante de la entrada a la cámara de la tumba 30, a la que se accede por un pozo vertical, entre adobes y apoyada en el suelo. También se halló un ajuar compuesto por duelas de collar de pasta vítrea y varias ánforas. Esta necrópolis fue hallada en 1963 por la misión española.

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Otra pieza exquisita es la de un vaso cerámico de pasta blanca y decorado con 16 ankhs de color negro. Pertenece a la cultura meroítica y fue hallado en la necrópolis de Nelluah, en Argin Sur, Sudán. En este mismo sitio se halló otra pieza preciosa, una vasija cerámica con dos zonas decorativas: la de arriba tiene motivos vegetales y la de abajo cruces ankhs sobre medias lunas, también de época meroítica. Varias vasijas decoradas de manera similar, con guirnaldas, hojas o flores, rombos o líneas verticales, fueron encontradas en este yacimiento, todas de una belleza extraordinaria.

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Otro yacimiento que también sacó a la luz distintas piezas de barro es el de Nag-el-Arab, en Argin, Sudán, como un vaso con una decoración a base de gutiformes alternando el color blanco y negro en grupos de tres. Pertenece a la denominada Cultura del grupo X.

En esta necrópolis meroítica, concretamente en la tumba 351, se halló un bonito collar con ocho duelas de distintos colores y formas; también se recuperaron sendos collares compuestos de 130  y 151 duelas, hechas de cáscara de huevo de avestruz de color blanco, además de otras de pasta vítrea de color rojo, naranja, negro, verde y azul. La tumba es un túmulo de 11 metros de diámetro, orientada al Oeste y en ella se enterró a un personaje masculino, quien, además de los collares, tenía con él varias vasijas ovoides pintadas y objetos de hierro. En este mismo enclave, y de época cristiana, se hallaron varias lucernas, algunas con decoración vegetal.

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Estas son las piezas que se conservan en A Coruña. No obstante, para esa exposición temporal se trajeron algunas piezas más entre las más relevantes de la misión española en Nubia, cuyo origen y hallazgo se explica también en el catálogo publicado para la ocasión.

La antigua Nubia o el Reino de Kush

El catálogo de esa muestra nos invita a sumergirnos en la historia (y prehistoria) de la zona. Explica que las primeras fases neolíticas nubias, representadas por el grupo cultural A y el B, están en estrecha relación con las culturas predinásticas del Alto y Bajo Egipto, aunque con una importante diferencia cronológica. La misión española no encontró restos de esas etapas (3000 a 2000 a.C.), pero valen como muestra los vasos globulares decorados y los cónicos tipo kherma. Se corresponderían con el pueblo de los thenios, pastores y adoradores de toros y carneros y que ya sufrieron una primera penetración de los egipcios en la época de las dinastías III a V. Como explica el catálogo, a finales del segundo milenio entran en Nubia los thymios (el pueblo tnw), pastores que absorben a los thenios y originan el llamado grupo cultural C, que se mantuvo durante el Imperio Medio y la invasión de los hicsos hasta su conquista por los faraones de la Dinastía XVIII.

La misión española pudo excavar una importante necrópolis de la cultura C, en Mirmad, al sur de Argin. Riquísimos ajuares se pudieron recuperar y exponer en ese año de 1969, e incluso se reprodujo en una maqueta una de las tumbas excavadas.

Pero fue con la decadencia del Imperio Nuevo que el núcleo político y cultural del valle del Nilo se trasladó a Nubia, ya egiptizada. A partir de la dinastía XXV y tras la invasión persa, el Egipto faraónico se organizó desde Napata, cerca de la cuarta catarata, aunque más tarde la capital de este estado se trasladó a Meroe, cerca de la sexta catarata. Culturamente, los imperios nubios de Napata y Meroe suponen la incorporación del país al ámbito del clasicismo mediterráneo, primero griego y luego grecorromano, como país productor de oro y esclavos.  Esta cultura terminó tras la invasión de etíopes y otras tribus en el 340 d.C. Como explica dicho catálogo, la misión española excavó en dos grandes necrópolis de esa época: en Argin, Sudán y en Masmas, Egipto.

Tras la cultura meroítica, se data otra denominada X, también con componentes de la anterior, de la que destaca la riqueza de los elementos de adorno personal y la decoración en la alfarería, además de piezas en bronce y hierro.

En el catálogo también se documenta la época cristiana en Nubia: el paganismo era tan fuerte que el emperador Teodosio, al prohibir los ritos, tuvo que exceptuar los celebrados en Filae, hasta el siglo VI, cuando Justiniano impone allí el cristianismo, siendo Teodoros el primer obispo de Nubia y convirtiendo el templo de Isis en una iglesia dedicada a San Esteban. Ya con el influjo bizantino, los tres reinos organizados en Nubia son cristianos: el de Nobatia, Makuria (desde la segunda a sexta catarata, en la isla de Meroe), y el de Alwak, hasta la actual Khartum. Dice el texto: “reyes y obispos negros desarrollaron una hermosa cultura cristiana  que será reconocida gracias a los arqueólogos que la UNESCO ha podido enviar a Nubia”.

Los árabes tuvieron difícil su introducción en Nubia. Se sabe que el rey nubio Ciriaco invadió en el año 745 Egipto para liberar al patriarca de Alejandría. Otros reyes nubios, como Jorge y su hijo Zacarías, enviaron embajadas a Bagdad, por lo que el reino cristiano de Nubia desarrolló una activa política internacional en ese tiempo. En los siglos IX y X parte del Alto Egipto es reconquistado al Islam e incorporado al reino de Nubia, siendo incluso Edfu un principado nubio. Será con la llegada de la dinastía ayubita, en el siglo XII y XIII, y su caudillo Saladino, quien, tras conquistar Egipto, manda a su hermano contra el reino de Nobatia. Los cristianos resistieron algunas plazas, pero serán los sultanes turcos mamelucos, en el siglo XIV, cuando consiguen imponer el islamismo y en 1523 arrasan la capital del reino cristiano de Alwah, Soba, a 30 km de la actual Khartum. Vuelve a insistir el catálogo que, gracias a estas excavaciones, a las que se pudieron incorporar los arqueólogos españoles, “podremos ilustrar y conocer mejor este curioso cristianismo africano”. De hecho, los españoles estuvieron trabajando en la fortaleza bizantina de Cheik Daud, asentada en la margen occidental del Nilo, a 1.500 Km del Mediterráneo. Se conservaba la puerta de entrada y se recuperaron las murallas, de dos metros de altura. El recinto daba cabida a una guarnición de 2.500 soldados. Su final debió coincidir con la llegada de Saladino, en el siglo XII.

En otra zona geográfica se pudo trabajar en las islas de Kasr-Iko (en dos iglesias y restos de casas) y en Abkamarti; ésta, situada en la segunda catarata, acogía un poblado con muralla y fortaleza, viviendas, una iglesia, y allí se encontraron tres pergaminos en lengua copta y aramea.

Aniversario doble: 50 años

Este año se cumplen 50 años de la inauguración del Museo arqueológico coruñés, y el año que viene se cumplirán otros tantos de la muestra temporal que permitió ver algunos de los tesoros que la misión de arqueólogos españoles halló durante sus excavaciones en la zona de la antigua Nubia. Efectivamente, España llegó tarde a Egipto y no pudo acceder a lo mejor del pastel, algo de lo que nos hemos ido resarciendo, pues en la actualidad las campañas españolas en Egipto, bien a través de universidades, centros de investigación o con fondos privados, resultan de lo más fructíferas.

Aprovecho para agradecer la colaboración del anterior director del Museo coruñés, el arqueólogo José María Bello, ya jubilado, y de la técnica del centro, Ana Martínez Arenaz, por las facilidades puestas para acceder a esta información y realizar las fotografías a las piezas.

 

Artículo y fotos de Nieves García Centeno
9 de abril 2018

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